Ir al contenido principal

ESPIRITUALIDAD PASTORAL: IDENTIDAD Y LLAMADO



Comunión Apostólica Internacional (A.F.I.)

Centro El Escorial  Madrid,10 al 12 Mayo  2016 Encuentro de Pastores: “LLAMADOS A SER PASTORES”

EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

En una sociedad rural como la del tiempo de los patriarcas, y dada la preponderancia de las tareas agropecuarias en esa época, el oficio de pastor era bastante común. Muchos de los personajes bíblicos que conocemos fueron pastores: Abel, Abraham, Lot, Isaac, Jacob y sus doce hijos, Moisés, David.
Dios se comunicaba con su pueblo en un lenguaje y con metáforas bien conocidos por ellos. Los profetas se referían a Dios como el pastor de su pueblo.
Jacob, al bendecir a su hijo José, le dice que sus manos se fortalecieron “por la manos del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor, la Roca de Israel” (Génesis 49.24).
Quizás el Salmo más conocido de la Biblia sea el 23, en el que David comienza proclamando: “Jehová es mi pastor; nada me faltara…”
El salmista Asaf, al rogar por la restauración de Israel en el Salmo 80, invoca así a Dios: 
“Oh Pastor de Israel, escucha; tu que pastoreas como a ovejas a José, 
que estás entre querubines, resplandece…”

Una de las mejores invitaciones a la adoración es el Salmo 95. 
Los versículos 6 y 7 dicen:

“Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano”. 

Y algo muy similar se repite en el Salmo 100.
Uno de los pasajes más hermosos acerca del amoroso cuidado de Dios por su pueblo, está en Isaías 40.11: 
“Como pastor apacentará su rebaño, en sus brazos llevará los corderos, 
y en su seno las llevará; pastoreará suavemente las recién paridas”.

Dios delegó esta función de pastoreo en los líderes del pueblo. 
Moisés fue verdadero pastor de un pueblo con más de dos millones de personas durante 40 años en el desierto. Y ante la cercanía de su muerte, le pidió al Señor que pusiera “un varón sobre la congregación… para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor”(Números 27.16-17).  Y Dios le instruyó que pusiera como su sucesor a Josué. 
Asaf hace una mención muy preciosa de David:
Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; 
De traslas paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, 
y a Israel su heredad.Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos(Salmo 78.70-72).

Los sacerdotes, profetas y ancianos de Israel eran los responsables de pastorear al pueblo de Dios. Pero cuando ellos fueron infieles al Señor y a su noble función, Dios se indignó con ellos y le dijo cosas muy fuertes:
Jeremías 2.8: “Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? Y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha”.
Jeremías 10.21: “Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová; por tanto, no prosperaron, y todo su ganado se esparció”.
Jeremías 23.1: “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!,dice Jehová”.
Jeremías 50.6: “Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en collado, y se olvidaron de sus rediles”.
El pasaje más duro en el Antiguo Testamento contra los pastores está en Ezequiel 34. Pero en ese mismo capítulo hay un gran mensaje de esperanza.
1-6: Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. 
No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. 
Y andan errantes por falta de pastor,y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. 

Y en este mismo capítulo está la buena noticia:

11-16:Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. 
Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. 
En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. 
Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. 
Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia. 

En esta gloriosa promesa Jehová el Señor asegura que él mismo vendrá personalmente a buscar sus ovejas, reconocerlas, librarlas, sacarlas, juntarlas, apacentarlas con buenos y suculentos pastos, y darles aprisco.

EN EL NUEVO TESTAMENTO

Mateo en el comienzo de su evangelio transcribe parte de la profecía de Miqueas 5.2-4, sobre el nacimiento del Mesías:
Y tú Belén, de la tierra de Judá, no eres pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”(Mat. 2.6).
Pero resulta evidente que el pasaje más revelador sobre el cumplimiento de la profecía de Ezequiel 34 es Juan capítulo 10, con las palabras del mismo Jesús:
11-16: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 
Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 
También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

27-30:Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,y yo les doy vida eterna; 
y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. 

Hebreos 13.20: Se refiere a Jesús como “el gran pastor (en griego,mega poimen) de las ovejas”.

Pedro, en su 1ª Epístola capítulo 2.25, les dice a sus destinatarios: “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”.

