viernes, 28 de abril de 2017

LOS COMIENZOS DE LA RENOVACIÓN EN ARGENTINA


Testimonio de Juan Carlos Ortíz

Los elementos del movimiento de renovación en Argentina de la década de 1970 eran, entre otros: El bautismo en el Espíritu Santo, la renovación de la iglesia, no solo espiritual sino también estructural, una nueva himnología, es decir una mezcla de música nueva con canciones antiguas, cantar las escrituras, las doxologías centradas en Dios, el señorío de Cristo, el énfasis en la vida bajo el nuevo pacto, la vida en el Espíritu, el fruto del Espíritu, una escatología más simple, el retorno a la escatología de las iglesias clásicas, dar una mayor importancia a la práctica de la Biblia que a la teología filosófica, ser hacedores da palabra, más preocupación social, ayudarse unos a otros y amar a nuestro prójimo, discipular a las personas en grupos pequeños, respetar la autoridad de los líderes, la unidad de la iglesia, la visión de Watchman Nee acerca de la iglesia local influida por nuestro movimiento, si bien comprendíamos que la iglesia local no era nuestra iglesia, sino todas las congregaciones de la zona. No necesitábamos crear una iglesia local, sino aceptar las ya existentes. Encontramos una clara diferencia entre predicar y enseñar haciendo un énfasis mayor en enseñar en grupos pequeños. Estos cambios no fueron meras palabras, sino reales.  

Al inicio de esta renovación, se dirigían los cantos al frente, pero dándole la espalda a la gente y al púlpito, todos mirando al Señor. la unidad de la iglesia se convirtió en una de las grandes iluminaciones. Como había compañerismo con los líderes de todas las denominaciones, descubrimos que había muchas más cosas que nos unían que las que nos separaban. 
El impacto de la renovación se advirtió en toda la iglesia de Argentina y más tarde en el mundo. Luego,pastores de todas partes del mundo vinieron a visitarnos a Argentina con el fin de ver el obrar de Dios. Muchos líderes de este movimiento en Argentina recibieron invitaciones de todo el mundo para hablar sobre los elementos de este mover. Visité más de 65 países con el mensaje de renovación que empezó en la casa de Darling.
Permítanme decir algunas palabras acerca de seis de los líderes que más influyeron en este movimiento.

Alberto Darling fue uno de los mejores oradores que tuvimos. Podía decir con palabras bonitas lo que estaba sucediendo. Tuvo la experiencia de la renovación y entregó todo lo que tenía: su vida, su familia, su automóvil, su casa y su reputación.

Orville Swindoll, maestro de la Biblia y músico, nos condujo a una nueva dimensión de adoración y alabanza desde las escrituras con su acordeón. Era  ser muy espiritual y siempre nos recordaba la preeminencia del Espíritu Santo.

Jorge Himitian era el más joven, una persona enamorada de Jesús y muy leal a la sagradas escrituras. Nos llevó al señorío de Cristo y nos llamó la atención cuando nos dejábamos llevar por cualquier cosa que no era bíblica. Era muy equilibrado. Esto lo aplicó a la profecías, a muchas otras olas e innovaciones.

Edward Miller enfatizó los dones del Espíritu, la intimidad con Cristo. Nos llamó a ayunar y orar, a pasar del Lugar Santo al Lugar Santísimo, lo que significó una experiencia continua de Cristo en una manera íntima. El decía que debíamos vivir en el “lugar más sagrado”.

Keith Bentson trajo misericordia a nuestro grupo. Lo llamábamos nuestro Bernabé. La mayor parte de nosotros éramos inflexibles. El era pacífico y siempre intentaba ver la otra cara de las situaciones.

Ivan Baker fue creía firmemente en la evangelización. Aunque era pastor de una congregación inició una de cero en su propia manzana, visitando a cada vecino y formando verdaderos discípulos entre ellos.

