domingo, 31 de enero de 2016

LA IGLESIA: COLUMNA Y BALUARTE DE LA VERDAD Jorge Himitian



Abramos nuestras biblias en 1ª Timoteo cap. 3, y durante el mensaje les voy a rogar que las mantengan abiertas en ese lugar. Primero quiero que comencemos leyendo los versículos 14 y 15 , donde el apóstol Pablo, escribiendo a su discípulo, a su hijo espiritual Timoteo, le dice estas palabras:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”.

Pablo le había pedido a su discípulo y colaborador en el ministerio Timoteo que se quedara en la ciudad de Efeso. Efeso era la capital de lo que se llamaba Asia; actualmente es la parte oeste de Turquía, y era una ciudad muy importante, un centro de rutas, centro comercial, religioso, una ciudad estratégica y Pablo había estado allí durante tres años; quizás es la ciudad donde más tiempo estuvo durante su ministerio apostólico.
Y le pidió a Timoteo que se quedara para poder ayudar a la iglesia en esa ciudad. Cuando Pablo se fue de Efeso, esta ciudad había experimentado un gran avivamiento, miles de personas se habían convertido, toda la región había sido evangelizada. Toda la región de Asia, dice Hechos 19, tantos judíos como griegos escucharon la palabra del Señor, fueron evangelizados, y ahora Pablo le dice a Timoteo: “…te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente”, y llama a la iglesia columna y baluarte de la verdad.

¿Qué es la iglesia? 

Muchas veces hablamos de forma equivocada. La iglesia no es un edificio material. Muchos dicen “vamos a la iglesia” ¿A qué se refieren? O dicen “estamos edificando la iglesia; bueno, entonces ¿estarán predicando el evangelio, haciendo discípulos? “No, –dicen- compramos 10.000 ladrillos para construir la iglesia”. Esa es una forma equivocada de hablar. La Biblia nunca llama “iglesia” a un edificio material, pero popularmente se le dice “iglesia católica, o evangélica”, etc. Pero la iglesia no está hecha de ladrillos, sino que está hecha de hombres y mujeres lavados por la sangre de Jesucristo.
Nosotros no vamos a la iglesia, nosotros somos la iglesia. Nosotros somos la casa de Dios. Dios no habita en edificios hechos por mano de hombres. Nosotros somos el templo del Dios viviente. Así que la iglesia es el pueblo de Dios, la familia de Dios: hombres, mujeres y niños que han entregado sus vidas a Jesucristo, y ahora son discípulos del Señor, son hijos de Dios, son pueblo del Señor.
Así que sería bueno que corrijamos nuestra forma de hablar, ya que nuestra forma de hablar indica nuestra forma de pensar, y nuestra forma de pensar hace a nuestra forma de vivir.
Esto no es un simple cambio de términos, esto tiene una importancia muy grande. Porque si pensamos que somos iglesia solo cuando nos reunimos, el lunes ¿qué somos? Termina la reunión, nos vamos a casa y ¿dónde está la iglesia? Está por las casas. El lunes la iglesia está por la calle, por las fábricas, por los hogares, por las viñas… somos iglesia las 24 horas del día y todos los días de la semana. “Te escribo, Timoteo para que sepas como conducirte en la casa de Dios…”. La casa de Dios es donde Dios vive, donde Dios habita, y Dios habita en nosotros.

Pero mi tema no es este, sino la frase que sigue: la iglesia del Dios viviente, dice Pablo que es columna y baluarte de la verdad. Esta iglesia, en la comprensión del apóstol Pablo, es la columna que sostiene la verdad. ¿En dónde? En el mundo, en la sociedad.
Un edificio necesita columnas. Si no hay columnas el edificio se cae, y esta sociedad es como un gran edificio y necesita columna que la sostenga, y aquí dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad.

Vamos al Salmo 75:3 “Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas”. La sociedad, los países se están arruinando, se están desmoronando. Las buenas costumbres, la ética y moral, todo se está perdiendo. Hay una crisis tan rápida: la tierra y sus moradores se están arruinando, pero Dios dice “yo sostengo sus columnas”.

¿Cuál es la columna? El pueblo de Dios, la iglesia; y volviendo a Timoteo, Pablo dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad. La humanidad se deteriora: caos, crisis, corrupción, robos, homosexualidad, secuestros, homicidios, hogares disueltos, tantas barbaridades. ¿Dónde hay hombres confiables, que no se corrompen?

La iglesia de Dios es la esperanza

La sociedad se deteriora, pero hay una esperanza. Es la iglesia, y Dios dice “yo sostengo sus columnas”. Dios, en su misericordia, visita las naciones, y ha prometido en los postreros días derramar su Espíritu sobre toda carne, por amor de los pueblos; y para hacerlo, Él visita su iglesia, y la levanta, y la renueva, y la restaura, y la edifica, y la llena con su Espíritu, afirma la columna en la sociedad, porque Dios tiene misericordia de las naciones.

Tenemos que asumir nuestra responsabilidad como la columna que sostiene la verdad en la sociedad. Hoy hay mentira por todas partes, los homosexuales tienen copados los medios de comunicación. Pareciera que cualquiera que opina algo diferente ya es un anticuado, uno que los desprecia, parece que los anormales somos nosotros y ellos son los normales. 
¿Qué está pasando? Pero tenemos fe y esperanza en cuanto a lo que Dios va a hacer en nuestra nación. Hemos cantado, hemos orado, y hace tiempo que venimos orando: Argentina va a ser llena del conocimiento de la verdad del Señor. Esta nación se va a rendir a los pies de Jesucristo, bendito sea el Señor, y ¿cómo lo hace? A través de la iglesia, a quien levanta, sostiene, que la renueva y fortalece. La iglesia es la columna y baluarte de la verdad en la sociedad.

No te preocupes del avance circunstancial de las tinieblas, porque la luz sobre las tinieblas resplandece. Esta tierra va a ser bendecida por el Señor. LA IGLESIA DEBE CUMPLIR CON SU RESPONSABILIDAD DE SER COLUMNA DE LA VERDAD EN MEDIO DE LA SOCIEDAD. Lo estamos haciendo y aún lo haremos más para ser sal y luz de este mundo. No vale maldecir las tinieblas, ¡hay que encender la luz!


