martes, 29 de noviembre de 2016

DIFERENCIA ENTRE AMISTAD Y COMUNIÓN Oscar Gómez





·       La amistad se puede vivir tranquilamente en la esfera del alma. La comunión se experimenta en el ámbito del espíritu.

·       La amistad promueve círculos. La comunión se abre a todo el cuerpo de Cristo.

·       La amistad descansa en la afinidad. La esencia de la comunión es la espiritualidad.

·       La amistad es por gusto propio. La comunión es por voluntad de Dios.

·       A los amigos los elije uno. A los hermanos los elije Dios.

·       Puedo dejar de ser amigo. Pero no puedo dejar de ser hermano.

·       La amistad y la comunión, aunque parecidas, caminan por carriles distintos. La amistad transita el camino del “te doy y vos me das”. La comunión “te doy y no espero nada a cambio”.

·       La amistad sin comunión es club social.

·       El que entiende la profundidad de la comunión difícilmente tendrá problemas con la amistad.

·       La verdadera amistad es posible cuando juntos servimos al Señor y conformamos un equipo de trabajo. Otra cosa es mero amiguismo.

·       La amistad es temporal. La comunión es eterna.

                                                                       












martes, 22 de noviembre de 2016

TODOS JUNTOS REUNIDOS. MÁS QUE UN PRECEPTO Comunidad cristiana “Los silos” Tenerife.






Renovando el amor y el compromiso con el Pueblo de Dios


“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros”  Juan 2:19

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”   Hechos 20:7

La reunión de la iglesia no es el "cumplimiento de un precepto", sino una experiencia comunitaria, fraterna, el encuentro con el Señor Resucitado, con su palabra y con el recuerdo de su sacrificio en la cruz. Este encuentro de todos juntos debería ser la fiesta más "celebrativa" más " moralizante", y más "anhelada" de todas por parte de los hijos de Dios. La reunión de los cristianos el día domingo debería tener un tono claramente gozoso y festivo.

¿Cómo lograr esto? 

Aparte de la concepción que cada uno pueda tener, es innegable que debemos ir enriqueciendo progresivamente nuestros encuentros congregacionales, esto depende de muchos detalles: un clima espiritual y también humano, acogedor, un canto participativo, una  intervención más variada de los ministerios, un uso equilibrado de los dones espirituales. Y, sobre todo, la experiencia de una comunidad que puede llevar a todos a la convicción de una misma fe y de un mismo sentir a partir del punto de referencia común: Cristo Resucitado. 

Una comunidad que se reúne, que ora, canta, y que celebra una misma mesa, necesita crecer en su convicción de ser la comunidad que pertenece al Señor Resucitado. Verse los unos a los otros con gran alegría. 
La reunión de todos juntos tiene que ser una fiesta desbordante: todos saltando de gozo, batiendo palmas o abrazándose de emoción, pero también una celebración solemne donde se recuerda la muerte de Jesús. Esta alegría es gozo profundo que no viene de fuera, sino de dentro.

Un momento y un lugar: Todos juntos. 

Desde sus comienzos la cristiandad se reunía a la aurora del primer día de la semana para celebrar, compartir, partir el pan y tomar la copa para después continuar con su vida cotidiana. Es necesario pasar ese día de la ociosidad o distracción profana a la comunión con el Señor y el pueblo santo. 
Justamente, todos los días son consagrados, sin embargo uno en la semana es esencialmente el día en que los discípulos lo dedican a reunirse en su Nombre. ¡Es el día regio del pueblo de Dios! La verdadera comprensión de esta koinonía es un asunto de la vida y estado interior de cada cristiano. Es esa conciencia donde el Novio se encuentra con su novia, la iglesia. 

¿Qué celebramos cuando estamos juntos? 

*Es el día propicio para caer en la cuenta de nuestra dignidad cristiana, reavivando en nosotros el gozo de la salvación y celebrando con pureza este compromiso para vivirlo durante toda la semana. 

