PROCLAMA (kerigma) y DOCTRINA (didaké)


La palabra de Dios nos llega en dos modos diferentes: como proclama de la verdad, y como doctrina o enseñanza. La proclama revela a Cristo y apela a la fe. 
La doctrina, que consiste en mandamientos, revela la voluntad de Dios y apela a la obediencia. Ambas, indispensables para nuestra edificación, constituyen un cuerpo concreto de verdades y mandamientos que debemos conocer, creer, vivir y enseñar.
Las sagradas escrituras son los registros fidedignos y divinamente .L4ínsptrados de la historia de la salvación. Pero es conveniente entender que en la palabra universal y eterna de Dios existen dos enfoques que haremos bien en distinguir, a fin de que esa palabra nos conduzca efectivamente al propósito eterno de Dios. Un estudio serio de la Biblia nos muestra estos dos enfoques, o Ingredientes complementarios, que son: PROCLAMA (kerigma) y DOCTRINA o enseñanza (didaké). En este estudio examinaremos el significado y la función de estos dos componentes de la palabra de Dios. Las palabras usadas en el idioma original (griego)del Nuevo Testamento Para Proclama Y doctrina tienen un sentido
más amplio que las que han sido usadas para traducirlas al idioma castellano.
Por lo tanto, debemos entender su significado original, antes de Proseguir con nuestro estudio.

1. LA PROCLAMA: BUENAS NOTICIAS

La palabra griega para proclama es kerigma. Es traducida, generalmente, por predicación, pero significa más que la declaración, o sea, la acción de predicar la verdad. Es la misma verdad, el contenido del mensaje, como también el anuncio (véase Romanos 16:25; 1° Corintios 1:21; 2:4; Tito 1:3). Por eso, usamos la palabra proclama, ya que tiene los dos sentidos. Su significado incluye los siguientes elementos:

1) El kerigma apostólico es la proclama de la verdad del HECHO DE CRISTO. Esta expresión “el hecho de Cristo” se refiere ala totalidad de lo que Implicó el acontecimiento de la venida de Cristo, su persona, su obra y sus palabras, su muerte, su resurrección, su exaltación, la venida del Espíritu Santo y la creación del pueblo de Dios, la Iglesia. Este hecho de Cristo incluye tanto el hecho histórico, como también el hecho y contenido espiritual, revelado a los apóstoles (véase Hechos 2:22—36; 1º Corintios 15:1—4; Filipenses 2:5—11).

2) El kerigma es la proclamación con autoridad y unción del gran hecho de Cristo presente y activo entre los hombres, para conducir a los que creen a su salvación y transformación. El kerigma es una irrupción del Espíritu, un fenómeno de operación sobrenatural. En ella hay espíritu (pneuma) y poder (dúnamis). El proclamador no debe ser un repetidor mecánico del mensaje, sino un hombre que arda por el Espíritu y hable por el testimonio del Espíritu en su Interior (la Corintios 2:4; Juan 15:26; Hebreos 1:1—3).

3) El kerigma apela a la fe, pues proclama la verdad viva y poderosa. Esa verdad es Cristo. Cuando alguien oye la verdad con fe, en realidad está recibiendo a Cristo por el “oír con fe” (Gálatas 3:2, 5; Romanos 10:17). El kerigma provoca e insufla fe, gracia, experiencia de vida espiritual. Proclama que todo lo necesario para nuestra salvación fue realizado por la muerte y resurrección de Jesús. El que oye con fe, participa de lo hecho y lo experimenta en su propia vida. Esta es la dinámica del kerigma. “Agradó a Dios salvar a los que creen por la locura del kerigma” 1a Corintios 1:18, 21). Es “locura” porque no entra por la razón.

4) El kerigma es equivalente al evangelio (buenas noticias). Por lo tanto, debe ser proclamado como noticia. No se discute. No es polémica. No se negocia. No se modifica. El contenido es siempre el mismo, pero el estilo de su presentación o el ángulo desde donde es enfocado puede variar, para que en cada situación o contexto sea noticia (Lucas 4:16—21; Hechos 2:14—36; 3:12—26; 5:42; 16:13—15).

