LÍDERES QUE ENTIENDEN SU TAREA Don George

(Tomado de la La corriente.com)

No somos héroes. Somos personas llamadas por Dios para guiar a la gente hacia Él.

En su carta a los filipenses, antes de que Pablo escribiera un cántico acerca del carácter de Cristo, su humildad y su gloria, él nos dio claras instrucciones. Primero, nos recordó que debemos permanecer firmes en la gracia, el amor, la bondad y la aceptación que Cristo compró con su sangre. Pablo escribió: “Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento”(Filipenses 2:1-2).

La expresión “por tanto” tiene dos significados en el griego. A veces significa: “No sé si esto será verdadero”. Esa es la manera en que Pablo lo usa. ¿Nos consuela el hecho de estar unidos a Cristo en su muerte y su resurrección? ¡Por supuesto! ¿Nos gozamos y nos fortalecemos por causa de la incomparable maravilla de su amor por nosotros? ¡Sí, nos sobrecoge! ¿Nos complace participar en la vida en el Espíritu, en su bondad y en su poder? ¡Es el fundamento de nuestra vida! Por tanto, si estas cosas son verdaderas, ¿cómo respondemos? Estas verdades nos dan lo que desesperadamente queremos y necesitamos: la certidumbre del amor incondicional, el perdón y la aceptación. En Él estamos completamente seguros. La única respuesta lógica es: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás”(Filipenses 2:3-4).

En su excelente libro Bueno a excelente, Jim Collins comparó las características de las buenas empresas con unas pocas que pueden considerarse excelentes. Con frecuencia, un líder que insiste en ser la superestrella inhibe el crecimiento de la empresa, y la espera que otros cumplas sus planes. Collins llama a este modelo de liderazgo: “un genio con un millar de ayudantes”. Él observa: “Los genios rara vez organizan grandes equipos de administración, por la simple razón de que no los necesitan. Y generalmente no los quieren tener”.

Collins explica que los mejores líderes tienen una mezcla de dos características esenciales: humildad y resolución. Están más interesados en cumplir el propósito de la organización que en recibir aplausos. De hecho, están más dispuestos que otros que han contribuido al buen éxito de la organización sean quienes reciban los aplausos. Collins enfáticamente dice: “Los líderes bueno a excelentes nunca tuvieron como fin convertirse en grandes héroes. Nunca soñaron con que se les pusiera un pedestal o que se los convirtiera en íconos inalcanzables. Fueron personas sencillas que discretamente produjeron resultados extraordinarios.

Hay pastores exitosos ¾especialmente aquellos que pertenecen a una denominación con una poderosa tradición de autoridad pastoral¾ que a veces se los trata como grandes héroes. Y lamentablemente, algunos de ellos piensan que sí lo son. Cuando esto sucede, la protección y expansión de su buen nombre se convierte en el principal objetico que nunca se menciona.

La arrogancia es la horripilante hermana gemela de la inseguridad. Son inseparables, aunque a simple vista no veamos la conexión en la vida de un líder. Cuando sentí que Dios me mostraba que debía invitar a un pastor para que reincorporara a nuestra congregación, supuse que era solamente para que me ayudara a ser mejor pastor principal de la iglesia. Cuando vi el impacto de su predicación  y de su liderazgo, me di cuenta de que el plan de Dios no era lo que yo había supuesto, y que su provisión era aún mayor de lo que yo habría soñado. Mi resolución de que Calvary se convirtiera en una gran iglesia inclusiva era más firme que nunca, pero me di cuenta de que el cumplimiento de esta visión no dependía de mí. Nunca lo fue. No lo es. Ni nunca lo será.

Mi seguridad descansa en el amor de Dios y en su llamado. Los propósitos de Dios son más importantes que mi buen nombre. Muchos pastores se preocupan demasiado de la imagen que proyectan, y el más pequeño agravio les afecta profundamente. Creo que debemos fijar nuestra visión en otro objetivo. Si nos enfocamos en Cristo y dejamos que su amor y su poder moldeen nuestro carácter, no nos preocuparemos de nuestra reputación. La gente nos conocerá como personas de impecable integridad, y Dios se complacerá en ello. Eso es todo lo que importa en esta vida y en la venidera. Cuando nuestro enfoque es el desarrollo del carácter, nuestro buen nombre simplemente es el resultado lógico.

Por otra parte, nunca me pregunté qué haría si alguien después de ver al otro pastor, me viera a mí y dijera: “Pastor George, ahora que tenemos a Ben, ¿para qué lo queremos a usted aquí?”. Confío en el llamado del Señor de mi vida. Estoy confiado en el hecho de que Él quiere que cumpla una responsabilidad en mi iglesia, y me siento honrado de cumplir con todas mis fuerzas. Cuando quiera que deje mi responsabilidad, Dios mismo me lo dirá. Antes de eso, quiero hacer todo de mi parte para apoyar y equipar a Ben y al resto del personal de la iglesia. Todavía tengo una importante responsabilidad que Dios me ha dado.

Los líderes que se sientes seguros de su posición en Cristo no se dejan amedrentar tan fácilmente. No viven atemorizados. No exigen que los demás reconozcan su autoridad. No los obsesiona la protección de su buen nombre. Mas bien, disfrutan de la vida, aman a la gente, dirigen con gracia y fortaleza y celebran los triunfos de otros.

Mi principal tarea es estar lleno del amor de Dios, que este fluya en gratitud, amor y compasión por quienes me rodean. Seguramente, habrá quienes no estén de acuerdo con mis decisiones, pero el tono de nuestra relación siempre debe ser el constante flujo del amor de Dios. Nuestro andar en Cristo debe ser en gracia y gratitud, el recíproco amor de unos por otros. Dios es el iniciador de la gracia, y nosotros respondemos con asombro y gratitud, y aun más amor y bendiciones emanan de Él, y el resultado es abundancia de gratitud y admiración… y el proceso continúa.

Por Don George
Tomado del libro:Contra el viento
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