CRISTO Y EL ANTICRISTO HOY Jorge Himitian


INTRODUCCIÓN


El mundo hoy se está distorsionado a una velocidad impresionante. Los cambios en nuestra generación son alarmantes. La ciencia y la tecnología han alcanzado límites inimaginables de un siglo a esta parte.



Sin embargo, mientras la ciencia y la tecnología avanzan de un modo veloz, por otro lado, los valores y costumbres morales de nuestra sociedad se encuentran en caída libre hacia un abismo de inmoralidad y destrucción.
Existe un enemigo de Dios y de los hombres, que se mete aún dentro la iglesia para tratar de engañar a los hijos de Dios. La Biblia lo presenta como el “engañador de las naciones” (Apocalipsis12:9; 20:2-3).
La única esperanza para esta desorientada y confundida humanidad es Cristo. Cristo en nosotros. La Biblia dice en Colosenses 1:27: “Es Cristo en vosotros la esperanza de gloria”. 
Como hijos y siervos de Dios necesitamos discernir cuál es la estrategia del enemigo de Dios hoy y estar llenos de su verdad a fin de ser obreros eficientes al servicio de nuestra generación. 
Es importante aclarar que nuestra lucha no es contra sangre y carne, es decir, contra las personas, aunque piensen y vivan de forma equivocada; sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
Así que debemos saber discernir. No estamos en contra de aquellos que piensan o viven diferentes a nosotros, sino a favor. Amamos a todas las personas sin importar lo que piensen o practiquen, pero no aprobamos sus errores ni pecados. Nuestra lucha no es contra ellos. Al contrario, estamos para ayudarlos.
Para desarrollar el tema utilizaré tres pasajes bíblicos:


1 JUAN 2:18-27


(Esto escribe el apóstol Juan, a fines del siglo I, siendo ya anciano).
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.
Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.
Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.
¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.
Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.
Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.
 Os he escrito esto sobre los que os engañan.
Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”.

Dice Juan que el anticristo viene; que estamos en los últimos tiempos; y han surgido muchos anticristos. Y ya pasaron 2000 años.

La palabra anticristo está formada por dos vocablos griegos: “anti” (contra) + “Jristos” (Cristo). Significa: “Lo que está en contra de Cristo”.

Básicamente, se trata de todo lo que se opone a Cristo; todo lo que contradice la revelación de Jesucristo dada a los apóstoles y profetas del primer siglo. Ellos fueron quienes escribieron aquella revelación, el kerigma, la verdad. Jesucristo no escribió ningún libro. Él comunicó la revelación de Dios a los apóstoles a través de la palabra oral. Luego, el Espíritu Santo completó esa revelación a los apóstoles y profetas del primer siglo, quienes escribieron el Nuevo Testamento: los cuatro Evangelios, Hechos de los Apóstoles, las epístolas y el Apocalipsis. 
La cristiandad conservó el canon del N.T. donde se encuentra la verdad revelada, comunicada y transmitida por los apóstoles y profetas del siglo I.
Para discernir la situación actual debemos tener en claro que todo se resume en: CRISTO Y EL ANTICRISTO; DIOS Y EL ANTIDIOS.
En cada época de la historia el anticristo se basó en diferentes mentiras. Todas ellas, en definitiva, contradicen la revelación de Dios. 

En el primer siglo la mentira principal del anticristo era declarar que Jesús no era el Cristo (en griego) o el Mesías (en hebreo). 

“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo (el Mesías)? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (v.22).

Esa fue la mentira que creyeron los líderes religiosos de aquella época, los principales sacerdotes y el pueblo judío en general. Hasta hoy el pueblo de Israel, como nación, sigue atado a esa mentira. Gracias a Dios que el apóstol Pablo dice, en Romanos 11, que cuando se complete el tiempo de los gentiles, Israel creerá que Jesús es el Mesías, y se producirá un avivamiento mundial que por la conversión de Israel a Dios y a Jesucristo.

