LA REFORMA CONTINUA


Toda reforma implica una crisis de poder.

El secreto del crecimiento en cualquier ámbito estará determinado por la provocación de una crisis de poder. ¿Cómo explicar este fenómeno?

Cuando al pasar los años una institución u organismo entra en el letargo, "en caída libre" o pronto a desaparecer inexorablemente queda en el centro de la escena su ala dirigencial. Y es allí donde se debe tratar la solución del problema. 
Mantener la hegemonía, la centralidad de dominio y la condescendencia entre directivos será el principio del fin. Alguno tiene que levantar la voz y decir "Esto no está bien" "Vamos en retroceso". Y esta actitud, lejos de ser una insurrección, no es más que un diagnóstico certero de la situación. El remedio adecuado será el resultado de un diagnóstico acertado. 

Provocar una crisis de poder no es causar división, establecer una anarquía o instalar un conflicto innecesario, se trata de poner en la mesa aquellas cosas que detienen el progreso y actuar en consecuencia bajo la guía del Espíritu Santo.

Voy a citar tres grandes sucesos que solamente pudieron acontecer porque se desencadenó una crisis de poder.

1. Una verdadera reforma en las narices del sanedrín fue traída por la iglesia naciente en Jerusalén. Se trató de una reforma total: litúrgica, eclesiologica y escatológica. Para ello tuvo que haber irremediablemente una crisis de poder a fin de instaurar el ministerio del nuevo pacto.

2. La reforma del siglo XVI es otro ejemplo que para cambiar el curso de la cosas fue necesario provocar una crisis de poder. Sin embargo, una cosa es decirlo otra llevarlo a cabo. Una restauración de esta magnitud es muy dura. La curia, el papado y todo su entorno era una estructura de poder monolítico, cerrado que no admitía ni siquiera una insinuación de cambio.

3. La renovación del Espíritu Santo es un claro ejemplo de organizaciones cristianas que tuvieron que sufrir una crisis de poder para que emergiera ese nuevo movimiento del Espíritu. Una cosa vivieron los hermanos y otra la que experimentaron los que hasta ese momento ocupaban lugares de liderazgo y decidieron entrar en el mover de Dios. Para éstos últimos, el precio fue muy alto.

No cabe duda que en la cristiandad hay cosas que se deben modificar y otras merecen una reforma de raíz. Entre ellas:

*Excesivo énfasis en el modelo del Antiguo testamento.

*Poder cerrado y concentrado en unos pocos.

*Carente ductibilidad y versatilidad para una renovación constante, entre otras cosas. 

Los cambios dependerán de cada entidad.
No todo está mal, no todo hay que arrojar por la borda, pero permanecer en un estado de "no crecimiento", de falta de frutos, en un "estatus quo" puede ser el pasaporte para su desaparición. 

Los dirigentes deberán sentarse para examinar el curso de las cosas, la marcha de la obra, el estado de la iglesia y lápiz en mano esbozar y ejecutar los cambios que sean necesarios para el bien de la hermandad. Sin embargo, si no se produce una crisis de poder todo seguirá igual. 

El que ve el mal debe avisar por los carriles adecuados. Un supuesto respeto entre el líderes no es una buena receta cuando las cosas no marchan bien, me refiero a la aceptación y aprobación de decisiones inoportunas o desacertadas. El profeta de antaño dijo "Por amor de Sion no callaré". 

Expone tu verdad, no litigues, ora a Dios y confía que El hará.