David Pawson LAS NECESIDADES DE LOS HERMANOS

     
       
        Mateo 25: 31/46
      
 Jesús contó la parábola de las ovejas y las cabras (en realidad, no es una parábola sino una profecía que predice el futuro y que contiene una analogía).

 "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se  reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras" (Mt 25:31-32). 

 El principio detrás de la sentencia es si fueron cuidados “uno de estos mis hermanos, aun el más pequeño” de una manera práctica, si fueron cubiertas sus necesidades y fueron compartidas sus pruebas.  Por supuesto, la aplicación depende de la  interpretación de “mis hermanos”. ¿Quiénes son ellos? Decir que son los compatriotas de Jesús, los judíos, es demasiado estrecho. Decir que son sus prójimos humanos, toda la raza, es demasiado amplio. El título es aplicado consistentemente a sus discípulos, tomados de entre todas las naciones (Mt 12:49; 28:10; cf. Heb 2:11). Es la desatención de sus discípulos lo que califica a las “cabras” rechazadas a su mano izquierda. Que este grupo podría incluir a algunos de los mismos discípulos está indicado por el hecho que              llaman a Jesús “Señor” (Mt 25:44; cf. 7:21) y por el hecho de que esta “parábola” no fue dicha al público  en general sino al círculo íntimo de los doce. El tema de la desatención entre sus propios seguidores aparece en todas las parábolas de este capítulo, así como el castigo tremendo que hay que pagar por ello. Del lado positivo,

Las “ovejas” son quienes han ministrado a sus hermanos, aun a los “más pequeños”, cuando estuvieron necesitados.

Ellos han sido motivados por el amor a los hermanos, sin siquiera pensar que equivalía a hacerlo a Jesús mismo (Mt 25:37-38). Sus acciones fueron obras de espontaneidad compasiva y no de interés personal calculado.