En este primer pasaje que hoy leímos, el apóstol Juan dice que tenemos dos recursos para no ser engañados por el anticristo, o por los anticristos (porque hay muchos):

    (1) v.24: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Lo que nos transmitieron los apóstoles y profetas (escrito en el Nuevo Testamento) es lo que tenemos que guardar. Debemos estar firmes y no dejarnos influenciar por ninguna ideología o doctrina diferente.

    (2) v.27: “Pero la unción (el Espíritu Santo) que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”.

Por lo tanto, tenemos dos recursos: La Palabra revelada y el Espíritu Santo. Ambos deben ir juntos, de un modo inseparable. Y si alguien intenta poner al Espíritu sobre la Palabra, o viceversa, nos está llevando por un camino equivocado. Ambos deben ir siempre juntos.

No nos guiamos por argumentos, razonamientos, sentimientos, tradiciones, experiencias, ni por supuestas “revelaciones” extra bíblicas (y menos aún anti bíblicas). Nuestro sólido y firme fundamento es el Cristo revelado a los apóstoles y profetas del primer siglo, cuya palabra tenemos a nuestro alcance a través de la Biblia.

En cada generación o época el anticristo varía de estrategia, de disfraz o de tema. Hoy en día no viene como una serpiente, como se le apareció a Eva. Toma diferentes disfraces. Va mudando. Pero siempre se trata de lo mismo: una mentira que se opone a la verdad de Dios. 

El anticristo se opone a Cristo. Cristo vs. anticristo; Dios vs. anti Dios. Dios dice la verdad y el anticristo afirma lo contrario. Sin embargo, si conocemos la Palabra y nos aferramos a ella, mediante la llenura y la revelación del Espíritu, será fácil discernir de dónde proviene. Y nadie nos podrá engañar.


SALMOS 2


Se trata de un salmo mesiánico. Habla de Cristo (del Mesías). Existen varios salmos mesiánicos. A través del Espíritu Santo, Dios le reveló a David y a los profetas ciertas verdades referentes al Mesías.
Según Hechos 4, este es un salmo de David. Ya desde ese entonces (unos 1000 años A.C.) David tuvo esta tremenda revelación:
La alianza mundial de rebelión contra Dios y su Cristo (ungido). 

Vv.1-3: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido (Mesías, Cristo), diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”.

    • Aquí se habla de un motín. Se trata de una sublevación de personas que se unen contra una autoridad. Puede haber motines en las cárceles, en las fábricas o en cualquier ámbito de la sociedad. Aún los piquetes son cierta forma de motín. Sublevarse en una cárcel es un asunto serio. No puede haber un país sin autoridades. En todos los ámbitos existen autoridades. Sin embargo, amotinarse contra la autoridad suprema, que es Dios, es lo más grave que puede haber.

    • Los pueblos piensan cosas vanas, o sea estupideces, asuntos que no tienen valor ni fundamento alguno. Y es algo que se da a nivel mundial; tratan de convencer a la gente con distintas ideologías y argumentos.

    • Los reyes y grandes se unen contra Dios y contra su Ungido (Cristo).

Quieren ser “libres” de Dios, se rebelan contra su autoridad, contra sus leyes, contra sus mandamientos. No quieren estar atados a ninguna ley divina, a ningún mandamiento. 
Eso fue lo que sucedió cuando vino Cristo. Cuando comenzaron a perseguir a la iglesia de Jerusalén y a encarcelaron a Pedro y Juan. Finalmente los soltaron porque no podían ir en contra del pueblo que veía con simpatía a la comunidad de los discípulos. Y, al llegar los dos apóstoles donde estaba la iglesia, se reunieron, oraron y alzaron unánimes la voz, con las palabras del Salmo 2:
“Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” (Hechos 4:24-28).
Y luego pidieron:
“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:29-31). 
Las tres reacciones de Dios:

    1. La risa de Dios: “El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (v.4).
Dios está sentado en el trono, y cuando se amotinan los reyes y los gobernantes él se ríe: “¡Estos mequetrefes insignificantes no saben quién soy yo! ¡Se levantan a pelear en contra de mí!” Dios se ríe porque tiene conciencia de sí mismo, sabe quién es. Él es Todopoderoso. ¿Quién se puede levantar contra Dios y contra sus planes? Lo pueden hacer, pero él está sentado en el trono y se ríe. Es una risa de fe porque sabe cuál será el final de ellos.

