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VIDA Y PRÁCTICA DE LA IGLESIA Gary Inrig



Si un cristiano del primer siglo visitara una típica iglesia contemporánea, muchas cosas le asombrarían. Obviamente, el edificio le dejaría sorprendido. Los edificios elegantes y costosos, los cuales, muchos hermanos consideran esenciales para la existencia de la iglesia, le serían completamente extraños en razón que por tres siglos, los discípulos primitivos se reunieron en casas y otras facilidades disponibles, incluyendo sinagogas (Stgo. 2:2) y “escuelas” (Hch. 19:9) Aún si se ajustara a ese hecho, es probable que nuestra forma de reunirnos le resultara más difícil de aceptar. 
Si vamos a comprender la enseñanza del Nuevo Testamento respecto a la vida y práctica de la iglesia, es de gran importancia enfocarnos en la reunión de la misma. Hay una enorme diferencia entre la práctica de la mayoría de las iglesias modernas y lo que describe la Biblia.
Para entender esa diferencia, debemos hacer distinción entre dos tipos de reuniones. Watchman Nee hace la aclaración de estos términos:
“Hay dos diferentes tipos de reuniones en las Escrituras - la reunión de la iglesia y la reunión de visita apostólica. En la iglesia primitiva había reuniones, las cuales eran definitivamente relacionadas con las iglesias, y otras con la obra. En la última (la apostólica), solamente un hombre hablaba (el apóstol), y todos los demás constituían su audiencia. Uno se levantaba delante de los demás, y por su enseñanza dirigía los pensamientos y corazones de los que escuchaban tranquilamente sentados”. 

La Reunión de la Iglesia. 

EL Nuevo Testamento describe en detalle esta reunión. Muy pocas congregaciones tienen tal reunión, y el resultado ha sido el empobrecimiento de nuestra vida colectiva y la distorsión de la naturaleza de la iglesia. En el Nuevo Testamento encontramos cuatro características mayores de la reunión: 

variedad, 
enfoque, 
espontaneidad, y 
propósito.    

1.En la reunión de la iglesia existe la variedad. 

Los cristianos no se reunían solamente para oír un sermón. Más bien, su concentración tenía varios elementos. Esto está claramente ilustrado en Hechos 2:42: 
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. 
Por consiguiente, la enseñanza, la oración y la cena del Señor siempre formaban parte de la reunión diaria de los creyentes en Jerusalén. Corinto muestra el mismo patrón. La reunión de la iglesia, como la descrita en 1 Corintios 11-14, incluía la cena del Señor y el ejercicio abierto de los dones espirituales. Pablo describe: 
“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Cor. 14:26).
Oscar Cullmann comenta al respecto:
“¿Cuáles son, entonces, los componentes esenciales de esas reuniones? 
Primero, debemos decir que la reuniones neo testamentarias eran extraordinariamente múltiples y, en contraste con el estridente “culto de adoración” de nuestros días, podrían parecer notablemente pobres. En el libro de los Hechos se menciona la instrucción, predicación, oración y partimiento del pan (2:42, 46; 20:7). De tal manera, que se ve claramente que esos elementos fueron, desde el principio, la fundación de toda la vida de adoración de la comunidad cristiana. Es importante señalar que las escrituras no describen un programa semanal que incluía un día para la oración, otro para la enseñanza, otro para la alabanza y otro para la cena del Señor, y otro para testimonios y exhortación mutua. Todas esas actividades formaban parte común  en cualquier momento que se congregaban. Por lo tanto, en la reunión de la iglesia, como indica la palabra de Dios existe la variedad, como también algo tan importante para la edificación como el poder preguntar y contestar esas preguntas (1 Cor. 14:35).
Además, es diversa por los que participan. Esto es claro en 1 Corintios 14:26 donde se le demanda a cada discípulo a participar, y es reforzado en una manera muy notable en Hechos 15:35. En Hechos 13:1 leemos acerca de  “profetas y maestros” en la asamblea de Antioquía. Ahora, después del primer viaje misionero de Pablo leemos, “Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos”. Aún contando con un gran maestro como Pablo, había participantes múltiples en el ministerio de la enseñanza. Este seguiría propiciando una expresión continua entre ellos.

