sábado, 27 de agosto de 2016

EL HECHO DE CRISTO Serie



INTRODUCCIÓN: 

¿En quién hemos creído? Luc.10:38-42 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. ¿Somos como Marta? ¿O como María? El objetivo de todo discípulo de Cristo es ser como su Señor. La meta de su vida es la continua transformación de su ser a la imagen de Jesucristo. Un cristiano sin este objetivo corre el peligro de entibiarse en su fe, y de caer en la terrible apostasía profetizada por el apóstol Pablo como una señal de los últimos tiempos. Pero esta transformación no se logra sólo por la acción esforzada del discípulo. Es más, solo con el esfuerzo es imposible agradar a Dios. La transformación es una obra sobrenatural del Espíritu Santo. No tiene que ver con imitar “artificialmente” a Cristo. El Espíritu tiene que operar, en nosotros, un verdadero trasplante de corazón (Ezequiel 36:26-27). ¿Cómo nos transforma el Espíritu? Leamos lo que dice Pablo en 2° Corintios 3.18: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” Según Pablo, la transformación del discípulo por el Espíritu a la imagen de Cristo, viene por mirar a Jesús. En la misma línea, el escritor de Hebreos nos dice que nuestros ojos tienen que estar puestos en Jesús, el cual no sólo es el creador de nuestra fe, sino también el consumador, es decir, el que la va a llevar a su expresión plena. Él comenzó su obra en nosotros y la va a perfeccionar hasta el día de Jesucristo. ¡Aleluya! La propuesta de este trabajo es hacer un viaje. Un viaje de 9 “estaciones” a través del hecho de Cristo. En cada estación nos detendremos a contemplarle, a valorarle, a amarle… ¡El Señor quiera que en estos meses, en este año, se pueda generar un amor profundo de todos nosotros por Cristo Jesús! Pero el proceso es mirar, valorar, ser cautivados, hasta enamorarnos profundamente de Él.

 I - LA PREEXISTENCIA DEL VERBO DE DIOS

 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. (Juan 1:1-3) El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. (Col. 1:15-17) 1- EL VERBO ES EL CREADOR DEL UNIVERSO Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies. (Salmo 8:3-6) El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. (Sal. 147:4). 2 ¿Alguna vez te pasó como a David, al observar el cielo y los astros, pensar en la pequeñez del hombre? Si lees todo el salmo, verás que todo esto lo llevó a adorar a Dios, exclamando: “Oh, Señor, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” ¡Contempla la maravillosa creación de nuestro Dios! Un atardecer, la luna sobre el río, las estrellas en una noche oscura, un eclipse… Nuestro universo fue creado por Dios, y por medio de su amado Hijo Jesucristo. 2- EL VERBO ES EL CREADOR DEL HOMBRE Y DE TODA LA VIDA Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Génesis 1:26-27) Juan dice que todas las cosas fueron hechas por medio de Él. Contempla la maravilla de la vida. Los científicos no han podido crearla en un laboratorio. La increíble variedad de flores, animales, aves, las extrañas y luminosas criaturas que habitan el fondo de los océanos y… la lista es interminable! Todo ser vivo fue creado por nuestro gran Dios, Jesucristo, el Verbo eterno. La vida fluye como un milagro continuo, a tal punto que se la considera como algo común, y se la deja de admirar. “En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4) 3- EL VERBO ES EL QUE SUSTENTA TODAS LAS COSAS CON SU PALABRA PODEROSA El Hijo…. sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. (Hebreos 1:1-3) Hay muchos que creen que Dios creó todas las cosas y después se retiró de la escena. Pero este pasaje nos revela la verdad: Cada día Dios sustenta la creación con su poder. Cada día alimenta a las millones de aves que hay en el mundo: “Mira las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta” (Mateo 6:26). Se ha dicho que ni el hombre más rico del mundo podría alimentarlas a todas, todos los días ¡Qué maravilloso es nuestro Dios! 

II - LA ENCARNACIÓN DEL VERBO DE DIOS

El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Filipenses 2:6-7) Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad (Hebreos 10:5-7) Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (Isaías 9:6) Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel (Mateo 1:21-23) 1- EL VERBO SE HIZO HOMBRE Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. (Isaías 7:14) “…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” (Juan 1:14). Nuestra mente humana y limitada jamás podrá comprender esta sublime realidad: El Dios omnipotente, creador del universo, se hace un hombre, un bebé, toma forma y condición humana para salvarnos. Las señales que brinda Isaías hablan de un hecho en extremo sobrenatural: una virgen concibe en su vientre un niño, y su nombre debe ser Emanuel… ¡Dios con nosotros! 3 Dios viviendo entre nosotros, como uno de nosotros. Por eso dice Pablo que se despojó de todo para venir a este mundo. 2- LA SENCILLEZ Y HUMILDAD DE JESUCRISTO Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. (Lucas 2:10-12) Veamos algunas características de su encarnación: • Nace en un establo, ya que su madre y José no encuentran otro lugar. • Los ángeles anuncian esta tremenda noticia a… unos pastores que cuidaban sus ovejas en el campo. • Permanece en obediencia a sus padres y en el más absoluto anonimato hasta los 30 años. Es llamado “el carpintero”, oficio que ha heredado de su padre adoptivo. ¡Que hermosa humildad hay en nuestro Señor Jesús! 3- EL VERBO SE DESPOJÓ DE SU GLORIA Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Juan 17:5) “Tu dejaste tu trono y corona por mí, al venir a Belén a nacer…” Así comienza un conocido himno de Navidad ¡Cuánta verdad hay en estas palabras! El Dios hecho hombre se despojó de su gloria. Pero, ¿qué es la gloria de Dios? Es el resplandor que emana de su Persona, es la luz cegadora de toda su perfección. Se la compara a un fuego abrasador (Éxodo 24:17). Abate, inspira temor, reverencia y adoración. El hombre no puede ver la gloria real de Dios y seguir vivo. Esta clase de gloria era la que tenía el Hijo, junto al Padre, en la eternidad pasada. De esa magnífica gloria se despojó, se vació, para hacerse hombre. Por eso, al acercarse al fin de sus días sobre esta tierra, Jesús ruega: “Padre, devuélveme la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. ¡Cuánto amor nos tuvo el Padre al enviarnos a Jesucristo, el Dios-hombre! ¡Qué sujeción perfecta la del Hijo a su Padre! 

