lunes, 23 de mayo de 2016

¿QUIEN FUE A.W.TOZER?


El día de Pentecostés, el apóstol Pedro predicó el sermón que dio comienzo a la iglesia del Nuevo Testamento. Hizo una invitación—la primera de esta clase de cristianismo del Nuevo Testamento. Era una cita del profeta Joel que decía, “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hch 2.21). No se nos da el manuscrito completo del sermón—Lucas, el escritor de Hechos, siguió exhortando a su audiencia para ser salva—literalmente rescatada—de esta perversa generación (Hch 2.40). Lucas agrega que 3000 personas creyeron que el hombre que crucificaron resucitó de los muertos y no era otro que el Señor soberano (Hch 2.36). 
Esa misma invitación se le hizo a un niño campesino 1900 años más tarde. El niño se llamaba Aiden Wilson Tozer. Aiden nació el 21 de abril de 1897 [en pocos días hará 119 años], en una pequeña comunidad rural al oeste de Pennsylvania. Su familia era extremadamente pobre y luchaba por llegar a fin de mes. Cuando tenía 15 años la familia se mudó a Akron, Ohio donde se empleó en la industria de neumáticos para automotor. Una tarde de 1912 al salir de la empresa Goodyear camino a casa escuchó ocasionalmente a un predicador callejero que exhortaba a una multitud a ser salva. Tozer sabía bastante del evangelio—y en ese momento fue convicto por el Espíritu Santo. Llegó a casa y subió al ático donde cayó en sus rodillas y pidió que Dios le salvara. Supo de inmediato que era una nueva persona. Supo, por intuición, que los cristianos eran diferentes a todos.
Años después escribía, “¿Quieres convivir con el hecho de que como cristiano eres un bicho raro? ¡Sientes el amor de alguien que nunca has visto; hablas diariamente con alguien que no puedes ver y esperas ir al cielo porque alguien hizo algo por ti! ¿Qué más raro se puede ser?” (1)
Así empezó la vida cristiana de A. W. Tozer…no solo estuvo desfasado con el mundo, sino que tampoco danzaba al son de la música del estilo de vida evangélica tampoco. Siete años después, a los 24 años y sin ningún tipo de entrenamiento formal, comenzó su ministerio que duró 44 años como pastor. Luchó con unos pulmones débiles y con una voz, que según él mismo era nasal. Su biógrafo, James Snyder escribió, “Típico de Tozer, fue a una librería y compró un libro sobre entrenamiento vocal. En su oficina había una copia del Paraíso Perdido de John Milton que él leía en voz alta. Lo leyó 4 veces para fortalecer su voz y aprender a controlarla. Llevaba globos en su maletín para ayudarse a fortalecer sus pulmones.” (2)