2. La reunión de la asamblea tiene un enfoque.  

La iglesia apostólica se centraba en el recuerdo del Señor Jesús, lo cual es evidente por participar de la cena del Señor. Esto está claramente indicado en Hechos 20:7: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba”. El punto crucial aquí, es que aunque Pablo, Lucas y otros estaban presentes, los discípulos no se reunieron primeramente para oír a Pablo, sino para partir el pan en memoria de Jesucristo. La cena del Señor siempre era una parte integral en sus reuniones, como Hechos 2:42 lo indica. El “partimiento del pan” aquí, es mucho más que simplemente comer juntos. Es la observación de la misma, dentro del contexto de una comida la cual compartían los creyentes. Esto se repite en Hechos 2:46, “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. Por consiguiente, el partir el pan fue de gran importancia en las actividades de la iglesia primitiva, al punto de ocurrir diariamente. 
El apóstol Pablo señala la misma perspectiva en 1 Corintios 11:17-21. 
Los corintios, cuando se juntaban en la asamblea, debían observar la cena del Señor apropiadamente. Como no lo hacían, Pablo los amonesta severamente. La suposición es clara. Cuando la iglesia se reunía, lo hacía alrededor de la mesa del Señor. Por precedente bíblico, la congregación debe reunirse para celebrar la cena del Señor.
Tan frecuentemente como la iglesia se reunía, partía el pan. Este enfoque es divinamente propuesto para guardarse ya que es la base esencial de la vida en el cuerpo de Cristo. Nos reunimos porque él nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. El es el centro y enfoque de la vida de la asamblea. Alexander Hay comenta: 
“La reunión de la iglesia no se centraba alrededor de un sermón, sino alrededor de Cristo. El elemento esencial era la libertad del Espíritu para dirigir la reunión y glorificar a Cristo utilizando a quien él escogiera”.
Este mismo punto lo confirma Cullmann: 
“En los tiempos primitivos una congregación sin la celebración de la cena del Señor no se podía imaginar”.
Esto puede parecer extraño para los cristianos que están acostumbrados a celebrarla ocasionalmente. Sin embargo, es necesario decir que una reunión de iglesia es bíblica sólo hasta donde se enfoca en la cena del Señor. Este es un principio esencial de la vida de la iglesia. La cena del Señor es el centro de reunión.

