“TODO EL CUERPO” Oscar Gómez



Las Sagradas escrituras definen a la iglesia como el cuerpo de Cristo. No obstante, en Efesios 4:16 hay una frase que viene resonando en mi mente y corazón desde hace un tiempo: “todo el cuerpo”. Me di cuenta que los ministerios mencionados en Ef. 4:11, la edificación que propone el 4:12-13 y las relaciones estrechas del mismo 4:16 tienen un objetivo, una intención final que es el beneficio de TODO EL CUERPO.

Veamos también 1ª Cor. 12:12 y  27.

¡Es indudable que Pablo pudo ver todo el cuerpo, no una parte. Doy gracias a Dios por aquellas cosas que fueron y son indispensables en el proceso de restauración de mi vida, una de ellas es la iglesia, el cuerpo espiritual al cual pertenezco. Pensá por un momento en los bienes y favores que tuviste dentro de la hermandad, el consejo que recibiste, el conocimiento de la Palabra del Señor, el privilegio de convertirte en obrero de Dios y llegar a ser apoyo para otros, tal vez la esposa que tenés, las amistades que cultivaste, etc. Si colocás todas estas cosas en una balanza incuestionablemente ésta se inclinará hacia las mercedes y misericordias obtenidas en el cuerpo de Cristo. Por supuesto que no todo es color de rosas, pero la iglesia siempre ha sido, es y será la mejor opción.

 ¿Qué infiere “todo el cuerpo”?

1. “Todo el cuerpo” nos enseña que Dios no nos llamó a ser socios de un club o integrante de un centro de beneficencia, sino que nos injertó, insertó, embebió en su cuerpo, que es su iglesia. Nos metió en un organismo lleno de vida y de poder. Cuando me bauticé fui libre de enfermedades y de vicios, hubo una operación sobrenatural que, obviamente, en ese entonces no comprendía.

2. “Todo el cuerpo” significa que Dios no piensa en un sector de su pueblo sino en todos los que componen ese pueblo. Dios ve a la iglesia como un todo, no parcialmente. Felix Baumgartner dio el salto más alto de la historia, antes de arrojarse llegó a ver el planeta tierra como una pelota. Ninguno de nosotros vio eso. Seremos felices si llegamos a percibir el cuerpo como un todo.

3. ”Todo el cuerpo” indica que tenemos necesidad de cada uno de los hermanos. Aunque el yo pretenda prevalecer siempre habrá un granito de arena o un aporte significativo por parte de aquellos que no lo esperamos. (1ª Corintios12:22) Los que tenemos algunos años en el Señor algo sabemos cómo opera esta regla.

4. ”Todo el cuerpo” señala una trasmisión de alegría y de dolor que recorre cada uno de los miembros. Por tal motivo, si un miembro  se desprende sufre todo el cuerpo, no una parte. Si un miembro peca se resiente todo el cuerpo, no solo la familia o el grupo casero. Si un miembro avanza en la obra, todos avanzamos. Si un equipo gana, no lo hace un integrante, ganan todos. Esto último choca dramáticamente con el pensamiento individualista y competitivo que predomina en el ser humano. Si no sentimos ese dolor o esa alegría es señal que necesitamos una urgente renovación de nuestra sensibilidad espiritual, algo no anda bien.

5. ”Todo el cuerpo” siempre será “todo el cuerpo”, nunca se fraccionará en la mente de Dios, y esto nos lleva a luchar contra los enemigos potenciales del cuerpo, éstos enemigos no son solamente el diablo y el mundo, también encontramos como adversarios a la sectorización (estar solamente con un grupo selecto de personas), el partidismo (esto tiene que ver más bien con la política dentro la iglesia: “Yo soy de Apolos, yo de Pablo, yo de Cristo 1ª Cor.3), el amiguismo, (solamente pienso en el bienestar de mis amigos no de todos los hermanos). Si a mis amigos les va bien, excelente. En el ambiente de la política se denomina “nepotismo” es decir promover y acomodar a los parientes. ¿Te suena familiar este fenómeno? Desde mis primeros días en el Señor me enseñaron a ser abarcativo, inclusivo, no ser parte ni fomentar círculos cerrados, a ser puente entre unos y otros. Quisiera  ser siempre así, la lucha no es fácil.

6. “Todo el cuerpo” implica relaciones estrechas y comprometidas. Así lo expresa el 4:16. “Coyunturas, y concertaciones”, habla de unidad y mutualidad. Es dable aclarar que estos vínculos tienen sus beneficios y también sus peligros. Nos conocemos demasiado bien, con  nuestras virtudes y también flaquezas.

7. “Todo el cuerpo” nos invita a estimar, valorar, interesarnos por todos los hermanos, los que me “caen bien” y los que no. No nos olvidemos que somos parte de la iglesia real, la de carne y huesos, que aún así es gloriosa. Vamos camino hacia la iglesia ideal, la de los sueños de Dios, pero todavía falta.

Romanos 12:5.

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