    2. La ira de Dios: “Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira” (v.5). Dios se enoja contra todos aquellos que se sublevan contra él.

    3. La acción soberana de Dios. No solo se ríe y se enoja, sino que también actúa. 
Dios tiene un candidato para gobernar las naciones: “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte” (v.6). Su Hijo. 
El día de la resurrección le dio las naciones de la tierra: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (vv.7-8). 
¿Quién es el que habla aquí? Cristo. ¿Y a quién le está hablando? Al Padre. Se trata de una revelación. El Hijo, en obediencia, le pide por herencia las naciones. Y el Padre se las concede.

Por eso Jesús resucitado les dice a sus discípulos: “Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. En su muerte se despojó y se vació de todo. Y el día de la resurrección todo lo recuperó. Según el mensaje de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, esta conversación entre el Padre y el Hijo sucedió en primer instante de la resurrección de Jesús. (Hechos 13:33). Las naciones no son del diablo sino de Dios, y Él se las dio a su Hijo.



GÉNESIS 1─3 


Se trata de tres capítulos fundamentales para poder comprender todo el resto de la Biblia, y lo que sucede hoy en la humanidad. 
La Biblia no es un libro de teología, aunque en ella hay mucha teología. No es un libro de historia, aunque en ella hay muchísima historia. No es un libro de ciencias naturales. Y así podríamos seguir… 
La Biblia ES UN LIBRO DE TESTIMONIO. El testimonio de la verdad. El testimonio de Dios y del Espíritu Santo revelado a los hombres. Cuando nada existía (ni los cielos, ni la tierra) no había testigos, solo Dios. Dios es el único testigo de la creación.
La Biblia no comienza explicando quién es Dios sino dando testimonio de la creación de todas las cosas. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…” Esto lo puede entender un niño, un joven o un anciano. Es comprensible para todos. Si fuera un libro de teología solo los teólogos lo entenderían, sin embargo Dios da testimonio en forma sencilla para que todos puedan entender.
Y así continúa describiendo cómo todo fue creado. Poco importa si fueron días de 24 horas, 7 milenios o 7 millones de años. Está hablando de 7 períodos en los cuales Dios hizo la creación. A Dios no le interesa satisfacer el hambre de los intelectuales sino del que realmente quiere conocerlo a él. Lo importante es que Dios es el Creador de todo lo que existe. Nada había antes de él. Él lo creó todo con la palabra de su poder. Y finalmente creó al hombre.


El punto de partida de todo es Dios creador: 
Dios es el creador de todo cuanto existe, el sustentador, el Yo Soy, el único dueño legítimo de todo lo que existe, la autoridad absoluta, el Rey y Señor del Universo. Es autoridad sobre el hombre y la mujer, sobre el matrimonio, sobre la humanidad, sobre las naciones. 
Este es el FUNDAMENTO de toda verdad. Es la primera verdad. Sin ella todo lo demás sería mentira. 
Los Derechos Divinos  
Hoy se habla mucho de los Derechos Humanos (DD.HH.). Y en muchos aspectos es algo bueno. Sin embargo falta establecer la primera verdad. ¿Hoy, quién habla de los Derechos Divinos (DD.DD.)?  No podemos saltear el punto de partida de todas las cosas: Dios Creador y Sustentador de todo lo que existe.


7 PRINCIPIOS ABSOLUTOS DEL CREADOR



    I. Dios le dio al ser humano la DIGNIDAD SUPREMA de ser creado a su imagen y semejanza.  

Génesis1:26. El último día de la creación Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Dios le dio al ser humano la dignidad suprema de ser creado a su imagen y semejanza. No hay dignidad mayor. A ningún otro ser del universo se le dio ese privilegio. ¡Qué grande es el amor de Dios! La referencia máxima es Dios, y con esa dignidad nos creó. 

    • Cada hombre y mujer es una criatura de Dios.

