miércoles, 9 de marzo de 2016

UN MOVIMIENTO QUE ARDE POR LOS PERDIDOS Oswald Smith


Debemos tratar por todos los medios de llevar el Evangelio a las personas sin Cristo tanto en nuestro país como en el extranjero en el lapso de tiempo más corto posible. Y, después de todo, esto es lo más importante. Para vivir tenemos que dar. Para recibir tenemos que dar. Por esto fue que Cristo vino, vivió, murió y envió al Espíritu Santo. Esto constituye la tarea suprema de la Iglesia. Para esto existimos. Nuestra principal ocupación la constituye difundir el Evangelio y hacerlo por medio de todos los canales posibles.

Especialmente tenemos que presentarlo a las personas sin Cristo. Despojándonos de egoísmo tenemos que interesarnos igualmente en llevarlo a los países extranjeros así como al campo propio, porque así, siguiendo el programa de nuestro Señor, que es el de predicar el Evangelio “en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14), es como mejor aceleraremos su retorno, ya que Dios visita a los gentiles con el propósito de “tomar de ellos pueblo para su nombre” (Hechos 15:14).

¡Ah, qué visión! ¡Qué llamamiento! ¡Qué obra! ¿Cómo alguien puede hallar defectos en este programa? ¿Hay algún hombre que ame al Señor y que esté por los grandes fundamentos de la fe, que pudiera rehusar unirse cien por ciento a una causa así? ¡Cómo deberíamos de alabar al Señor por un evangelismo sano, verdadero y escritural! Un movimiento ardiendo por las personas, nacido no de los hombres, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

¡Oh, entonces evangelicemos, y mantengámonos así, perpetuamente así, a fin de que los hombres y las mujeres puedan tener una ocasión para oír el Evangelio y ser salvados! Que los pastores, los verdaderos ministros, se den a sí mismos al evangelismo en sus propios púlpitos, y que hagan de sus propias iglesias locales centros evangelísticos, porque Dios bendecirá al evangelismo como no bendecirá ninguna otra cosa más. Él impondrá su sello de aprobación sobre Él para salvación de las personas, y para la restauración de los que se habían apartado, porque el evangelismo es todavía la consigna para el día de hoy.

“Id, id a ganar a los perdidos; evangelizad, sea cual fuere el costo; el Evangelio en toda la tierra predicad; id, este es el mandato del Señor. Evangelizad en cada tribu, a nadie el Evangelio podéis negar; id y relatad cómo Él murió; id, proclamad al Cristo Crucificado”.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...