jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ Y BENDECIDO AÑO 2016 LES DESEA CRISTIANISMO FULL BLOGSPOT


PROSIGAMOS A LA META


Entiendo que el Señor nos hace un fuerte llamado a proseguir a la meta en el año próximo en medio de las luchas y las pruebas. Proseguir indica volver al camino luego de un lapso de tiempo de haber estado demorado. 
Para que esto ocurra el apóstol nos dice que debemos olvidar lo que queda atrás, es decir no focalizarnos en los triunfos o en las derrotas del pasado sino mirar hacia adelante, en dirección a ese objetivo que nos trazó Dios de buscar cada día la semejanza de su amado Hijo Jesús. 
También la exhortación apostólica nos convoca a extendernos a lo que está delante. Esa palabra "extender" en el original da la idea de un soldado que se arrastra en medio de un campo minado a fin de cumplir su misión. 
No corremos en vano o de balde, nos dirigimos al supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Feliz año nuevo a mis cercanos, amigos y conocidos.





Por Oscar Gómez

MENTALIDAD DE RANGO



Leamos Mateo 20: 20/23

En este relato se presenta un caso de búsqueda de posiciones dentro del reino de Dios.

Competencia y favoritismo

*Una mamá hace de interlocutora de sus hijos (no sabemos si ellos le pidieron que interceda o ella misma tenía esas pretensiones)

*Hubo un reclamo abierto para ascender sin expresar los fundamentos de ese pedido.

*A partir de este suceso se evidenció un fuerte espíritu de competencia y una presión hacia el favoritismo que Jesús resistió.

Jerarquías vs. funciones

Buscar posiciones generalmente desvía al cristiano de su función elemental y su llamado esencial.

El buscar posiciones es un espíritu contrario al Espíritu de Cristo, el cual se despojó asimismo y se hizo como nosotros tomando forma de siervo. (Filip. 2: 5/11)

El que tiene la mentalidad de rango siempre observa a los que tiene al lado y dice en su corazón: “No vaya a ser que me superen”

Sus aspiraciones pasan solamente por el puesto que puede ostentar o por los descensos de otros. Es alguien que mira mucho para los costados y poco hacia arriba, hacia Dios.

Conoce bien el código de las jerarquías: “Pastor, líder, ayudante de líder, nuevo, etc...” Todo lo filtra por el rótulo o la designación, teniendo muy poco en cuenta a la persona, sus dones y sus capacidades.

Es posible que el que busca posiciones haya adquirido esa impronta de sus mentores, del esquema eclesiástico que lo adoptó, o de una lucha cruenta de puestos entre sus cercanos.

El que vive en el mundo de los rangos es un niño espiritual.

Siendo libres de la mentalidad de rango

1. Reconocer esta tendencia viciosa en nuestra vida y arrepentirnos.

2. Entrar en el camino de la humildad con la ayuda del Espíritu Santo.

3. Para los que están en algún grado de autoridad deberán aprender a ejercerla cuando es necesario, sin necesidad de exhibirla de continuo.

4. Comprender que el verdadero trabajo de un discípulo es ser discípulo.

5. Deponer la actitud de buscar puestos y hacer lo que Dios manda: Predicar el evangelio, ganar a los perdidos, hacerlos discípulos del Señor, disfrutar la vida en comunidad y extender el reino de Dios.

6. Saber que la causa de Cristo implica sufrimiento (Mateo 20: 22/23)no necesariamente reconocimientos.

Si hacemos estas cosas seremos libres de la mentalidad de rango que tanto mal le ha hecho al pueblo de Dios y, a la vez, bien encauzados en el propósito eterno de Dios.