*¡Es día de fiesta, día de gracia renovada! Para el cristiano fiel, para el que ama a Dios, el domingo se convierte, cada semana, en una verdadera fiesta, en una fiesta espiritual. Allí renueva su ser, de adhiere a Cristo, confirma su deseo de encontrarse ese día con El y con la hermandad con fue comprada a precio de sangre.

*Es momento de reconciliación. Es el día que nos recuerda nuestra necesidad de arrepentimiento, de volvernos a Dios, trayendo a la mente el día venidero donde nos presentaremos definitivamente delante de Él. Es un momento de antesala de las prácticas celestiales, sin darnos aún la posesión y el goce definitivo del cielo. 

*Todos juntos reunidos no es mero cumplimiento, sin verdadera conciencia y purificación, de solo presencia exterior, acatamiento a las tradiciones sin un verdadero deseo de cambiar y mejorar como cristianos no vale para el alma. Esto no se improvisa. 

*Al estar congregados como iglesia  renovamos nuestra decisión de no pecar, de abstenernos del mal, de malas acciones  renunciando a nuestra independencia, rencor y altivez. Este verdadero reposo que Dios desea no se trata de ociosidad, sino de dejar las labores cotidianas que comúnmente nos impiden dedicar más tiempo a Dios, tratar más con El juntamente con su cuerpo.

*Queramos o no, es necesario reunirse en comunidad. La práctica más antigua de los cristianos es el festejo del día del Señor, ellos se reunían para celebrar a su Señor Resucitado. El descanso -abstenerse de trabajos serviles- no fue característica del domingo cristiano, sino hasta el siglo IV. Pero la reunión de la comunidad  ya estaba desde la primera generación.

*Es un día de expresión de toda la Iglesia. Allí vemos a nuestros hermanos en persona, si es que en realidad los amamos. Nuestra asamblea  manifiesta el misterio de ser uno como el Señor nos mandó (San Juan 17). 

La Iglesia no es algo abstracto, sino una realidad concreta encarnada en un lugar: es el Pueblo de Dios, el Cuerpo visible del Señor Resucitado, que se congrega en un lugar para celebrar a Cristo y participar de su Presencia. 

Los cristianos no solo somos individuos que creemos o que intentamos vivir el evangelio de Cristo solos. Somos Iglesia, comunidad. Iglesia significa convocatoria, reunión, comunidad. Familia de los Hijos de Dios. En la celebración conjunta acrecentamos la comunión con Cristo y con nuestros hermanos. Cristo nos quiere bendecir en comunidad (Salmo 133)

*Es un momento en que los cristianos afirman lo que creen, profesando su fe y doctrina, escuchan la voz del Espíritu Santo a través de los santos, mantienen una actitud reverente a su Palabra y su sangre derramada. Oran, cantan,  dan gracias y ofrecen juntos adoración, hacen iglesia y salen dispuestos a seguir construyendo ese Reino de Dios en sus casas, en sus trabajos, en sus escuelas, en todo lugar. 

* El estar juntos reunidos fue para los cristianos una novedad radical, y se basaba fundamentalmente en la Resurrección del Señor, y no en una herencia de las costumbres judías, o en una continuidad cristianizada del reposo del sábado. Se trata del día de la fiesta por excelencia, centrada en la mesa del Señor celebrada comunitariamente y en la alegría que experimentaban todos juntos, recordando la Resurrección del Señor. 

*Al estar juntos es posible practicar la ayuda mutua. Por tanto, también se generan iniciativas de caridad, de ayuda mutua, de suplir las necesidades de los santos. El Señor nos despierta iniciativas de servicio, de obras, de amabilidad. La reunión de todos apunta también a la fraternidad. Es  algo más que un "precepto". 