Y en el capítulo 5 de la misma epístola, versículo 4, dirigiéndose a los presbíteros de la iglesia, les dice: “Y cuando aparezca el príncipe de los pastores”… (en griego,arquipoimen = el pastor principal).

No hay ninguna duda de que la iglesia tiene un solo pastor: Jesucristo.

Pero ese único pastor de la iglesia universal, después de su resurrección y antes de irse al Padre, buscó nuevamente a Pedro quien, decepcionado de sí mismo por haber negado al Señor, se había vuelto a su antiguo oficio de pescador junto con otros seis condiscípulos. Jesús le encomendó en forma reiterada la tarea de pastorear sus ovejas. 

Juan cierra su evangelio con esta conmovedora y aleccionadora narración. 
Juan 21.1-17(NVI):

Después de esto Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos, junto al lago de Tiberíades. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (al que apodaban el Gemelo), Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos.
 —Me voy a pescar —dijo Simón Pedro.
—Nos vamos contigo —contestaron ellos.
Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.
 Al despuntar el alba Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.
 —Muchachos, ¿no tienen algo de comer? —les preguntó Jesús.
—No —respondieron ellos.
 —Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo.
Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.
—¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.
Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla. Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima, y un pan.
 —Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús.
 Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.
 —Vengan a desayunar —les dijo Jesús.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor.  Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado.  Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.
—Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.
 Y volvió a preguntarle:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
—Cuida de mis ovejas.
 Por tercera vez Jesús le preguntó:
—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo:
—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.
—Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.

La primera vez Jesús llamó a Simón y a Andrés a ser “pescadores de hombres”; esta segunda vez llamó a Simón Pedro a ser “pastor de hombres”. La primera tiene que ver más con la evangelización, y la segunda, con el cuidado, la alimentación y la edificación de los discípulos del Señor.

Aunque aquí el Señor se refiere especialmente a Pedro, el resto del Nuevo Testamento nos muestra que este llamado a apacentar las ovejas del Señor no fue un ministerio exclusivamente encargado a Pedro sino a todos los apóstoles y presbíteros de la iglesia.

De este modo, Jesucristo delega su tarea pastoral a los doce apóstoles; 
y posteriormente, también a los nuevos apóstoles y presbíteros

EL MINISTERIO PASTORAL 

Los apóstoles fueron llamados a evangelizar, pastorear, cuidar, alimentar, edificar la iglesia. Primero en Jerusalén; y luego a hacer lo mismo en el ámbito translocal.  

Como ellos eran pioneros en cuanto a plantar y levantar iglesias en diferentes localidades y regiones, una parte importante de su ministerio apostólico consistía en formar y establecer ancianos (presbíteros) en cada localidad para que ellos apacentaran la grey del Señor en sus respectivas ciudades.

Hechos 14.23: “Y constituyeron ancianos (presbíteros) en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”. 

Pablo les dice a los ancianos de la iglesia de Éfeso en Hechos 20.17:

“Por lo tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su sangre”. (Hechos 20.28).

Algunas consideraciones sobre el ministerio pastoral:

La palabra pastor, en griego poimen, es usada en la versión griega del Nuevo Testamento 19 veces:
4 veces en forma literal, referida a los pastores de ovejas (Lucas 2)
5 veces en forma alegórica 
6 veces en Juan 10, en las que Jesús se refiere a sí mismo como el buen pastor
3 veces en forma directa con referencia a Jesucristo (Hebreos 23.20; 1 Pedro 2.25; 5.4)
Es interesante que se use solo una vez el sustantivo pastor en el griego para referirse a otra persona fuera de Jesucristo. 

Esa única vez es Efesios 4.11. Y allí va acompañado por la palabra “maestro”.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; 
a otros, profetas; 
a otros, evangelistas; 
a otros, pastores y maestros”

Generalmente se habla de los cinco ministerios de Efesios 4, pero si observamos con atención, veremos que el texto no dice: “… a otros, pastores; y a otros maestros”; sino “… a otros, pastores y maestros”.

Por esta y otras razones que ya señalaré, a mi entender, no son cinco ministerios sino cuatro.

Lo confirma el pasaje paralelo a este de 1 Corintios 12.28: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, después los que hacen milagros…” 

Aquí Pablo omite la palabra “pastor”, y solo usa el término que define el ministerio equivalente al de “pastor”, que es el de “maestro”. 

Pastor es un término alegórico, su contraparte son las ovejas. 
Maestro es el término literal, su contraparte son los discípulos.
En mi comprensión, pastor y maestro es el mismo ministerio.

