LA DOCTRINA DEL REINO Jorge Himitian


“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” (Mateo 4:23)

Hay tres verbos aquí que indican la acción del ministerio de Jesús: “enseñando, predicando, sanando”. Enseñanza es la  didaké. Predicación es el kerigma, y sanaba a los enfermos y a los que tenían dolencias. Así que, en cuanto al ministerio de la Palabra, Jesús predicaba y enseñaba. Ya hemos visto, con algunos pasajes, que el tema de su predicación, su anuncio, era el Reino de Dios. ¿Cuál era el tema de su enseñanza? ¿De qué enseñaba Jesús? Aquí tenemos el famoso “Sermón del Monte”, que según me dicen los pastores aquí, es lo que están estudiando en la actualidad. En estos tres capítulos siguientes, cinco, seis y siete, Mateo hace un resumen, una compilación de las enseñanzas principales de Jesús, las enseñanzas básicas. La Iglesia Primitiva tenía estos tres capítulos, que dicen que es la primera parte del evangelio de Mateo que fue escrito, y los consideraba como su primera catequesis. A los discípulos había que enseñarles, no “Puerta, Camino y Meta”, sino el “Sermón del Monte”.

 Claro, ellos no lo llamaban el Sermón del Monte. El título que está ahí no está en el original, eso fue acuñado después por la Sociedad Bíblica. En realidad, se dice Sermón del Monte, pero no es ni sermón, ni importa mucho que sea en el monte ¿Qué nos queda? ¿Por qué se dice del monte? Porque aquí dice, en el vs.1:  “Viendo a la multitud,... subió al monte” ¿Y qué importa? Podía ser en el valle, podía se en la playa, en una casa, en una plaza, el lugar es de lo de menos. A mi me gusta llamarlo, si quieren llamarlo sermón, el Sermón del Reino, porque vamos a ver cual es su tema, de qué está hablando.

Pero dije que no es sermón, porque aquí dice el vs.2: “y abriendo su boca, les enseñaba diciendo...” . Y este verbo enseñaba, en el griego es didaskein, de donde viene la palabra didaké, traducido, en nuestras versiones como doctrina. Si  queremos llamarlo de alguna manera, tendríamos que llamarlo: “La doctrina del Reino”. No es un sermón. No sé, bíblicamente, qué es un sermón, porque en la Biblia hay kerigma y hay didaké. Me gustaría llamarlo la Doctrina del Reino, es decir las enseñanzas del Reino. Miren ustedes, al final, cap.7, vs. 28 y 29, para que vean que no estoy inventando lo que digo, sino que es el fruto del estudio de la Palabra. Y dice así:

“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su didaké (traducido como doctrina); porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.“

Fui cuatro años al Instituto Bíblico , y cuando nos tocaba la materia que se llama “Doctrina”, nos enseñaban Teología Sistemática. Ni en los seminarios hoy saben qué es doctrina. Doctrina no es Teología, no es el credo que decimos: “ Creo en  Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo...”. Eso no es doctrina, bíblicamente hablando, doctrina es didaké, enseñanza, que consiste en mandamientos muy claros y prácticos, que revelan la voluntad de Dios para nosotros. Una vez me dijo un pastor: “Y... ¿cuál es la doctrina de ustedes? Y yo le dije: “Que los hijos obedezcan a los padres”. Me miró como diciendo: “Qué ignorante que es este” y dice: “ Estoy preguntando la doctrina”. Le respondí: “que los maridos sean amables con sus esposas”. Dice “Pero, usted ¿aprendió Teología?”. Le dije: “Sí, usted me está preguntando por la doctrina, no Teología”. Nuestra doctrina es que seamos  ricos en buenas obras, que compartamos el pan con el hambriento. Si alguien nos hiere en una mejilla, que presentemos la otra, porque es esto lo que Jesús enseñó en el Sermón del Monte. 
Cuando terminó Jesús estas palabras, estas “logos” (original griego), la gente se admiraba de su didaké. ¿Por qué? Porque les “didakeaba”, les enseñaba, el verbo es didaskein, como quien tiene autoridad. Porque es el Reino de Dios. Hay autoridad, sus mandamientos no son consejos, exhortaciones; como dicen algunos, sugerencias propuestas. Sus mandamientos son en tono imperativo:
Al que pida, dale.
Amad a vuestros enemigos.
Al que te hiera en una mejilla, preséntale  la otra.   
Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero y reconcíliate.
         
Son mandamientos, la gente se sorprendía porque enseñaba como quién tiene autoridad. ¡Es que ha   llegado el Reino de Dios!

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