    • Cada persona es una realidad única e irrepetible.

    • El hombre fue creado a la imagen de Dios. Fue dotado de virtudes morales e investido de dignidad. A cada uno le fue dada individualidad y libertad. 

    • El hombre fue creado con el propósito sublime y trascendente de conocer a su Creador y vivir eternamente para su gloria. Hemos sido creados por Dios con la más alta distinción: llegar a ser hijos de Dios, y conformar con todos una verdadera familia, la familia de Dios. 

    • El hombre y la mujer son exactamente iguales en dignidad y trascendencia. El hombre no es superior a la mujer, y viceversa. Solo difieren en algunas funciones temporales. Por eso los creó con algunas diferencias físicas, psicológicas y emocionales. 

    • Cada ser humano vale lo mismo que otro ser humano.

    • Fue la acción del engañador, el antidios, que influyó en la primera mujer y en el primer hombre, y sigue engañando hoy a todas las naciones para arruinar la imagen de Dios en el hombre.

    • Aunque por causa del pecado perdimos la semejanza de Dios, él nos amó hasta el punto de enviar a su Hijo y entregarlo al máximo sacrificio en la cruz para salvarnos, hacernos sus hijos y restaurar en nosotros su imagen y semejanza.

¿Cómo sería esta ciudad si todos tuviéramos el carácter de Cristo, la imagen de Dios, las virtudes morales y personales de Dios? ¿Cómo sería este país, cómo sería el mundo? Pero el hombre en su ignorancia quiso sublevarse contra a Dios. Y hoy tenemos al hombre sumido en la miseria, en el pecado, en la destrucción.


    II. Dios le dio a cada ser humano una identidad sexual definida: 
VARÓN o MUJER

1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. 

Dios creó dos seres humanos (varón y mujer) diferentes en algunos aspectos.
En hebreo el término es “zakar”, y significa macho o varón. Y “nequebá”, significa hembra o mujer. Tanto a los seres humanos como a los animales, Dios los hizo “zacar” o “nequebá” (es decir, varón / macho, o mujer / hembra), con una identidad sexual bien definida.

El anticristo hoy lucha por querer instalar “la ideología de género”. Sin embargo hasta hoy nadie pudo explicar de qué se trata. 
La Biblia dice en Génesis 1:25 que hizo a cada uno “según su género” (palabra que en hebreo es “min”). Pero también dice que los hizo “según su especie” (que también en hebreo es “min”). Por lo tanto, una es la especie de los perros, otra de los gatos, otra de los leones, y otra la de los seres humanos. El gato o la gata pertenecen al mismo género o especie; un género o especie (“min”) diferente al de los caballos y yeguas. Del mismo modo el ser humano, varón o mujer, pertenece a un mismo género. Igual que el caso de los animales. El león y la leona son de la misma especie, del mismo género, del mismo “min”. Solo que algunos nacen machos y otras, hembras. La vaca nace vaca y es siempre vaca. El toro nace toro y es siempre toro. 
Homosexualidad hubo en toda la historia de la humanidad. Y siempre se lo vio como una perversión. Pero hoy se lo quiere imponer bajo la falacia de la ideología de género. Reitero el varón y la mujer pertenecen al mismo género, a la raza humana. Y cada ser humano nace varón o mujer por determinación de Dios; y para los que no creen en Dios, digamos por determinación de la naturaleza.  

En estos días estuvo en la Argentina un comisionado de la ONU, representante de las lesbianas, gays, travestis y transexuales. Vino a inspeccionar nuestro país, para luego ir a dar un informe ante la ONU para que si no cumplimos lo que ellos quieren imponer en el mundo, luego nos puedan extorsionar con algunas medidas. 

Se está cumpliendo lo que dice la Biblia: Se han unido los reyes y los grandes en contra de Dios y de su Cristo. Las Naciones Unidas pretenden actuar como si fuesen una Corte Suprema Mundial. Hasta allí se ha metido el anticristo.