III - VIVIÓ UNA VIDA SANTA

 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Hebreos 4:15) Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. (1 Juan 3:5) 1- NO SE HALLÓ PECADO EN SU BOCA Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. (Isaías 53:6) La mentira ¡Qué terrible pecado! Junto a sus hermanas, la falsedad y la hipocresía, han causado mucho daño. Han herido amistades, destruido familias, creado sombras entre hermanos en la fe, generado divisiones. No es de extrañar que así sea: este pecado termina honrando a su propio padre, Satanás. Sin embargo, en el Eterno Dios hecho hombre, durante más de tres décadas, no se pudo hallar ni siquiera una pequeña mentira, ningún doblez de corazón... a tal punto que pudo declarar: “Yo soy la verdad” ¡Aleluya! Todas sus afirmaciones son verdaderas, todas sus promesas se cumplirán. Podrán pasar los cielos y la tierra, pero los dichos de su boca permanecen para siempre. 2- FUE MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN 4 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas (Juan 11:29) Antes de crear el tiempo, en la eternidad pasada, Dios creó un ángel hermoso, un querubín protector. Su belleza y esplendor eran un reflejo de la gloria del Creador. Pero un día, su corazón se llenó de orgullo. La pobre criatura quiso ser igual a Dios. Su rebelión y deseo de independencia fueron su eterna perdición. Más tarde, tentó también al hombre, infectándolo de ese terrible veneno: el orgullo. Jesucristo, el Eterno Verbo hecho hombre, es el perfecto “anti-Satanás”. Siendo Dios, se hizo criatura. Siendo hombre, se revistió de genuina humildad, de asombrosa mansedumbre. A tal punto que es en esto donde pide que le imitemos. Ahora, esta imitación no es una mera postura exterior, sino un cambio interior del corazón. Jesús es el perfecto antídoto al veneno del orgullo. 3- BUSCÓ AGRADAR EN TODO A SU PADRE CELESTIAL Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. (Juan 8:29) Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. (Lucas 3:22) Son innumerables las oportunidades en las que Jesús declara que su objetivo es glorificar al Padre, honrarlo, obedecerle, agradarle. En ocasión del bautismo de Jesús, el Padre se conmueve de tal manera, que le da una señal audible: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Al contemplarlo, nuestras vidas se irán transformando a la imagen de este Hijo Amado, Jesús, y un día nuestro Padre podrá decir de nosotros: “En ustedes encuentro alegría”. 4- DEPENDIÓ DEL PADRE EN TODO “…y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.” (Juan 8:28) En nuestra naturaleza humana caída, encontramos, vez tras vez, un gran deseo de independencia. No nos gusta que otro nos gobierne, nos dirija. Pareciera que insultara nuestra capacidad e inteligencia. Es un vestigio del veneno satánico que heredamos de Adán. Pero aquí viene Jesús, un hombre lleno de tal sabiduría que aún hace callar a sus enemigos, diciendo que no habla ni actúa si el Padre no lo autoriza. Más aún, en Juan 12:50 aclara que lo que habla, lo habla como el Padre se lo dice. Por eso Jesús nunca pecó ni engañó a sus oyentes. Dependía, aún en el más mínimo detalle, de su Padre. 

IV - FUE UNGIDO CON EL ESPÍRITU PARA HACER LA OBRA

 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. (Mateo 3:16) Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. (Lucas 4:13-14) 1- EL PODER DE JESÚS SOBRE LA CREACIÓN Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. (Marcos 4:39) Hasta ahora hemos estado meditando sobre el despojarse del Verbo. “Siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios… tomando forma de hombre”. Pero después de su bautismo y de ser tentado por el enemigo, lo vemos volver en el poder del Espíritu para comenzar su ministerio terrenal, la obra que el Padre le había dado que hiciese. No sólo calmó tempestades y dos veces alimentó, con poco a la multitud: también se nos describen dos pescas milagrosas, una provisión sobrenatural para pagar un impuesto, y aun lo vemos 5 ¡caminando sobre el mar! Uno de los rasgos de su ministerio entre los hombres fue el poder sobre todo lo creado. 2- EL PODER DE JESÚS SOBRE LA ENFERMEDAD Y LOS DEMONIOS Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. (Mateo 12:28) Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hechos 10:38) Jesús comienza su ministerio citando al profeta Isaías, y afirmando : ” El Espíritu del Señor está sobre mí… Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos” (Lucas 4:18). También declara que esta profecía se ha cumplido en Él. Gran parte de su obra en esta tierra tuvo que ver con sanar enfermedades y echar fuera los demonios que oprimían a muchos. Y el motor de todo su accionar milagroso fue su compasión, su gran amor por el ser humano. Este amor no ha cambiado. El Señor, el Eterno Dios hecho hombre, se sigue compadeciendo de los hombres y de las mujeres de hoy que sufren, víctimas de la enfermedad y de los espíritus malignos. 3- EL PODER DE JESÚS PARA HACER DISCÍPULOS Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. (Juan 17:12) …Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones… (Mateo 28:18-19) Nuestro hermano Jorge Himitian nos dice (en “El ministerio didáctico de la Iglesia”): “Jesús era maestro. Su ministerio básico fue la enseñanza. El enseñar fue la obra más trascendente de su ministerio terrenal, sin tomar en cuenta aquí su obra redentora. Los enfermos que sanó se murieron, los muertos que resucitó se volvieron a morir, etc. El fruto que se perpetuó de sus tres años de ministerio público fue la enseñanza impartida a sus doce discípulos. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35)”. ¡Jesucristo no es solo nuestro modelo de vida, también es nuestro modelo de obra! 