Por supuesto que hubo muchos otros líderes que enfatizaron diferentes aspectos de nuestra renovación, como la vida familiar, la relación padres-hijos y las finanzas familiares. Algunos ponían el acento en la adoración, otros en la teología, otros en la unidad...

jueves, 27 de abril de 2017

David Pawson LA ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA


       

        Hoy se acepta en general que la evangelización y la acción social van de la mano en la misión de la iglesia, aunque muchos le darían prioridad, correctamente, a lo primero. Hay una clara base bíblica para el servicio al mundo incrédulo. Jesús respaldó el segundo “gran” mandamiento de amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos (Mr 12:31) e interpretó  que                   “prójimo” era cualquiera que estuviera necesitado a quien pudiéramos ayudar (Lc 10:29-37).

        Pablo nos exhorta:

       “Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos (Gá 6:10); y
       
        agrega: “y en especial a los de la familia de la fe”. Si bien es la escritura que más frecuentemente se cita con relación a este tema, ya hemos notado que la llamada “parábola” de las ovejas y las cabras no es pertinente en sentido estricto, ya que “hermanos” y “prójimos” no son términos equivalentes, pero el argumento no debería descansar sobre este único pasaje.   
    
       Que quede bien en claro que no somos salvados por hacer buenas obras (una idea muy difundida, pero errónea) sino que somos salvados para hacer buenas obras (Ef 2:9-
       10). Somos salvados para servir, y para servir   indiscriminadamente a quienquiera que nos necesite, no importa cuál sea su relación o su               respuesta a nosotros. Este tipo de amor incondicional tiene una palabra griega especial: ágape. Usada muy poco en el mundo antiguo, tomó un peso propio al describir el amor de Dios por el mundo expresado en Cristo y el amor   resultante ejercido por los cristianos, un amor que en ambos casos incluía aun a los  enemigos. 

       El amor al prójimo puede ser aplicado en tres niveles de actividad social. 

        Primero, en el trabajo. Siempre y cuando cubra una verdadera necesidad de la sociedad, nuestro trabajo diario puede y debe ser visto como una expresión práctica del amor al prójimo. Demasiado a  menudo es considerado un medio para nuestros propios objetivos, para conseguir dinero, una posición o  satisfacción para nosotros mismos. En realidad, es mucho más probable que sea satisfactorio, como fue la intención de Dios, si lo consideramos principalmente como una forma de ayudar a otros. Obviamente,  esto es más fácil en algunos trabajos (enfermería, por ejemplo) que en otros (operaciones repetitivas en una fábrica), pero todos pueden ser hechos para satisfacer una necesidad, para beneficiar a personas. 

       Segundo, en la asistencia social. Los cristianos tienen un buen historial en el servicio voluntario a los     
       afligidos. Han sido pioneros en el cuidado de los enfermos, los ancianos, los discapacitados y aquellos que han sido abandonados a su suerte por una sociedad egoísta. Santiago, hermano de Jesús, ha               estimulado mucho de esto por su definición:

      “La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro      
       Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo” (Stg 1:27)
       
       Note que la filantropía activa no es ningún sustituto para la integridad moral).   
       
       Tercero, en la reforma. Es en este punto donde los cristianos tienen verdaderas diferencias. Hay unanimidad acerca de aliviar el sufrimiento, pero no acerca de reformar los sistemas. Porque esto                     involucra la actividad política, a un nivel local o nacional. Esto es muy frecuentemente una cuestión de hacer concesiones, en particular bajo la democracia, buscando siempre un punto medio entre los                       absolutos morales y las necesidades materiales, entre lo que es aplicable idealmente y lo que es aceptable socialmente (reducir el tiempo de embarazo en el que pueda tener lugar el aborto es un ejemplo típico). Si bien reconocemos que la legislación no puede imponer el bien, puede restringir el mal y, por lo tanto, reducir el sufrimiento. Aliviar a las víctimas explotadas u oprimidas de un sistema malvado es una   cosa. Buscar cambiar el sistema mismo es otra. Es una forma menos directa y más impersonal de                       enfrentar el problema. Pero si logra el mismo objetivo —  
        aliviar el sufrimiento— y tal vez en una escala  
        mayor, ¿no puede expresar esto también el amor a nuestro prójimo? Pablo nos exhorta a hacer bien a todos, “siempre que tengamos la oportunidad” (Gá 6:10).

