ES MÁS FÁCIL HACER REUNIONES QUE HACER DISCÍPULOS Ivan Baker



Notamos que los apóstoles, sin campañas de evangelización programadas, sin construir templos, sin crear seminarios, obtenían resultados mucho mejores que los nuestros tanto en calidad cuanto en cantidad. No existía la prensa, no podían repartir biblias, no habían medios masivos de comunicación, no tenían vehículos, grabadores, no contaban con una misión etc. Ellos debían formar en cada miembro un sacerdote capaz de realizar su ministerio. Cada discípulo debía ocuparse de cada nuevo hijo de Dios. Debía llevar sus cargas, llorar con ellos, reír con ellos, asumir autoridad, velar y enseñar sobre todas las áreas de la vida, tales como familia, trabajo, sexo, carácter, negocios, estudios, oración, testimonio, etc.

Hacer discípulos significa formarlos, guiarlos a la madurez y comisionarlos para que ellos hagan lo mismo con otros. Reconozco que es más fácil hacer 100 reuniones que formar un discípulo. Esto no significa que no hacemos más reuniones, pero implica concentrarnos en la tarea más importante y en el fin de toda nuestra obra: que cada miembro de la iglesia sea formado a la imagen de Cristo.

En cuanto a la Iglesia primitiva debemos preguntarnos: ¿Qué secreto tenían para alcanzar semejante éxito? ¿Cuál era su forma o modo de trabajar? Debemos volver a nuestro origen, debemos dejar nuestros métodos y volver a la práctica apostólica. ¡Me Gustaría que la obra fuera atrasada en 2000 años!

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