Nadie puede dar una explicación coherente sobre la ideología de género porque en realidad no tiene explicación. Es lo más absurdo que uno pueda imaginar. No solo se opone a la Palabra de Dios, sino también contradice la ciencia, la naturaleza, la anatomía, la biología y la genética. Todo ser humano nace varón o mujer. Cada uno es concebido en el seno materno con un sexo bien definido e inconfundible. Y aunque alguno se cambie los órganos, todos sus genes en cada una de sus millones de células sigue siendo masculinos o femeninos. 

Es que el diablo quiere la destrucción del hombre, de la mujer, de los hijos, de la familia. Y todo lo que hace va en contra de Dios. 

¡Pero tranquilos! Dios está en el trono. Y él se ríe, se enoja, está actuando y actuará hasta la victoria final de Cristo. 


    III. El mandato divino de la PROCREACIÓN 

1:28a: “Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra…” 

Es el mandato de Dios.
Hoy existe una fuerte presión para que el hombre y la mujer no tengan hijos, o para que tengan muy pocos. En Europa la tasa de crecimiento demográfico es negativa: mueren más personas de las que nacen. Y ese es el modelo que se está instalando en Occidente. 
El mandato de Dios es: “Fructificad, multiplicaos”; y el anticristo dice: “No tengan hijos”. “Es mucho trabajo tener hijos”. Hoy es común escuchar: “El dinero no alcanza”. Es que en nuestra sociedad se han instalado el hedonismo, el consumismo y el egoísmo, que van contra Dios. 
¿Cuántos hijos hay que tener? Dios no dijo cuántos; pero habló de abundancia: “¡Fructifiquen y multiplíquense; llenen la tierra!” Algunos dicen: “¡Pero la tierra ya está llena! ¡No hay más lugar!” ¿Cómo que no hay más lugar? En un país como la India, que tiene el mismo tamaño geográfico de la Argentina, viven 1.200 millones de personas. En Argentina somos solo 40 millones. Le pregunté al pastor Ernest Komanapalli, de la India, dónde consiguen el alimento para toda aquella gente. Y él me dijo que todo lo que se consume en la India se produce en la India. Sin dudas, circulan muchas mentiras.
Europa se está llenando de musulmanes, de africanos, de asiáticos, de latinos. Y son ellos quienes más hijos tienen. Las madres musulmanas se consagran a la misión de tener muchos hijos conquistar Europa y el mundo con el islamismo. Viven con un sentido de misión. 
En nuestro país los que más hijos tienen son los pobres. 

Por lo tanto, ustedes pueden distinguir cuál es el pensamiento de Cristo y cuál el del anticristo, el de Dios y el del anti dios. 

IV. La IGUALDAD de todos los seres humanos. 

1:28b: “… Señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” 

El cuarto principio creacional es la igualdad de todos los seres humanos.
Dios le dio al hombre el dominio sobre los animales; nunca le dijo que sojuzgara al hombre. Cuando el hombre quiere dominar a su semejante está actuando bajo el espíritu del anticristo. 

La esclavitud nunca fue voluntad de Dios. En el Antiguo Testamento Dios la reglamentó con el fin de proteger a los esclavos. Pero luego Cristo trajo la libertad. A través de la iglesia y del evangelio siglos después se consiguió erradicar la esclavitud. 

El machismo: Dios no les dice a los maridos que dominen o sojuzguen a su esposa. Les dice a las mujeres que se sujeten a su marido, que es diferente. Y nos dice a todos que nos sujetemos los unos a los otros. El sujetarse es una virtud; en cambio el dominar es una imposición, una brutalidad. 
También hay mujeres que dominan a su marido. Y eso tampoco está bien.

Y así la humanidad se fue deformando y degenerando en esclavitud, machismo, el dominio del más fuerte, la opresión de los ricos sobre los pobres, el racismo, el clasismo, las castas, la explotación laboral, la trata de personas (esclavas secuestradas para la explotación sexual), la explotación de los indocumentados y extranjeros, y mucho más. Realidades que van contra la voluntad de Dios (conductas antidios). 