        Los    cristianos que están en una posición de responsabilidad hacia otros, en el comercio y en la industria, en el servicio civil y en la política, tiene n esta “oportunidad” de cambiar el sistema para mejor. 
        Estarán conscientes del peligro de imponer un   comportamiento característicamente “piadoso” mediante   sanciones legales (por ejemplo, guardar el domingo como un día sagrado o día de descanso). Pero tratarán de buscar leyes justas para contrarrestar la inhumanidad. Fue por cosas como éstas que los profetas hebreos denunciaron a las naciones fuera de Israel, y no por quebrantar las leyes dadas al pueblo redimido de Dios (ej: Am 1:3-2:3). 
        Aquellos que creen en un reino milenario de Cristo sobre la tierra después de su retorno están altamente motivados hacia la reforma social. Así como ocurre con la esperanza de individuos  
        perfeccionados y una iglesia perfeccionada, la expectativa de una sociedad perfeccionada estimula el deseo de reclamar lo más posible de esto en el aquí y ahora. La certeza de que un día habrá un orden mundial perfecto los impulsa a hacer mayores esfuerzos para trabajar por la paz y la justicia ahora. No es que esperen lograr esto, en una escala universal o nacional, antes que el Rey vuelva para  establecer su reino. Pero pueden al menos demostrar la naturaleza de ese reino aplicando sus principios a  
       situaciones contemporáneas. Esto habla bien en mismo del “evangelio del reino” (Mt 24:14). Es aún más personal y práctico que esto. Si el mundo ha de ser gobernado por cristianos “reinando con Cristo” y los puestos públicos han de estar en sus manos (por ejemplo, los tribunales, 1Co 6:2), entonces cuanta mayor experiencia puedan adquirir en estas posiciones de responsabilidad, mejor. 

        Cerremos esta sección con un ejemplo de un creyente de este tipo del siglo diecinueve. En el extremo oeste de Londres —en Piccadilly Circus, para ser más preciso— hay una estatua de aluminio. Su parecido a Cupido, el agente del amor, le ha dado el apodo popular de “Eros” (la palabra griega para el atractivo sexual, de donde derivamos la palabra “erótico”). Esto es un grave error. Debería llamarse “ágape”. Representa al ángel de la misericordia, y es un monumento a Anthony Ashley Cooper, mejor conocido como Lord Shaftesbury. Hizo tal vez más que ninguna otra persona en su tiempo para aliviar el sufrimiento causado por la “revolución industrial”, que transfirió a una gran población desde áreas rurales a urbanas, poniéndola a trabajar en fábricas y minas en condiciones insalubres y aun inhumanas. Eran simplemente “brazos” para ser explotados por empleadores inescrupulosos. Las tácticas que usaba consistían en despertar la suficiente culpa entre la opinión pública como para lograr la aprobación de la legislación que limitara el abuso potencial. Pocas personas saben que detrás de estos esfuerzos públicos había una expectativa constante y consciente del retorno de Cristo para gobernar, para lo cual él quería estar listo. En la parte superior de cada carta que él escribía siempre aparecían estas palabras: “Amén. ¡Ven, Señor Jesús!”, una oración que                    aparece en la última página de la Biblia (Ap 22:20).

miércoles, 26 de abril de 2017

NUESTRA CONSIGNA: NO SOBREPASAR LO QUE ESTÁ ESCRITO



Una sociedad alejada de la voluntad de Dios

Todas las tragedias y desgracias que vemos en nuestra sociedad, tanto en la esfera moral y espiritual, como natural, es el resultado directo del pecado, esa desviación de la justicia que, desde que hizo su aparición en este mundo no ha dejado de azotarnos sin piedad. El pecado produjo una apertura letal de la mente humana, preparándola para recibir todo tipo de cosas, no distinguiendo la mentira de la verdad. Ya no hay más barreras, se eliminó toda clase de protección moral y espiritual. El pecado solamente puede ser visto en su verdadera dimensión a partir de lo que la Palabra de Dios nos ha revelado, de otra manera es imposible. Lo que sucedió en el Calvario es la mayor expresión de las consecuencias de la maldad del pecado que jamás haya visto el ser humano. 
El apóstol Pablo también nos da su definición de una sociedad sin Dios en los siguientes términos: 

Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Rom. 1:28).