Por Oscar Gómez



RELACIÓN ENTRE PASTORES Keith Bentson


En el fondo, todos creemos que Dios es uno, que el evangelio es uno, que lo mismo sucede con la enseñanza moral y espiritual del Nuevo Testamento, como también en lo que se refiere a la misma esencia de la iglesia. Unidad, no división, es el hábitat natural de la iglesia del Señor. 
Sin embargo, en rigor de verdad, hemos heredado de otras generaciones -y nosotros también hemos producido- diferentes costumbres, prácticas, énfasis y estructuras de gobierno que hacen harto difícil que el pueblo del Señor en una localidad dada viva y funcione como una iglesia unida.
De ahí, como mínimo, hace falta elaborar una ética pastoral o una ética de denominaciones, si se quiere. Y no solamente entre pastores de diferentes agrupaciones ó denominaciones, sino entre los que trabajan bajo la misma consigna, a fin de que cada uno pueda saber lo que se espera de él y lo que él puede esperar del otro.
Elaborar una ética pastoral no significa inventar algo nuevo, sino tomar conciencia de principios morales que ya existen, ahondar las convicciones personales sobre los mismos, para luego entrar en una especie de convivencia con las personas involucradas ó aludidas. Siempre habrá diferencias de criterio sobre ciertos puntos, y debemos dejar un margen de libertad a unos y a otros. Pero de hecho somos hermanos, y nuestro santo deber es vivir como tales.

Un buen punto de partida en nuestras consideraciones es 1ª Timoteo 5: 1,2:

"No reprendas al anciano; al contrario, aconséjalo como si fuera tu padre; y trata a los jóvenes como si fueran tus hermanos. A las ancianas trátalas como a tu propia madre; y a las jóvenes, como si fueran tus hermanas, con toda pureza".

El trato personal del pastor hacia los miembros de la congregación determina en gran parte la medida del desarrollo de la obra. Establece, también, el enfoque y espíritu que el pastor debe mostrar hacia otros colegas pastores y obreros. Debemos entender -así canalizar nuestros pensamientos y acciones- que la iglesia es una familia, tanto en su expresión congregacional como en la zonal, regional, nacional y universal.

Hay ciertos principios y factores que hay que tener en cuenta al considerar una relación ética entre pastores é iglesias. Entre ellos figuran:

La verdad del evangelio

La edificación tanto del individuo como de la congregación

La misericordia y la paciencia

La autoridad espiritual

El testimonio ante el mundo

A continuación presentamos una serie de situaciones que requerirían un tratamiento ético de parte de los pastores para solucionarlos:

1. ¿Cómo debe mirar el pastor a un grupo de personas que deja la congregación para unirse a otra? ¿Debe tomar la iniciativa para hablar con el pastor de la otra congregación? Piense en las diferentes posibilidades de tratar con justicia y equidad esta situación.

2. ¿Qué hacer cuando el grupo sale con el fin de formar su propia congregación? ¿Cuál debe ser la postura de uno hacia ellos? ¿Podría haber circunstancias en que semejante acción fuera justificable? ¿Cómo proceder?

3. Cuando una, ó varias personas, vienen de otra congregación para unirse a la de uno, ¿cuál debe ser la actitud y postura del pastor hacia ellas? ¿Hasta qué punto debe averiguar los móviles? ¿Cómo proceder? 

4. ¿Qué debe aconsejar un pastor cuando una de las familias de su congregación se traslada a otra localidad donde -según ellos- no se encuentra una congregación aceptable? ¿Cuáles factores incidirían para darles un consejo sabio?

5. ¿Cómo debe actuar un pastor si viene a su congregación una persona que estaba bajo disciplina en otra congregación? ¿Cómo proceder?

6. ¿Qué responsabilidad pesa sobre un pastor u obrero si oye decir que tal o cual  pastor tiene mal testimonio por motivos de índole personal, financiera, moral, etc.? ¿Cómo proceder?

7. ¿Qué le corresponde hacer a un pastor cuando se entera de algo muy positivo realizado por o a favor de otro pastor?

8. ¿Qué constituye un "robo" de ovejas? ¿Cómo se debe proceder cuando se le acusa a uno de robo, o cuando uno mismo juzga que otro le ha "robado" a él? 