V - MURIÓ POR NUESTROS PECADOS

 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Corintios 5:21) …Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:8) 1- LA CRUZ Y EL PERDÓN DE LOS PECADOS Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23) Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col. 2:13-14) Para entender la cruz, es necesario primero conocer la justicia y la santidad de Dios. Su santidad es tan perfecta, que ni siquiera puede estar cerca del pecado. Y la única solución para el pecado es la muerte. Sin derramamiento de sangre no hay perdón, dice el autor de Hebreos. Pero la sangre debía ser de alguien inocente, sin mancha y sin defecto. Así eran los corderos que se sacrificaban en el pueblo de Israel. Por eso, Jesucristo se ofrece al Padre como el Cordero perfecto, cargando sobre sí todo el pecado del mundo. El Dioshombre se hace pecado, se hace maldición para satisfacer y apaciguar la santa ira de Dios 6 sobre la humanidad ¡Cuánto nos ha amado el Padre! Podría habernos “borrado del mapa” con una simple orden. Pero prefirió morir por nosotros, antes que vivir sin nosotros. 2- LA CRUZ Y LA VICTORIA SOBRE EL MUNDO Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. (Gálatas 6:14) Dice Pablo que, por la cruz de Jesús, el mundo estaba muerto para él, y él estaba muerto para el mundo. Es maravilloso comprender que el poder que el mundo tenía sobre nosotros, ha sido vencido en la cruz. La victoria que ha vencido al mundo es nuestra fe. La fe en el glorioso hecho de Cristo, cuyo punto culminante es su muerte en la cruz. Esta cruz que es inentendible para el mundo, pero que para nosotros es poder de Dios. Que podamos tomar para nuestras vidas esta victoria de la cruz sobre todo lo que nos atrae del mundo, que está próximo a desaparecer, y que ha sido ya juzgado. 3- LA CRUZ Y LA VICTORIA SOBRE SATANÁS Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2:15) Pablo describe la victoria de Cristo sobre las fuerzas espirituales de maldad comparándola con el regreso victorioso de un general romano: Era una exhibición vergonzosa, era una deshonra pública para sus enemigos. ¡Es lo que ocurrió en el mundo espiritual por la muerte de Cristo! Hebreos 2:14 nos revela algo sorprendente: El que derrotó al diablo es uno que “participó de carne y sangre”, o sea, un hombre. Dios debía hacerse hombre para vencer a Satanás ¡Aleluya! Ha sido derrotado para siempre. ¿Cómo obtener los beneficios de la victoria de Cristo e imponernos sobre el diablo? Dice Santiago que si nos sometemos al gobierno de Dios y le resistimos, el diablo huirá avergonzado, pues sabe que fue derrotado en la cruz. 4- LA CRUZ, INSTRUMENTO DE RECONCILIACIÓN …Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades (Efesios 2:16) Antes de la cruz, los gentiles estábamos excluidos de la vida de Dios, sin esperanza y sin fe en este mundo. Israel, el pueblo elegido, se sentía especial y menospreciaba a todo el que no perteneciera a su raza. Esto producía enemistad y enojo. Pero ahora hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Qué hermoso es saber que Dios, no solo perdonó nuestros pecados y nos hizo participantes de su victoria sobre el mundo y Satanás, sino también que nos reconcilió consigo mismo y con los demás. Indescriptible es el alcance de esta salvación, lograda por Jesucristo, nuestro amado, en la Cruz del Calvario. 

VI - JESÚS RESUCITÓ

 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. (1 Cor. 15:14,20-21) 1- LA RESURRECCIÓN DE CRISTO: VICTORIA SOBRE LA MUERTE Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. (Hechos 2:24) Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:54-57) Comenzamos a contemplar un hecho sorprendente y a la vez glorioso. Jesús, quién había sido crucificado y luego sepultado, resucita al tercer día. Las mujeres encuentran la tumba 7 abierta... y vacía. Sus discípulos le ven, reconocen su voz. Un Tomás, incrédulo es invitado a palpar sus heridas en manos y pies ¡Lo que vieron no fue un espíritu! ¡No fue una visión o un sueño! ¡Su tumba permanece vacía! Existen hoy muchas religiones, pero sus fundadores murieron. Sus seguidores pueden visitar sus tumbas y, tal vez, rendirles honra... ¡¡Pero nosotros adoramos a Uno que vive!! ¡La muerte no pudo retenerlo! Pablo describe en su primera carta a los Corintios (cap.15) la naturaleza nueva de Jesús. Y dice algo más sorprendente (vs. 51 a 57): Que todos los que esperamos en Él seremos revestidos de su misma gloria ¡Aleluya! Jesucristo es las primicias de los resucitados, porque un día resucitaremos como Él resucitó ¡Gloria a su Nombre! 2- LA RESURRECCIÓN: FUNDAMENTO DE NUESTRA SALVACIÓN Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. (1 Corintios 15:17) Nuestra salvación está asegurada por la resurrección de Cristo ¿En qué sentido se relaciona la salvación con el grandioso hecho de la resurrección? Pablo dice (Rom. 4.25): “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”. Cualquier hombre bienintencionado podría haber muerto en una cruz, en el Imperio Romano, por salvar o ayudar a otros. Pero ¿lo hubiera resucitado Dios? ¡De ninguna manera! Eso significa que la resurrección es como un recibo, como un certificado de garantía que Dios nos da con respecto al sacrificio del Señor Jesús. El Padre ha reconocido la redención de su Hijo. La resurrección testifica que su muerte es apropiada. Sin justificación, Él no podría haber resucitado ¡Aleluya! Dios reconoce el pago de Jesús por nuestro rescate como adecuado. Por eso Pablo dice que si Jesús no resucitó, nuestra fe es vana y todavía estamos en nuestros pecados. 3- LA RESURRECCIÓN DE CRISTO: LA VIDA NUEVA DEL DISCÍPULO Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6:4) Recordamos que antes de la crucifixión, los discípulos se escondieron, temerosos por sus propias vidas. Hasta Pedro llegó a negar que lo conocía. Sólo Juan y las mujeres quedaron a los pies de la cruz. Pero a todos los embargaba un gran desánimo, una profunda tristeza. Aquel por quien habían dejado sus familias y trabajos, estaba muerto. Pedro se vuelve a pescar; otros le siguen. De repente, llega la increíble noticia: “¡Ha resucitado el Señor, verdaderamente!” A partir de este hecho tremendo, los discípulos se vuelven intrépidos y valientes. Y aunque debían esperar la promesa del Espíritu Santo, algo había cambiado para siempre en sus corazones. Su fe era ahora vivificada y fortalecida. Pablo dice (Col. 2:12) que cuando resucitamos con Él, en el bautismo, el poder que opera en nosotros es el mismo poder de Dios que lo levantó de los muertos.¡Aleluya! Y tenemos vida nueva ¡Es para creerlo y proclamarlo! El mismo poder de la resurrección de Cristo Jesús nos da vida nueva. 