2. DOCTRINA: ENSEÑANZA

La palabra griega traducida doctrina en el Nuevo Testamento es didaké. Significa
enseñanza, instrucción. Su contenido consiste en mandamientos que revelan la voluntad de Dios (véase Mateo 7:28; Marcos 12:38; Juan 7:16; Hechos 2:42; 5:28; 1º Corintios 14:26). El propósito de Dios es conformar la vida de cada discípulo cristiano a la Imagen de Cristo, y formar una familia, un pueblo, de todos los discípulos. El elemento básico para esta edificación y formación es la enseñanza de la palabra de Dios. Consideremos algunos detalles acerca de su significado y funcionamiento:

1) Su tono es generalmente imperativo, pues Cristo es nuestro Señor y Maestro. Sus enseñanzas no son sugerencias o consejos: son mandamientos. Estamos bajo autoridad. La didaké o doctrina apela a la obediencia. Establece en forma práctica y concreta el reino de Dios sobre nuestras vidas. El que oye la palabra de Dios y no la hace edifica sobre la arena (Mateo 7:21—29).

2) Es un cuerpo definido y completo de enseñanzas. No es interminable (véase Hechos
20:27; Mateo 28:20). Es simple y clara. Por ejemplo: “Hijos, obedeced a vuestros padres”; “Bendecid a los que os maldicen”; “El que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio”.

3) Ordena la relación profunda del hombre con Dios y con su prójimo de una manera total: “Amarás al Señor tu Dios con todo...”; “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres”. Abarca todas las áreas de nuestra vida: trabajo, familia, sexo, carácter, dinero, adoración, servicio, etc.

4) Es Cristo céntrica, pues Cristo es la fuente de donde proviene toda doctrina y también el ejemplo de toda su orientación. El objetivo de toda la enseñanza, mediante sus instrucciones y mandamientos, es hacernos semejantes a Jesús.

5) Es inmutable. Su contenido no puede ser modificado, disminuido o aumentado: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).

6) Es universal. Sus mandamientos revelan la voluntad de Dios para todos los hombres de todas las generaciones (Mateo 28:19,20).

7) Es necesario conocerla, obedecerla y encarnarla (Romanos6:17). Es necesario recordarla y ser renovado en ella mediante la repetición (2~ Pedro 1:12 15).

8) Es la base para toda amonestación, reprensión y disciplina en la iglesia: “Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2º Timoteo 4:2).

3. RELACIÓN ENTRE LA PROCLAMA Y LA DOCTRINA

En la práctica, estos dos elementos van siempre juntos: la proclama (kerigma) y la doctrina (didaké). Asimismo, podemos hablar de la verdad que creemos los mandamientos que obedecemos. En su conjunto constituyen la esencia de la palabra de Dios. Es como la aguja y el hilo que deben estar juntos para coser. El kerigma (aguja) penetra y la didaké (hilo) consolida.
¿Por qué los mandamientos suelen rebotar frecuentemente? ¿Por qué pesan tan poco la voluntad y los mandamientos de Dios en la vida de muchos creyentes? No todos dicen con el apóstol Juan: “Sus mandamientos no son gravosos” (1º Juan 5:3).
El elemento clave es la FE. Veamos cómo funciona. La doctrina brota del kerigma.
Canaliza la fe en obediencia. El justo vive por la fe, no por obras ni por obediencia. Sin embargo, la fe produce obediencia.
La verdad antecede al mandamiento. La verdad apela a la fe. La fe es el motor que provoca la vida cristiana. Cuando se proclama la VERDAD de Dios, el Espíritu Santo suministra GRACIA a los que creen. Esta gracia es la que hace posible los ajustes y la disciplina en la vida para conformarnos a la voluntad de Dios.
Cuando oigo la verdad con fe, se me hace claro un cuadro confuso, o comienzo a ver de otra manera, y dispongo mi corazón y voluntad para hacer los ajustes indicados. Luego me llega el mandamiento correlativo que me especifica la voluntad de Dios para mí. Con la predisposición de mi voluntad, doy lugar a la verdad mediante el mandamiento especifico. El Espíritu Santo pone en mí la mente de Cristo, y en la medida en que le dejo obrar me va conformando a su imagen.
La verdad eterna siempre deriva en mandamientos específicos y claros. Es necesario proclamar la verdad de modo que penetre. Pero, para que edifique tiene que haber ajustes y disciplina, porque nuestras vidas no se hallan en perfectas condiciones en su estado natural.

4. ¿QUÉ ES UN DISCÍPULO CRISTIANO?

Un discípulo es uno que CREE todo lo que Cristo dice, y HACE todo lo que Cristo manda. Hay que creer la verdad y obedecer la doctrina



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