CRECER A PARTIR DEL LIDERAZGO Jorge Himitian




De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres? Pues cuando uno dice: «Yo ciertamente soy de Pablo», y el otro: «Yo soy de Apolos», ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento”. (1º Corintios 3: 1/7)

Aquí está el diagnostico, Pablo va a la raíz del problema. 

¿Qué es aquello que genera la división en la iglesia?

Es la carnalidad, no son las denominaciones, no son las apariencias, es la raíz. Un liderazgo infantil, niño. Ahora, el niño puede crecer, es la única solución para la niñez, crecer. Y para la madurez, y no hay un curso acelerado, tiene que crecer, tornarse en hombre espirituales, y no andar como los hombres.
Es comprensible que en el plano político existan partidos, eso es el juego democrático, tiene que haber partidos, ¿qué es partido? Mas para la iglesia, la iglesia no es partido, es entero. ¿Amén?
En el fútbol, tiene que haber partido, si no hay dos equipos, no puede haber partido, tiene que haber uno y el otro. Es así, ¿no?
Si no, no podría haber rivalidad entre argentinos y brasileños, once y once, está partido en dos; pero la iglesia, no es fútbol, no es política, iglesia es cuerpo, cuerpo de Cristo entero y es inadmisible la división. Mas la causa es la niñez, niñez espiritual.

Entonces la iglesia tiene un desafío, crecer a partir del liderazgo.

Hoy hay apóstoles niños, ¿apóstoles niños?, sí, tensiones, contiendas, ambiciones personales, peleas, niñerías, apóstoles niños.
Presbíteros niños, ¿presbíteros niños?, no tienen madurez; si hoy la iglesia tiene tantas divisiones, porque el desafío mayor hoy es crecer en estatura espiritual, crecer.
La gran pregunta es: ¿Cómo se hace para crecer? ¿Usted tiene alguna fórmula?, si hoy hubiera un remedio, un jarabe, para crecer, yo compraría varios cilindros, varias garrafas.
¿Cómo se hace para crecer? ¿Cómo ayudar a otros a crecer? A la nueva y a la vieja generación, para crecer y para ir hacia la madurez, pero allá vamos.
Y esto va a acontecer porque está escrito: "Y Dios mismo colocó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos, ¿cuántos?, todos, llegamos allí, ¿dónde?, a la unidad de la fe, del pleno conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura, de la plenitud de Cristo. Vamos a llegar allá, para que ya no seamos niños, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza”.

Entonces, este es el plan de Dios, la iglesia va a crecer en estatura, usted va a crecer, yo voy a crecer, la iglesia va a crecer, las nuevas generaciones van a crecer de gloria en gloria. Seremos transformados, vamos a alcanzar aquella estatura de Cristo Jesús. 


EL ESPOSO Y PADRE


La crisis de la humanidad es una crisis provocada por los varones. Desde Adán hasta hoy el hombre no se responsabiliza por lo que ocurre a su alrededor. La búsqueda de poder de las mujeres tiene su contrapartida en la renuncia sistemática del hombre a la posición de responsabilidad y gobierno que Dios le dio en el mismísimo jardín del Edén. El hombre fue constituido por Dios responsable. Pablo nos enseña que Dios es cabeza del varón y el varón cabeza de la mujer y en Génesis Dios nos muestra que la mujer fue creada por él como ayuda idónea del varón.

Dios delegó en el hombre una función de gobierno sobre la tierra y creó a la mujer como colaboradora de esa función. El hombre no tiene autoridad propia, sino una autoridad delegada. Esto quiere decir que al hombre no le fue concedida la prerrogativa de establecer «su» gobierno propio, sino que Dios le cedió una función de gobierno para que estableciera la voluntad divina, y con la ayuda de su esposa llevara a cabo lo que Dios se había propuesto.
En otras palabras, Dios creó al hombre para llevar a cabo un plan, y le dio una mujer como colaboradora para que ese plan pudiera ser alcanzado.