“No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”   (Hebreos 10:25 Reina Valera 1909)



jueves, 17 de noviembre de 2016

EL OCASO DEL PODER CENTRALIZADO Oscar Gómez



Para que la iglesia pueda crecer y expandirse en los próximos años deberá cambiar el  concepto de poder.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”  Mateo :25-28

Aquí Jesús nos enseña el verdadero ejercicio de autoridad. No se trata de dominación, concentración o absolutización, sino que su rasgo predominante es el servicio y el sacrificio. La palabra “enseñorear” que refiere el texto proviene del original “katakurieuo”, significa ejercer o conseguir dominio sobre, enseñorearse. Se aplica al dominio de los demonios sobre los hombres (Lucas 8:29). También destaca el uso incorrecto de autoridad de los ancianos al enseñorearse de los santos que están bajo su cuidado (1º Pedro 5:3)

Una nueva característica del poder.

Moisés Naím, en su libro “El fin del poder” expresa lo siguiente:

“El poder es cada vez más débil, más transitorio, más limitado ¿De qué manera estas nuevas características del poder están configurando el mundo actual, tanto para los más poderosos como para la mayoría de la población? Podemos mencionar tres grandes revoluciones que afectan al poder centralizado: 1) la revolución del más, referida al aumento de todo: niveles de vida, educación, salud, países, esperanza de vida, información, relaciones con otras personas, etc.; se trata de cambios que hacen que muchos de los factores que permitían ejercer un poder hegemónico dejen de ser eficaces; 2) la revolución de la movilidad significa que todos estos cambios se expanden y circulan cada vez más; más gente, dinero, productos, tecnología, información, estilos de vida se mueven a menor coste y a más lugares; los migrantes transfieren más remesas a sus lugares de  origen, pero también transfieren ideas, aspiraciones, técnicas e incluso movimientos religiosos y políticos que minan el poder y el orden establecido en sus lugares de destino; 3) Finalmente, la revolución de la mentalidad, referida a los grandes cambios en la forma de pensar, las expectativas y aspiraciones que acompañan a las transformaciones mencionadas; podemos llamarla la revolución de las expectativas crecientes entre lo que la gente espera y lo que sus gobiernos pueden darle. Otro vector del análisis es la fragmentación del poder que resulta en la confrontación de los grandes poderes tradicionales con los múltiples micropoderes. El poder de los micropoderes reside en su capacidad de vetar, contrarrestar y limitar el margen de maniobra de los grandes actores, y tienen la ventaja de que al ser más pequeños son más ágiles, además de que su estructura es menos rígida que la de los grandes poderes, por lo general, estos micropoderes están en manos de actores progresistas y bien intencioniados que buscan el bien común, pero también de aquellos que persiguen solo sus propios intereses. Todos tienen el poder suficiente para impedir las iniciativas de los demás, es difícil imponer una línea de actuación y en consecuencia las decisiones no se toman, se toman demasiado tarde o se diluyen resultando ineficaces. Las nuevas características del poder quedarán a merced de las transformaciones demográficas y económicas, con los cambios políticos y con la ampliación de las expectativas, los valores y las normas sociales. Cada vez más las minorías mandan. Cada vez menos gobiernos disfrutan de la mayoría en los Parlamentos. Uno de los síntomas más evidentes y problemáticos de la degradación del poder es la capacidad de veto por parte de los actores pequeños. Esta tendencia irá en aumento. No obstante, esta fragmentación excesiva del poder y la incapacidad de los principales actores de ejercer el liderazgo son tan peligrosas como la concentración del poder en unas pocas manos. Urge  cambiar nuestra forma de pensar el poder para poder enfrentar una oleada de innovaciones que empezará desde abajo, será caótica y lenta pero inevitable”

La lección de la primera iglesia en Jerusalén.

“…y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles” (Hechos 8:1)

“Pero los que fueron esparcidos, iban por todas partes predicando la palabra” (Hechos 8:4).

La iglesia naciente había experimentado un crecimiento cuantitativo y cualitativo fenomenal. Miles se habían convertido al Señor, lo que trajo como consecuencia concentración del poder, masificación, la necesidad de estructurar, sendos conflictos entre las diversas razas y culturas que conformaban esa comunidad (Hechos 6) y otras cuestiones en el liderazgo. Hasta que el Espíritu Santo los dispersó. Si algún tenía la idea de formar una “mega-iglesia” o un especie de “imperio del evangelio” de acuerdo a los patrones que hoy conocemos, Dios mismo se encargó que esto no sucediera.