Y aquí debemos tener cuidado porque, por ser pecadores, todos tenemos la tentación dentro de nosotros de querer dominar al otro de diferentes formas o medios: con argumentos, con palabras, con gestos, con gritos, con golpes o lo que fuere. Sin embargo Dios nunca dijo que debemos sojuzgar al hombre sino a los animales.


    V. El mandato divino de TRABAJAR

2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”.

Dios trabajó 6 días y el séptimo descansó. Y quiere que, así como él lo hizo, el hombre también trabaje. Que sea su co-creador. Y, como el hombre fue creado a su imagen, también recibió el mandato de trabajar seis días por semana. 

Dios le dio a Adán dos tipos de trabajo: 

    a) Trabajo manual (v. 2:15). Agricultor: debía labrar la tierra y cuidarla. Allí estaba la riqueza potencial. Dios hizo árboles frutales, y le dijo: “Adán, tendrás hijos, nietos, y muchas generaciones vendrán después de ti. Yo te di el huerto para comenzar, pero si quieres seguir comiendo, y que los que vengan después de ti tengan con qué alimentarse, todos deberán trabajar. Debes labrar la tierra. Y, cuando los árboles den frutos y semillas las debes recoger y plantar”. Se trata del mandato creacional de trabajar.
El trabajo dignifica al hombre y lo hace más parecido a Dios. Hay satisfacción al observar el resultado. Dios vio que lo que había hecho era bueno. 
La pereza, la vagancia están condenadas por la Palabra; son contrarias a la voluntad de Dios. El hombre y la mujer fueron creados para trabajar. 
Sin embargo el ideal de la mayoría es llegar al punto de poder vivir sin trabajar, o vivir de rentas.

    b) Trabajo intelectual. “Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (v. 2:19). 
¿Ponerle nombre a todos los animales del campo? Esto es trabajo intelectual. ¡Qué bien le hubiera venido a Adán contar con una computadora! El ser humano hoy utiliza un muy bajo porcentaje de toda su capacidad mental. En cambio en la antigüedad debían usar su mente.
Quiero dar una palabra a los jóvenes. Por favor, no estudien solo para eximirse, para aprobar, sino para saber. ¡Sean los mejores de su clase, de su curso, de su carrera, de su trabajo o en su profesión! Es muy importante aprender. El trabajo intelectual es muy importante. Si queremos transformar esta nación necesitamos gente que tenga la más alta capacitación profesional. Hombres santos que ocupen los puestos más importantes de nuestro país. Es fundamental que sean santos para poder ser personas íntegras, honestas. Pero a la vez deben tener la más alta capacitación intelectual y profesional. 

    VI. El MATRIMONIO y el SEXO según el orden de Dios

2:24: “Por lo tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.  

En Génesis 1 y 2 se encuentran los principios para toda la humanidad de todos los tiempos. 

Decimos que el matrimonio es una institución divina, pues fue instituida por Dios. 

    A. Dios los declaró “una sola carne”. Cuando el hombre y la mujer dejan a sus padres y se unen, Dios los declara una sola carne. Y así quedó claramente establecida la indisolubilidad del pacto matrimonial. Al casarse están haciendo un pacto delante de Dios y de la sociedad. 

El divorcio es del anticristo. Está en contra de lo que Cristo enseñó.
Cuando le preguntaron a Jesús si era lícito que un hombre se divorciara de su mujer, él les respondió con este versículo de Génesis 2:24; y agregó: “Así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:7-9). 
Según Jesús, el que se divorcia y se casa de nuevo comete adulterio, y el que se casa con una divorciada también adultera (Marcos 10:11-12; Lucas 16:18).
Hoy la sociedad contradice lo que Cristo enseñó. Y lamentablemente muchos pastores también. Sin embargo, no importa si el que lo dice es un pastor, un sacerdote, un obispo o el mismo Papa. No podemos cambiar lo que Dios ha dicho y establecido para siempre. Quienes afirman tal cosa están siendo engañados por el anticristo. Lo único que puede disolver la unión matrimonial es la muerte de uno de los dos.
    B. Asimismo, este versículo (Gén.2:24) establece en forma clara terminante la ley fundamental y universal del matrimonio y de la moral sexual. En un solo versículo está todo dicho.