VII - JESUCRISTO FUE EXALTADO

 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. (Efesios 4:10) Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. (Hechos 7:55-56) 1- JESUCRISTO ES EL SEÑOR Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filip. 2:9-11) 8 Al llegar al final de este pasaje de Filipenses, nuestro corazón se llena de fe y de valor. Vemos lo que ocurrió en los cielos cuando el Padre y los ángeles recibieron a Jesús, luego de que acabara su obra de redención aquí en la Tierra: El Padre lo exalta al grado máximo, le entrega toda autoridad sobre todo lo creado, le da un nombre sobre todo nombre: o sea ¡no hay nada por encima de Jesucristo! Él se había humillado a sí mismo hasta lo sumo, y el Padre lo exaltó hasta el lugar supremo. Pero, este no es el final. Un día, y tal vez sea más pronto de lo que pensamos, los vivos, los muertos, los demonios, ¡todos! se arrodillarán y reconocerán a Jesucristo como el Señor. ¡Aleluya! Por su gracia y por su misericordia nosotros podemos hacerlo ahora: arrodillarnos cada día, exaltarlo como Señor y Rey en nuestras vidas, familias, posesiones, y adorarlo con temor y reverencia ¡Él es digno! 2- JESUCRISTO ES LA CABEZA DE LA IGLESIA Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Ef. 4:15-16) Una de las maravillosas consecuencias de la exaltación de Jesucristo es que el Padre lo designó como cabeza de la Iglesia. Este es su derecho, ya que Él la compró por su propia sangre. Pero, además, la sustenta y la cuida, para presentarla a sí mismo como una esposa sin mancha. Es importante tomar conciencia de la íntima y estrecha relación que nos une a nuestro Amado Jesús, y a los miembros del cuerpo entre sí ¡Qué perfecta unidad nos ha dado Jesucristo al incluirnos en su Cuerpo! En la práctica, es imposible separar el cuerpo de la cabeza. Esto es lo que Pablo está tratando de explicarnos. Dios quiere que todo lo que sea y haga la Iglesia provenga de Cristo, la Cabeza. Todas las decisiones, objetivos y estrategias de acción, el amor por los perdidos, el gozo por un pecador que se arrepiente, la santidad, todo lo que la Iglesia desee o necesite, debe provenir de su unión con Cristo. 3- JESUCRISTO: NUESTRO ABOGADO Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1) El apóstol Juan nos dice algo glorioso: Si alguno tuviese pecado, tenemos abogado delante del Juez Eterno ¡Y nuestro defensor es justo! Para tratar de entender esto a partir de nuestras limitaciones humanas, sólo supongamos esta situación: Cometemos un pecado, tal vez algo que no parece tan grave: por ejemplo, le contestamos mal a alguien. Y seguramente, tarde o temprano, lo reconocemos y nos arrepentimos. Pero, ¿qué ocurre en los cielos? Aunque el pecado no sea terrible, es a los ojos del Dios santo y perfecto, una gran falta. Su ira se enciende. Pero a su diestra, exaltado, está el Hijo. Él le dice: “Padre, yo pagué por este pecado. En la cruz, con mi sangre, yo expié el pecado de mi amado hermano”. Y la intercesión del Justo por nosotros es aceptada. ¡Aleluya! 

VIII - JESUCRISTO VIVE EN NOSOTROS

 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:22-23) Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20) 1- CRISTO EN NOSOTROS: LA VIDA EN EL ESPÍRITU Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque nos hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:13-14) 9 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Romanos 8:1) Jesucristo, horas antes de entregar su vida en la cruz, les promete a sus discípulos algo maravilloso: “Vendremos con mi Padre, y haremos morada en ustedes”. ¿Cuándo se cumplió esto? Al venir el Espíritu Santo a llenar sus corazones, en Pentecostés. Es lo que ya había prometido al decir: “De su interior correrán ríos de agua viva”. ¡Qué elocuente imagen usó en esa oportunidad! Es lo que realmente se experimenta al recibir la plenitud del Espíritu: Ríos de vida que fluyen y corren de nuestro ser. El Espíritu viene a llenarnos para que andemos siempre en Él, y no en nuestra carne. Algunos piensan: “Si ya recibí el Espíritu, ¿por qué no vivo así? Porque la vida del Espíritu es una vida continua de plenitud, y se alimenta de oración, de mirar a Jesús, de contemplar a nuestro Amado. “Sed llenos del Espíritu”, es un mandato que se expresa en presente continuo. Es algo que debemos buscar cada día. 2- VIVE EN NOSOTROS: EL DESEO DE SANTIDAD Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (Rom. 8:9) ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 6:19-20) Pablo nos dice que el que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero antes explica que no vivimos de acuerdo a la carne, o sea, según nuestra naturaleza pecadora, sino según el Espíritu, si habita en nosotros. Es este Espíritu, llamado “Santo”, el que nos lleva a la santidad, el que nos hace aborrecer el pecado, el mundo y toda obra de nuestra carne y de las tinieblas ¡Qué maravilloso es saber que fuimos comprados por un alto precio! ¡Y que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo! Esta verdad nos anima y nos da fe para apartarnos de toda contaminación, y consagrarnos cada día a vivir sólo para Él. 3- CRISTO EN NOSOTROS: CONTINUADORES DE SU MISIÓN Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8) El Señor resucitado nos dice que somos sus testigos. Testigos de su vida, de su muerte y resurrección, de todo lo que ha hecho en nuestras vidas. Un testigo cuenta lo que vio. Y aunque nunca nuestros ojos físicos hayan visto a Jesús, sus hechos en nuestra vida nos hacen incuestionables testigos de su amor y poder. Jesucristo nos equipó con su Espíritu para ser continuadores de su misión. Él vino para buscar y salvar lo que estaba perdido. Y para formar discípulos de Cristo a su misma imagen. ¡Y esta es hoy nuestra misión! Seamos fieles a ella. 