¿QUÉ ES UN MOVIMIENTO? Rubén Dri



Jesús fue el precursor de un movimiento espiritual, por tanto es importante volver a refrescar algunas consideraciones acerca de lo que es un movimiento, o por lo menos acercarnos lo más posible a ello.

Por principio o por esencia no se puede definir un movimiento. No se puede hacer porque definir algo es delimitarlo, y el movimiento se lleva por delante todo límite, desborda todo tipo de institucionalización.

El movimiento es semejante a un río que corre con fuerza, que rompe todos los diques y contenciones. Su lógica también es como un río en el cual no es posible introducirse dos veces en las mismas aguas, porque fluye constantemente.

El movimiento es como la savia del árbol, como el impulso vital, la savia no aguanta estructuras. El árbol intenta aprisionarla mediante troncos, ramas, hojas; pero es inútil, la savia sigue su camino, quiere más y por eso el árbol se ve obligado a hacer nuevas ramas, nuevas hojas.

El movimiento es el pulso vital, es el signo de vida, que surge al margen de las instituciones establecidas y frecuentemente en contraposición con ellas. El movimiento, por el solo hecho de serlo, mantiene comportamientos no habituales durante su desarrollo.

El pulso vital o la corriente que conforma el núcleo del movimiento está formado por la conjunción de los principios que lo impulsan, que lo motorizan.

El movimiento es alérgico a todo tipo de estructuras rígidas porque éstas siempre implican poner límites, poner freno al impulso vital, o sea, a la esencia del movimiento. Si se pretende institucionalizar todo el movimiento, éste desaparece, se congela.

La institución no debe atrapar al movimiento, sino solo debe servir para encauzarlo, colaborando para cumplir los objetivos del mismo. La institución debe subordinarse al movimiento para que éste siga en su cauce poderoso.

No  cualquier institución sirve, sino solo aquella o aquellas que responden a los principios que dieron origen al movimiento.

Muchos movimientos mueren porque son traicionados por las instituciones que deberían haberlo encarnado. El movimiento se construye y gira alrededor de grandes ejes, que son sus premisas, sus principios, los que expresan sus más altas metas, intenciones y propósitos.

Los movimientos surgen en un proceso de lenta gestación alrededor de sus ejes, y este proceso, en un determinado momento encuentra la manera de expresarse, de salir a la luz y emprender su trayectoria.

Los movimientos se constituyen en protagonistas de grandes cambios, así como la aurora que de repente ilumina el firmamento y amanece.

Para que un movimiento mantenga su vitalidad es necesario que la institución no lo asfixie. La institución debe ser instrumento del movimiento o de la vida, pero siempre existe el peligro de que el instrumento suplante al movimiento. Pero en la medida que éste mantenga su vitalidad desbordará a la institución por todas partes.

Al referirnos a “institución” damos a entender toda actividad u organización normada, reglada, que existe por encima, más allá de, independientemente del ser humano. Legalización. Convertir algo en institución.

LO ÚNICO QUE LE INTERESA A JESÚS ES EL REINO Daniel Divano


Jesús vino a traernos un reino, el reino de Dios. Cuando aparece en la historia de la humanidad él irrumpe con esta palabra: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado"

Jesús no vino a formar una iglesia o fundar una nueva religión, no le importa si sos evangélico o protestante, católico u ortodoxo, a Jesús le interesa el reino, solamente el reino. Lo que Jesús vino a darnos es el reino, y nunca denominaciones ni grandes iglesias o corporaciones. Alguien me dijo alguna vez: Bueno, la cristiandad se divide en tres grandes grupos, los protestantes que abarcan a todas las denominaciones, los católicos y los ortodoxos. Yo digo que a Dios no le interesa ningunos de los tres grandes círculos, le interesa un solo círculo, el reino de Dios, eso es lo que vino a establecer Jesús a la tierra, su reino.

Y cuando Jesús predica el evangelio, y los discípulos comienzan a seguirle, lo que sucede con sus vidas es lo mismo que sucede con la tuya y con la mía, hemos cambiado de reino, si tu pensabas que habías cambiado de religión, tengo una mala noticia para darte, no eres salvo. La única forma de ser salvo es entrar al reino de Dios, al gobierno de Dios, tienes que entrar bajo su autoridad,.

La ley del reino (Mateo 5, 6 y 7)

Jesús vino a traernos un reino, y aquellos que ya estaban en su reino, Jesús los junta en el monte y les dice: Bueno, ustedes viven en mi reino, ahora les voy a dar la ley del reino de Dios, cómo se vive en el reino de Dios, todo país tiene una ley que rige toda la vida del país, el reino de Dios también tiene una ley, y lo que Jesús me mostró es que el sermón del monte es la ley del reino de Dios. Esto es como se tiene que vivir en mi reino.

Y tu estás en el reino de Dios y yo estoy en el reino de Dios, no porque manejamos un lenguaje particular desde hace años, no es porque venimos a este culto o somos de Comunidad Cristiana, cantamos, etc. Estamos en el reino porque reconocimos la autoridad de Jesucristo, que es la única forma de ser salvo, estar bajo su autoridad.

