NUESTRA CONSIGNA: NO SOBREPASAR LO QUE ESTÁ ESCRITO



Una sociedad alejada de la voluntad de Dios

Todas las tragedias y desgracias que vemos en nuestra sociedad, tanto en la esfera moral y espiritual, como natural, es el resultado directo del pecado, esa desviación de la justicia que, desde que hizo su aparición en este mundo no ha dejado de azotarnos sin piedad. El pecado produjo una apertura letal de la mente humana, preparándola para recibir todo tipo de cosas, no distinguiendo la mentira de la verdad. Ya no hay más barreras, se eliminó toda clase de protección moral y espiritual. El pecado solamente puede ser visto en su verdadera dimensión a partir de lo que la Palabra de Dios nos ha revelado, de otra manera es imposible. Lo que sucedió en el Calvario es la mayor expresión de las consecuencias de la maldad del pecado que jamás haya visto el ser humano. 
El apóstol Pablo también nos da su definición de una sociedad sin Dios en los siguientes términos: 

Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Rom. 1:28).

El daño provocado por el Universalismo

La mente humana, a partir de la caída en Edén, traspasó el mandato divino y quedó como una torre de aeropuerto que le da pista a cualquier avión que desee aterrizar. Desde esa perspectiva, la doctrina del universalismo le vino al dedillo al hombre caído. 
El universalismo es una corriente religiosa que se caracteriza por creer en la salvación de todos los hombres en virtud de la bondad y el amor infinito de Dios. Niega la existencia del infierno; surgió hacia 1770 en Nueva Jersey. En sus postulados, afirma la existencia de ciertos principios que son universalmente indiscutibles, y que deben ser admitidos por todas las personas y grupos culturales como guía para sus conductas para distinguir las acciones buenas de las malas. Para el universalista como Dios es toda bondad nadie se pierde, todos se salvan. No existe tal cosa como la condenación. Sostienen que la humanidad es una gran fraternidad, todos somos hermanos por el simple hecho de ser humanos, sin necesidad de ser elegidos.
Aunque parezca extraño, la filosofía universalista es la que más prevalece en las personas. Se niega a creer en un Dios que selecciona, que a unos salva y, los que no creen, se pierden. Que tiene un pueblo llamado iglesia conformado por aquellos que se arrepintieron de sus pecados. No reconoce la infalibilidad y la sanción de las Sagradas Escrituras.

Nuestra responsabilidad: No sobrepasar lo que está escrito

Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a vosotros, para que en nosotros aprendáis a no sobrepasar lo que está escrito, para que ninguno de vosotros se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro”   (1º Corintios 4:6)

Pablo nos dice muy claramente que NO debemos ir más allá de lo escrito en la Palabra de Dios. Debemos obedecer y creer lo que “está escrito” y no ir más allá con vanas y confusas interpretaciones. Incluso al final del versículo el mismo Pablo advierte que esas vanas “interpretaciones” harían que “os envanezcáis unos contra otros…”

La versión de la Biblia utilizada por los estadounidenses es muy clara, dice: “No tener pensamientos de hombres por encima de lo escrito”

En todo caso, el sentido sigue siendo el mismo: NO interpretar más allá de lo escrito.

Vulgata: “nobis discatis ne supra quam scriptum”. La traducción sería: “no aprender más allá de lo escrito”, lo cual concuerda con lo anterior.

En el original griego se traduce: “No aprender más allá de lo escrito” (o por “encima” de lo que se considera escrito)

En Síntesis,

No podemos permanecer en silencio frente a la avalancha de realidades y corrientes extrañas que afectan a la iglesia del siglo XXI. Debemos procurar no alejarnos aun más del pensamiento de las sagradas escrituras, para no caer en una iglesia liberal, afectada por las influencias abstractas y la psicología moderna. Volvamos a la Palabra, a las leyes de Dios, a las enseñanzas de Jesús y las instrucciones apostólicas, cerremos el paso a lo que no procede de Dios, a aquello que es alimentado por las influencias Satánicas prevalecientes en los últimos tiempos.
No perdamos esa fe genuina y sincera. Ajustemos nuestros pensamientos a la Palabra, para diluirla en visiones, énfasis y especulaciones que nos han apartado del sentido original del cristianismo verdadero. Ser fiel a lo aprendido es mantener viva y sana la fe: “Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.”(Filipenses 4:9).
Es necesario detenernos en nuestra carrera de adaptar la verdad a los tiempos, y poder definir ¿hasta dónde las influencias externas pueden ser aceptadas en la Iglesia de hoy?, Y acudir a una exégesis que se introduzca en la mente de la Palabra. 

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