IX - JESÚS VOLVERÁ

 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hechos 1:10-11) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven… El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. (Apocalipsis 22:17,20) 1- LA VICTORIA FINAL DE CRISTO JESÚS 10 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea... Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. (Apocalipsis 19:11-16) En medio de las dificultades de nuestra vida, en medio del dolor y del sufrimiento de este mundo, en medio de la injusticia y de la miseria, el Espíritu Santo nos dice: “No tengan miedo... ¡Jesucristo viene pronto!” Y viene para reinar con poder, con toda autoridad. Ese día, como dice Pablo en Filipenses 2, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, el Rey de todo el universo. ¿Puedes imaginar esa escena? Los reyes, los presidentes, los ateos y agnósticos, los futbolistas, los artistas, los millonarios, los que se burlaron de tu fe, todos, de rodillas, ante nuestro amado Jesucristo. Ciertamente, para ellos será un día de lamentación y de desesperación. Pero, para nosotros el día que hemos esperado toda nuestra vida: El de verle cara a cara. ¿Quiénes forman ese ejército celestial que describe Juan? Los ángeles sin duda, y tal vez nosotros también... Aquí vuelve a usar una expresión tan suya, “el Verbo de Dios”, para despejar toda duda: El Rey de reyes, el Señor de señores, es el Verbo que era Dios, y que se había hecho un niño en Belén. ¡Oh, qué inmensa alegría nos espera! Si puedes amar a Jesús, a quién todavía no has visto, cuánto se gozará tu corazón en aquel día. El Espíritu Santo tiene el mismo clamor que la Iglesia: “Ven, Señor Jesús” Y Jesucristo nos responde: “Ciertamente, vengo pronto”. 2- NUESTRA UNIÓN DEFINITIVA CON JESUCRISTO Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.(1 Tesalonicenses 4:17) Pablo dice: “nosotros, que vivimos, que hayamos quedado...” entendiendo que la venida del Señor sería en su generación. Aunque no fue así, ¡qué hermosa expectativa tenía el apóstol! Es la que la Iglesia debe tener siempre: ¡El Señor viene! En ese día seremos testigos de hechos inimaginables e inexplicables para los que no creen. Nuestros amados que murieron en Cristo saldrán de sus tumbas con cuerpos glorificados, al escuchar la voz de autoridad del Señor y el toque de trompeta. Después, junto a estos resucitados, en un abrir y cerrar de ojos, seremos transformados también, y levantados para recibir a Jesús en el aire. Y ya nunca más nos separaremos de Él. Allí nos encontraremos con Pablo, con Esteban, con todos los que entregaron su vida por causa de Cristo. Nos abrazaremos con los que nos precedieron en la fe, como Juan Huss, Lutero y Wesley. También con los misioneros que trajeron el evangelio a nuestro país, como Allen Gardiner, que murió de hambre en la Patagonia . Nos gozaremos al ver a nuestros padres en la fe, como Iván Baker y Keith Bentson, y a tantos otros que fueron fieles al Señor ¡Puedes hacer tu propia lista! alegrarte en adoración al imaginar este encuentro glorioso y eterno. “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 3- LAS BODAS DEL CORDERO Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. (Apocalipsis 19:7-9) 11 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. (Mateo 26:29) ¡Esta historia de amor entre Jesús y su Iglesia termina en casamiento! De todos los vínculos humanos, el matrimonio es el de mayor intimidad e intensidad. Por eso el Espíritu usa esta imagen tan vívida, para hacernos ver el inmenso amor que tiene Cristo por su Iglesia, y el deseo de vivir para siempre con ella. Si bien no tenemos muchos detalles de esta boda celestial, sabemos que allí estará el Señor Jesús con toda su gloria y hermosura, y allí estará también su Iglesia, la que Él habrá preparado para sí como una novia pura, sin mancha ni arruga. Una Iglesia santa y ferviente en amor por su Señor. ¡Allí estaremos tú y yo! 4- LA PLENITUD DEL REINO DE DIOS Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra (Isaìas 2:2-4) Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. (1 Corintios 15:24-25) El Reino de Dios está entre nosotros. Está en cada corazón que se rinde al Señor, y en los que han sido libres del yugo del diablo por el poder de Dios. Está en el seno de la Iglesia que se sujeta en todo al Señor Jesucristo, así como el cuerpo es dirigido plenamente por la voluntad, las emociones y los proyectos de la Cabeza. Pero, con el regreso del Señor Jesús, el Reino de Dios entrará en su plenitud. Algunos salmos, el profeta Isaías, el apóstol Pablo y el Apocalipsis, nos describen claramente un tiempo futuro en el cual Jesucristo reinará aquí, sobre la Tierra. Algunos estudiosos de las Escrituras llaman a este período “el reinado justo y universal del Mesías”. Será el tiempo en que Jesús regirá las naciones con vara de hierro (Sal. 2:8-12; Isaías 11:4; Zac.14:12; Apoc. 19:15). En ese tiempo, los hombres volverán sus armas en instrumentos de labranza y no habrá más guerra sobre la tierra (Isaías 2:2-4). Habitarán juntos el lobo y el cordero, el leopardo se acostará con el cabrito, un niño pastoreará al león, que se convertirá en herbívoro y ¡los pequeños jugarán rodeados de serpientes!¡Toda la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios como las aguas cubren el mar! (Isaías 11:5-10) Pero hay algo más asombroso todavía: Jesús, el Rey de reyes, no reinará solo. ¡Sus santos reinarán junto a Él! (Apocalipsis 1:6; 5:10; 20:4). “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre” (Apocalipsis 2:26-27) ¡Qué futuro glorioso les espera a los que permanezcan fieles hasta el fin!

jueves, 25 de agosto de 2016

EL PROPÓSITO ETERNO DE DIOS


El propósito eterno de Dios es tener una gran familia de muchos hijos semejantes a Jesucristo. El hombre fue creado para conocer y servir a Dios como Padre, deleitándose en su amor, pero su rebelión le desvió. La muerte y resurrección de Jesús le provee el camino de redención y restauración al propósito divino original. Por lo tanto, el discípulo encuentra en Cristo tanto la salvación como el modelo para seguir en su conducta y dedicación, a fin de que su vida sea para la gloria de Dios. Él nos proveyó de todos los medios necesarios para lograr este propósito en virtud de nuestra unión con Cristo.
emos Indicado al principio de esta serle que las lecciones están divididas en tres rubros principales: LA PUERTA, LA META y EL CAMINO. Esto obedece al hecho de que la vida del cristiano es un CAMINO, y todo camino tiene una iniciación (la PUERTA) y un fin o destino (la META). Habiendo considerado la PUERTA en las lecciones anteriores, proseguiremos con el estudio de la META.

1. LA META DEL DISCÍPULO CRISTIANO

Un discípulo de Cristo es aquel que, habiendo conocido a Jesucristo como Señor de su vida, se ha bautizado y ha recibido el don del Espíritu Santo, comenzando así una nueva vida, un nuevo camino. Al emprender un camino es fundamental saber su destino o meta.
Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús[. ..J
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Filipenses 3:12—14

De este pasaje testimonial del apóstol Pablo aprendemos tres cosas muy importantes:
1) Hay una meta para el discípulo de Cristo. Dios tiene un propósito para nuestras vidas.
Él nos creó, nos llamó y nos salvó con un propósito bien definido.
2) Debemos conocer el propósito de Dios para nuestras vidas y hacer de él nuestra meta.
Muchos cristianos viven desorientados durante años por no conocer con claridad el propósito divino; no tienen una meta, o creen equivocadamente que la meta de la vida cristiana es llegar al cielo.
3) Debemos entregamos de todo corazón a alcanzar la meta. Pablo escribió: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta.” Llegar a la meta era la gran pasión de Pablo; también debe ser la nuestra.

El tener una meta afecta e involucra todos los aspectos de la vida del discípulo: la familia, el trabajo, el estudio, el dinero y los bienes, el tiempo, las decisiones, etc. Todo se concierta hacia la gran intención de la vida, que es llegar a la meta.