“Micro-comunidades” clave de expansión para un nuevo tiempo.

La masificación de los creyentes produce inevitablemente un poder concentrado, monopólico y monolítico, aquello que la gente resiste cada vez más. La renovación del Espíritu Santo sin lugar a dudas trajo aparejada una nueva comprensión de autoridad y de ser iglesia. Aquellos que anhelamos el progreso de la obra del Señor y el establecimiento de su reino en la tierra necesitamos entender estas cosas.  
Una comunidad que vive en sencillez, conformada por servidores, reunida en grupos cuyo tamaño pueda ser atendido sin inconvenientes ni grandes erogaciones, será la respuesta para un mundo que no responde al concepto tradicional de poder. Para que esto llegue a ser una realidad, la iglesia requerirá practicidad y humildad, ser pequeña en su tamaño funcionando como “micro-comunidades” establecidas en cada barrios y ciudad.






martes, 15 de noviembre de 2016

LA REFORMA CONTINUA


Toda reforma implica una crisis de poder.

El secreto del crecimiento en cualquier ámbito estará determinado por la provocación de una crisis de poder. ¿Cómo explicar este fenómeno?

Cuando al pasar los años una institución u organismo entra en el letargo, "en caída libre" o pronto a desaparecer inexorablemente queda en el centro de la escena su ala dirigencial. Y es allí donde se debe tratar la solución del problema. 
Mantener la hegemonía, la centralidad de dominio y la condescendencia entre directivos será el principio del fin. Alguno tiene que levantar la voz y decir "Esto no está bien" "Vamos en retroceso". Y esta actitud, lejos de ser una insurrección, no es más que un diagnóstico certero de la situación. El remedio adecuado será el resultado de un diagnóstico acertado. 

Provocar una crisis de poder no es causar división, establecer una anarquía o instalar un conflicto innecesario, se trata de poner en la mesa aquellas cosas que detienen el progreso y actuar en consecuencia bajo la guía del Espíritu Santo.

Voy a citar tres grandes sucesos que solamente pudieron acontecer porque se desencadenó una crisis de poder.

1. Una verdadera reforma en las narices del sanedrín fue traída por la iglesia naciente en Jerusalén. Se trató de una reforma total: litúrgica, eclesiologica y escatológica. Para ello tuvo que haber irremediablemente una crisis de poder a fin de instaurar el ministerio del nuevo pacto.

2. La reforma del siglo XVI es otro ejemplo que para cambiar el curso de la cosas fue necesario provocar una crisis de poder. Sin embargo, una cosa es decirlo otra llevarlo a cabo. Una restauración de esta magnitud es muy dura. La curia, el papado y todo su entorno era una estructura de poder monolítico, cerrado que no admitía ni siquiera una insinuación de cambio.

3. La renovación del Espíritu Santo es un claro ejemplo de organizaciones cristianas que tuvieron que sufrir una crisis de poder para que emergiera ese nuevo movimiento del Espíritu. Una cosa vivieron los hermanos y otra la que experimentaron los que hasta ese momento ocupaban lugares de liderazgo y decidieron entrar en el mover de Dios. Para éstos últimos, el precio fue muy alto.

No cabe duda que en la cristiandad hay cosas que se deben modificar y otras merecen una reforma de raíz. Entre ellas:

*Excesivo énfasis en el modelo del Antiguo testamento.

*Poder cerrado y concentrado en unos pocos.

*Carente ductibilidad y versatilidad para una renovación constante, entre otras cosas. 

Los cambios dependerán de cada entidad.
No todo está mal, no todo hay que arrojar por la borda, pero permanecer en un estado de "no crecimiento", de falta de frutos, en un "estatus quo" puede ser el pasaporte para su desaparición. 