    (1) El matrimonio es únicamente la unión entre un hombre y una mujer. “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer”. ¡No dice “se unirá a su hombre”! La homosexualidad según la Biblia es una perversión, una abominación. Así que todo matrimonio gay es del anticristo.

    (2) Las relaciones sexuales están reservadas únicamente para el matrimonio. No antes (fornicación), ni fuera de él (adulterio). Un hombre y una mujer solo pueden unirse sexualmente una vez que se casan.

    (3) El matrimonio es monogámico. Dios creó un hombre para una mujer. La poligamia fue una desviación posterior. Y luego vino Jesús y puso todas las cosas en su lugar, reafirmando el matrimonio monogámico definitivamente: “En el principio no fue así”, refiriéndose a Génesis 1 y 2.

    (4) Todo tipo de perversión sexual (incluidas las relaciones sexuales con animales) está condenada por Dios. Dice la Biblia, en Génesis 2.20, que Adán no halló ayuda idónea para él antes de la creación de Eva. 


    C. Conducta matrimonial 

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón fue tomada” (Vs. 2:22-23).
Aquí tenemos un principio maravilloso: Adán ve a su esposa como parte de sí mismo. Tanto el hombre como la mujer tienen que ver a su cónyuge como parte de sí mismo; son una sola carne. Por eso Pablo dice: “… los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (Efesios 5:28). 

Si tratas mal a tu esposa te estás tratando mal a ti mismo. Destruye a tu esposa y te estarás destruyendo a ti mismo. Trátala bien y te estarás haciendo bien a ti mismo.

Y a la mujer le dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:22-23).

Los mandatos de Dios son para fortalecer la unidad y la armonía matrimonial. 

Estas verdades de la palabra de Dios nos ayudan a discernir por dónde trabaja el espíritu del anticristo hoy.


    VII. El MANDATO SUPREMO: Creer y obedecer a Dios. 

2:16-17: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
¿Qué era ese árbol? ¿Se trataba de un árbol literal o simbólico? ¿Real o espiritual? No sé ni me importa. Como mencioné anteriormente, la Biblia no es un libro de ciencias naturales ni de teología. Cada uno lo explica a su manera. Y en realidad poco importa ese detalle. Lo que sí importa es lo que Dios le dijo a Adán: 
“Del árbol (que lo llamó del conocimiento del bien y del mal) ¡NO COMERÁS!, porque el día que de él comieres morirás”. 
Adán entendió perfectamente lo que Dios le dijo, y punto. Eso es lo importante. Es algo que lo pueden entender un filósofo y un niño. Nuestro deber es creerle a Dios. Creer lo que él dice, y obedecer a su autoridad, a su voluntad. Él es la autoridad suprema.

El anticristo
En el capítulo 3 de Génesis aparece sutilmente el antidios disfrazado de serpiente para contradecir a Dios. Era sencillamente el espíritu del anticristo. Vino a negar lo que Dios había dicho. Y era astuta, más que todos los animales del campo. 

Cuando Dios comunicó a Adán la prohibición de comer de aquél árbol, Eva aún no existía. Adán fue un buen marido, pues instruyó a su esposa fielmente el mandato supremo de Dios sobre la prohibición de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y advertencia de que si lo hicieran morirían. 
¿Cómo lo sabemos? Pues cuando la serpiente se acercó a Eva para decirle: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” Ella le respondió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Vs. 2-3). Así que Eva fue muy bien instruida por su marido.
Observemos un detalle secundario. Dios no le había dicho a Adán “ni le tocaréis”. No sé si esa expresión lo agregó Eva, o Adán al decírselo a ella para hacerlo un poco más seguro. Lo importante es que ella había entendido muy bien lo que Dios había dicho, y que si desobedecieran morirían. 
Y Satanás le dijo a Eva: “No moriréis” (v. 3:4). Este es el anticristo, el que contradice a Dios. Contradice a la palabra de Dios. Dios dice: “Morirás”. Y el diablo dice: “No morirás”.
Es posible de que Eva en primera instancia no se hubiera dado cuenta de que el que le hablaba en realidad era Satanás; pero, apenas la serpiente contradijo a Dios, ella debía haberlo rechazado y declarado que era un mentiroso, un enemigo de Dios. Ella debía haberle dicho: “¡Te reprendo Satanás! ¡Fuera de mí! ¡No tengo nada que hablar contigo ni escucharte!”