TODO COMIENZA CON LA INTERVENCIÓN DE DIOS Alfredo Muzzi



En Génesis no había luz, Dios dijo: hágase la luz, y la luz fue hecha. Dios sopló sobre el hombre espíritu de vida y éste que no tenía vida, la tuvo. Envío su Espíritu sobre los discípulos en pentecostés y ellos fueron llenos de poder y comenzaron a dar testimonio de Jesús.
Así fue y así será; el Espíritu Santo es el protagonista de la obra que nosotros, sus hijos, tenemos que llevar a cabo acá en la tierra
El Espíritu Santo interviene de distintas maneras y produciendo lo que él cree conveniente hacer, él sabe todas las cosas, me llama la atención en las escrituras la expresión “el Espíritu de Dios despertó”:

“Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” 
                                                                                     (Hageo 1:14)

En este pasaje podemos ver que Dios despertó el espíritu del gobernador, del sumo sacerdote y de todo el pueblo, ¿para que los despertó? Para que continuaran haciendo la obra que estaba inconclusa. Una vez despertados dice que: “vinieron y trabajaron” no en cualquier trabajo, trabajaron en la casa de Jehová, o sea hicieron el trabajo que Dios quería que hagan.
Hoy necesitamos de la presencia del Espíritu Santo en nosotros, que nos mantenga bien despiertos, ¿para qué? Para que estemos activos en realizar la obra que el Señor Jesús nos indicó con toda claridad que tenemos que hacer: predicar el evangelio del reino de Dios y hacer discípulos.

"EL QUE NO RENUNCIA A TODO LO QUE POSEE" Víctor Rodríguez


“Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo"

El que pretende ser discípulo de Jesús tiene que renunciar a todo lo que posee. ¡A todo lo que posees! No sé cuántas cosas posees; una vez vino una señora, me habló por teléfono, y me dice: “Víctor, perdí todo, todo, mi marido me dejó, mi marido me dejó, ¿puedo hablar con usted?”, “si”, “consulté a no sé cuántos psicólogos”, y yo le dije: “yo no soy psicólogo, soy pastor”, “pero quiero hablar, perdí todo, todo, todo”, le dije: “bueno vení”.

Entonces vino, la recibí y tenía en la mano un pañuelo; le digo: “¿para qué tienes este pañuelo, vas a llorar?”, “a veces”; y le digo: “¿qué pasó que perdiste todo?”, “mi marido me dejó, perdí todo, todo”, “uh cuanto lamento, ¿pudiste comer hoy?, perdiste todo”, “si hoy comí”, “ah bueno, menos mal”, “¿y cocinaste? ¿te trajeron la comida?”, “no, cociné yo”, “ah, ¿en qué la cocinaste?”, “y en la cocina”, “ah, ¿no dijiste que perdiste todo?”, “si perdí todo”, “bueno, pero la cocinaste en la cocina, ¿y que pusiste la comida?”, “en platos”, “ah tienes platos”, “si, yo hice la comida para mis hijos, pero perdí todo”, “ah, tienes hijos también, ¿y donde durmieron anoche?, porque lo perdieron todo”, “no, dormimos en casa”, “ah tienes casa también, pero dijiste que perdiste todo”, “si tengo mi casa”, “¿y dónde durmieron? ¿en el suelo?”, “no en la cama”, “ah tienes cama también”, “¿se abrigaron anoche?”, “si”, “entonces tienes sábanas, frazadas”, “si, si”, “ah, ¿pero entonces no es que perdiste todo?”; le digo: “¿quieres curarte de esto?”, “si, si, si”, y ahí sacó el pañuelo, “bueno lo primero que vas a hacer, ¿qué tienes en casa? ¿dónde pones los platos?”, “y, tengo un repostero, ahí están todos los platos”, “¿tienes cuchillo, tienes cucharas?”, “si”, “¿y dónde los tienes?”, “en el cajón”, “bueno, lo primero que vas a hacer, es hacer un balance de lo que tienes, porque lo que tú tienes es una mentira grande, porque dijiste que lo perdiste todo, y no es cierto, mira todo lo que tienes, así que lo primero que vas a hacer es ver todo lo que tienes, y darle gracias a Dios por todo lo que tienes, pero lo que vas a hacer también, y lo vas a devolver, porque nada es tuyo, todo es de él”.

En el altiplano, a 3,000 metros de altura, hay hermanos que tienen su manada de llamas, de vicuñas, y yo le estaba hablando de estas cosas, qué es un discípulo, y cuando hablamos de este pasaje, de que tienes que renunciar a todo, me dice: “Hermanito, yo tengo miles de llamitas, de cabritas y tengo además una mina, ¿qué tengo que hacer?, porque tengo que renunciar a todo para ser un discípulo, ¿qué tengo que hacer? ¿vender todo?”; “no”, le digo yo, “entonces, ¿qué tengo que hacer?”, “no, no vendas, lo que tienes que hacer es entregar todo a su verdadero dueño, tú no eres el dueño de esto, la Palabra dice: “De Dios son los cielos, la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”, no tenemos nada que sea de nosotros. Tienes que entregar todo, hasta tu futuro; tu presente, ¿y el pasado?, y el pasado también entrégalo, pero si tienes cosas para reparar en el pasado, repáralas.
Debemos decir: “Señor, esto que tengo es tuyo”.

jueves, 28 de enero de 2016

LA ORACIÓN Jorge Himitian



Este es el ingrediente indispensable para la obra de Dios. Jesús tenía visión para iniciar su ministerio, pero lo primero que hizo al ser bautizado y ungido por el Espíritu Santo en el Jordán, fue ir al desierto a orar por 40 días. Orar y ayunar. Cada mañana iniciaba el día orando (Mar. 1:35) A veces pasaba toda la noche orando (Lc. 6:12)

¿Por qué oraba siendo él el Hijo de Dios?

A - ¿Por qué debemos orar?

1. Porque nosotros somos absolutamente incapaces de realizar la visión. (Calidad, unidad y cantidad)
2. Porque Dios es el único capaz y poderoso de edificar tal iglesia (Ef. 3:20)
3. Porque Dios lo hará tan sólo si se lo pedimos en oración. Mat 18:18-19 W. Nee “El ministerio de intercesión de la Iglesia”.

B - ¿Cómo debemos orar?

· A solas en lugar y tiempo específico
· Orar sin cesar. 1ªTe 5:17; Ef. 6:18
· Entre dos o tres hermanos. Mat 18:19-20; Hech 3:1
· Con un grupo pequeño. Hech 12:12
· Con toda la iglesia. Hech 4:24

C - ¿Qué debemos pedir?

