A SOLAS CON DIOS Augusto Ericsson



Leamos: Mateo 6:6 e Isaías 26:3, 4, 9,20

Hoy en Argentina parece imposible disponer de tiempo para estar a solas con Dios, por la atención de la familia, el trabajo o los trabajos, la tensión y ansiedad por los problemas económicos, las actividades particulares y generales en la obra del Señor. No es fácil apartar ese tiempo y continuar sin claudicar. Nos requerirá renunciamiento, negación, ordenar de acuerdo con prioridades nuestro tiempo, limitar nuestra dedicación a cosas lícitas, tales como celebraciones, paseos, esparcimientos, deportes, y aun el reposo.

¿Estamos dispuestos? ¿Consideramos nuestro encuentro con Dios y el compañerismo con él dignos de tal esfuerzo? Apartarnos para estar o solas con Dios, en medio del trajinar cotidiano, es entrar a un lugar de refugio y de paz. Mi necesidad me lleva a desearlo y buscarlo. Mi amor me mantiene en la dedicaci6n. Su amor hace deleitosos el diálogo y la comunión.

Allí, en mi lugar secreto, proclamo mi fe. Alabo, canto, me gozo.
Allí contemplo su majestad. Me asombro ante su amor, su misericordia, paciencia y gracia para conmigo.
Allí confieso mi pecar; me examino ante su luz, y humillo mi ser (desnudo mi alma, mi vida).
Allí lloro. Allí río. Allí abro mi ser a su luz y su mirada, y al obrar de su Espíritu. Y espero que haga algo en mí.
Allí callo, y en silencio espero.
Allí leo y medito su palabra.
Allí temo. Me asombro y conmuevo. Allí agradezco.
Allí converso y, sobre todo, escucho. Hay diálogo
Allí adoro postrado en tierra.

Luego salgo, preparado para estar más cerca de la gente. Sí, el tiempo devocional es tiempo formativo. Requiere tiempo y quietud.

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