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LA IGLESIA: COLUMNA Y BALUARTE DE LA VERDAD Jorge Himitian



Abramos nuestras biblias en 1ª Timoteo cap. 3, y durante el mensaje les voy a rogar que las mantengan abiertas en ese lugar. Primero quiero que comencemos leyendo los versículos 14 y 15 , donde el apóstol Pablo, escribiendo a su discípulo, a su hijo espiritual Timoteo, le dice estas palabras:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”.

Pablo le había pedido a su discípulo y colaborador en el ministerio Timoteo que se quedara en la ciudad de Efeso. Efeso era la capital de lo que se llamaba Asia; actualmente es la parte oeste de Turquía, y era una ciudad muy importante, un centro de rutas, centro comercial, religioso, una ciudad estratégica y Pablo había estado allí durante tres años; quizás es la ciudad donde más tiempo estuvo durante su ministerio apostólico.
Y le pidió a Timoteo que se quedara para poder ayudar a la iglesia en esa ciudad. Cuando Pablo se fue de Efeso, esta ciudad había experimentado un gran avivamiento, miles de personas se habían convertido, toda la región había sido evangelizada. Toda la región de Asia, dice Hechos 19, tantos judíos como griegos escucharon la palabra del Señor, fueron evangelizados, y ahora Pablo le dice a Timoteo: “…te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente”, y llama a la iglesia columna y baluarte de la verdad.

¿Qué es la iglesia? 

Muchas veces hablamos de forma equivocada. La iglesia no es un edificio material. Muchos dicen “vamos a la iglesia” ¿A qué se refieren? O dicen “estamos edificando la iglesia; bueno, entonces ¿estarán predicando el evangelio, haciendo discípulos? “No, –dicen- compramos 10.000 ladrillos para construir la iglesia”. Esa es una forma equivocada de hablar. La Biblia nunca llama “iglesia” a un edificio material, pero popularmente se le dice “iglesia católica, o evangélica”, etc. Pero la iglesia no está hecha de ladrillos, sino que está hecha de hombres y mujeres lavados por la sangre de Jesucristo.
Nosotros no vamos a la iglesia, nosotros somos la iglesia. Nosotros somos la casa de Dios. Dios no habita en edificios hechos por mano de hombres. Nosotros somos el templo del Dios viviente. Así que la iglesia es el pueblo de Dios, la familia de Dios: hombres, mujeres y niños que han entregado sus vidas a Jesucristo, y ahora son discípulos del Señor, son hijos de Dios, son pueblo del Señor.
Así que sería bueno que corrijamos nuestra forma de hablar, ya que nuestra forma de hablar indica nuestra forma de pensar, y nuestra forma de pensar hace a nuestra forma de vivir.
Esto no es un simple cambio de términos, esto tiene una importancia muy grande. Porque si pensamos que somos iglesia solo cuando nos reunimos, el lunes ¿qué somos? Termina la reunión, nos vamos a casa y ¿dónde está la iglesia? Está por las casas. El lunes la iglesia está por la calle, por las fábricas, por los hogares, por las viñas… somos iglesia las 24 horas del día y todos los días de la semana. “Te escribo, Timoteo para que sepas como conducirte en la casa de Dios…”. La casa de Dios es donde Dios vive, donde Dios habita, y Dios habita en nosotros.

Pero mi tema no es este, sino la frase que sigue: la iglesia del Dios viviente, dice Pablo que es columna y baluarte de la verdad. Esta iglesia, en la comprensión del apóstol Pablo, es la columna que sostiene la verdad. ¿En dónde? En el mundo, en la sociedad.
Un edificio necesita columnas. Si no hay columnas el edificio se cae, y esta sociedad es como un gran edificio y necesita columna que la sostenga, y aquí dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad.

Vamos al Salmo 75:3 “Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas”. La sociedad, los países se están arruinando, se están desmoronando. Las buenas costumbres, la ética y moral, todo se está perdiendo. Hay una crisis tan rápida: la tierra y sus moradores se están arruinando, pero Dios dice “yo sostengo sus columnas”.

¿Cuál es la columna? El pueblo de Dios, la iglesia; y volviendo a Timoteo, Pablo dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad. La humanidad se deteriora: caos, crisis, corrupción, robos, homosexualidad, secuestros, homicidios, hogares disueltos, tantas barbaridades. ¿Dónde hay hombres confiables, que no se corrompen?

La iglesia de Dios es la esperanza

La sociedad se deteriora, pero hay una esperanza. Es la iglesia, y Dios dice “yo sostengo sus columnas”. Dios, en su misericordia, visita las naciones, y ha prometido en los postreros días derramar su Espíritu sobre toda carne, por amor de los pueblos; y para hacerlo, Él visita su iglesia, y la levanta, y la renueva, y la restaura, y la edifica, y la llena con su Espíritu, afirma la columna en la sociedad, porque Dios tiene misericordia de las naciones.

Tenemos que asumir nuestra responsabilidad como la columna que sostiene la verdad en la sociedad. Hoy hay mentira por todas partes, los homosexuales tienen copados los medios de comunicación. Pareciera que cualquiera que opina algo diferente ya es un anticuado, uno que los desprecia, parece que los anormales somos nosotros y ellos son los normales. 
¿Qué está pasando? Pero tenemos fe y esperanza en cuanto a lo que Dios va a hacer en nuestra nación. Hemos cantado, hemos orado, y hace tiempo que venimos orando: Argentina va a ser llena del conocimiento de la verdad del Señor. Esta nación se va a rendir a los pies de Jesucristo, bendito sea el Señor, y ¿cómo lo hace? A través de la iglesia, a quien levanta, sostiene, que la renueva y fortalece. La iglesia es la columna y baluarte de la verdad en la sociedad.

No te preocupes del avance circunstancial de las tinieblas, porque la luz sobre las tinieblas resplandece. Esta tierra va a ser bendecida por el Señor. LA IGLESIA DEBE CUMPLIR CON SU RESPONSABILIDAD DE SER COLUMNA DE LA VERDAD EN MEDIO DE LA SOCIEDAD. Lo estamos haciendo y aún lo haremos más para ser sal y luz de este mundo. No vale maldecir las tinieblas, ¡hay que encender la luz!


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