LA IGLESIA EN JERUSALEN John W. Kennedy



La iglesia de Jerusalén, que en las primeras instancias de su vida espiritual Lucas describe como 'teniendo favor con todo el pueblo "(Hechos 2:47) al transcurrir el tiempo prácticamente había dejado de existir como un poder espiritual vital ¿Cuáles fueron las razones de ello? Este artículo propone examinar las dificultades que acosaron a la asamblea de Jerusalén.
La composición de la iglesia de Jerusalén en sus principios se orientaba hacia un futuro testimonio del Evangelio a todas las naciones. 
En la fiesta de Pentecostés se convocaron judíos de habla hebrea, judíos de la dispersión, y prosélitos que eran gentiles por nacimiento de habla griega. Algunos de estos últimos también el Espíritu Santo había fusionado a la comunión de la iglesia. Había hombres cuyos corazones estaban abiertos a la obra del Señor en cualquier lugar, otros fueron obligados a abandonar Jerusalén debido a la persecución que siguió a la muerte de Esteban (Hechos 11: 19-21). Bernabé es también un ejemplo sobresaliente de amplitud de visión. Hubo, por supuesto, los otros profundamente arraigados a la ortodoxia judía que veían con recelo a cualquier cosa que tuviera una conexión gentil. Teniendo en cuenta la depravación del mundo gentil y un gran respeto a los Judios 'por la santidad de Dios, había extrema vigilancia de todo lo que podría hacer que la iglesia sea leudada por una mínima moralidad gentil. De hecho, la vida del Espíritu no puede disociarse de la santidad práctica. Esta vida espiritual, sin embargo, fue el antídoto, y también lo que refleja Hechos 2:42."perseveraban en la de los apóstoles, a la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones"
La regeneración, la vida de Cristo que nace en nosotros, nos llama a la santidad. La vida del Espíritu demostró ser un poderoso factor de unidad y fuente de testimonio en la iglesia primitiva de Jerusalén. No es que el conjunto estaba libre de imperfecciones, como por ejemplo Ananías y Safira. Pero incluso eso no pudo resistir el escrutinio búsqueda del Espíritu de vida, y el resultado fue que después 'del resto, ninguno se atrevía a juntarse con ellos "(Hechos 5:13). La santidad, Cristo revelado en hombres y mujeres, era la cobertura suficiente sobre la iglesia para protegerla de las influencias destructivas del mundo y la carne.
La persecución que siguió a la muerte de Esteban causó una gran disminución en las filas de los discípulos de Jerusalén (Hechos 8: 1). A otros se les dejó libres, entre ellos Santiago el hermano de nuestro Señor, que más tarde emergió como líder indiscutible del grupo. El resultado de esta purga fue que la iglesia de Jerusalén estuvo mucho más unida en su perspectiva de lo que nunca había estado en lo externo como conjunto, y esto provocó una unidad más profunda del Espíritu.

EL TRADICIONALISMO

Uno de los enemigos más mortales de la vida espiritual de una iglesia es el tradicionalismo que sistematiza el culto y testimonio en un ritual de fría formalidad. Y esto es lo que amenzaba de continuo a la comunidad de Jerusalén. Con toda probabilidad, muchos de los sacerdotes que eran obedientes al Señor (Hechos 6: 7) trajeron con ellos su lealtad a la tradición, pero el tradicionalismo heredado del pasado no debe predominar en una comunidad del Nuevo Pacto. 
El tradicionalismo tiene una inmensa capacidad de paralizar el camino de la vida del Espíritu y dejar contento con lo ya alcanzado. Un amplio sector del pueblo de Dios en todo el mundo está ligado a la tradición, así como los fariseos de antaño, pero no son conscientes que la cristiandad está sufriendo por esta causa. En Jerusalén, la tradición consistía en ciertas observancias de la ley ceremonial que se añadieron a la vida de la iglesia como condición para la comunión, y fueron estos adornos exteriores que generaron una actitud de superioridad y recelo a todo el mundo que no los aceptaba.
La iglesia que se ha establecido mediante  tradiciones  se encuentra en una situación desesperada. La observancia de la tradición generalmente provoca la cristalización de las actitudes y prácticas coartando la vida del Espíritu. Trasladándolo a nuestros días, debemos dar especial importancia a la forma en que hacemos las cosas en nuestras iglesias. Si solamente descansa sobre nuestras cabezas toda la marcha de la congregación, aunque nos ponemos de rodillas o de pie y oremos, pero luego nos apoyamos en el programa de las reuniones, si preparamos nuestros mensajes, pero en realidad no confiamos en que el Espíritu Santo actuará entre nosotros no habrá un progreso real y sostenido. Muchas veces estamos convencidos que nuestras propuestas y manera de hacer las cosas son correctas y lo otro es inconveniente.  Hemos caído en la trampa de creer que todo se hace dependiendo del Espíritu es demasiado simple y precario, en el fondo de nuestro corazón estamos “seguros” que el patrón adecuado es nuestra forma de pensar y obrar. Creemos que si alguien se atreve a cuestionar la validez de cualquier parte de nuestra rutina tradicional se equivoca. 

EL TRABAJO DEL ESPÍRITU SANTO 

Es una de las grandes paradojas: que la vida espiritual quede  suprimida por la actividad humana. Tenemos que comprender que en la iglesia del Señor el trabajo del Espíritu Santo es más importante que la obra de los hombres. El "grano de trigo" debe "caer en la tierra y morir" (Juan 12:24) esto se puede aplicar tranquilamente a nuestro servicio a Cristo. La iglesia de Jerusalén quedó presa de la destrucción espiritual, no por causa de sus enemigos declarados, sino por los patrones de conducta no crucificados de los judaizantes y gentiles. Esta circunstancia demandaba una vigilancia continua por parte de los apóstoles. Dentro de los límites de las escrituras y de una vida espiritual en desarrollo siempre habrá un amplio espacio para la divergencia de pensamiento y perspectiva, pero dentro de ese espacio no se encuentran las tradiciones. En una lectura de la vida de algunos de los grandes santos de Dios a través de los siglos esto queda plenamente demostrado. La vida es la marca y necesidad de la iglesia, no las corrientes de pensamientos o las teologías.

En todo esto hay algo sutil. Es mucho más fácil mantener unido un grupo de personas sobre la base de una lealtad común, de una forma de actuar colectivamente aceptada, de un cierto tipo de ritual impuesto, de una determinada jerga espiritual, que sostener esa unidad por medio de la revelación, del testimonio del Espíritu y de un mismo sentir comunitario. Estas son las cosas que el hombre natural no puede comprender pero que son decisivas para la propia vida y crecimiento espiritual de la iglesia. En otros casos habrá que debatir con quienes no tienen vida espiritual en absoluto, pero que se arrogan ser defensores de la verdad. Dos tipos de personas que hablan un idioma completamente distinto.

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