"EL QUE NO ABORRECE" Víctor Rodríguez


“Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:26

¿Qué hacemos con este versículo? ¿Cuál es la palabra que más le impacta de este versículo?

Aborrecer; porque nosotros enseñamos que tenemos que honrar al padre y a la madre, pero aquí ¿qué dice?, que lo aborrezca.
¿Qué hacemos? Pero el Señor no permitía que nadie le siguiera si no tenía estas condiciones, alineado con la palabra, guarda la palabra, ama, y ahora pone otro filtro, el que no aborrece, no solamente a su padre, a su madre, a su mujer, ¡sus hijos!
Yo estuve preocupado con este versículo, quisiera preocuparte también, y entonces me fui a los originales, al griego; y entonces en el griego fui a ver que quería decir aborrecer, ¿y saben lo que encontré que era aborrecer?, aborrecer, eso encontré, que aborrecer era aborrecer; me quedé mucho más preocupado.
Y fui al que inspiró el evangelio de Lucas, el que inspiró el evangelio de Lucas es el mismo Señor, le dije: “Señor, ¿qué hacemos con esto? ¿Cómo hago? Tú quieres que los que te sigan aborrezcan al padre, a la madre, mujer, hijos, hermanos”
Y el Señor me dio un ejemplo, que yo les voy a dar ahora para que ustedes entiendan, ¿qué pasaría si yo ahora le digo a mi esposa: “Silvia, quiero que sepas que tengo cinco mujeres, pero tú eres la principal de todas, ¿estás contenta?”, y ella se desfigura, “¿no estás contenta?, eres la principal entre cinco”.
Y ella me dice: “No puedo estar contenta”, “pero eres la principal entre cinco, eres la primera entre cinco”; y ella me pone en órbita, ¿por qué?, ¿por qué no está contenta si es la primera entre cinco? ¿Por qué?
Porque quiere ser la única, sin competencias, no quiere competencias, esto es lo que está queriendo decir el Señor.
Ni siquiera vale decirle al Señor: “te pongo en el primer lugar”, “si me pones en el primer lugar quiere decir que hay otro en el segundo”, ni siquiera eso; para ser un discípulo, él tiene que estar en el único lugar, y todos los demás amores pasan a un término inferior.
En la antigüedad tomaban a un cristiano, y lo ponían preso para que negara Cristo. En una ocasión, llevaron a una mujer, a una mujer de la sociedad, pero se había convertido. Y la pusieron presa, y le decían: “si niegas a Cristo, quedas libre; si dices que Jesús no es tu Señor, quedarás libre”, y ella dijo: “no, no voy a negar que Jesús es mi Señor”, le dijeron: “entonces quedarás presa”.
Y pasaron días, semanas, y vinieron otra vez diciéndole: “tienes que negar que Jesús es el dueño de tu vida”, y ella dijo: “no lo voy  a negar”; y entonces le dijeron: “entonces mataremos a tu hijo”, y entonces la forzaron de esa manera, entonces ella se calló y no dijo nada, y vino el marido a decirle: “Niega a Jesús como Señor, porque van a matar a nuestro hijo”; entonces ella dijo: “No puedo negar a Jesús como mi Señor, esto es lo mayor en mi vida”. Con esto quiero decirte que así eran los discípulos.
Una vez yo estaba predicando, y mientras yo estaba predicando vi que en el fondo, mi esposa pasó al baño, en el lugar donde estaba se veía dónde estaba el baño, y luego vi que salió del baño, estaba yo predicando, salió llorando del baño, teníamos un hijo, nuestro primer hijo, y luego entró otra vez al baño, yo terminé rápido la predicación y fui y le dije: “Silvia, ¿por qué estás llorando, y te veo entrar y salir del baño? ¿Por qué?”; y ella me dijo: “Dios me habló, y me dijo: “entrégame a tu hijo””; y yo le dije: “No”. Y volvió otra vez a pedírmelo: “Entrégamelo”; y yo otra vez le dije: “No”. Y por eso, iba y venía al baño. “Hasta que terminé entregando a Sergio”. Sergio es mi primer hijo, y ella abrió su corazón y sus manos al cielo y lo entregó. 
En el amor a Dios, él no quiere tener competencia; y esto se refiere a los sentimientos; este primer filtro tiene que ver con los sentimientos, no puedes amar a otro, a otra, donde él está en primer lugar, y el otro o la otra, está en segundo lugar, ¡Noooo! él tiene que estar en el único lugar, y los demás pasan a parecer aborrecimiento.
Para seguir al Señor, él quería estar en el único lugar en la vida, sin competencia. Dijimos que para Jesús un discípulo,  es alguien que pone al Señor en el único lugar en su vida.

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