Los dirigentes deberán sentarse para examinar el curso de las cosas, la marcha de la obra, el estado de la iglesia y lápiz en mano esbozar y ejecutar los cambios que sean necesarios para el bien de la hermandad. Sin embargo, si no se produce una crisis de poder todo seguirá igual. 

El que ve el mal debe avisar por los carriles adecuados. Un supuesto respeto entre el líderes no es una buena receta cuando las cosas no marchan bien, me refiero a la aceptación y aprobación de decisiones inoportunas o desacertadas. El profeta de antaño dijo "Por amor de Sion no callaré". 

Expone tu verdad, no litigues, ora a Dios y confía que El hará.






lunes, 7 de noviembre de 2016

DANDO A LUZ LA IGLESIA QUE DIOS ANHELA



Oración con dolores de parto.

Necesitamos aprender a tocar el trono de Dios orando con dolores de parto. La primera iglesia nació por conducto de un grupo de 120 discípulos que se habían dedicado a la oración (Hechos 1:13-15). 

Las expresiones del Cuerpo de Cristo en las escrituras se forman de la misma manera, esto es, entrando en las agonías del Señor. 

Por lo común, el Señor responde a semejante oración proveyendo un obrero que establece iglesias que ayuda el nacimiento de una nueva comunidad o uniendo a varios creyentes de visión y carga análogas, que asistan a su concepción. 
No debemos olvidar nunca que la iglesia es un cuerpo vivo; por eso, no puede ser edificada con los precipitados impulsos del hombre natural. El nacimiento de una iglesia requiere la clase de oración con dolores de parto que caracterizó la vida de Nehemías y de Daniel. Fue sólo cuando estos hombres empezaron a sufrir dolores de parto orando respecto al presente desorden en que vivían, que Dios mostró su fidelidad en traer a otros para que estuviesen con ellos y en cumplir la visión que había depositado en el corazón de ellos (Nehemías 1—2; Daniel 9—10). 

Luego, la oración es un rasgo decisivo para recibir el poder del Espíritu Santo —un poder que es necesario para  traer a la existencia y alimentar el Cuerpo. La iglesia no se hace con las manos de arcilla humana, sino con el aliento del Espíritu eterno. Recordemos cómo edificaron el antiguo templo sin el ruido de maquinaria terrenal (1 Reyes 6:7). Aquel incidente establece un principio crucial. Concretamente, que la iglesia de Jesucristo no puede ser formada nunca con la obra laboriosa y el sudor del hombre natural; debe ser dada a luz desde el cielo. Leamos las palabras de Russell Lipton a este respecto: 

"Es tan sólo por medio del Espíritu Santo que la iglesia es edificada, no por la habilidad de nuestros proyectos, y planes, y comités, y campañas. Con frecuencia somos demasiado inteligentes como para admitir que estamos dependiendo de nuestra propia fuerza más bien que del Espíritu Santo... pero es así" (Does the Church Matter? [¿Importa la iglesia?]). 

Por consiguiente, si estamos dispuestos a involucrarnos hondamente en la batalla, por esos elementos que reflejan el objeto de Dios y el propósito de Dios para la iglesia, El será fiel en responder. La receta de Pablo para edificar la iglesia resume esto muy bien: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gálatas 4:19). Desde este punto de vista, John W. Kennedy hace la siguiente observación: 

"La medida en que Dios puede usarnos para el establecimiento de la iglesia, es la medida de nuestro sometimiento a El y de nuestra libertad de las ataduras de la tradición y de otras implicaciones humanas que obstaculizan el obrar de Dios. Entonces no será necesario traer la iglesia a la existencia mediante persuasión. El Espíritu Santo mismo hará surgir el impulso que hace nacer una asamblea... el hecho de erigir un edificio o establecer la observancia de la Mesa del Señor o de una cierta forma de congregarse, todavía no han constituido nunca una iglesia. Sin una ardiente visión del propósito del Señor y sin el apremio del Espíritu Santo para obedecer, cualquier modelo habrá de permanecer tan sólo como una ficción vacía" (Secret of His Purpose [El secreto de su propósito). 
  

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...