CONGRESOS, CONVENCIONES Y CAMPAMENTOS CRISTIANOS. Su proliferación en nuestros días.



Personalmente, fui sumamente beneficiado en las distintas convocatorias donde tuve la posibilidad de participar. Creo que tanto niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios y quienes llevan la carga de la obra del Señor, necesitan apartarse en algún momento con el fin de buscar a Dios, recibir el ministerio de los hermanos mayores y tratar asuntos específicos. Por lo general, procuramos con mi esposa hacer los arreglos pertinentes para asistir a aquellos encuentros que, según nuestra apreciación, dejarán un  aporte significativo.

Un fenómeno extraño

Como he sido favorecido por estos eventos, de ninguna manera pretendo restarles importancia. No obstante, he observado que un amplio sector del pueblo de Dios sufre una especie de adicción a los congresos y campamentos espirituales. Las redes sociales están saturadas con invitaciones a todo tipo de convocatorias. En la actualidad, convenciones, simposios y retiros son furor entre los creyentes y también en una buena parte del liderazgo.

Ahora bien, ¿Qué problema hay con estas convocatorias? ¿Qué mal pueden provocar? ¿Conlleva algún  riesgo participar de ellas?

Algunas consideraciones que pueden ayudar.

*La espiritualidad del cristiano no se determina por la cantidad de congresos a los que asiste.

*La participación en los congresos o retiros no justifica la falta de compromiso con la vida normal de la iglesia.

*Lejos de una experiencia emocional, estas convocatorias tendrían que producir grandes cambios en nuestra conducta y servicio al Señor. El calor y ardor que produce la proclama de la palabra nos conmueve, pero debe llevarnos a las obras, a estar en movimiento.

*La gran cantidad de encuentros que se programan anualmente  crean excelentes organizadores, pero se corre con el riesgo de desatender la obra esencial: Predicar el evangelio del reino de Dios y hacer discípulos.

*El gran problema de estas convocatorias, salvo excepciones, es la falta de aplicación de lo que se recibe. Por lo general, abundan las  exhortaciones, apelaciones y desafíos que, una vez de regreso, no se ponen por obra. Este es el quid de la cuestión.

*Los congresos requieren una intensa preparación. Pastores y líderes que durante meses buscan una palabra del Señor, los que se ocupan de su organización, y hermanos que realizan un gran sacrificio para concurrir. No obstante, este esfuerzo descomunal puede quedar en la nada si -a posteriori- no practicamos el ministerio impartido.

*Dos encuentros fueron aleccionadores para mí. En ambos, palabra y acción se complementaron. Apenas finalizada las ponencias, salimos a contarle a la gente las cosas que nos habían enseñado.

*Por último, quiero animar a los que nunca participan de retiros espirituales, que hagan lo posible por estar presentes en aquellos que cooperen con su desarrollo espiritual, y, a los que los embarga esa viva inclinación de andar  de “congreso en congreso”, procuren llevar a la acción las preciosas verdades que recibieron.

¡Dios nos encamine!

Por Oscar Gómez





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