3. La reunión de la iglesia es abierta. 

No solamente contiene varios elementos y su enfoque es la cena del Señor, sino que se trataba de una reunión abierta y tenía el sello de la espontaneidad. Había libertad absoluta para que los hombres ejercieran sus dones espirituales, como hemos visto en 1 Corintios 14:26. En un contexto que trata de los dones espirituales, este versículo significa que estos dones se deben ejercer libre y abiertamente en la reunión de la iglesia. 1 Corintios 14:26 indica claramente que debe haber libertad para participar. Esta permitió una multiplicidad de gracia, ministerios y dones. No había un hombre silencioso entre ellos. Cuando se reunían, cada uno tenía un salmo, una revelación, una profecía, una interpretación. La manifestación del Espíritu había sido dada a cada uno para provecho de todos; y por todas partes, el ardor espiritual estaba listo para encenderse. Por desgracia esa reunión abierta, libre y espontánea, en donde se pueden compartir las alegrías y llevar las cargas, tristemente está ausente en la iglesia contemporánea. Existe demasiada organización y formalidad, pero poca oportunidad para el ministerio abierto y la participación entusiasta de los dones de Dios; el resultado es que la mayoría de los cristianos se han vuelto espectadores silenciosos, contribuyendo solamente con una correcta respuesta litúrgica o a una ácida crítica.
Una vez, una pareja que me había oído predicar en otro lugar vino a la reunión de nuestra asamblea. Ellos se sentaron y esperaron que el servicio comenzara. Estaban un poco espantados cuando alguien de la congregación se levantó para iniciarlo. Nadie estaba sentado en ninguna plataforma, y entonces el hombre se inclinó y dijo a su esposa: “Tal vez se le hizo tarde a Gary y están empezando sin él”. Muchos otros participaron, y ella dijo: “Lo hacen bastante bien, ¿no?”, esperando que yo apareciera en cualquier momento. Pero poco a poco se dieron cuenta que esta diversidad no era solamente un accidente. Todo marchaba como se había propuesto. Sin embargo, era realmente nuevo para ellos, y pensaron que varias personas habían sido elegidas para participar. Estaban sorprendidos al descubrir, mientras hablaron con amigos, que no había sido planeado o arreglado, sino que varios hermanos habían colaborado bajo la dirección del Espíritu Santo con un deseo de edificar al cuerpo y glorificar al Señor Jesús. Ese tipo de servicio tiene un efecto poderoso sobre nosotros. El Espíritu Santo usa a diversas personas, y una variedad de contribuciones para hablar al corazón. No obstante, no es una libertad para los rodeos sin provecho de cualquiera. El Dr. Rendle 
“Por favor no piensen que lo que a veces se llama la 'reunión abierta', significa que los santos están a la merced de cualquier hablador que piensa que tiene algo que decir. Es una reunión abierta al Espíritu Santo. Hay algunos cuyas bocas deben ser tapadas. A veces deberían ser callados. Pero al pasar por una mala experiencia en llevar a cabo el principio, no lo dejemos a un lado”. 
Otro aspecto importante es la resistencia a lo que puede impedir esa libertad. La formalidad, la cual quita el entusiasmo y la espontaneidad; la tradición, el ver su reloj, un espíritu crítico, todos ellos pueden efectivamente apagar al Espíritu de Dios. Un interés demasiado grande en el programa también coarta esa libertad.

4. En la reunión de la asamblea se tiene un propósito. 

Hay un principio sencillo para toda actividad en la iglesia local. Es la piedra de toque por la cual todo lo que hacemos debe ser evaluado: “Que todo lo que se haga sea para edificación”. Nuevamente, la observación de Cullmann es útil:
 “Vemos a personas levantarse con regularidad en nuestras reuniones que deberían quedarse en su asiento. ¿Cuál era específicamente la meta cristiana de reunirse para el culto? Estas ocasiones servían para la 'edificación' de la comunidad como el cuerpo de Cristo, el cuerpo espiritual del Señor resucitado. Todo lo que fomenta una 'edificación', entendida así, y solamente esto, pertenece al servicio cristiano”
Es muy importante que veamos la gran diferencia entre la elocuencia y la edificación. Demasiados líderes se preocupan por lo que van a decir y cómo se ajustará a todo lo demás. Pero no puedo recordar ninguna ocasión en mi experiencia, en que un cristiano haya participado sin ser de provecho, porque indudablemente había un deseo de glorificar a Cristo y edificar a otros. Si guardamos este objetivo en mente, el Señor Jesús utilizará lo que decimos. Hay mucho más poder espiritual en la oración sencilla y el testimonio simple de un corazón lleno del Espíritu Santo.