· La intercesión principal debe ser por la realización del propósito eternos de Dios
· Debemos hacer peticiones generales y específicas y persistir hasta su cumplimiento.
· Temas de intercesión en varios pasajes bíblicos.
1. Juan 17 Santidad, unidad, cantidad
2. Mateo 6:9-13 La extensión del Reino, necesidades materiales, confesión, protección del mal.
3. Mateo 9:38 Envío de obreros
4. 1ª Timoteo 2:1-4 por las autoridades y todos los hombres.
5. Efesios 1:16-19 Por espíritu de sabiduría y revelación.
6. Efesios 3:14-21 Para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios.
7. Efesios 6:18-20 Por denuedo y gracia en la evangelización
8. Hechos 4:29-31
9. Ect.

En nuestro medio, en términos generales, se ha experimentado como iglesia más la adoración que la intercesión. Dios quiere llevarnos a la intercesión sin debilitar la adoración.

martes, 26 de enero de 2016

CONGRESOS, CONVENCIONES Y CAMPAMENTOS CRISTIANOS. Su proliferación en nuestros días.



Personalmente, fui sumamente beneficiado en las distintas convocatorias donde tuve la posibilidad de participar. Creo que tanto niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios y quienes llevan la carga de la obra del Señor, necesitan apartarse en algún momento con el fin de buscar a Dios, recibir el ministerio de los hermanos mayores y tratar asuntos específicos. Por lo general, procuramos con mi esposa hacer los arreglos pertinentes para asistir a aquellos encuentros que, según nuestra apreciación, dejarán un  aporte significativo.

Un fenómeno extraño

Como he sido favorecido por estos eventos, de ninguna manera pretendo restarles importancia. No obstante, he observado que un amplio sector del pueblo de Dios sufre una especie de adicción a los congresos y campamentos espirituales. Las redes sociales están saturadas con invitaciones a todo tipo de convocatorias. En la actualidad, convenciones, simposios y retiros son furor entre los creyentes y también en una buena parte del liderazgo.

Ahora bien, ¿Qué problema hay con estas convocatorias? ¿Qué mal pueden provocar? ¿Conlleva algún  riesgo participar de ellas?

Algunas consideraciones que pueden ayudar.

*La espiritualidad del cristiano no se determina por la cantidad de congresos a los que asiste.

*La participación en los congresos o retiros no justifica la falta de compromiso con la vida normal de la iglesia.

*Lejos de una experiencia emocional, estas convocatorias tendrían que producir grandes cambios en nuestra conducta y servicio al Señor. El calor y ardor que produce la proclama de la palabra nos conmueve, pero debe llevarnos a las obras, a estar en movimiento.

*La gran cantidad de encuentros que se programan anualmente  crean excelentes organizadores, pero se corre con el riesgo de desatender la obra esencial: Predicar el evangelio del reino de Dios y hacer discípulos.

*El gran problema de estas convocatorias, salvo excepciones, es la falta de aplicación de lo que se recibe. Por lo general, abundan las  exhortaciones, apelaciones y desafíos que, una vez de regreso, no se ponen por obra. Este es el quid de la cuestión.

*Los congresos requieren una intensa preparación. Pastores y líderes que durante meses buscan una palabra del Señor, los que se ocupan de su organización, y hermanos que realizan un gran sacrificio para concurrir. No obstante, este esfuerzo descomunal puede quedar en la nada si -a posteriori- no practicamos el ministerio impartido.

*Dos encuentros fueron aleccionadores para mí. En ambos, palabra y acción se complementaron. Apenas finalizada las ponencias, salimos a contarle a la gente las cosas que nos habían enseñado.

*Por último, quiero animar a los que nunca participan de retiros espirituales, que hagan lo posible por estar presentes en aquellos que cooperen con su desarrollo espiritual, y, a los que los embarga esa viva inclinación de andar  de “congreso en congreso”, procuren llevar a la acción las preciosas verdades que recibieron.

¡Dios nos encamine!

Por Oscar Gómez





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DIACONÍA MAYOR Un llamado a los solteros. Keith Bentson



El espíritu de servicio –con sus consecuentes obras- determinarán hasta donde Dios será glorificado en nuestras vidas y en la iglesia. Jóvenes, los próximos cincuenta años son vuestros. No esperen hasta que sean grandes, o que hayan terminado los estudios, o se hayan casado. Hoy es día de la salvación, hoy es día de hacer las obras de Dios; la noche viene cuando nadie podrá trabajar. Mientras sean solteros y sin ansiedad por cambiar el estado civil, descubran y pongan por obra la vocación universal: El servir a Dios a través del servicio a los semejantes.
Aunque no viene del todo el caso para ustedes, deseo adelantar una advertencia. Cuando sean viejitos y jubilados, no se fosilicen pasando el tiempo en colas largas para cobrar la jubilación. Encuentren donde servir y confíen en Dios. Cuando sean abuelos, no dediquen su tiempo libre a los nietos propios, hay niños que no cuentan con abuelos ni padres. Hasta el fin de vuestras vidas, piensen en otros, vivan para otros; y descubrirán que a su lado está el Hijo de Dios.
Mi pensamiento no es una sugerencia, y menos un proyecto, pero quiero dejar con ustedes una inquietud mía y de otros, acerca de la necesidad y la factibilidad de crear una “Diaconía Mayor” (lo llamo así por falta de otro término), dentro de la cual solteros y solteras podrían trabajar en forma permanente, prácticamente de por vida, dedicados a una vida de servicio. No recibirán gran remuneración, trabajarían bajo un auspicio apostólico; serían asignados a un lugar y una función, pertenecerían a ese cuerpo de “Diáconos Mayores”, donde alcanzarían identidad y honra.

¿Para qué vivimos?

