COMO SE CONSTRUYE UNA IGLESIA O UN GRUPO Oscar Gómez




En primer lugar debemos comprender que somos colaboradores de la obra que Dios hace. Como el electricista que lleva un ayudante.

Si bien Dios hace la obra, nos toca a nosotros un parte muy importante. La iglesia está compuesta por gente de carne y hueso no de ángeles, aunque creemos en la presencia de éstos seres en nuestro medio. Trabajamos la iglesia de los sueños de Dios, por ahora estamos en la iglesia real, la de la tierra.

Al pasar los años, me voy dando cuenta que al intentar edificar la iglesia del Señor existen otros elementos que se van añadiendo a los ya conocidos y que deben seguir estando, como la planificación, las metas, las estrategias, la geografía (yo era “el chico de los mapas” en mi juventud, sobre ellos orábamos y dividíamos las calles para evangelizar), etc.
Quisiera mencionar estos otros elementos, que bien podríamos denominar la otra cara de la edificación, lo que no se ve pero está presente.

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“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”  Salmo 126:6

1. Andar. 

Gastar zapatos, dinero, bienes, dejar otras cosas. No puedo construir la iglesia desde mi casa o mi computadora. Andar a veces implica ir lejos, otras no. La obra del Señor no es apta para “amarretes”, en muchos momentos tendrás que dar. Jesús ganó discípulos andando por la orilla del mar, por las montañas, en la ciudad. 

2. Llorar

Las lágrimas son parte de la obra del Señor. No hay obrero verdadero que nunca haya llorado por los incrédulos, por sus hermanos cuando pecan, se apartan o están tibios; o bien por la obra cuando no avanza. Una vez un obrero estaba inquieto porque su grupo no crecía, entonces otro más experimentado le dijo: “probá con lágrimas”.
“Levántate, grita por las noches, grita hora tras hora; vacía tu corazón delante del Señor, déjalo que corra como el agua; dirige a él tus manos suplicantes y ruega por la vida de tus niños, que en las esquinas de las calles mueren por falta de alimentos”  Lam.2:19
El lloro no se puede fabricar, puede suceder en el lugar de oración, en la cocina, mientras vamos o volvemos del trabajo. Se trata de algo en nuestro interior que produce lágrimas por determinadas circunstancias.

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“y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”  2cor.11:28

3. Preocupación (del original gr. “merimna” Ansiedad que produce diligencia.

¿Te preocupa el avance del reino de Dios o todo te da igual? En realidad uno se preocupa por lo que tiene en su mente, en su frente, en su corazón. Conocí un empresario que solamente se preocupaba por su negocio. 
Pablo, el apóstol, era un grande. Llevaba todas las iglesias en su pecho. ¿Cuántos discípulos llevas en tu corazón? ¿Cuántos grupos? ¿Cuántas iglesias?

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Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía”  Santiago 5:7

4. Paciencia

El reino y la obra de Dios no son para impacientes. La mejor definición de paciencia que escuché fue esta: “prepararse para un largo viaje”. 

Matías, apóstol sucesor de Judas Iscariote, fue reconocido como tal después de mucho tiempo, después que ocurrieron todos los acontecimientos que conocemos (Los hechos de Cristo desde el bautismo de Juan, su muerte, su resurrección, la negación de Pedro, la traición de Judas) Matías siempre estuvo hasta que se acordaron de él. ¿Cómo llama eso? Paciencia. (Hechos 1:21-26)

Paciencia en la formación de discípulos, en ver crecer a la iglesia o el grupo casero, en que pasen las adversidades, tener paciencia hasta la venida del Señor. 

“Confía en el Señor y él hará”