El hombre hoy tiene, entre otras, tres actitudes que rompen este esquema establecido por Dios:
* Muestra irresponsabilidad

* Ejerce un gobierno centrado en él mismo

* Ejerce un gobierno místico

La irresponsabilidad se manifiesta en la omisión absoluta de su rol, y en delegar esa responsabilidad en su esposa o en otros. Una manera en que esto se vuelve visible es cuando el varón limita su gobierno al sustento económico. Trabaja, ausente de su responsabilidad de esposo y padre, y se contenta con que se paguen las cuentas y la manutención de los miembros de hogar. Si bien esto no es poco, no resulta suficiente. Esta actitud hace que el hombre se auto-confine dentro de una posición reducida en relación con su posición creacional.  Aunque la mujer procure compensar esta actitud.

Un gobierno centrado en el propio varón se manifiesta en que el hogar gira alrededor de sus intereses personales, de sus gustos, de sus ideales. Este varón establece egoístamente su parecer y su propio gobierno, que puede coincidir o no en algunos de sus aspectos con los intereses de Dios, pero no deja de perseguir un fin propio. La sociedad llama a esta actitud del varón «machismo». El machismo hace que el hogar se oriente hacia los intereses egoístas del hombre y que la mujer y los hijos deban servirlo a él y perseguir los fines que él desea alcanzar.
Ante estas dos posibles actitudes, el varón que entiende cuál es el lugar genuino que Dios le ha dado busca establecer la voluntad de Dios en su hogar y no la propia. Discierne el lugar que Dios le ha dado a su esposa y el fin que ambos deben alcanzar. Discierne también que sus hijos no son propios sino herencia de Dios, que deben ser criados según el deseo del Creador. Se levanta a la mañana con este plan, con esta intención, y busca la guía del Señor. No importa cuán ocupado esté con sus tareas laborales, mantiene una visión panorámica de los objetivos a largo alcance que debe alcanzar su hogar, y entiende el lugar que Dios le ha dado a él, a su esposa y a sus hijos.
Este varón también entiende que tener a Dios por cabeza es estar unido a la iglesia de manera firme. Un varón solitario no podrá establecer el gobierno de Dios porque estará a merced del auto-engaño. Cristo es la cabeza del varón, y la plenitud de Cristo es la iglesia. Quién no está correctamente acoyuntado al cuerpo, firmemente unido por relaciones y no meramente por reuniones, en realidad no está unido a Cristo.

Al caso del varón que busca establecer el gobierno de Dios en solitario lo llamo «gobierno místico». Él parecería buscar la voluntad de Dios, porque ora, lee las Escrituras, y muchas veces ayuna buscando la guía del Señor. Este varón suele ser capaz de mantener, puertas adentro, un régimen de devocionales y dar al hogar un aroma de espiritualidad. Pero un varón solitario estará a merced de sus propias limitaciones, de su propio misticismo; ignorará que una oveja solitaria es presa fácil. Y estará pastoreando, aunque con las mejores intenciones, según sus propios criterios, y no los de Cristo.

Para llevar adelante un hogar, el varón entonces precisa entender que su misión principal en la vida es la de pastorear su casa junto con su esposa. Y en estrecha unión con otros varones, dentro de una relación de compromiso en el contexto de las relaciones firmes del cuerpo de Cristo. No establece sus propias ideas sino las de Dios; no centra el hogar en sus gustos e intereses sino en los de Dios. No se alegra en aquello que le desagrada a Dios ni se satisface con lo que a Dios no le satisface. No busca establecer en sus hijos las ideas personales de sus ancestros, sino que reconoce y discierne que sus hijos son de Dios, y que le han sido confiados con un propósito claro y definido.