Por lo general, el joven trabaja en una oficina o tiene una profesión propia para ganarse la vida; al final de la jornada regresa a su departamento para vivir solo o con los padres ancianos. Ahora bien ¿Para qué vivimos? Vivimos para servir al Señor y para servir a otros. No pretendo ser negativo, pero no todos están felices en el matrimonio, tal vez, algunos no deberían haberse casado. Pero, en nuestros círculos, si uno no se casa ¿qué hace? Hace lo que dije antes, pasa su vida en algún trabajo o profesión, luchando para no aburrirse.
Es larguísima la lista de hombres y mujeres que a través de los siglos han sido ejemplo, sumamente útiles, que ha logrado metas y hecho hazañas, que si hubiesen estado casados y con carga de familia, difícilmente podrían haber logrado lo que hicieron. En su humanidad, nuestro Señor Jesús fue ejemplo, más los apóstoles Bernabé y Saulo de Tarso. También otros misioneros –tanto hombres como mujeres- que desde los albores de la extensión del evangelio salieron para lograr avances para el reino de Dios, quienes nos llaman para imitar su ejemplo. Un caso: Amy Carmichael, en el año 1901, inició una obra de rescate a favor de las niñas en el sur de la India que fueron escogidas para casarse con los dioses y luego degradadas como prostitutas. Amy tuvo que luchar contra misioneros y gobernantes, pues su amor y pasión sobrepasaron el celo de otros.
No todo el avance del evangelio se debe a los apóstoles y evangelistas. Verdaderos ejércitos de jóvenes han salido para servir, ayudar, educar, curar, testificando así de su fe y amor. En vez de tener tres o cuatro hijos, han engendrado para el reino de Dios docenas y centenares de hijos. El mundo no es digno de estas personas.
Alguien tiene que hacerse pobre para que otros sean enriquecidos, alguien tiene que ignorar para educar a otros, algunos tienen que enfermar para poder sanar, cansarse para que otros descansen, negarse una familia para que otros tengan buenas familias, sacrificarse para que otros disfruten de una vida normal. Esta es la gloria de los que escogen, bajo la guía de Dios, una vida de servicio.


jueves, 21 de enero de 2016

DIRECTORES DE ALABANZA EN LA MIRA



“Necesitamos separar las influencias culturales que no contribuyen y nos distraen de la verdadera adoración”
                                                                                       F. C. Senn

Efecto comparativo. Los primeros tiempos de la renovación en Argentina.

Dios en su gracia nos visitó hace medio siglo. Entre otras cosas maravillosas, el Espíritu Santo nos condujo a la renovación del culto a Dios. Las formas estructuradas y minuciosamente programadas que heredamos se dejaron de lado a fin de dar paso a un culto centrado en Dios y en su Presencia. Expresiones libres y espontáneas de alabanza y adoración dirigidas por el mismo Espíritu de Dios y ajustadas a Su Palabra eran sus rasgos principales.
Ahora bien, el tiempo pasó como un abrir y cerrar de ojos. En la actualidad, muchos de aquellos que experimentaron esa renovación no están. Surgió una nueva generación que no tuvo la misma experiencia. Hermanos de otras congregaciones se añadieron a las distintas comunidades, algunos de ellos eran pastores. A fines de 1980 la iglesia en general fue influenciada en la alabanza y adoración por una nueva corriente, aparecieron los llamados “salmistas” con preciosas canciones pero con una impronta más bien artística, escenográfica. Eran hombres de luces, plataformas, grandes congresos, contrataciones y dueños de empresas discográficas. A esa altura, el culto espontáneo y la adoración libre habían desaparecido literalmente del movimiento. “Se nos escapó la tortuga”. Otra causal, desde mi escasa perspectiva, fue comenzar a mirar cómo lo hacían los demás, procurando imitar sus formas.
En cualquier iglesia la reunión siempre comienza con cantos de alabanza y adoración. No hay excepciones. En cada caso, habrá una persona, o un equipo, que dirige y controla la música. En las congregaciones más tradicionales, será el “ministro de música.” En las renovadas, el “director de alabanza”. Los que dirigen la adoración seleccionan las canciones, empiezan a cantarlas y deciden como seguirá esa parte del programa. Esto es diametralmente opuesto a la manera de hacer las cosas en la iglesia del primer siglo. La adoración y la música estaban en manos de todo el pueblo de Dios (Efesios 5:19; Colosenses 3:16) La misma hermandad dirigía sus propias canciones. Era un asunto de todos, no un evento profesional dirigido por especialistas. Es interesante que no haya evidencia del uso de instrumentos musicales en la iglesia hasta la Edad Media.

Directores de alabanza y equipos de adoración: Un fenómeno sin asidero en las Escrituras.

En la actualidad observamos perplejos la aparición por doquier de los así llamados directores de alabanza y de los equipos de adoración. Adoración significa seguir las canciones seleccionadas por ese grupo. ¿Cuál es el problema que haya un conductor o un equipo de alabanza en la comunidad? Muy simple, no le permite cumplir su sacerdocio a todo el pueblo de Dios, tampoco su plena participación a fin de elevar alabanzas nacidas en su interior. Con esta forma, Jesucristo no tendrá libertad de moverse a través de cada uno de los discípulos. La descripción del apóstol Pablo es esclarecedora al respecto: “Cada uno de ustedes trae una canción” “Hablando unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales.” La actuación de los directores de alabanza y equipos de adoración dificultan esto. ¡Jesús desea expresarme libremente en medio de su iglesia! El dijo: “Declararé su nombre a mis hermanos; en la presencia de la congregación cantaré sus alabanzas” (Hebreos 2:12). Por lo general, unos pocos pueden dirigir la adoración, coartando de esta manera la participación del cuerpo de Cristo.

En síntesis:

*Probemos alabar a Dios sin un director de alabanzas.

*La alabanza y adoración le pertenece a todo el pueblo de Dios. Hay que devolvérselo.

*Sinceramente, no tengo ningún problema con los conciertos musicales, sin embargo, esto no se debe confundir con el servicio de alabanza y adoración que pertenece a toda la congregación, con aquel culto racional promocionado por el apóstol Pablo en Romanos 12: 1 y 2.