Además, cuando Pablo en 1 Timoteo 3 instruye a su colaborador acerca de los requisitos que deben tener los que sean reconocidos como obispos o presbíteros, uno de esos requisitos es que sea “apto para enseñar” (en griego, didaktikós) que es el don que habilita para ser un didaskalós (maestro).

Algo similar dice en Tito 1.9: “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”.

NUESTRA IDENTIFICACIÓN CON CRISTO

Jesús es el único pastor de la iglesia en términos absolutos. Las ovejas son de él, por creación y por redención. Él es el único Pastor-Maestro. Jesús fue claro con sus apóstoles al decirles que no fueran como lo líderes de su época, que amaban los primeros asientos y que los hombres los llamaran Rabí, Rabí, “porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23.6-12).

Nuestro ministerio pastoral depende de nuestra identificación con Cristo. Pablo declara: “Ya no vivo yo, más Cristo vive en mí…” (Gál. 2.20). Cristo quiere seguir pastoreando personalmente a cada una de sus ovejas a través de nosotros. No somos nosotros los que pastoreamos, es él en nosotros. Él en nosotros es el que ama, consuela, enseña, protege, liberta, sana, busca, discipula, reprende, corrige, ayuda, tiene compasión, ora, intercede, lucha. Pablo dijo: “Trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1.29).

El fundamento del llamado pastoral consiste en negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz, renunciar a vivir para nosotros, y consagrar nuestra vida por amor y gratitud a Cristo para servirlo buscando a los perdidos y pastoreándolos por medio la gracia de Cristo en nosotros. 

LA VERDADERA MOTIVACIÓN

No importa lo que hayas pasado. No importa si los hermanos que hayas pastoreado o tratado de pastorear te cuestionaron y te decepcionaron. No importa si estás decepcionado de ti mismo.

Hoy Jesús está aquí y te vuelve a preguntar insistentemente, como a Pedro: ¿Me amas? No hay otra pregunta. Esta es la única. Y él espera de cada uno de nosotros una respuesta. Casi la exige. Debemos responderle. Necesitamos hacerlo en un clima de cordialidad y amistad, de quietud y profundidad, de sinceridad y confianza.

Pedro ¿qué vas a hacer con tu vida? Si me amas, apacienta mis ovejas. Pastorea mis corderos. No te vuelvas a tu antiguo oficio. Si me amas, dedícate al ministerio pastoral.

EL ESTILO DE UN SANO MINISTERIO PASTORAL

Muchos años después, Pedro, apóstol de Jesucristo, les escribe a los pastores de los expatriados de la dispersión que se encontraban en diferentes regiones. 

Ruego a los ancianos (presbíteros) que están entre vosotros, yo anciano (presbítero) también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: 
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, 
cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; 
no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 
no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, 
sino siendo ejemplos de la grey. 
Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5.1-4)

Este es un pasaje encantador y muy esclarecedor del estilo correcto del ministerio pastoral. Observemos algunos detalles importantes:

Ruego a los ancianos…  Como autoridad apostólica sobre los ancianos podría decir mando, ordeno, pero prefiere el tono fraterno, humilde y amable. Se logran así mejores resultados.
No dice: a los ancianos que están sobre vosotros, sino entre vosotros. No se
trata de una jerarquía, ni de un lugar de superioridad. No sobre sino al lado, como quienes están junto a ellos.

Yo anciano también con ellos… Pedro era un apóstol, pero se ponía a la par de los presbíteros.

La grey es de Dios, no de los pastores.

La función pastoral es apacentar, cuidar, no por fuerza (no compulsivamente), sino de buena gana, con amor, con entusiasmo, voluntariamente.

No por interés de lucro, sino con ánimo pronto, de corazón

No como dueños y amos de la grey. Sin autoritarismos. La verdadera autoridad se establece por el ejemplo de una vida santa.

Recibiremos nuestra recompensa cuando nos encontremos conel Pastor Principal. “Recibiréis la corona incorruptible de gloria” ¡Aleluya!

¿CÓMO SABER SI TENEMOS EL DON Y EL LLAMADO PASTORAL?

Por el desarrollo normal de tu servicio a Dios.