Es fácil no equivocarnos ni dejarnos engañar. Si alguien dice lo contrario de lo que declara Dios en su palabra es del anticristo. Pero, por favor, no te enojes con la persona ni la agredas. Reprende al espíritu que está detrás de ella. Tampoco tienes que hacerlo en voz alta sino en tu corazón. Lo importante es que disciernas de dónde viene lo que te está diciendo.

Eva empezó a usar su razonamiento y sus sentimientos, bajo la tutoría de Satanás. “… Sino sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar sabiduría…” (vv.4-5). Y allí fue cuando cayó.

Cuando yo era chico, aunque mis padres no eran católicos, los domingos tenía que ir a la misa de la parroquia católica de mi barrio para que me dejaran ir a jugar al fútbol en la semana. El cura nos daba un cartoncito con su sello y firma, y con eso ya estábamos autorizados a ir. Recuerdo que siempre nos decía una frase que nosotros debíamos repetir: “Aunque soy chiquitito y no lo puedo entender, Dios lo manda, yo lo creo y no pregunto por qué”. 

Del mismo modo, nosotros debemos tener ese corazón de niño; no entendemos todas las cosas. Pero si Dios dice algo no necesitamos buscar una explicación, ni razonar, ni argumentar. No nos debemos guiar por nuestros sentimientos. Lo que Dios dice, así es. Y nosotros lo debemos creer.


¿Cuál es el mandato supremo?


CREER Y OBEDECER A DIOS. Creer su palabra y obedecer sus mandamientos.



CONCLUSIÓN


La única esperanza para esta perdida y confundida humanidad es Cristo. Y él está en nosotros. Por eso les dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud (cajón), sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:14-15). 
Por lo tanto, según las palabras de Jesús, nosotros somos la luz del mundo, somos una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder. En la antigüedad algunas ciudades estaban construidas en la cima de un monte para que pudieran ver desde todos los ángulos si se acercaba el enemigo. Durante la noche se podía ver desde muy lejos las luces de esa ciudad.
Y dice Jesús que la iglesia tiene que ser así, una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder. Nuestra misión es iluminar a este mundo que está en tinieblas, y que no sabe hacia dónde va. Para ello es importante que sepamos que nuestra lucha no es contra las personas, sea cual fuese su ideología o inconducta. Amamos a todos. A los homosexuales, a los ladrones, a los drogadictos, a los adúlteros, a los avaros, a los corruptos, a las prostitutas, a los divorciados, a los enviciados, a los criminales. Amamos a todos con el amor de Dios. Porque él es amor, y está en nosotros. Nuestra misión es ayudarlos a ver de qué manera se pueden salvar de esta perversa generación. No debemos ir al ataque porque los vamos a perder. Debemos iluminarlos con nuestro testimonio, con nuestra conducta, con nuestro ejemplo, con nuestras buenas obras. No estamos en contra sino a favor de todas las personas. Y debemos alcanzarlas a través de nuestras oraciones, nuestro amor, nuestro servicio, nuestro respeto y nuestra amabilidad. Y cuando hace falta predicarles. Porque la luz no hace ruido. La luz se ve. Con esto no estoy diciendo que no debemos evangelizar, sino que primero debemos iluminarlos con nuestra conducta, nuestro ejemplo y nuestras buenas obras. 
El que está sentado en el trono es un Dios maravilloso que actuó enviando a su Hijo, entregándolo a la muerte de cruz, resucitándolo, sentándolo a su diestra, y dándole todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra. Envió al Espíritu Santo a nuestros corazones y nos ordenó hacer discípulos a todas las naciones. Somos los responsables de la transformación de esta sociedad. Creemos que la visión de Dios se cumplirá: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar” 

(Habacuc 2:14).