Para delinear mejor la función del varón en el hogar, podríamos decir que es la de pastorear a su esposa e hijos según el propósito eterno de Dios. Sugiero realizar un estudio personal basado en estos cuatro pasajes bíblicos que muestran desde diferentes ángulos el carácter de un pastor: Salmo 23, Tito 1.5-9, 1 Timoteo 3.2-10 y Juan 17. En ellos se describe a un esposo y padre que pastorea su casa según el modelo de paternidad de Dios sobre sus hijos. Y en Juan 17 el propio Cristo señala la manera de evaluar o sopesar la tarea pastoral en sus discípulos o hijos espirituales, y nos provee los parámetros a utilizar para dar por concluida la obra como padre espiritual. Tito y Timoteo señalan los requisitos que debe reunir alguien para poder ser establecido como obispo, y estos requisitos no reflejan las características de una casta especial sino los rasgos de carácter que todo varón debe mostrar.

Confío en que cada uno realizará el ejercicio de estudiar los pasajes que acabo de mencionar, buscando la revelación y guía del Espíritu. Y quiero destacar algunas áreas, entre muchas otras, en las que el varón ha de mostrar especial cuidado.
Debe ser dueño de él mismo
Debe buscar, ante todo, una relación sana y afectiva con su esposa
Debe ser amoroso y firme con sus hijos
Debe edificar sin grietas

Ser dueño de él mismo. Me refiero a la necesidad de ejemplificar el dominio propio en todas las áreas de la vida. Tanto el dominio propio como el desborde o falta de control se manifiestan en la manera de hablar, en el comer, en la puntualidad, en la capacidad de sacrificarse y superar debilidades, en el orden del espacio físico o del ambiente que se usa, y en el manejo del reloj despertador y de las horas de sueño. Se manifiestan también en la capacidad de mantener los compromisos, cumplir con las promesas, y mostrar estabilidad emocional.

Mantener una relación sana y afectiva con la esposa. Pocas cosas valora más un niño que un papá que ama a su mamá. Un hijo no se sentirá seguro si no ve amor entre sus padres. Por otro lado, una mamá difícilmente podrá realizar su tarea como madre con libertad, entusiasmo y amor si no se siente amada y valorada. La mujer es un vaso frágil. Su fragilidad se relaciona con sus emociones y esas emociones se ven fuertemente afectadas cuando quien debería cuidarla, sustentarla y edificarla, la ignora, o peor aún, la trata dura o ásperamente.

Vivimos en un mundo marcado por crisis tanto en la masculinidad como en la feminidad. En algún momento deberíamos desarrollar este tema, por su importancia y por las implicancias que tiene sobre la sociedad y el mundo. Por ahora me limitaré a decir que los varones debemos aprender a conciliar la firmeza y la gracia, y entender que estas dos cosas deben ir juntas. Un varón áspero nunca podrá edificar a su esposa, porque no tiene la llave del corazón. Y la gracia, la afectuosidad y la caballerosidad son las que conducen a toda edificación.
También debemos entender que la relación con nuestra esposa es más importante que toda otra relación. El fruto que obtengamos de nuestro hogar saldrá de esa relación. El matrimonio es la fábrica de la vida, y cuando la fábrica está en crisis, el fruto se ve afectado. Por lo tanto, precisamos pasar tiempo con nuestra esposa. Este tiempo puede darse a través de salidas semanales o quincenales, de caminatas periódicas, de invitaciones a tomar un café, o de acostar temprano a los chicos para que la noche comience temprano y nos dé la oportunidad de conversar y estar solos sin interrupciones.
La mujer que ejerce su maternidad con abnegación y discernimiento de su misión necesita ser especialmente fortalecida. Precisa sentirse apoyada. Que se le recuerde constantemente acerca del beneficio de lo que está haciendo. Que se le exprese que su dedicación es valorada por nosotros y por Dios. Y que se le recuerde que el costo de su esfuerzo redundará a su tiempo en descanso y gozo pleno. La crianza de los hijos es un proceso muy extenso y lleva muchos años obtener un fruto final. El varón debe apuntar siempre hacia el día en que vendrá la cosecha y unirlo con el presente para que el día presente resulte más llevadero.

