SOMOS CONTINUACIÓN NO COMIENZO Editorial

Aquellos que pertenecemos a la familia de congregaciones llamada comunidad cristiana, a quienes nos toca vivir estos días, somos la continuación de un mover del Espíritu Santo que se inició a principios de 1960, es decir algo más de medio siglo. 
Ante esta realidad, quisiera mencionar cuatro cosas que necesitamos atender para que este movimiento espiritual siga siendo tal, y no se convierta en una denominación o tome atajos que lo aparten de su  meta: "Ser una familia de muchos hijos semejantes a Jesús".



1. CONOCER EL PASADO E INTERESARNOS POR LOS ANALES HISTÓRICOS.

El carácter de continuadores de un movimiento nos lleva inexorablemente a mirar y conocer el pasado, los comienzos, los primeros hitos que marcaron este  nuevo y glorioso periodo. 
Para entender la marcha actual de este movimiento, es necesario conocer su historia, en este caso sus raíces, a fin de no tomar caminos equivocados. Esta clase de investigación aporta al discípulo una capacidad de análisis fundamental. 
Si queremos comprender el futuro, estamos obligados a dar una mayor ponderación a aquello que existe desde hace tiempo, en especial a aquellas cosas que han sobrevivido en nuestro medio.
Paul Preston expresó: "Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores" No solamente los triunfos y las glorias de antaño nos ayudan; también se aprende de los yerros.
La compañía y ayuda del Señor desde el génesis de este mover nos da confianza en el presente y esperanza del futuro, más allá de las adversidades propias del camino.

2. APETITO POR LA SABIDURÍA DE NUESTROS ANCIANOS.

Me refiero a la perspectiva de los hermanos mayores, de los precursores del movimiento. Estos días Jorge Himitian volvió a refrescarnos de manera clara y contundente nuestro comienzo. Pero también contamos con otras herramientas: testimonios personales, mensajes de retiros, apuntes, diálogos informales, a los cuales debemos prestarle atención. Tenemos un caudal precioso y abundante. Los líderes primigéneos fueron y son hombres que aman a Dios, conocen su Palabra y poseen una conducta irreprochable, por supuesto sin llegar a ser perfectos. Hombres llenos de flaquezas pero fieles y constantes. 

3. HABER ENTENDIDO MÍNIMAMENTE SU VISIÓN Y ESTRATEGIA.

Hay una manera de entender y hacer la obra del Señor que nos caracteriza. El hacer discípulos, los grupos caseros, la extensión del reino de Dios han sido nuestros blasones, nuestros "puntos fuertes", y todavía sostenemos que en estas tres cosas está la médula de la estrategia, porque más que métodos son principios. Nuestros ancianos (me refiero a los precursores del movimiento) concibieron una filosofía espiritual, una visión de lo alto y esto es lo que los cautivó y motorizó durante toda su vida. Detrás de su estrategia se encuentra un pensamiento o mejor una mentalidad, una forma de ver las cosas y actuar en consecuencia, no como actos aislados, del momento, o productos de la improvisación.

4.  ALTA DOCILIDAD A LOS CAMINOS QUE NOS VA TRAZANDO EL ESPÍRITU SANTO.

¡Esto es fundamental! Cultivar esta actitud nos librará de caer en el error de los fariseos que terminaron recitando dogmas que ni creían ni practicaban. La docilidad al Espíritu no permitirá que terminemos siendo una denominación, Pero cuidado, se demandará de nosotros obediencia, hacer los cambios y ajustes que Él nos indique. Algunas veces habrá que seguir en la recta y, otras, dar un viraje violento para no chocar contra el iceberg de la institución y la tradición.

Año 2016



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