UN DON DE PURA GRACIA Ivan Baker

DEBEMOS CONOCER LAS MAQUINACIONES DE NUESTRO ENEMIGO.

“No ignoramos sus maquinaciones…”

   “Vivid en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne….”


La presencia real de nuestro Señor, tangible a nuestro espíritu, es mayor que la que podemos percibir con nuestros sentidos humanos.  Aunque lo humano está siempre presente y ningún esfuerzo hace falta para sentirnos, sin embargo, al ser redimidos y tener la presencia de Cristo en nosotros, su presencia será más fuerte que nuestros sentimientos humanos.  Si no fuera así, estaríamos viviendo en la carne y no en el Espíritu.

El sentimiento humano es temporal, pasajero.  El espiritual es permanente y eterno.

Dice el Señor, que el que tiene esta esperanza en él se purifica, a sí mismo, como él también es puro.  Cómo alcanzar, y vivir esa relación divina, santa y eterna? En realidad, no se alcanza, es un don que nos ha sido dado en la pura gracia de nuestra salvación.  Sí, en cambio, tenemos que reconocerla, gloriarnos en ellas, cuidarla, alimentarla, atesorarla, haciendo menguar en nosotros la humana y carnal  y dedicarnos, con toda nuestra alma a fuerzas a esa bendita y celestial relación.  Se nos insta a “crucificar la carne…” “No hacerle caso…y vivir en el Espíritu"

Esta vida nueva nace desde el bautismo. donde morimos a nosotros mismos y vivimos para Cristo.  Así tan sencillo y tremendo.  Pablo dice que esta transacción hace  que hayamos muerto al pecado.  Y siendo así: “¿Cómo viviremos aún en él?”

Nuestro hombre carnal, con sus deseos, debe estar crucificado y subordinado al Espíritu.  Os ruego, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable al Señor.”  Rom. 12.2. Y al hacerlo, estaremos dando lugar a la vida normal de un discípulo.

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