PENTECOSTÉS PARA TODOS Víctor Rodríguez




Leamos Hechos 2:4

Antes de Pentecostés los discípulos tenían al Cristo vivo con ellos. Pero después de este evento produjeron, por la palabra, la vida de Cristo en otros. Sin Pentecostés nunca hubiéramos oído hablar de la iglesia. Obviamente, tuvieron sanos motivos para recibir la plenitud del Espíritu.

Hoy en día se escucha por ahí a hermanos que quieren entrar en la experiencia de la plenitud para hablar en lenguas. Otros quieren tener poder para echar fuera demonios o sanar enfermos. Y algunos, para renovar el fuego del Espíritu. Al que tiene algunas de estas ideas, le diría que está pretendiendo tener esta investidura de poder para su propio beneficio. Por supuesto, habrá lenguas, sensaciones, vida de poder, y no terminará ni menguará, cuando el motivo de recibir este poder es “ser testigos……hasta lo último de la tierra” (Hechos 1: 8).

Si no damos el cauce correcto a estos ríos de agua viva, nos dejarán frustrados, y no llevaremos la gloria a Dios. Será algo que empieza en nosotros, y termina en nosotros.

Se dice que el libro de los Hechos de los Apóstoles es el único libro inconcluso de la Biblia, porque comienza con ciento veinte en Jerusalén, llegando hacia su final a grandes multitudes que se multiplican por todas partes. Hoy el Espíritu Santo sigue actuando y moviéndose, porque apunta a extender el reino de Dios en toda la tierra. Cada generación podrá añadir las obras del Espíritu Santo en su tiempo al libro de Los Hechos, que no ha terminado aún.

Se ve que ellos entendieron el motivo correcto de ser testigos hasta lo último de la tierra. El poder de Dios es, en primer lugar, para estar en su presencia a fin de contemplarle, conocerle y oír su voz, y luego para llevar lo que uno ha conocido allí delante de su trono para contarlo y testificarlo a toda criatura.

¿El don del Espíritu será para mí?

Encontramos la respuesta en Hechos 2: 4: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo”. Si el Señor nos envía como corderos en medio de lobos, y a enfrentarnos cara a cara con Satanás y sus demonios, ¿lo hará sin equiparnos primero? Me agrada ver a las madres, cuando mandan a sus hijos a la escuela, preguntándoles por toda la casa, “¿tienes lápiz y borrador? ¿Llevas pañuelo? ¿Y el libro de lectura?” Las madres mandan a sus hijos bien equipados al colegio. ¡Cuánto más nuestro Padre! 
El equipo que nos da es el mismo que tenía Jesucristo, nada menos. Ninguna bendición dada a Jesús será negada al que le sigue. Ciento veinte estaban en el aposento alto en el día de Pentecostés, y los ciento veinte fueron llenos del Espíritu Santo. Vale decir, todos recibieron. Nadie tiene porque, entonces, sentirse excluido.

Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