Todos hemos sido llamados a servir al Señor, a evangelizar, a hacer discípulos, a tener hijos espirituales, a cuidar de ellos y edificarlos en el Señor. Pero si al hacerlo notas que se va manifestando una gracia mayor en cuanto a ganar a otros, enseñarles la Palabra y formar sus vidas; o sientes carga por cuidar de los hermanos más nuevos en el Señor; o ves que creces en la revelación de la Palabra y en la gracia para aconsejar y guiar a otros; o percibes crecimiento en tu estatura espiritual: al darse estas cosas, es muy probable que sea porque tienes el don ministerial de un pastor-maestro.

Por alguna experiencia personal en tu encuentro con Dios. 

Tal vez un llamado específico, una palabra, una revelación, una carga que no te deja y que crece, y la convicción del Espíritu Santo dentro de tu corazón.

Por la confirmación del cuerpo de Cristo.

Principalmente por el testimonio de los hermanos mayores en el Señor, los pastores. También de los compañeros en el ministerio, yde la congregación. La confirmación puede venir por alguna palabra profética. Mejor si es por boca de dos o tres testigos.

Por la necesidad.

La necesidad de otros, de la congregación. Las ovejas necesitan pastor. Por circunstancias especiales bajo la soberanía de Dios.

Por reunir los requisitos de carácter y el don para el ministerio pastoral.

Pablo los señala en 1 Timoteo 3. 1-7 y en  Tito 1.5-9.

Generalmente se dan casi todos estos factores en forma concurrente.

Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

Cada monte en las escrituras representa una experiencia espiritual, un momento y una circunstancia que vive el cristiano. Los montes son significativos y a través de ellos veremos donde nos encontramos, cuales todavía no hemos transitado para seguir en el proceso de crecimiento en nuestra vida.
EL SIGNIFICADO DE LOS MONTES

GÓLGOTAMonte de la renuncia y muerte del “yo Mateo 27:33 Se trataba de una ligera elevación de la tierra con la forma de un cráneo fue del recinto de la ciudad de Jerusalén. Calvario es el nombre latino. Fue ahí donde nuestro Señor fue crucificado y todos nosotros morimos con él. -Todo aquel que quiera venir a Cristo Jesús deberá pasar por el monte calvario, renunciar a todo y darle muerte al “yo” -Este monte es el más esquivado, más olvidado en el cual nadie quiere transitar, pero es el primero. -Si no pasamos por él seguimos tan terrenales y superficiales como antes, no se producen cambios provechosos en mi vida espiritual. Es exponerse a la vergüenza, al menosprecio…

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

Los viajes en crucero se han convertido en uno de los atractivos turísticos de hoy. Hay una gran demanda para pasear en estos hermosos barcos. ¿A quién no le gustaría navegar en ellos con todo el confort que tienen y la última tecnología? Quisiera hablar de:
EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LAS ESCRITURAS”
En la Palabra de Dios encontramos otros términos para referirse a barco: “barca” o “nave” (en ese tiempo los barcos eran las únicas naves)
I- BARCOS DE LOS QUE DEBEMOS BAJAR URGENTE
1. El barco de la desilusión
Juan 21:3 “Dijo Simón: Voy a pescar y ellos dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no pescaron nada”
Los discípulos estaban desilusionados, el maestro había muerto y el proyecto de reino abandonado. Pedro volvió a su oficio de pescador y los otros lo siguieron. ¿Qué es desilusión? Desengaño, decepción, desencanto. Impresión que se experimenta cuando alguna cosa no responde a las expectativas que se habían creado. Pérdida de la ilusi…

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ

                                                                                   13 de Noviembre 2010 San Nicolás  
Un motor es una máquina formada por un conjunto de piezas o mecanismos fijos y móviles, cuya función principal es transformar la energía química en energía mecánica o movimiento.    Cuando ocurre esa transformación de energía química en mecánica se puede realizar un trabajo útil como, por ejemplo, mover un vehículo automotor como un coche o automóvil, o cualquier otro mecanismo, como pudiera ser un generador de corriente eléctrica.    En cualquier artefacto el motor es fundamental, sin él no funciona. De que vale tener un automóvil nuevo sin motor.   El Espíritu Santo es el motor del discípulo. La persona del E.S. nos fue dada para entrar y ver el reino de Dios. Para transitar el camino y poder llegar a la meta. Es decir que el P.C.M. no puede ser experimentado sin el E.S.    Quisiera hablarles de: 9 BENEFICIOS DEL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO
Por supuesto que son inconta…