No lo hacía por vanidad…tenía una pasión profunda por comunicar el mensaje de Dios lo mejor posible. Francamente no le importaba lo que la gente pensara de él—simplemente quería predicar la verdad. En los comentarios biográficos de Warren Wiersbe sobre Tozer dice, “escuché predica a Tozer muchas veces—y era tan seguro como abrir la puerta de un horno.” (3)
Tozer podía predicar en cualquier lado…las denominaciones no significaban nada para él—en lugar de eso él se identificaba con la comunidad de los corazones ardientes. Y era descaradamente crítico con autores cristianos; por ejemplo una vez leyó un libro cristiano y comentó que le había sido de tanto beneficio espiritual como afeitarse con una banana. El autor nunca se olvidó de él. Treinta años de su ministerio los pasó en Chicago, en la iglesia Southside de la Alianza Cristiana—una iglesia que creció de 80 personas a casi 1000. Luego fue elegido editor de la “Revista Misionera y Alianza”—luego rebautizada “Alianza Semanal.”
Su primer artículo apareció el 3 de junio de 1950. Esos artículos desafiaban el status quo de la iglesia evangélica. En su primer editorial escribió: “Habrá un costo al caminar despacio en el desfile de las edades mientras los hombres entusiasmados se apresuran confundiendo moverse con progresar.” (4)
A través de los 44 años de ministerio, en forma consistente les pidió a la Iglesia y a los cristianos una nueva reforma.
Advirtió a la iglesia de su declive espiritual. Por ejemplo, escribió, “A no ser que tengamos una reforma, todos nuestros libros, y todos nuestros seminarios y nuestras revistas son solamente la obra de una bacteria en la iglesia decadente.”
Si pudieras resumir la pasión de A.W.Tozer, el versículo que citó al comienzo de uno de sus más famosos libros  sirve como su versículo de cabecera. Escribió en Colosenses 3.1-3 “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
Ver a Cristo exaltado, sentado, soberano; ver a Dios en majestad y gloria.
Escribió en su libro “El Conocimiento del Santo”, “Tan necesario a la iglesia es este elevado concepto de Dios que cuando ese concepto decae, la iglesia con su adoración y sus estándares morales también declina. La iglesia desciende el primer escalón cuando claudica su alta estima de Dios. Y hacemos el más grande servicio a la próxima generación pasándoles un concepto de Dios no empequeñecido.” (5)
Vendió varios millones de copias de sus libros, y todo el dinero lo gastó. Eso creó problemas en la familia.
Tozer ofendía a otros que no tuvieran esa visión exaltada de Cristo. Escribía que mucho de lo que pasaba como cristianismo del Nuevo Testamento era poco más que verdades endulzadas con un poco de música, hechos digeribles a través del entretenimiento religioso.
Una vez ofendió a una iglesia de la Santidad a la cual le habían invitado. Antes de hablar, el servicio estuvo repleto con, a su forma de ver, música tonta y otras formas de entretenimiento. Cuando le tocó predicar, se paró y sin ninguna cálida introducción dijo, “¿Qué le pasó a la santidad de Dios, ustedes que se llaman santos?” El sermón que tenía preparado lo guardó y procedió a predicar sobre la santidad de Dios. (6)
Tenga en mente que Tozer estaba desafiando a la iglesia de otra generación—imagine lo que diría de nuestras iglesias hoy.
Al mundo cristiano de 50 años atrás le escribió: “La iglesia se ha vendido a métodos carnales, a filosofías carnales, a puntos de vista carnales, a artilugios carnales y ha perdido la gloria de Dios. Somos una generación hambrienta que nunca ha visto la gloria de Dios”.
Si eso no fue suficientemente doloroso—la crítica de Tozer podía ser más incisivo—“La iglesia de hoy anda cojeando de un truco en otro como un borracho en la niebla”.
No es difícil de creer, que siendo ya mayor, Tozer le diría a un amigo, se ganó que no lo volvieran a invitar a cada púlpito del país.                                                                                                     Pero no era todo crítica…Tozer predicó y escribió dando soluciones bíblicas.

Le escribió a su generación y a la nuestra, “para retomar ese poder perdido, la iglesia debe tener una visión transformadora de Dios—no el Dios utilitario tan popular hoy en día, que para ganar la atención de los hombres tiene que demostrar sus habilidades repartiendo éxitos; el Dios que debemos aprender a conocer es la Majestad en los cielos; el que se sienta en el círculo de la tierra, el que despliega los cielos como una cortina; quien hace relucir la hueste de estrellas y las llama por nombre a través de los grandioso de su poder.” (7) No sé que piensa Ud. pero creo que es uno de los legados más perdurables de Tozer a la iglesia…
Él vivía para que se hiciera realidad el desafío que Pablo le pasó a los colosenses—que Cristo fuera la prioridad de nuestros deseos. Tratando de resumir su legado, hay tres aspectos del ministerio de Tozer que requiere que los oigamos hoy en día. Uno tiene que ver con el tema de la predicación y la enseñanza de la Biblia.
Tozer escribió que la falta de una genuina exposición de las Escrituras es frecuentemente nada más que la falta de voluntad de predicador en meterse en problemas.  Pero Tozer nos recodaría, cuando escribió que los predicadores no son diplomáticos haciendo política—eran profetas llevando un ultimátum. Y eso es—decía—que el propósito de una genuina exposición es la aplicación—la predicación bíblica necesita una reforma moral y teológica. Escribe—y cito—“Nadie es mejor simplemente porque conozca que Dios creó los cielos en el principio. Los demonios lo saben, y Acab y Judas Iscariote. Nadie es mejor porque sabe que Dios ama al mundo y que dio a Su único Hijo en redención. En el infierno hay millones que lo saben. El propósito detrás de la doctrina [y de la predicación]—es tomar una acción moral.” (8)
No es solo el conocimiento bíblico por el conocimiento mismo. De hecho, una vez Tozer agitó su mundo al decir—cito—“El diablo es mejor teólogo que mucho de nosotros, aun así sigue siendo el diablo”. En otras palabras, todo el conocimiento que tiene el diablo, que sería increíble, lo mantiene diablo. Al leer páginas y páginas de la actitud de Tozer hacia el púlpito y el pastorado, es obvio que hoy en día tendría poca paciencia con nuestra predicación que anda saltando de versículo en versículo, esquivando los pasajes difíciles, haciendo piruetas para no tocar temas de doctrina que son divisivos; sumergiendo al analfabetismo bíblico a la congregación; aplaudiendo el conocimiento sin acción, y el cambio y la convicción sin la pureza. Tozer puede decir, “No debemos seleccionar pasajes favoritos excluyendo otros; nada más que una Biblia completa puede hacer a cristiano completo.”

