¿HOMILÍAS O MINISTERIO DEL ESPÍRITU? Editorial



“…el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”

(2° Corintios 3:6)

La proclamación original del mensaje cristiano era una conversación de doble vía pero cuando las escuelas de oratoria del mundo occidental se apoderaron del mensaje lo convirtieron en algo totalmente diferente. La oratoria ocupó el lugar de la conversación.
El diálogo entre el orador y el oyente pasó a ser un monólogo. El sermón reemplazó el profetizar y la mutualidad de los santos. Nadie podía interrumpir el discurso para preguntar, acotar o corregir. La enseñanza, que en un principio era inspirada por el Espíritu Santo, pasó a ser el privilegio elitista de los oficiales de la iglesia que debían ser educados en las escuelas de retórica para aprender a hablar. Sin esta clase de educación, no se le permitía a un creyente hablar al pueblo de Dios.
Ya en el tercer siglo los cristianos llamaban homilías a sus sermones así como los oradores griegos denominaban sus discursos. Expresado de otra manera, ni las homilías o sermones como arte de preparar un sermón, tienen un origen cristiano.
Será un gran avance para la iglesia darle la posibilidad de compartir una palabra a aquellos hermanos con experiencia y trayectoria en la vida cristiana, que sin ser hombres con una función dirigencial en la iglesia o excelentes oradores, tienen mucho que decir desde una perspectiva netamente práctica, real y espiritual.



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