domingo, 31 de enero de 2016

"EL QUE NO RENUNCIA A TODO LO QUE POSEE" Víctor Rodríguez


“Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo"

El que pretende ser discípulo de Jesús tiene que renunciar a todo lo que posee. ¡A todo lo que posees! No sé cuántas cosas posees; una vez vino una señora, me habló por teléfono, y me dice: “Víctor, perdí todo, todo, mi marido me dejó, mi marido me dejó, ¿puedo hablar con usted?”, “si”, “consulté a no sé cuántos psicólogos”, y yo le dije: “yo no soy psicólogo, soy pastor”, “pero quiero hablar, perdí todo, todo, todo”, le dije: “bueno vení”.

Entonces vino, la recibí y tenía en la mano un pañuelo; le digo: “¿para qué tienes este pañuelo, vas a llorar?”, “a veces”; y le digo: “¿qué pasó que perdiste todo?”, “mi marido me dejó, perdí todo, todo”, “uh cuanto lamento, ¿pudiste comer hoy?, perdiste todo”, “si hoy comí”, “ah bueno, menos mal”, “¿y cocinaste? ¿te trajeron la comida?”, “no, cociné yo”, “ah, ¿en qué la cocinaste?”, “y en la cocina”, “ah, ¿no dijiste que perdiste todo?”, “si perdí todo”, “bueno, pero la cocinaste en la cocina, ¿y que pusiste la comida?”, “en platos”, “ah tienes platos”, “si, yo hice la comida para mis hijos, pero perdí todo”, “ah, tienes hijos también, ¿y donde durmieron anoche?, porque lo perdieron todo”, “no, dormimos en casa”, “ah tienes casa también, pero dijiste que perdiste todo”, “si tengo mi casa”, “¿y dónde durmieron? ¿en el suelo?”, “no en la cama”, “ah tienes cama también”, “¿se abrigaron anoche?”, “si”, “entonces tienes sábanas, frazadas”, “si, si”, “ah, ¿pero entonces no es que perdiste todo?”; le digo: “¿quieres curarte de esto?”, “si, si, si”, y ahí sacó el pañuelo, “bueno lo primero que vas a hacer, ¿qué tienes en casa? ¿dónde pones los platos?”, “y, tengo un repostero, ahí están todos los platos”, “¿tienes cuchillo, tienes cucharas?”, “si”, “¿y dónde los tienes?”, “en el cajón”, “bueno, lo primero que vas a hacer, es hacer un balance de lo que tienes, porque lo que tú tienes es una mentira grande, porque dijiste que lo perdiste todo, y no es cierto, mira todo lo que tienes, así que lo primero que vas a hacer es ver todo lo que tienes, y darle gracias a Dios por todo lo que tienes, pero lo que vas a hacer también, y lo vas a devolver, porque nada es tuyo, todo es de él”.

En el altiplano, a 3,000 metros de altura, hay hermanos que tienen su manada de llamas, de vicuñas, y yo le estaba hablando de estas cosas, qué es un discípulo, y cuando hablamos de este pasaje, de que tienes que renunciar a todo, me dice: “Hermanito, yo tengo miles de llamitas, de cabritas y tengo además una mina, ¿qué tengo que hacer?, porque tengo que renunciar a todo para ser un discípulo, ¿qué tengo que hacer? ¿vender todo?”; “no”, le digo yo, “entonces, ¿qué tengo que hacer?”, “no, no vendas, lo que tienes que hacer es entregar todo a su verdadero dueño, tú no eres el dueño de esto, la Palabra dice: “De Dios son los cielos, la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”, no tenemos nada que sea de nosotros. Tienes que entregar todo, hasta tu futuro; tu presente, ¿y el pasado?, y el pasado también entrégalo, pero si tienes cosas para reparar en el pasado, repáralas.
Debemos decir: “Señor, esto que tengo es tuyo”.

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...