Otro legado es la actitud de Tozer hacia el valor de la música.

No por eso crean que Tozer era un amante de la música sacra, pero era un apasionado del valor de la música. Detestaba los aspectos comerciales y de entretenimiento de la música, pero valoraba la adoración a Dios a través de la música corporativa. Gustaba de la música que exaltaba a Cristo; frecuentemente aconsejaba a los jóvenes que se consiguieran un himnario, pero no cualquiera, sino uno que tuviera 100 años de antigüedad por lo menos. (9)
A través de todo su ministerio, Tozer se arriesgó a ofender a aquellos de su denominación por rehusarse a usar el himnario de la iglesia de la Alianza, prefiriendo los himnarios de los Hermanos porque contenía “aquellos grandes himnos de la fe”. (10) “Si un nuevo creyente pasara un año meditando en los himnos de Isaac Watts y de Carlos Wesley sería un mejor creyente.” (11)
Era algo más que un consejo. Coleccionaba himnarios y se lo veía frecuentemente camino a alguna cita enfrascado en algún himnario. Pasaba horas en sus rodillas con su Biblia y su himnario. Tozer usaba unos pantalones reforzados en sus rodillas debido al tiempo que pasaba orando y meditando la Biblia. Un consejo que daba, “A veces nuestros corazones son extrañamente tozudos y no se ablandan aunque oremos mucho. Una lectura o una canción puede derretir el hielo. Lo digo sin reserva; luego de las sagradas escrituras, el mejor compañero para el alma es la música cristiana”. (12)
Un último legado.
La contribución más crítica de A.W. Tozer fue su punto de vista de Cristo; su habilidad para escribir de tal modo que su visión de Dios era transformadora y podía llevarlo a nuevas alturas.

