viernes, 12 de agosto de 2016

VISIÓN Y TRANSFORMACIÓN Jorge Himitian



Desde los primeros años de nuestra experiencia como movimiento de renovación Dios nos ha dado una nueva visión de sí mismo, de su reino, de su iglesia, etc. ¡Cuánto bien nos ha hecho tener una visión clara!
Pero no es suficiente tener una visión correcta de Dios y de su iglesia. Necesitamos también una actitud correcta. Es decir una actitud coherente con la visión. Esa actitud correcta, a su vez, se traducirá en una conducta correcta. Jesús dijo:”Yo soy el camino, la verdad y la vida”. El camino es la
conducta, la verdad equivale a la visión. La verdad no es un concepto, es una persona. Alguien puede haber captado el concepto de la visión, sin tener la visión ¿Cómo podemos saberlo? Por su actitud y
conducta.
Por ejemplo, si yo digo tener la visión de la unidad de la iglesia, pero no tengo una actitud de unidad con mi hermano, esto significa que mi visión es un mero concepto intelectual y, por lo tanto, mi conducta seguirá siendo individualista, sectarista, despectiva hacia mi hermano. “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1ª Juan 4:8) La verdadera visión viene por revelación y la revelación produce  transformación. Nuestra actitud y conducta deberá ser coherente con nuestra visión.

Renovación y cambios

Pablo dice en Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”

La revelación que hemos recibido en estos años, por la gracia de Dios ha producido en nosotros la renovación de nuestro entendimiento. Ha venido luz sobre la adoración, el culto a Dios, el señorío de Cristo, el evangelio del reino, el arrepentimiento, el bautismo en agua, el fundamento de Dios, el kerigma y la didaché, el discipulado, la unidad de la iglesia, el orden de Dios para a familia, el propósito eterno de Dios, la relación entre hermanos, el vivir en luz, las buenas obras, el andar en el Espíritu, la indisolubilidad del matrimonio, la sanidad interior, la rectitud moral, la pluralidad del ministerio pastoral, la restauración del ministerio apostólico y profético, etc. Pero según este
texto de Romanos 12:2, la renovación de nuestro entendimiento no es un fin, sino un medio; el fin es nuestra transformación. En Río Hondo, el hermano Afif Chaik, en su mensaje sobre Renovación y Coherencia nos decía:

“La renovación debe afectar profundamente toda la vida…debe proyectar la vida a niveles cada vez más altos y a esferas cada vez mayores del servicio cristiano en respuesta al propósito de Dios, que
siempre apunta a producir cambios que traigan consecuencias, que logren resultados. ¿Qué clase de cambios? No sólo cambio de ideas, sino cambio de alcance con resultados concretos. Esto es cambiar nuestra manera de pensar para cambiar nuestra manera de vivir”

Considerando nuestra trayectoria, podemos decir con gratitud que la luz de Dios alumbró nuestras mentes y renovó nuestro entendimiento, pero debemos reconocer con humildad que nuestro estilo de vida, aunque con mejoras, aún sigue estructurado y conformado a un nivel muy inferior a la luz recibida. Por esta razón Dios nos habló hace unos años de “desacampar”. Y, el año pasado, nos llamó a ser coherentes. Sí, la renovación de nuestro entendimiento debe producir en nosotros transformación. Y la transformación, plasmarse en una nuevo estilo de vida, tanto en lo personal, como en la familia, como en lo que hace a la comunidad eclesial.

(Extracto del mensaje “Coherencia” compartido por el autor en el Retiro de
Pastores, O`Higgins, Bs. As., del 19 al 22 de otubre de 1989)

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...