jueves, 21 de julio de 2016

ESPIRITUALIDAD Y TRABAJO Jorge Himitian


Muchos de nosotros en el pasado teníamos un equivocado concepto acerca del trabajo material. Creíamos que existía una dicotomía entre lo material y lo espiritual, lo secular y lo sagrado, lo temporal y lo eterno. Cuando el Espíritu Santo abrió nuestros ojos y comprendimos el reino de Dios, esa división desapareció. Hoy entendemos que lo material es expresión de lo espiritual: “Los cielos (material) cuentan la gloria de Dios (espiritual)”.
Para el cristiano todo es sagrado. Limpiar la casa es tan espiritual como orar, trabajar para ganar el sustento diario es tan sagrado como predicar. Lo eterno se construye en lo temporal; en el tiempo y el espacio construimos nuestra realidad eterna.
Por eso la actitud y el comportamiento del hombre frente al trabajo es esencial para conocer su verdadera estatura espiritual. La conducta de una persona en el trabajo revela mucho más su carácter que su comportamiento en una reunión.
Por otro lado se ha presentado a muchos, especialmente a los jóvenes, una disyuntiva equivocada: ¿A qué me dedico? ¿Al trabajo secular o a la obra de Dios? En la Biblia no se observa que los apóstoles hicieran llamados de esta índole en las primitivas comunidades; no se sometía a los discípulos a esta disyuntiva, sino más bien se enseñaba que cada uno debía ocuparse de sus trabajos y negocios. Y, cuando tenían que establecer pastores en las comunidades, no los buscaban entre los jovencitos recién graduados de los “seminarios”, sino entre los hombres formados que tenían oficios, familias y que, habiendo demostrado un buen desempeño en sus vidas, hogares y trabajos, ahora podían enseñar e instruir a los demás con la Palabra de Dios. Aún más, el ser constituido como pastor no significaba necesariamente que debían abandonar sus trabajos materiales. Cuando las actividades de la iglesia lo requieran y haya fondos suficientes para mantener económicamente a los pastores, recién entonces pueden dedicarse completamente al trabajo ministerial.

Principios bíblicos sobre el trabajo

Dios trabajó en la creación durante seis días (Génesis 2.2-3).
El hombre fue creado a imagen de Dios (Génesis 1.26-28). Por lo tanto hemos sido hechos para trabajar seis días a la semana. El trabajo no denigra al hombre, sino que lo dignifica y lo ayuda a ser forjado a la imagen de Dios. El ocio y la pereza corrompen al hombre.
El trabajar es anterior a la caída del hombre (Génesis 1.28; 2.15). Algunos creen equivocadamente que el trabajo es una maldición que Dios estableció para el hombre como resultado del pecado.
Trabajar es uno de los diez mandamientos que revelan la voluntad de Dios para todos los hombres:“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios”, (Éxodo 20.9-11).
Hasta los 30 años Jesús trabajó con su padre. Se lo llamaba “el hijo del carpintero” (Mateo 13.55) y “el carpintero” (Marcos 6.3). Él con su ejemplo dignificó y santificó el trabajo manual.
Pablo siendo apóstol muchas veces desarrolló su ministerio trabajando simultáneamente con sus manos (Hechos 18.3; 20.34-35).
El trabajar materialmente era parte importante de la doctrina apostólica (Efesios 4.28; 1 Tesalonicenses 4.11-12; 2 Tesalonicenses 3.7-12).
La pereza, el ocio y la negligencia son fallas muy serias en la vida de un cristiano (Eclesiastés 10.18; Proverbios 6.6-11).
Es inadmisible que un cristiano tenga el ideal egoísta del hombre inconverso: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, como, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio”, (Lucas 12.19-20a).
Tres leyes que debemos tener en cuenta en relación al trabajo
La ley natural de compensación. “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” , (2 Tesalonicenses 3.6-15). El que trabaja poco tendrá poco, el que se esfuerza más progresará más. En condiciones justas cada uno recibirá lo proporcional a su trabajo.
La ley de la fe. Mateo 6.25-34. En general, podemos decir que la voluntad de Dios es que prosperemos (3 Juan 1.2). Pero es necesario que opere la ley de la fe. “Pedid y se os dará” (Mateo 7.7). “Conforme a tu fe te será hecho”. No solo debemos trabajar, sino también creer que Dios nos proveerá y prosperará.
La ley del amor. 2 Corintios 8.9; Efesios 4.28. El fruto de la prosperidad no se debe invertir egoístamente, solo para nosotros, sino para compartir con el que padece necesidad. “La abundancia vuestra supla la escasez de ellos”  (2 Corintios 8.14-15; Proverbios 11.24-25).
La ética cristiana del trabajo
Efesios 6.5-9; Colosenses 3.22-41; 1 Timoteo 6.1-2; Tito 2.9-10; Levítico 19.3. Estos pasajes nos señalan cuál ha de ser el comportamiento del cristiano en el trabajo según la tarea que desempeñe.

 Para el empleado:

Obediencia y no rebelión.
Respeto y no insolencia.
Lealtad (no sirviendo al ojo), y no traición o engaño.
Diligencia (de corazón), y no negligencia o desgano.
Calidad (como para el Señor) y no mediocridad.
Para el patrón:
Tratar a sus empleados con justicia y rectitud.
Sin amenazas.
Sin opresión.
Pagos justos y sin demora.

 ¿Cuál es el propósito del trabajo?

Tener qué comer (2 Tesalonicenses 3.12).
Contar con lo necesario para vivir honradamente (1 Tesalonicenses 4.11-12).
Proveer para la familia (1 Timoteo 5.8).
Compartir con el que padece necesidad (Efesios 4.28).
Prosperar (Proverbios 12.11, 24; 13.4, 11).
Ser fieles en ofrendar y diezmar al Señor. (2 Corintios 9.6-7; Malaquías 3.10).
Cooperar con Dios en señorear, cuidar y embellecer su creación (Génesis 1.28).

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...