jueves, 31 de mayo de 2018

Jorge Himitian: El reino de los cielos en la tierra

(AFI 2018 Fuerteventura – La Iglesia como instrumento de la voz de Dios en los temas 
relativos a la justicia social)





Darrow Miller, en la introducción de su libro Reformulación de la Justicia Social (Editorial JUCUM) dice:
Vivimos tiempos de riqueza en Occidente yuxtapuestos con una intolerable pobreza.
La injusticia y la corrupción siguen paralizando naciones y una mayoría de la población mundial sufre las consecuencias.
En un mundo de abundancia que tiene la capacidad de producir alimentos suficientes para todos, veinticinco mil personas mueren diariamente de hambre. La mayoría son niños.
Violamos el medio ambiente como si su única razón de existir fuera el consumo humano.
El genocidio –la guerra sistemática, institucional contra la mujer- ha borrado 200 millones de mujeres en el mundo. Solo en la India, un millón de seres humanos son asesinados cada año por el hecho de ser mujeres.
Las mujeres y los bebés son reducidos a meros objetos, hasta el punto de que cada año, entre cuarenta y cincuenta millones de bebés son asesinados antes de nacer, sólo por ser inconvenientes.


Se estima que actualmente, a escala global, 20,9 millones de hombres, mujeres y niños son esclavizados en trabajos forzados o tráfico de sexo.
En EE.UU., unos 293.000 niños son sexualmente explotados.
Más del 50% de las mujeres latinoamericanas han sufrido violencia por los hombres.
... ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde la compasión?
Agrego yo algunos otros datos más de la actualidad:
- 1000 millones de personas en el mundo viven en pobreza
- 400 millones de niños viven en extrema pobreza.
- 795 millones de personas sufren de desnutrición.
- 6 millones de niños menores de 5 años mueren de desnutrición cada año.
- 663 millones de personas carecen de acceso a agua potable.
- Hay 781 millones de adultos analfabetos. El 65% son mujeres.
- 57 millones de niños no asisten a la escuela.
- Casi la mitad de la población mundial vive con menos de 75 dólares por mes.

Existe en la inmensa mayoría de las naciones injusticia social, pobreza estructural, hambre, desnutrición, analfabetismo, desempleo, explotación laboral, explotación sexual, violencia
doméstica, ideología de género, racismo, abortos, descuido del medio ambiente y de los recursos naturales, inmigrantes forzados, campamentos de refugiados, injusta distribución de las ganancias, cárceles inhumanas, narcotráfico, drogadicción, inseguridad. Y en algunos países, está el flagelo del terrorismo, de las guerras, de los gobiernos totalitarios, de la persecución religiosa del armamentismo, y cosas semejantes.
Bob Kennedy (asesinado en 1968, a los 42 años) dijo: “Es inadmisible que la mayoría de nosotros acepte como inevitables… la pobreza, el analfabetismo, la desnutrición, el racismo, la corrupción… La apatía es la aceptación de lo inaceptable.
¿Tiene la iglesia alguna responsabilidad en la transformación de las naciones? ¿Es parte de nuestra misión como hijos de Dios luchar por un mundo donde haya más justicia y paz?
Las respuestas pueden ser muy variadas, y algunas hasta contrapuestas, según el sector al que preguntemos.

Actualmente, dentro de las posiciones moderadas sobre este tema, subsisten básicamente dos principales. Ambas posiciones afirman que sí, que la iglesia tiene responsabilidad en la transformación de las naciones. Pero, una sostiene que su acción debe ser en forma indirecta.
La otra, afirma que la iglesia debe incluir en su misión integral una acción directa para la transformación de las naciones.
Los que sostienen que la contribución de la iglesia debe ser realizada en forma indirecta no aceptan ninguna participación de la iglesia o de los cristianos en la política o en las diferentes áreas de gobierno. El aporte hecho en forma indirecta consistiría en predicar el evangelio, hacer discípulos, plantar iglesias, hacer obras de misericordia y enviar misioneros a todas las naciones; y como resultado del gran crecimiento numérico de la iglesia en las naciones y del discipulado, ocurrirían transformaciones en la sociedad.
Los que creen que la iglesia tiene que estar -no como institución sino a través de sus
miembros- involucrada en todas las áreas de la sociedad: política, economía, justicia, leyes,
gobierno, educación, ciencias, artes, comunicaciones, salud, trabajo, deportes,
entretenimiento, etc., sostienen que el amor al prójimo no se circunscribe a practicar la
bondad y la justicia únicamente a nivel personal sino también a nivel comunitario, social y
nacional, a fin de procurar el bienestar integral de todos los habitantes de la nación y del
mundo.
Personalmente, creo que la posición A y B no son excluyentes. Si se avanza con la sabiduría de Dios y aprendiendo de los errores y aciertos que nos enseña la historia de la iglesia durante sus 2.000 años, creo que es posible armonizar ambas posturas, pues yo entiendo que son complementarias.



(continuará...)

Venado Tuerto: JORNADA DE COMUNIÓN Y EDIFICACIÓN


El encuentro que tuvimos fue sobre todo para pasar tiempo juntos en comunión con los hermanos y también orar, adorar a Dios y reflexionar sobre el Salmo 133 y el pasaje de Hechos 2:41-47

Por la tarde nos dividimos en grupos para reflexionar sobre estos textos y luego compartir lo que cada grupo recibió de parte del Señor respecto de estos pasajes.
Fué muy enriquecedor escuchar lo que Dios le habló a cada uno al respecto. Muy linda experiencia. Todos quedaron muy contentos por el día que vivimos!

Sergio Tubbia


viernes, 11 de mayo de 2018

Editorial: REUNIDOS COMO UNA FAMILIA



La reunión de los santos es semejante a un encuentro de la familia al terminar el día. Los padres están interesados y deseosos de saber cómo están y cómo les fue la jornada a los hijos. Entonces, cada uno cuenta con total apertura y sinceridad sus vivencias. En base a ello papá y mamá (o uno u otro) felicitan, corrigen, consuelan o animan según la circunstancia. A ninguno se le está vedada la participación.

Cuando estamos juntos como iglesia es igual. Cada discípulo necesita y debe expresarse con sus alegrías, luchas, pruebas, dones y palabras según les fueran dadas por el Señor. Y como respuesta, Dios nuestro Padre nos habla, alienta, orienta o endereza. 


De allí que el encuentro de los cristianos puede tomar distintos giros e ir por diferentes caminos. Ahora comprendo que no se trata de una sola "nota" del Espíritu en la reunión sino de variantes espirituales que conducen a la ayuda y edificación de la hermandad. Se trata del lugar donde hablan todos, los hijos y fundamentalmente Papá, y todos salimos enriquecidos.


Oscar Gómez

COMO UNA VIRGEN PURA