CONSEJOS PARA LOS QUE ENSEÑAN LA PALABRA Jorge Himitian


1) Para enseñar a otros es esencial que el discipulador conozca bien la palabra y que la
viva. La iglesia se estanca en su desarrollo cuando los discípulos se limitan a vivir la
palabra sin enseñar a otros (si es que tal cosa pudiera existir). La iglesia se destruye si los discípulos conocen la palabra y, sin vivirla, la enseñan a otros. Por lo tanto, se puede apuntar a ese tercer objetivo solamente si los anteriores están logrados.

2) Llevar algunas veces a los discípulos con nosotros cuando hacemos la obra, ya sea
evangelizando o edificando, para que aprenda sobre la marcha cómo se hace (Jesús
lo hizo con sus discípulos).

3) Animar a los discípulos a atender nuevos discípulos y contactos que tengan, una vez
que hayan alcanzado cierto crecimiento básico.

4) Instruirles, lo que deben enseñarles y cómo deben tratarles. En realidad, ellos
discipularán a otros de la manera en que ellos mismos fueron discipulados.

5) Supervisar la obra que hacen, escuchando informes e inicialmente estando cerca de
las personas a las que están enseñando.

6) Delegar responsabilidad, y en la medida que crezcan, dejarles cierta libertad para
que hagan la obra en su propio estilo y gracia. Darles campo para que ensayen,
prueben, se equivoquen, pregunten, se corrijan, y así aprendan experimentalmente.

7) Velar siempre sobre los discípulos, sus familias y sus obras. Ser una verdadera
cobertura espiritual sobre ellos. Seguir instruyéndoles sobre la marcha y desarrollo
de la obra. Orientarles y animarles a crecer en estatura espiritual. Reconocer su
gracia y don y promoverles a funciones de mayor responsabilidad. 

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