2. DIOS TIENE UN PROPÓSITO ETERNO PARA NOSOTROS

Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo
tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
Efesios 1:4—12

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Romanos 8:29

Estos textos nos enseñan las siguientes verdades:

1) Dios es un ser personal; tiene afecto (Efesios 1:5), voluntad (v. 5,9, 11), intelecto (y. 11).
2) Dios tuvo en mente un diseño previo. Así como un arquitecto, antes de edificar hace un proyecto con todos los detalles de lo que se propone construir, del mismo modo Dios, antes de la creación del universo, en su amor y soberana voluntad se propuso tener una familia de muchos hijos semejantes a su Hijo.
3) Este es un proyecto nacido del amor de Dios en el ejercicio de su soberana voluntad (v. 5: “en amor;” v. 6: “según el puro afecto de su voluntad;” v. 9: “según su beneplácito;” v. 11: “según el designio de su voluntad”). Dios en su infinito amor quiso crearnos con el propósito predeterminado de incluirnos en Cristo, y en él hacernos sus hijos y participantes plenos de todas sus riquezas eternas.
4) Fuimos predestinados para ser hijos de Dios (v. 5). Predestinar significa determinar un destino de antemano. Dios se propuso en sí mismo ser Padre de muchos hijos. Nosotros somos hijos deseados y escogidos, amados y predestinados por Dios.
5) Fuimos predestinados para ser como Jesucristo. El propósito de Dios es que seamos “santos y sin mancha” (y. 4) como Jesucristo. En Romanos 8:29 vemos claramente que nos “predestinó para ser conformes a la Imagen de su Hijo.” Esta es la voluntad y el propósito de Dios para con cada uno de sus hijos: que seamos como Jesús en toda nuestra manera de ser, de pensar, de sentir y de vivir.
6) Fuimos predestinados para formar una sola familia con todos los hijos de Dios, nuestros hermanos. Un aspecto fundamental del propósito eterno de Dios es la unidad de todos sus hijos: “el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo” (Efesios 1:9, 10); “para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29).
Dios quiere tener una familia, quiere que sus hijos se amen entre sí, y que sean unidos para que él sea honrado.
7) El fin supremo del hombre (y de todas las cosas) es la gloria de Dios: “habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria” (Efesios 1:11, 12). Nuestro objetivosupremo es la gloria de Dios. Fuimos creados para la alabanza de su gloria, para que, conociéndole como Padre, y sabiendo de la grandeza de su amor, nosotros también le amáramos y viviéramos para glorificarle. Dios es glorificado en la medida en que su eterno
propósito se va realizando en nosotros.
En resumen: El propósito eterno de Dios es tener una familia de muchos hijos semejantes a Jesucristo.

3. EL DESARROLLO DEL PROPÓSITO DE DIOS

Consideremos algunos de los elementos principales en el desarrollo del propósito de Dios:
1) El proyecto de Dios. Ya hemos visto que antes de la creación del mundo Dios tenía un proyecto, conforme al cual hizo todas las cosas.
2) La creación. La intención de Dios en la creación fue la realización de su propósito eterno. Dios creó al hombre y a la mujer a su Imagen y semejanza para que ellos, multiplicándose, conformaran la gran familia eterna de los hijos de Dios a semejanza de Cristo.
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra Imagen, conforme a nuestra
semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su Imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:26, 27
3) El pecado. Es una desviación del propósito eterno (véase Génesis cap. 3). Satanás, queriendo frustrar el propósito de Dios, incitó al hombre a la rebelión. El hombre pecó, perdió la comunión con Dios, fue expulsado de su presencia, perdió su condición de hijo de Dios y la razón de su existencia. Como resultado, se deterioró en él la imagen del Creador.
4) La redención. La redención no es el fin del propósito de Dios, sino el gran MEDIO provisto por su gracia, para que su propósito se cumpliese en nosotros. La muerte y resurrección de Cristo no tienen como objetivo meramente salvarnos del infierno, sino volver a hacernos hijos de Dios, restaurar en nosotros la Imagen de Dios, y lograr que sus hijos conformen una sola familia.
5) El objetivo final de Dios. No es ser Creador, ni tampoco Salvador, sino Padre de una familia de muchos hijos semejantes a Jesús. Por lo tanto, concluimos que Dios nos creó, nos llamó y nos salvó con el mismo propósito o fin, que se puede definir en los siguientestérminos:
Dios: que sea Padre de una familia de muchos hijos.
Jesucristo: que sea el primogénito entre muchos hermanos.
Nosotros: que seamos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo,
conformados a su semejanza y uno con todos nuestros hermanos.

4. LOS GRANDES OBJETIVOS DE DIOS

En síntesis, podemos definir en los siguientes términos lo que Dios se ha propuesto lograr entre los seres humanos:
1) Dios quiere ser Padre de muchos hijos Quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen a ser sus hijos (1Timoteo 2:4). Cristo murió por todos los hombres (1~ Juan 2:2). Él ordenó predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15), y llama a todos al arrepentimiento. pues no quiere que nadie se pierda (Hechos 17:30; 2° Pedro 3:9).
2) Dios quiere que sus hijos formen una sola familia (Efesios 2:19; 3:14, 15). Dios quiere que todos sus hijos sean uno. La Iglesia de Dios es una sola. Jesús rogó al Padre para que todos los que creyesen en él fuesen uno (Juan 17:20—23).
Al nacer de nuevo, nacemos de Dios y somos hechos hijos de Dios y miembros de la única Iglesia del Señor. Todo hijo de Dios es nuestro hermano. El mandamiento principal del Señor es que nos amemos unos a otros (Juan 13:34, 35). Al principio, la Iglesia vivía en unidad. El Señor quiere restaurar esa unidad de su iglesia, pues su propósito es que todos sus hijos formemos una sola familia.
3) Dios quiere que sus hijos sean iguales a Jesús (Romanos 8:29; 2Corintios 3:18). La meta de nuestra vida es llegar a ser como Jesús. No basta con ser hijos de Dios; su voluntad y designio es que crezcamos hasta llegar a la estatura de Cristo. La meta de todo discípulo es llegar a ser como su maestro. Esto significa que: Dios quiere que vivamos como Jesús vivió (j~ Juan 2:6; 1a Pedro 2:21). Debemos amar como Jesús, perdonar como él, servir, agradar al Padre, sufrir las injusticias, orar, obedecer, etc.,
como Jesús.
Dios quiere restaurar en nosotros su misma imagen.
—nuestra responsabilidad moral debemos actuar con dominio propio, ajustando todos los aspectos de nuestra vida a la voluntad de Dios, en verdad, justicia y santidad. Como Dios, todos somos responsables por nuestros hechos, palabras y pensamientos (Colosenses 3:10; Efesios 4:24).
—En nuestra naturaleza espiritual debemos desarrollar la comunión con Dios, a fin de conocerlo, amarlo y comprenderlo por medio de su revelación a nuestro espíritu (véase 1Corintios 2:10—16; 6:17; Romanos 8:16; Job 32:8; Proverbios 20:27).
—En el ejercicio de autoridad: así como Dios gobierna sus asuntos y su creación con sabiduría y responsabilidad, nosotros también debemos gobernar las distintas áreas de nuestra responsabilidad con sabiduría, dedicación y diligencia (Génesis 1:26; Salmo 8:5, 6; Lucas 7:8; 9:1, 2).
Dios quiere formar en nosotros el carácter de Cristo. Quiere transformarnos por su Espíritu Santo, desarrollando en nosotros las virtudes de Cristo, hasta que seamos como él: santo, manso, justo, amable, firme, misericordioso, servicial, humilde, sufrido, fiel, sumiso, compasivo, etc.
Dios quiere que, al igual que Jesús, nos ocupemos en evangelizar y edificar a los hombres, haciendo de esto la actividad principal de nuestra vida (Juan 20:21: Mateo 28:19, 20).
¿Cómo vive y actúa entre la gente aquel que tiene el Espíritu y la mente de Jesús? Vive y actúa como Jesús vivía y actuaba. Es decir:
—Ve a las personas que le rodean desorientadas y perdidas como ovejas sin pastor (Mateo 9:36).
—Tiene compasión de ellas y siente un vivo deseo de ayudarlas (Filipenses 2:5).
—Pone pasión y sacrificio para salvar a los perdidos y enseñarles y cuidarlos
(Colosenses 1:24). Participa así de los sufrimientos de Cristo.
—Al Igual que Jesús, hace el máximo sacrificio para que los que aún no son hijos de Dios lleguen a serlo.
Para que podamos ser y actuar como Jesús, Dios mandó al Espíritu de su Hijo a nuestros corazones.