El daño provocado por el Universalismo

La mente humana, a partir de la caída en Edén, traspasó el mandato divino y quedó como una torre de aeropuerto que le da pista a cualquier avión que desee aterrizar. Desde esa perspectiva, la doctrina del universalismo le vino al dedillo al hombre caído. 
El universalismo es una corriente religiosa que se caracteriza por creer en la salvación de todos los hombres en virtud de la bondad y el amor infinito de Dios. Niega la existencia del infierno; surgió hacia 1770 en Nueva Jersey. En sus postulados, afirma la existencia de ciertos principios que son universalmente indiscutibles, y que deben ser admitidos por todas las personas y grupos culturales como guía para sus conductas para distinguir las acciones buenas de las malas. Para el universalista como Dios es toda bondad nadie se pierde, todos se salvan. No existe tal cosa como la condenación. Sostienen que la humanidad es una gran fraternidad, todos somos hermanos por el simple hecho de ser humanos, sin necesidad de ser elegidos.
Aunque parezca extraño, la filosofía universalista es la que más prevalece en las personas. Se niega a creer en un Dios que selecciona, que a unos salva y, los que no creen, se pierden. Que tiene un pueblo llamado iglesia conformado por aquellos que se arrepintieron de sus pecados. No reconoce la infalibilidad y la sanción de las Sagradas Escrituras.

Nuestra responsabilidad: No sobrepasar lo que está escrito

Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a vosotros, para que en nosotros aprendáis a no sobrepasar lo que está escrito, para que ninguno de vosotros se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro”   (1º Corintios 4:6)

Pablo nos dice muy claramente que NO debemos ir más allá de lo escrito en la Palabra de Dios. Debemos obedecer y creer lo que “está escrito” y no ir más allá con vanas y confusas interpretaciones. Incluso al final del versículo el mismo Pablo advierte que esas vanas “interpretaciones” harían que “os envanezcáis unos contra otros…”

La versión de la Biblia utilizada por los estadounidenses es muy clara, dice: “No tener pensamientos de hombres por encima de lo escrito”

En todo caso, el sentido sigue siendo el mismo: NO interpretar más allá de lo escrito.

Vulgata: “nobis discatis ne supra quam scriptum”. La traducción sería: “no aprender más allá de lo escrito”, lo cual concuerda con lo anterior.

En el original griego se traduce: “No aprender más allá de lo escrito” (o por “encima” de lo que se considera escrito)

En Síntesis,

No podemos permanecer en silencio frente a la avalancha de realidades y corrientes extrañas que afectan a la iglesia del siglo XXI. Debemos procurar no alejarnos aun más del pensamiento de las sagradas escrituras, para no caer en una iglesia liberal, afectada por las influencias abstractas y la psicología moderna. Volvamos a la Palabra, a las leyes de Dios, a las enseñanzas de Jesús y las instrucciones apostólicas, cerremos el paso a lo que no procede de Dios, a aquello que es alimentado por las influencias Satánicas prevalecientes en los últimos tiempos.
No perdamos esa fe genuina y sincera. Ajustemos nuestros pensamientos a la Palabra, para diluirla en visiones, énfasis y especulaciones que nos han apartado del sentido original del cristianismo verdadero. Ser fiel a lo aprendido es mantener viva y sana la fe: “Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.”(Filipenses 4:9).
Es necesario detenernos en nuestra carrera de adaptar la verdad a los tiempos, y poder definir ¿hasta dónde las influencias externas pueden ser aceptadas en la Iglesia de hoy?, Y acudir a una exégesis que se introduzca en la mente de la Palabra. 

.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...