TODOS JUNTOS REUNIDOS. MÁS QUE UN PRECEPTO Comunidad cristiana “Los silos” Tenerife.






Renovando el amor y el compromiso con el Pueblo de Dios


“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros”  Juan 2:19

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”   Hechos 20:7

La reunión de la iglesia no es el "cumplimiento de un precepto", sino una experiencia comunitaria, fraterna, el encuentro con el Señor Resucitado, con su palabra y con el recuerdo de su sacrificio en la cruz. Este encuentro de todos juntos debería ser la fiesta más "celebrativa" más " moralizante", y más "anhelada" de todas por parte de los hijos de Dios. La reunión de los cristianos el día domingo debería tener un tono claramente gozoso y festivo.

¿Cómo lograr esto? 

Aparte de la concepción que cada uno pueda tener, es innegable que debemos ir enriqueciendo progresivamente nuestros encuentros congregacionales, esto depende de muchos detalles: un clima espiritual y también humano, acogedor, un canto participativo, una  intervención más variada de los ministerios, un uso equilibrado de los dones espirituales. Y, sobre todo, la experiencia de una comunidad que puede llevar a todos a la convicción de una misma fe y de un mismo sentir a partir del punto de referencia común: Cristo Resucitado. 

Una comunidad que se reúne, que ora, canta, y que celebra una misma mesa, necesita crecer en su convicción de ser la comunidad que pertenece al Señor Resucitado. Verse los unos a los otros con gran alegría. 
La reunión de todos juntos tiene que ser una fiesta desbordante: todos saltando de gozo, batiendo palmas o abrazándose de emoción, pero también una celebración solemne donde se recuerda la muerte de Jesús. Esta alegría es gozo profundo que no viene de fuera, sino de dentro.

Un momento y un lugar: Todos juntos. 

Desde sus comienzos la cristiandad se reunía a la aurora del primer día de la semana para celebrar, compartir, partir el pan y tomar la copa para después continuar con su vida cotidiana. Es necesario pasar ese día de la ociosidad o distracción profana a la comunión con el Señor y el pueblo santo. 
Justamente, todos los días son consagrados, sin embargo uno en la semana es esencialmente el día en que los discípulos lo dedican a reunirse en su Nombre. ¡Es el día regio del pueblo de Dios! La verdadera comprensión de esta koinonía es un asunto de la vida y estado interior de cada cristiano. Es esa conciencia donde el Novio se encuentra con su novia, la iglesia. 

¿Qué celebramos cuando estamos juntos? 

*Es el día propicio para caer en la cuenta de nuestra dignidad cristiana, reavivando en nosotros el gozo de la salvación y celebrando con pureza este compromiso para vivirlo durante toda la semana. 

*¡Es día de fiesta, día de gracia renovada! Para el cristiano fiel, para el que ama a Dios, el domingo se convierte, cada semana, en una verdadera fiesta, en una fiesta espiritual. Allí renueva su ser, de adhiere a Cristo, confirma su deseo de encontrarse ese día con El y con la hermandad con fue comprada a precio de sangre.

*Es momento de reconciliación. Es el día que nos recuerda nuestra necesidad de arrepentimiento, de volvernos a Dios, trayendo a la mente el día venidero donde nos presentaremos definitivamente delante de Él. Es un momento de antesala de las prácticas celestiales, sin darnos aún la posesión y el goce definitivo del cielo. 

*Todos juntos reunidos no es mero cumplimiento, sin verdadera conciencia y purificación, de solo presencia exterior, acatamiento a las tradiciones sin un verdadero deseo de cambiar y mejorar como cristianos no vale para el alma. Esto no se improvisa. 

*Al estar congregados como iglesia  renovamos nuestra decisión de no pecar, de abstenernos del mal, de malas acciones  renunciando a nuestra independencia, rencor y altivez. Este verdadero reposo que Dios desea no se trata de ociosidad, sino de dejar las labores cotidianas que comúnmente nos impiden dedicar más tiempo a Dios, tratar más con El juntamente con su cuerpo.

*Queramos o no, es necesario reunirse en comunidad. La práctica más antigua de los cristianos es el festejo del día del Señor, ellos se reunían para celebrar a su Señor Resucitado. El descanso -abstenerse de trabajos serviles- no fue característica del domingo cristiano, sino hasta el siglo IV. Pero la reunión de la comunidad  ya estaba desde la primera generación.

*Es un día de expresión de toda la Iglesia. Allí vemos a nuestros hermanos en persona, si es que en realidad los amamos. Nuestra asamblea  manifiesta el misterio de ser uno como el Señor nos mandó (San Juan 17). 

La Iglesia no es algo abstracto, sino una realidad concreta encarnada en un lugar: es el Pueblo de Dios, el Cuerpo visible del Señor Resucitado, que se congrega en un lugar para celebrar a Cristo y participar de su Presencia. 

Los cristianos no solo somos individuos que creemos o que intentamos vivir el evangelio de Cristo solos. Somos Iglesia, comunidad. Iglesia significa convocatoria, reunión, comunidad. Familia de los Hijos de Dios. En la celebración conjunta acrecentamos la comunión con Cristo y con nuestros hermanos. Cristo nos quiere bendecir en comunidad (Salmo 133)

*Es un momento en que los cristianos afirman lo que creen, profesando su fe y doctrina, escuchan la voz del Espíritu Santo a través de los santos, mantienen una actitud reverente a su Palabra y su sangre derramada. Oran, cantan,  dan gracias y ofrecen juntos adoración, hacen iglesia y salen dispuestos a seguir construyendo ese Reino de Dios en sus casas, en sus trabajos, en sus escuelas, en todo lugar. 

* El estar juntos reunidos fue para los cristianos una novedad radical, y se basaba fundamentalmente en la Resurrección del Señor, y no en una herencia de las costumbres judías, o en una continuidad cristianizada del reposo del sábado. Se trata del día de la fiesta por excelencia, centrada en la mesa del Señor celebrada comunitariamente y en la alegría que experimentaban todos juntos, recordando la Resurrección del Señor. 

*Al estar juntos es posible practicar la ayuda mutua. Por tanto, también se generan iniciativas de caridad, de ayuda mutua, de suplir las necesidades de los santos. El Señor nos despierta iniciativas de servicio, de obras, de amabilidad. La reunión de todos apunta también a la fraternidad. Es  algo más que un "precepto". 

“No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”   (Hebreos 10:25 Reina Valera 1909)



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