CONCLUSIÓN
De acuerdo con el propósito eterno de Dios, podemos afirmar que el discípulo de Cristo tiene tres claros objetivos en su vida:
—ser como Jesús;
—ser uno con todos sus hermanos;
—trabajar para que los que no son hijos de Dios lleguen a serlo.
Que todo esto sea para la alabanza de su gloria.

Para pensar y conversar:

1. ¿Cuál es el gran objetivo final de Dios?
2. ¿Cómo podemos colaborar con Dios en el cumplimiento de su propósito? ¿Que significa el hecho de que fuimos predestinados para esto?
3. ¿Qué importancia tiene la redención en el desarrollo del propósito eterno de Dios?
4. Ya que Dios está formando una gran familia, ¿qué actitud debemos tener hacia nuestros hermanos en Cristo?




EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO


Él bautismo en el Espíritu Santo es una promesa y un don de Dios para sus hijos. Cristo es quien bautiza, y al hacerlo nos da poder para testificar, para obedecer todos sus mandamientos, y para ser transformados a su imagen. Se recibe “bebiendo” con fe. Al arrepentimos de corazón y bautizarnos, por la fe en el poder de Dios hemos muerto y resucitado con Cristo. El apóstol Pablo define esta experiencia así:

sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él,
mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos!.. .os dio vida
Juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.
Colosenses 2:12, 13

Esta nueva vida en Cristo es realmente maravillosa. El que ha puesto su confianza en Cristo Jesús como su Señor y Salvador, uniéndose a él por fe mediante el bautismo, puede decir confiadamente:
—Cristo es mi Señor. Pertenezco a él; él gobierna mi vida (Romanos 10:9, 10:12:1, 2).
—Él ha perdonado todos mis pecados (Colosenses 1:13, 14; 2:13).
—Me ha dado una nueva vida (2° Corintios 5:17).
—Me adoptó en su familia como hijo de Dios (Juan 1:12, 13; Efesios 1:5).

Desde semejante posición las perspectivas son hermosas, ¿no es cierto? Pero, ¡eso no es todo! Ahora vamos a ver el próximo paso:
ser llenos del Espíritu Santo.

1. JESÚS PROMETIÓ ENVIAR EL ESPÍRITU SANTO A SUS
DISCÍPULOS

Antes de ascender al cielo en victoria después de su muerte y resurrección, Jesús dijo a sus discípulos:

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis Investidos de poder desde lo alto. Lucas 24:49

Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Hechos 1:8

Juan el Bautista había anticipado este gran acontecimiento cuando anunció la relación entre su predicación de arrepentimiento y el ministerio de Jesús:

Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Mateo 3:11

La Biblia relata la manera en que ciento veinte discípulos cristianos fueron bautizados en el Espíritu Santo diez días después que Jesús había ascendido al cielo:
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes Juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Hechos 2:1—4

2. ¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

El Espíritu Santo, llamado la tercera persona de la Divina Trinidad, es el que realiza el propósito de Dios en el mundo. Cristo mismo enseñó a sus discípulos la necesidad de una relación íntima y vital con él. Es el Espíritu quien convence de pecado, revela a Cristo al corazón sincero, respalda la predicación del evangelio, efectúa la salvación en el que cree, y capacita a los discípulos cristianos para extender el reino de Dios entre los hombres.
Con la muerte, la resurrección y la exaltación de Cristo en su trono celestial, se inició una nueva era: LA ERA DEL ESPÍRITU SANTO. Cristo había dicho a sus discípulos que después de ascender al cielo, él enviaría sobre ellos el Espíritu Santo quien los llenaría de poder y denuedo, para predicar el evangelio en todo el mundo y hacer discípulos a todas las naciones. Cumplió esta promesa en el día de Pentecostés.
Cuando los discípulos recibieron el Espíritu, bajo su inspiración comenzaron a alabar Dios en lenguas desconocidas. Cuando oyeron esto los judíos reunidos en la calle, y entendieron lo que dijeron en sus propios idiomas, quedaron atónitos y confundidos, queriendo saber de qué se trataba. El apóstol Pedro, junto a sus colegas, respondió a su pregunta predicándoles el evangelio bajo la unción del Espíritu Santo. El resultado fue asombroso: ¡tres mil personas se convirtieron a Cristo y pasaron de la muerte a la vida a través de las aguas del bautismo!
Al final de su prédica Pedro les dijo que, después del arrepentimiento y el bautismo, recibirían el don del Espíritu Santo. De allí en más la predicación del evangelio fue acompañada por la manifestación del poder de Dios y la salvación de multitudes.