“Por los ríos de Babilonia, ahí nos sentamos, sí, lloramos, cuando nos acordamos de Sión. Colgamos nuestras arpas sobre los sauces en medio de la ciudad. Porque de ahí, los que nos habían llevados cautivos y los que nos habían arrebatado todo, nos pedían una canción con alegría, diciendo, ‘Cántennos una de las canciones de Sión.’ ¿Cómo vamos a cantar la canción del Señor en una tierra extranjera? ...Cuando el Señor cambió la situación de Sión, nos pareció que estábamos soñando. Entonces, nuestra boca y nuestros labios se llenaron de risas y gritos de alegría; entonces las otras naciones decían: ¡El Señor ha hecho grandes cosas por ellos!”

                                                                        (Salmo 137:1-4; 126:1-2)

miércoles, 20 de enero de 2016

GERMINADORES DEL REINO



En nuestro país tenemos un precioso semillero, hombres y mujeres con objetivos claros y una carga real por la extensión del reino de Dios. En las distintas comunidades, a lo largo y a lo ancho de Argentina, contamos con estas semillas que necesitan germinadores, aquellos que poseen la visión y la capacidad de hacerlas crecer para que produzcan fruto.

El nuevo liderazgo de la iglesia, más que atender reuniones, deberá dedicarse a detectar las buenas semillas, corazones dispuestos que ofrezcan su tiempo, esfuerzo y recursos para el avance de la obra, como aquellos que buscan futbolistas competentes en las canchas de barrio. Y no siempre estas semillas fructíferas están a la vista.

Como el agricultor cuida la semilla, así tiene que hacerlo el germinador espiritual. Si abundan los germinadores, habrá fruto y por ende la obra se propagará. 

Para convertirnos en germinadores tendremos que renunciar a una actitud paternalista,  a esa impronta de líder tradicional, y ese perfil de animador de encuentros que caracteriza a los dirigentes actuales. Este nuevo tiempo requiere un cambio de enfoque y de acción, a fin de que la obra se acelere y la cosecha sea abundante.

Por lo común, el proceso de crecimiento de la semilla tiene su tiempo. El germinador se revestirá de paciencia, orará con ahínco y  aconsejará de manera personal todas las veces que sea necesario a quienes tiene a su cuidado. Por sobre todo, el discernimiento será elemental para descubrir la “buena semilla”, los obreros con depósito divino que serán los continuadores de tarea, así como Jesús vio en Natanael un verdadero israelita en quien no había engaño.


“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta el advenimiento del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando pacientemente, hasta recibir lluvias tempranas y tardías.  Tened paciencia vosotros también, fortaleced vuestro corazón, porque está cerca el advenimiento del Señor”  (Santiago 5:7 y 8)

Por Oscar Gómez

LA HERMANDAD NOS ESTÁ ENVIANDO UN MENSAJE



Estos días miles de calamares aparecieron muertos en una isla situada frente a las costas de Chile, suceso que provocó alerta sanitaria. Hasta ahora no se han podido determinar las causas de este incidente. “El Pacífico nos está enviando un mensaje que debemos descifrar” aseveraron los expertos.
Al observar la forma displicente en que una buena parte de la iglesia hace frente a los compromisos básicos, me parece que está enviando un mensaje que el liderazgo -como esos oceanógrafos- tendrá descifrar. Responsabilidades que no se afrontan, tareas asignadas que no terminan de cumplirse, la poca importancia a las actividades dispuestas y horarios establecidos para los distintos encuentros, el desgano por ejercer la paternidad espiritual y, a la vez ser discipulados son, entre otras, algunas de las señales más evidentes.
¿Cuáles son los motivos de esta conducta? No lo sé, habrá que descifrarlos en oración y reflexión delante del Señor. Dios le mostró el diagnóstico y el remedio a Ezequiel a través de la visión del valle de los huesos secos (Ezeq. Cap. 37). Isaías entendió la realidad del pueblo mediante una revelación de la gloria de Dios y la profundidad de su pecado (Isaías cap. 6).
Más allá de no comprender cabalmente las causales de este deterioro, dos cosas quiero expresar. En primer lugar la necesidad que tiene la iglesia del ministerio profético que, con luz divina, alcance a entender el problema y proveer la solución, y, segundo, tiene que ver con la respuesta del Emperador romano al senador Brutus. Este alto funcionario preguntó: “¿Excelencia, qué le pasa al imperio que está decayendo?” Entonces, el emperador respondió: “Brutus, la falta está en nosotros”.





martes, 19 de enero de 2016

"EL QUE NO ABORRECE" Víctor Rodríguez


“Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:26

¿Qué hacemos con este versículo? ¿Cuál es la palabra que más le impacta de este versículo?

