DISTINGUIENDO LA DEBILIDAD DE LA REBELIÓN Hugo Espinosa



Debemos tener la disposición de amparar a los débiles, orar con ellos, meditar la palabra con ellos. Ahora, es importante distinguir entre el débil y el rebelde. 

El débil quiere, busca pero no consigue. El rebelde recibe consejo y no hace sino que argumenta. Es muy peligroso el discipulado sin el Espíritu Santo. El conocimiento de Dios viene por revelación, y, es a través de un ejercicio espiritual de nuestros sentidos que podemos diagnosticar correctamente las situaciones.

Tanto el débil como el rebelde no consiguen el objetivo. Pero mientras el débil reconoce, se arrepiente y pide ayuda, el rebelde en cambio, argumenta y justifica.

Pablo trata tres situaciones distintas en lo referente a la rebelión, pecado y/o debilidad: 

a) En 1ª. Corintios 5, hay pecado grosero en la Iglesia y nadie hace nada. Entonces Pablo interviene poniendo una disciplina fuerte: expulsar a ese hermano de la congregación, entregando ese hombre a Satanás. 

b) La segunda situación está en 2ª. Tesalonicenses capítulo 3; Pablo trata la situación de los que andan desordenadamente pero no ordena expulsarlos de la Iglesia sino que hay que señalarlos amonestándolos como a hermanos. 

c) Y, la tercera situación está en 2ª. Timoteo 2:24-26, de hermanos que están presos de lazos del diablo. Hay que corregirlos con mansedumbre "por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad".

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