¿QUÉ ES LLEVAR LA CRUZ? Víctor Rodríguez




"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" 
                                                                                      Mateo 16:24

En el tiempo de Jesús la cruz era un instrumento de tortura, que luego terminaba en la muerte del reo. Se trataba de una tortura agónica, cruel, indigna, porque eran crucificados desnudos, totalmente desnudos, era una vergüenza. Primero tenían que cargar la cruz, luego ser crucificados como castigo, con dolores atroces y terribles que finalizaba en la muerte. Siempre era así. Y cuando Jesús dice “llevar la cruz”, estaba pensando en esto. 

“Llevar la cruz”, ¿Para qué? 

Para crucificar tu voluntad. Siempre va a estar en juego lo que Dios quiere y tu voluntad. Y tu voluntad tiene que ir a la cruz, tiene que ir a parar a la cruz.

La cruz era para crucificar tus gustos, para cambiarlos por los gustos de él, se crucifica la voluntad propia para obtener la voluntad de él.

La cruz, ¿para qué más servía? Sirve para crucificar tus planes, ¿quieres los planes de Dios? ¿Sí?, entonces crucifica los tuyos.

Un discípulo era aquel que llevaba la cruz para crucificarlo todo.

Es también para que crucifiques tu temperamento, hay temperamentos y temperamentos; la cruz era para crucificar nuestro egoísmo, nuestro orgullo en la cruz.

No se puede seguir al Señor sin la cruz, no es una experiencia una vez en la vida, es una vivencia diaria.

En otro pasaje dice: “cargar la cruz cada día”. Es decir que lo que hoy crucifiqué, mañana también tiene que estar crucificado.

Un discípulo es alguien que lleva la cruz.

¡Claro! El discípulo va a encontrar que cuando descubre la voluntad de Dios no coincide con la suya; por ejemplo dice que vuestro si sea si, vuestro no, no; y uno siempre anda con términos medios, no tiene "si" o "no", tiene un "ni" que indica falta de definición.

Algunos no terminan de definirse, y cuando esto sucede se presenta una lucha. Dios me pide esto, y yo no quiero, no estoy dispuesto.

Por ejemplo cuando navego en Internet, el aparato me dice: “Haz click aquí”, y quiero hacerlo; pero de repente encuentro que la Palabra me dice que cuide lo que veo con mis ojos, porque los ojos son la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sucio, todo tu cuerpo se pone sucio; entonces tengo una lucha, quiero hacer click ahí, pero la Palabra me dice otra cosa.

Ante los impulsos sexuales, algunos quieren masturbarse; pero la palabra de Dios, ¿Qué dice?, Que el cuerpo tiene que ser guardado, y el aspecto sexual tiene que ser reservado, todo, para el matrimonio.

¿Y qué hago?, por un lado quiero, pero la palabra me dice otra cosa, ¿qué hago?

Entonces, llevo a la cruz lo que quiero, y lo clavo ahí.

Tanto a los muchachos como a las chicas, alguno de afuera los puede seducir, y comienza a gustarle y a pensar y afloran sentimientos, y uno lo quisiera; pero voy a la Palabra y me dice “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”; Por lo tanto ¡Tengo que crucificar mis sentimientos!, llevarlos a la cruz.

Así que, no se puede seguir al Señor sin la cruz, y esto es clave para nosotros, que procuramos ser una iglesia de discípulos.

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