Aborrecer; porque nosotros enseñamos que tenemos que honrar al padre y a la madre, pero aquí ¿qué dice?, que lo aborrezca.
¿Qué hacemos? Pero el Señor no permitía que nadie le siguiera si no tenía estas condiciones, alineado con la palabra, guarda la palabra, ama, y ahora pone otro filtro, el que no aborrece, no solamente a su padre, a su madre, a su mujer, ¡sus hijos!
Yo estuve preocupado con este versículo, quisiera preocuparte también, y entonces me fui a los originales, al griego; y entonces en el griego fui a ver que quería decir aborrecer, ¿y saben lo que encontré que era aborrecer?, aborrecer, eso encontré, que aborrecer era aborrecer; me quedé mucho más preocupado.
Y fui al que inspiró el evangelio de Lucas, el que inspiró el evangelio de Lucas es el mismo Señor, le dije: “Señor, ¿qué hacemos con esto? ¿Cómo hago? Tú quieres que los que te sigan aborrezcan al padre, a la madre, mujer, hijos, hermanos”
Y el Señor me dio un ejemplo, que yo les voy a dar ahora para que ustedes entiendan, ¿qué pasaría si yo ahora le digo a mi esposa: “Silvia, quiero que sepas que tengo cinco mujeres, pero tú eres la principal de todas, ¿estás contenta?”, y ella se desfigura, “¿no estás contenta?, eres la principal entre cinco”.
Y ella me dice: “No puedo estar contenta”, “pero eres la principal entre cinco, eres la primera entre cinco”; y ella me pone en órbita, ¿por qué?, ¿por qué no está contenta si es la primera entre cinco? ¿Por qué?
Porque quiere ser la única, sin competencias, no quiere competencias, esto es lo que está queriendo decir el Señor.
Ni siquiera vale decirle al Señor: “te pongo en el primer lugar”, “si me pones en el primer lugar quiere decir que hay otro en el segundo”, ni siquiera eso; para ser un discípulo, él tiene que estar en el único lugar, y todos los demás amores pasan a un término inferior.
En la antigüedad tomaban a un cristiano, y lo ponían preso para que negara Cristo. En una ocasión, llevaron a una mujer, a una mujer de la sociedad, pero se había convertido. Y la pusieron presa, y le decían: “si niegas a Cristo, quedas libre; si dices que Jesús no es tu Señor, quedarás libre”, y ella dijo: “no, no voy a negar que Jesús es mi Señor”, le dijeron: “entonces quedarás presa”.
Y pasaron días, semanas, y vinieron otra vez diciéndole: “tienes que negar que Jesús es el dueño de tu vida”, y ella dijo: “no lo voy  a negar”; y entonces le dijeron: “entonces mataremos a tu hijo”, y entonces la forzaron de esa manera, entonces ella se calló y no dijo nada, y vino el marido a decirle: “Niega a Jesús como Señor, porque van a matar a nuestro hijo”; entonces ella dijo: “No puedo negar a Jesús como mi Señor, esto es lo mayor en mi vida”. Con esto quiero decirte que así eran los discípulos.
Una vez yo estaba predicando, y mientras yo estaba predicando vi que en el fondo, mi esposa pasó al baño, en el lugar donde estaba se veía dónde estaba el baño, y luego vi que salió del baño, estaba yo predicando, salió llorando del baño, teníamos un hijo, nuestro primer hijo, y luego entró otra vez al baño, yo terminé rápido la predicación y fui y le dije: “Silvia, ¿por qué estás llorando, y te veo entrar y salir del baño? ¿Por qué?”; y ella me dijo: “Dios me habló, y me dijo: “entrégame a tu hijo””; y yo le dije: “No”. Y volvió otra vez a pedírmelo: “Entrégamelo”; y yo otra vez le dije: “No”. Y por eso, iba y venía al baño. “Hasta que terminé entregando a Sergio”. Sergio es mi primer hijo, y ella abrió su corazón y sus manos al cielo y lo entregó. 
En el amor a Dios, él no quiere tener competencia; y esto se refiere a los sentimientos; este primer filtro tiene que ver con los sentimientos, no puedes amar a otro, a otra, donde él está en primer lugar, y el otro o la otra, está en segundo lugar, ¡Noooo! él tiene que estar en el único lugar, y los demás pasan a parecer aborrecimiento.
Para seguir al Señor, él quería estar en el único lugar en la vida, sin competencia. Dijimos que para Jesús un discípulo,  es alguien que pone al Señor en el único lugar en su vida.

EL ADULTERIO ES UN ACTO VIOLENTO Keith Bentson



Si es violenta la fornicación entre dos personas no casadas, mucho más lo es el adulterio. El adulterio atenta, no solamente contra un cuerpo ajeno y contra la misma esencia e integridad de la persona, sino contra un pacto matrimonial. Semejante acto precipita a un mar turbulento de emociones y confusión de pensamientos; choca, atonta. Después, la persona que ha violado la ley de Dios no sabe cómo mirarle la cara de su esposo/a; hasta parece irreal que haya cometido semejante traición. Comienza a minimizar su infidelidad, a justificarla. Su personalidad resulta desequilibrada: ha cometido adulterio. De ahí en adelante tendrá que vivir de mentiras. Se mentirá a sí mismo, a su mujer, a sus hijos, a sus parientes, a sus amigos y colegas. Sus suspiros aun delante de Dios no le darán paz. Ha violentado el pacto concertado con su legítimo cónyuge, y todo su ser queda convulsionado.

El adulterio es una relación sexual ilegítima.

La relación matrimonial sexual es lícita; está acorde con la ley de Dios y obedece al mismo propósito y naturaleza con que Dios creó al hombre y a la mujer. El pecado original de Adán y Eva no fue de índole sexual; en ninguna manera. Pero todo acto sexual que está fuera de la ley matrimonial de Dios es transgresión y pecado.
Dios no permite el adulterio en ninguna de sus formas. Nuestro Señor hasta calificó de adulterio cuando un hombre mira a una mujer para codiciarla carnalmente. Lo mismo es si una mujer mira de esa forma a un hombre. Si el adulterio se refiere a una relación ilícita, entonces una persona que después de divorciarse se vuelve a casar, llanamente comete adulterio. Así habló Jesús confirmando la ley universal del matrimonio.

El adulterio hiere y lacera la indescriptible y misteriosa unión matrimonial.

Como con dos hilos se teje una sola vestimenta, de hecho, al unirse en matrimonio dos personas se forja un nuevo y solo ser entre ellas. No son meras palabras bonitas y poéticas las que pronunció Jesús cuando dijo: “Ya no son dos, sino una sola carne”; o como lo traduce la Versión Popular: “…..los dos serán como una sola persona”. Expresan la realidad de lo que Dios realiza en el espíritu de todos los que se unen en legítimo matrimonio. Al hacer sus votos con el fin de iniciar una vida conyugal, y complementar su voto verbal uniéndose carnalmente, Dios los une como esposos y los acepta como tales. Esa unidad entre ellos es única. Es de una naturaleza diferente y aún más sublime que la que existe entre ellos y sus hijos. No hay ninguna relación en toda la creación que se equipare con la de un hombre y una mujer unidos en matrimonio.
Ahora bien, Jesús califica de adulterio el acto de casarse con una segunda persona, estando el legítimo cónyuge en vida, porque aunque la unidad ha sido atacada y herida, todavía subsiste. Si fuera así que por un acto de adulterio se deshiciera el vínculo matrimonial, ya no sería adulterio volverse a casar. Pero un acto de adulterio –por chocante y desgarrador que sea- no anula el vínculo matrimonial.


