domingo, 3 de enero de 2016

MENSAJE DEL DOMINGO Víctor Rodríguez

María y José

Lucas 1:26

María era sierva del Señor. Pero no la clase de siervo que se conoce hoy. En realidad era conocida en el cielo. Anónima. La relación de siervo no es para pedir sino para obedecer. El siervo de esa época amaba a su amo, le era grato servirlo, a diferencia del esclavo que lo hacía por obligación. El siervo encuentra placer en servir a su Jefe y esto tiene recompensa. El siervo del Señor debe tener placer en servir con obediencia. María tenía una ida y vuelta con lo celestial, estaba acostumbrada a la relación con el mundo espiritual. Hay recompensas cuando servimos a Dios. Ella fue llamada:"Favorecida" "Bendecida". Su relación como sierva hizo que lo conociera como Señor. Era el kirios de su vida. Había alabanza en su corazón: "Engrandece". Cuando hay obediencia es fácil alabar. Cuando él es Señor la alabanza fluye. María sabía dividir espíritu, alma y cuerpo. “Engrandece mi alma..” “Mi espíritu se regocija en Dios” . Era una mujer quebrantada. “Miraste la bajeza de tu sierva”. El uso de la vara es para quebrantar el orgullo de los niños. Los siervos precisan ser personas quebradas. Tuvo una gran prueba de obediencia, podríamos llamar “La gran prueba”. Todos los siervos tendrán una gran prueba. La prueba de María era un imposible: quedar embarazada siendo virgen. Sin embargo, ella no fue a José a contarle su experiencia, espero que fuese Dios, es decir confió. Dejó que Dios se lo comunique a José. Los que servimos al Señor tenemos que dejar que Dios se muestre en la gente que atendemos, que servimos.

Mateo 1:18

Ahora veamos a José. Les digo a los solteros: Ojala te cases con una sierva del Señor. No creo que María caminara por una pasarela, no sabemos si era linda o no tanto. José, significa sumar, añadir. Era justo, su justicia lo hizo padecer la agonía de la desilusión. Tiene que haber recibido un golpe muy grande con la noticia que María estaba encinta. Había sido humanamente traicionado. No obstante, él no quiso infamarla, no optó por la venganza. No la criticó delante de Dios, no atacó su dignidad y su actitud llegó a los cielos. José tuvo paz en medio de la vergüenza, durmió y el ángel se le apareció. Dios tiene su premio para alguien justo. El premio de José fue la presencia de Dios. El ángel le trajo la revelación de ese suceso. También era un hombre puro. No se llegó a ella por nueve meses. Se cuidó y guardó a María. ¡Dios hizo todo maravilloso! Nuestro ser es una maravilla. José y María vislumbraron las maravillas de Dios en todo este acontecimiento. Se habrán acordado del Salmo 1 y del salmo 27:4. Contemplaron la hermosura de Jehová. Hay un momento de encuentro con la santidad de Dios que transforma completamente nuestras vidas.


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...