lunes, 15 de febrero de 2016

TEMBLAR ANTE LA PALABRA DE DIOS Marcos Moraes


Isaías 66:1-2.

“Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.”

Temblar ante su Palabra

El v. 2 no termina diciendo que Dios mirará a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que lee su palabra… o que estudia su palabra… o que gusta de su palabra. Lo que dice es que Dios mirará a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla ante su palabra.

La Palabra de Dios es la voz del cielo, y nos transmite los pensamientos de Dios, los cuales son más altos que nuestros pensamientos. Y el Señor se agrada con los que, más que leer, estudiar o gustar de la palabra, temen, tiemblan ante ella.

Es la herencia que recibimos de nuestros padres. Hace 30 ó 35 años, ellos recibieron revelación de Dios por medio de la Palabra y del Espíritu Santo. Nosotros debemos ahora hacernos una pregunta: ¿Qué hemos hecho con esta herencia que recibimos? Ocurrieron cosas maravillosas en la vida de aquellos hermanos por medio de la Palabra de Dios. Yo nunca habría imaginado ver a mi padre haciendo lo que hizo, entrando en el camino que él entró. Creo que tuvo la fuerza y la firmeza para hacerlo, porque tenía la convicción de que todo estaba en la Palabra de Dios.

No podemos dejar de decir que estos hermanos, nuestros padres, -cito aquí entre ellos a mi propio padre, a Erasmo, a Moacir, a Ismael, a Iván, a Jorge Himitian- pagaron un alto precio. Tuvieron que salir en dirección de la Palabra y renunciar a toda una gama de teología que los enredaba.

No hay en la historia de los movimientos de la Iglesia ninguno que no tenga como base un retorno a la Palabra, un nuevo respeto a la Palabra. Podríamos decir que la historia de la Iglesia refleja esto.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...