Tozer escribe en el primer renglón de su clásico libro sobre los atributos de Dios, “Lo que viene a nuestra mente cuando pensamos en Dios es la cosa más importante que pueda decirse de nosotros.” (13)
En una ocasión pasó toda la noche despierto en un viaje que hizo desde Chicago a Texas. Sentado en una pequeña mesa comenzó a escribir. Tozer no cenó; sólo pidió un te y una tostada. Al finalizar el viaje ya tenía el primer borrador de “La Búsqueda de Dios”. Vendería millones de copias. En ese libro nos revela la naturaleza de Dios. Dice por ejemplo, “Dios nunca se sorprende, nunca se maravilla. Nunca se pregunta sobre nada. No necesita información, a no ser que quiera sonsacarle algo a alguien como hizo con Adán en el huerto al preguntarle, “Adán, ¿Dónde estás?”” (14)
“Dios nunca aprendió de nadie. Dios no puede aprender. ¿Podría Dios recibir conocimiento que no hay poseído en la eternidad? Sería menos que Él mismo. Pensar en un Dios que deba sentarse a los pies de un maestro, aunque ese maestro fuere un arcángel, es pensar en otro que no es el Dios Glorioso, creador de los cielos y la tierra. Él conoce sin esfuerzo alguno, todas las cosas, todas las relaciones, todos los deseos, todos los pensamientos, todo los misterios, todo secreto no expresado. ¡¡Dios nunca descubrió nada!!” (15)
Ahora, podemos hacer una pausa de este hombre que obviamente vivía en la cima de la montana de la intimidad con Dios. La verdad es que, como todo lector de biografías sabe, lo más que lees sobre alguien, más descubres lo que debe ser emulado y lo que no.
El apóstol Pablo pudo decir, “Sed imitadores de mi, como yo lo soy de Cristo” (1 Corintios 11.1)
En otras palabras, “no me sigas a mi por el solo imitarme—imítame en tanto y en cuanto me veas imitar a Cristo”. Ningún cristiano de la historia y del presente debe ser presentado como perfecto; hay que humanizar a los hombres, y no endiosarlos. Hay que limpiar los halos de santidad y aparcar los aires de perfección baratos. Tozer nunca buscó los elogios o tributos. Era bien consciente de algunas faltas—y no tanto de otras faltas.
Un autor nos cuenta que Tozer batallaba contra la depresión. No me doy cuenta si estaba, en realidad, peleando con un profundo sentido de la introspección. Siempre parecía sumido en un oscuro y doloroso silencio. (16)
No era raro que viniera a sentarse a la mesa a cenar sin decir palabra—teniendo a todos en silencio.  Luego de las reuniones, Tozer intentaba de eludir a la gente, se colaba a la nursery de la iglesia hasta que todos se fueran. Elogiaba el don de hospitalidad que su esposa tenía, no disfrutaba con tener gente en casa, ni siquiera los parientes de su esposa —una decisión que le trajo quebraderos de cabeza y frustración a ella y a sus hijos. (17)
Ninguno de sus seis hijos varones, salvo su hija menor (Rebeca), nunca se sintieron cercanos a él, y crecieron separados de él por años. Así todo, nunca le guardaron rencor. Una sola vez fueron de vacaciones con su padre, y nunca más quisieron hacerlo porque resultó muy aburrido.
Aunque Tozer ganó miles de dólares con la venta de sus libros, nunca explicó por qué rehusaba que la vida de su esposa e hijos fuera un poco más pasable al comprarse un vehículo. En lugar de eso, todos eran forzados a usar autobuses y trenes, o ir en autos de otras personas. Se aseguró de vivir cerca de la iglesia para que pudieran ir caminando.  Usted podrá imaginarse cuán terrible difícil era su vida hogareña, debido a la extrema frugalidad que soportaba la familia.
Tres años después de aceptar pastorear una iglesia en Canadá—bajo el compromiso que todo lo que haría sería predicar—murió repentinamente de un ataque al corazón. Tenía 66 años.
Cuando Tozer falleció ella se volvió a casar. Cierta vez dijo, “Aiden (Tozer) amaba a Jesús, pero Leonard Odam me ama a mi”. El pastor John Piper comenta que esa afirmación no prueba que haya sido así; no sentirse amado—sigue diciendo Piper—y no ser amado no es lo mismo. El celo que tenía David por Dios no se corresponde con el desprecio que sentía Mical por él. ¿La devoción que tuvo Job por Dios es impropia debido a que su mujer le pidió que lo maldijera y se muriese? ¿Gomer es una testigo confiable de la devoción de Oseas?

El chantaje emocional sucede cuando una persona equipara su dolor emocional con el fracaso de la otra persona para amarla. Una persona puede amar correctamente, pero la otra persona aun siente dolor, y usa ese dolor para chantajear a su pareja, admitiendo una culpa que no siente. Ese tipo de chantaje dice, “Si me siento así, es por ti, entonces tu tienes la culpa”. No conocemos nada de la esposa de Tozer y su dolor. Quiero decir que asumir que por no sentirse amada equivale a que no la amara, eso puede crear esta atmósfera de chantaje. Así y todo, los biógrafos coinciden que Tozer no se ocupó de la familia como debía.
Fue después de morir que su esposa descubrió que había rehusado pagar una pensión. También descubrió que había dado la mitad de sueldo a las iglesias que había pastoreado, y que no cobraba regalías por los millones de libros que había vendido.
Tozer fue la prueba de que es posible ver a Dios en maneras frescas e íntimas, y también es posible perderse de ver la gente que te rodea—aun tu propia familia.
A.W. Tozer esposa El viejo adagio “en casa de herrero…cuchillo de palo” es verdad en la vida de personas tan destacables como A. W. Tozer. Fue un hombre cuya mente y afectos estaban tan enfocados en Cristo que no alcanzó a ver cosas que necesitaban su atención en el mundo puro y duro. La verdad es que muchos somos así, más de lo que admitimos.
Por otra parte, lo opuesto también es verdad. Prestamos tanta atención a las cosas que tenemos, ocupándonos demasiado de nuestros afectos que nunca tenemos tiempo de desear con pasión las cosas de Cristo. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de entregar miles de dólares y forzarnos a ir en autobús con siete niños? No me malinterprete. Pienso que debió comprar un auto. De hecho, una pick up hubiese sido perfecta.

Pero, como dice Warren Wiersbe, Tozer fue en muchos sentidos un hombre que latía al son de un tambor diferente. (18) Un hombre solitario. Dijo eso en su lecho de muerte en un hospital de Canadá, “He llevado una vida solitaria”. Simplemente quería a Dios por encima de todo. Nunca estuvo satisfecho con lo que él era en la búsqueda de la gloria de Dios.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...