Pedro les dijo: Arrepentíos. y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hechos 2:38

3. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SEGÚN
LAS ESCRITURAS

Es evidente que el bautismo del Espíritu Santo tiene una sólida base bíblica. Hasta aqui hemos visto que:
—Fue predicho por Juan el Bautista que Jesús bautizaría en el Espíritu Santo (Mateo 3:11).
—Cristo Instruyó a sus discípulos que les enviaría el Espíritu (Lucas 24:49; Hechos 1:5, 8).
—En el día de Pentecostés los apóstoles y más de cien otros discípulos fueron bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 2:1—4).
Además, el libro de los Hechos muestra que la misma experiencia era para todos los cristianos:
—Los apóstoles anunciaron que esta promesa era para todos los que Dios llamara a la salvación:
y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Hechos 2:38, 39
—Los que se convertían y se bautizaban eran guiados por los apóstoles a esta experiencia:
Samaria:
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo!.. .1 entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
Hechos 8:14—17
Saulo de Tarso:
Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
Hechos 9:17
Cornelio y su familia:
Mientras ‘aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Hechos 10:44—47

Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si  Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Hechos 11:15—17
En Éfeso:
Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo!... 1 vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo
al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres.
Hechos 19:1—7

4. ¿QUÉ ES EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

Hay distintos términos que Cristo y los apóstoles usaron para referirse a esta experiencia:
—el bautismo en el Espíritu Santo (Mateo 3:11)
—el bautismo con el Espíritu Santo (Hechos 1:5)
—el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38)
—la promesa del Padre (Lucas 24:49)
—ser llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4; Efesios 5:18)
—recibir el Espíritu Santo (Hechos 10:47)
—se derramó el don del Espíritu Santo (Hechos 10:45) Observemos algunas verdades bíblicas acerca de esta experiencia:
—Es una promesa y un mandato (Hechos 1:4, 5).
—Es un don, un obsequio (Hechos 2:38). No es un premio que se otorga en virtud del que recibe, sino un regalo que se da en virtud del dador.
—Es una experiencia definida, personal, consciente y transformadora.
—Es para todos los hijos de Dios (Lucas 11:9—13; Hechos 2:39; Gálatas 4:6).
—Cristo es el que bautiza; el medio es el Espíritu Santo, y el candidato es el discípulo (Mateo 3:11). Cristo que está en nosotros nos quiere bautizar en el Espíritu Santo, sumergirnos, llenarnos, inundarnos, desbordar, hacer fluir los ríos de agua viva, desatar su poder en nosotros.

5. ¿QUÉ DEL HABLAR EN LENGUAS?

En varios de los pasajes bíblicos citados arriba hemos visto que los discípulos hablaron en lenguas cuando fueron llenos del Espíritu Santo. ¿Qué enseña la Biblia al respecto?
—Es una consecuencia y evidencia del bautismo en el Espíritu Santo.
—Es el “agua” que desborda por la boca (véase Juan 7:37—39, donde Jesús habla de los ríos de agua viva que correrán de nuestro interior).
—Es la alabanza inefable. No hay lenguaje capaz de expresar adecuadamente las maravillas de Dios (Hechos 2:11; 10:46).
—El apóstol Pablo enseña más sobre el hablar en lenguas en 1a Corintios 14: Es hablar a Dios en un lenguaje incomprensible para los hombres (v. 2).
—Es orar con el espíritu a Dios (v. 14, 15).
—El entendimiento queda sin fruto, mientras que el espíritu se edifica (v. 4, 14).
—Pablo recomienda que todos hablen en lenguas (v. 5).
—Ordena callar en la iglesia cuando no hay interpretación, y hablar para sí mismo y para Dios (v. 28).
—Se goza en que él habla en lenguas más que todos los discípulos en Corinto (v. 18).

6. ¡TÚ TAMBIÉN LO PUEDES RECIBIR!

Ahora tú también debes recibir el Espíritu Santo. ¿Para qué lo necesitas? Revisemos algunas de las razones:
—para que Dios pueda obrar libremente en tu vida.
—para que te inspire en tu fe y obediencia al Señor.
—para que conozcas más y más a Jesucristo.
—para darte ánimo y denuedo para dar testimonio de él.
—para acompañarte, auxiliarte y darte consuelo en los momentos difíciles.
—para enseñarte a orar según la voluntad de Dios.
—para conformarte a la imagen de Cristo en todas las áreas de
tu vida.

La plenitud del Espíritu Santo es la provisión gratuita de Dios para todos los cristianos. Ya que es un don divino, no puede ser ni complicado ni difícil. Recíbelo con fe y sencillez, confiado en la bondad y generosidad de Dios. Ten presente las siguientes pautas al disponer tu corazón ante el Señor:

1) El Espíritu Santo ya está en el pueblo de Dios, aquí en la tierra. Por lo tanto, otro discípulo cristiano puede acompañarte y orar por ti, a fin de que recibas este don de Dios.

2) Si has recibido a Cristo, con el perdón de tus pecados, ya estás en condición de recibir al Espíritu. La fe y el arrepentimiento te han preparado para este paso. No hace falta reunir otras condiciones.

3) Pide al Padre con fe que te llene del Espíritu. A Dios le agrada contestar esta oración (Lucas 11:13).

4) Ahora, abre todo tu ser a Dios, para amarle, para ser lleno de él, para recibir su inspiración, para que el Espíritu obre con libertad en tu vida. Alégrate en su presencia; gózate en su amor. Comienza a “beber” del Espíritu en tu fuero interior (Juan 7:37—39).

5) Luego, deja fluir los ríos de Dios de tu interior. Con una actitud de fe y expectativa, ríndete ante la operación del Espíritu de Dios. No siempre obra de igual manera, sino que reparte dones y gracias según su soberana voluntad. A medida que tienes conciencia de esta operación interior, exprésala con fe, sea en otras lenguas, en un hablar inspirado, con un don de fe o con una revelación de la gracia de Dios. No lo compliques, sino que en sencillez manifiesta lo que Dios te ha dado. Así funcionan los dones espirituales.

6) Posteriormente, sigue viviendo en dependencia del Espíritu Santo. Él te Inspirará, te corregirá y te orientará, a fin de que tu vida se asemeje cada vez más a la de Cristo.

Para pensar y conversar:

1. ¿Por qué los cristianos debemos experimentar el bautismo en el Espíritu Santo?
2. ¿Cuáles son las características de una vida llena del Espíritu?
3. ¿Cuáles son los términos utilizados en la Biblia para referirse al obrar del Espíritu Santo, y qué significa cada uno de ellos?
4. ¿Todos los cristianos pueden experimentar la plenitud del Espíritu Santo?





A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...