La iglesia moderna tiene muchos servicios que no encuentran su equivalente exacto en las iglesias apostólicas. Estos incluyen la escuela dominical, las reuniones de oración,las conferencias, las reuniones misioneras y los servicios de enseñanza. Estas son actividades perfectamente legítimas, las cuales Dios ha utilizado y continúa haciéndolo para su propia gloria. Pero ninguna de ellas es la reunión de la iglesia del Nuevo Testamento, y no debe confundirse con ella. Además, aunque son importantes, no son indispensables. Pero no se puede decir lo mismo de la reunión en sí, como lo hemos visto.
El apóstol Pablo tenía regularmente servicios evangelísticos en una casa en Corinto (Hch. 18:7- 8) y no hay indicación de que otros compartían en esa predicación. En Efeso, usaba diariamente el salón de lectura de Tirano después de que le habían sacado de la sinagoga (Hch. 19:8-10). Y por dos años les enseñaba a los discípulos diariamente. En la reunión de la iglesia, Pablo no creía en un ministerio exclusivo. En la escuela de Tiranno no vemos una reunión de la asamblea, sino una visita y ministración apostólica”. Por consiguiente, existen diferentes principios. En la reunión de la asamblea debe haber un ministerio abierto de dones espirituales, pero en la visita y confirmación de los apóstoles sí se puede tener el ministerio exclusivo de un hombre particularmente dotado para un período de tiempo prolongado o corto.

De modo que, el Nuevo Testamento provee forma y libertad. La forma de la reunión de la asamblea se debe mantener, ya que los principios espirituales están involucrados. Pero si los ancianos de una asamblea creen que otras reuniones además de la de la iglesia tienen valor, hay gran libertad. El principio a seguir es hacer lo que es más importante y efectivo.
Casi todas las iglesias creen en la necesidad de tener un programa de escuela dominical eficiente y bien organizado. También creen en la necesidad urgente de la exposición ordenada y sistemática de la Biblia. La asamblea hace preparativos para que un hombre dotado venga regularmente y ministre la palabra de Dios. En América del Norte, los domingos en la mañana parecen particularmente apropiados para este tipo de servicio en la iglesia, y muchos inconversos  acostumbran asistir en este tiempo. Entienden que el ministerio de exposición alimentará a los creyentes y desafiará a los inconversos con las verdades del evangelio. 

Usted no puede hacer discípulos por medio de un círculo sin fin de reuniones, servicios y actividades. Si los corderos deben convertirse en ovejas, los creyentes necesitan tiempo para estar con su Señor, entre ellos y alcanzar a otros. A través de los años, “los servicios de la iglesia” han llegado a ser muy importantes, mientras una reunión tal como la que los cristianos primitivos disfrutaban no es conocida para la gran mayoría de las iglesias. El resultado ha sido una división creciente entre el clero y el laico, y entre el cristiano como espectador y el ministro que predica y sirve. Por otro lado, muchas congregaciones, las cuales han conocido el gozo de “la reunión de la iglesia” no han sabido distinguir entre la reunión y un servicio de la misma. Como resultado, ha habido una falta de ministerio de enseñanza consistente y consecutiva por un hombre dotado, es decir por parte de los apóstoles.

En las Escrituras, hay forma y libertad. Debemos reconocer que “la reunión de la iglesia” es de suma importancia y sus principios no son casualidades, sino un don de Dios para la salud de su iglesia. Necesitamos una reunión diversificada, abierta y centrada alrededor de la mesa del Señor, la cual edificará al cuerpo. También necesitamos  del “servicio apostólico”, la oportunidad de responder a las necesidades espirituales y las puertas abiertas que el Señor pone delante de nosotros.

El principio de “forma” y “libertad” va aún más allá. Hay elementos indispensables de la iglesia, los cuales nos presentan las Escrituras. Por otro lado, hay una libertad dada por el Espíritu para alcanzar las necesidades de una congregación en particular. No hay nada más terrible que imitar a otra iglesia porque sus programas tienen éxito. La gente difiere. Las necesidades difieren. Lo que es valioso para un grupo de cristianos no lo será para otro. Por cierto, no estoy hablando de la libertad de seguir cualquier modelo. Esos asuntos no son opcionales. Pero una congregación necesita reconocer que más allá de la “forma” hay flexibilidad y libertad, y buscar en oración la guía del Espíritu Santo en estas áreas. 
Nos preocupan la aplicación de los principios de las Escrituras en la prácticas de la iglesia. Los principios no cambian y no deben descuidarse. Por lo tanto, la aplicación de esos principios a situaciones específicas debe ser la prerrogativa del Espíritu Santo. 

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