¿TENEMOS EN NUESTROS GRUPOS UNA ASISTENCIA REGULAR? Claudio Lancioni



En el nivel más elemental de compromiso los discípulos deberían ser fieles en concurrir a los encuentros semanales, es imposible trabajar con una visión formativa si los hermanos son intermitentes en su asistencia.

La irregularidad denota un nivel muy bajo de compromiso con el Reino y con el grupo, todos tenemos situaciones familiares y personales para faltar a las reuniones, sin embargo los líderes y discípulos fieles, realizan los arreglos necesarios para no faltar. Todos los hermanos deberían acostumbrarse a planificar la semana de tal modo que consigamos una asistencia regular, no solo a los encuentros grupales sino a los encuentros con sus discipuladores y discípulos. Cuando no se concurre es porque asignamos más importancia a otras actividades y en el fondo nos da igual ir o no hacerlo.

Como parte de la fundamentación hablamos del Señorío de Cristo sobre nuestra vida y nuestro tiempo, y la escritura dice instruye a no dejar de congregarnos, como algunos al final se acostumbran a ese estilo relajado.


Heb_10:25  “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”

LA RAZÓN CULTURAL DEL REINO DE DIOS Jorge Himitian


¿Cuál es la razón cultural? 

El primer siglo

En aquel siglo estaba el Imperio Romano. Para los judíos, la expresión “Reino de Dios” o “Reino de los Cielos” era una expresión familiar, conocida. Porque en el Antiguo Testamento hay muchas expresiones donde se exalta a Dios como el Rey de todas las naciones. Varios Salmos comienzan proclamando: “Jehová Reina”. Así que era una expresión conocida por ellos. Ellos sabían que el verdadero Rey del Universo era Dios. Pero, en el Imperio Romano, Pablo descubre que era más apropiado usar otra expresión. Porque en el Imperio Romano la autoridad máxima era el César de Roma, el Emperador. El Imperio Romano abarcaba muchas naciones, y en cada nación había un rey. Herodes, por ejemplo, era un rey en Palestina, y así, había reyes en las diferentes naciones. Pero el César tenía un título que superaba al de rey, en la cultura de aquella época. El César ostentaba el título de Kyrios, Señor, que es la traducción al griego del hebreo Adonai, mi Señor. De tal manera que el César, el Emperador de Roma, tenía la aspiración de ser un dios, un semidios, se arrogaba el título de Kyrios, dando a entender que, por encima de los reyes, había un Kyrios. Así era la cultura de aquella época. 
El saludo en el Imperio Romano era este: “El César es el Kyrios”. Y Pablo, comprendiendo esta cuestión cultural, prefiere usar otra expresión que es mucho más fuerte que llamar a Jesucristo rey, porque lo rebajaría en la cultura de ese entonces, por debajo del César. Así que, por la revelación de Dios y la lucidez que Pablo tenía adecuando la verdad a la cultura de su época, se produce un giro de expresión. Mientras en el Antiguo Testamento, como en los evangelios, se habla del Reino de Dios, y en el protoevangelio, en Isaías 52 dice: “ Cuan hermosos son los pies sobre los montes del que anuncia paz, ..., del que dice a Sión: Tu Dios reina” ¡Sión! El que reina no es el rey asirio ¡Buenas noticias! ¡El que reina es tu Dios! Él está por encima de todos los reyes de la tierra; esa era la expresión del Antiguo Testamento. ¡Jehová reina! Temblarán los pueblos y las naciones. Ese era el kerigma del evangelio del Antiguo Testamento. Pero, ahora, Pablo usa otra expresión: ¡Jesucristo es el Kyrios! ¡Tremendo, desafiante, impresionante!. Cuando todos estaban obligados a confesar que César era el Kyrios, Pablo proclama que el verdadero Kyrios es Jesucristo, es el que está en el trono, 12 sobre todos los reyes de la tierra, sobre todo principado, sobre toda potestad, sobre todo señorío. 
Hay alguien que está por encima de todo, es aquel a quién el Padre exaltó, lo sentó a su diestra y lo proclamó Kyrios de todo el Universo. Así que, Pablo se adecua la cultura de aquella época, y en las epístolas, la expresión frecuente ahora, no es “el Reino de Dios”. Pero la expresión frecuente es “Jesucristo es el Kyrios”, “nuestro Kyrios Jesucristo”, “el Kyrios Jesucristo”, proclamando Él está en el trono, y Él reina por encima de todos los reyes de la tierra, y aún por encima del César de Roma. 

¿Cuántas veces aparece, en el Nuevo Testamento, la palabra Kyrios, referida a Jesucristo? 

610 veces, la vas a encontrar por todas partes. Así que superó las 133 veces del “Reino de Dios” de los evangelios y de los Hechos. Casi no hay capítulo en las epístolas en donde, varias veces, Pablo habla de Cristo como el Kyrios. Solamente en las epístolas de Pablo, la expresión Kyrios referida a Cristo, se repite 260 veces. Decir Jesucristo es el Kyrios era el Kerigma, o la síntesis del Kerigma apostólico en aquellos días. Esta es la razón cultural, la adecuación que Pablo hace, cambia de expresión, pero no cambia de tema. La otra razón Hay, además, una razón teológica o bíblica. ¿Cuál es? Pedro, en Pentecostés, por el Espíritu Santo, recibe la revelación que, este que murió, que resucitó y ascendió a los cielos, el Padre le entregó el Reino, lo sentó a su diestra en el trono, y lo proclamó Kyrios. Y dio el Padre una orden universal: Que toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra se doble. Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Kyrios ¡Aleluya!. 
Pablo ratifica, y tiene la misma revelación que Pedro, al decir que el poder de Dios operó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado, autoridad, poder y señorío, sobre todo nombre que se nombra, en este siglo y en el venidero. Y sometió todas las cosas bajo sus pies. Y lo dio, sobre todas las cosas, como cabeza de la Iglesia, la cual es su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. ¡Aleluya! 

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...