NUESTRA MOTIVACIÓN AL HACER LA OBRA DE DIOS Jorge Himitian


¿Cuál es nuestra intención más honda al hacer la obra de Dios?

¿Decae nuestro ánimo o nos molesta cuando algún colega nos aventaja en gracia y en frutos?

Cuando alguno nos elogia públicamente solemos exteriorizar modestia con nuestras palabras y gestos, pero ¿qué sucede en nuestro interior? Dios mira nuestro corazón y no nuestras exteriorizaciones.

Cuando nuestra obra progresa más que la de los demás, ¿nos sentimos superiores?

¿Nuestros hermanos nos conocen como somos, o fingimos y procuramos dar una mejor imagen de lo que en realidad somos?

Dos sugerencias

*Creo que necesitamos, cada uno de nosotros, con cierta frecuencia, hacer un profundo examen de nuestras intenciones y motivaciones. Muchas veces hallaremos en nuestro corazón una mezcla de motivaciones sanas y carnales, y cada vez que tengamos conciencia de ello, deberemos humillarnos delante del Señor, despojándonos de nuestro corazón “perverso y engañoso”. 

*Reafirmemos una y otra vez que la gloria de Dios ha de ser nuestra única intención, y que el amor al Señor será nuestra suprema motivación al hacer la obra. Es muy importante que velemos sobre esta área de nuestra vida.