¡Cuánta necesidad tenemos de repensar nuestro lugar como varones! Vivimos en un mundo lleno de hostilidad y desprecio, pero nuestras esposas deben saber que esas cosas no están en nosotros. Para ello, debemos llenarnos del Espíritu Santo. Precisamos estar plenos en Jesucristo, tener nuestro «tanque emocional y espiritual» lleno, desbordar de gozo, y andar en el Espíritu, en constante comunión con Dios.


martes, 29 de diciembre de 2015

LENGUAJE DE BARRICADA

                      

Así se denomina al lenguaje de confrontación, una forma de hablar que genera tensión y desata mecanismos de defensa en los que oyen. No pensemos que solamente en el mundo no cristiano hay gente que habla de esta manera. Tristemente, aún dentro del pueblo de Dios, también se practica este lenguaje. Las barricadas son instrumentos utilizados solamente en momentos de guerra o de violentos enfrentamientos.

Detectando un lenguaje bélico.

Mencionaré algunas señales que lo evidencian.

1. Esta forma de hablar se puede aprender de los cercanos o bien de los padres naturales o espirituales. Comúnmente brota del orgullo y un estilo de vida de por sí contencioso. También es posible que la persona haya sido herida en su fuero interior en algún momento de su pasado, suceso que lo convirtió en un ser beligerante.

2. El que practica este lenguaje reduce al mundo a su tamaño. Nunca abarca o incluye en sus conversaciones. Es como si el resto no existiera o fueran sus enemigos.

3. Su inclinación es atacar con sus dichos a los que no piensan o actúan como él, exasperando el clima donde se mueve.

4. El que incorporó el lenguaje de barricada siempre contradice o menoscaba las expresiones de los demás, dando entender que lo suyo es lo único y más importante.

5. Es muy difícil convivir o trabajar con aquel que habla el idioma de barricada. Los que deciden hacerlo deberán acostumbrarse a las rencillas y discusiones frecuentes.

6. Siempre choca con los demás, no es diplomático ni quiere serlo. En todo  momento y en cada circunstancia está en “pié de guerra”

¿Cómo ser sanos del lenguaje de barricada?

1. Reconocer y arrepentirnos de este vocabulario contencioso.

2. Advertir que la gente nos elude por nuestras duras palabras.

3. Pedir al Señor que nos libre.

4. Comenzar a llenarnos de la Palabra de Dios.

5. Entender que la iglesia es una comunidad de amor, gracia y respeto.

6. Hablar como Cristo, rogando que nos dé su mismo sentir y sus mismas palabras.

“El que habla debe hacerlo con las mismas palabras de Dios”

Por Oscar Gómez



DIÁLOGO CON UN VIEJO PASTOR




Hace unos días atrás tuve una charla enriquecedora con un pastor de 94 años que reside en la provincia de Córdoba. Fue en ocasión de acompañar a un hermano del lugar quien le llevaba algunas provisiones. Vi en el anciano un hombre de Dios, con buen semblante y mente lúcida. Conversamos informalmente por el espacio de dos horas. En un determinado momento le pregunté cómo creía que iba a ser la iglesia de los tiempos finales. Luego de pensar por unos instantes me dijo: "La iglesia antes del fin será parecida a la iglesia de Jerusalén, intensamente victoriosa e intensamente perseguida. Dios proveerá a esta iglesia inteligencia espiritual de tal modo que la unidad no será un problema sino una realidad porque el Señor revelará lo mismo a todos. "Ninguno dirá a su prójimo conoce al Señor porque todos me conocerán" Dios respaldará ministerios y ministros que no conocemos y seremos sorprendidos porque él dará a estos hombres autoridad y poder sobrenatural por lo cual multitudes se convertirán. Esta generación no ha vivido ni vive a la altura de las demandas de Dios pero la generación de antes del fin sí lo hará. No dudarán en entregar sus vidas por causa del Señor. Las tinieblas serán más oscuras y la luz más resplandeciente. Pero todo será precedido por una gran hambruna en toda la tierra". Mientras hablaba mi mente imaginaba todas estas cosas. 
Proseguí la conversación y el viejo pastor profeta espectó: "No desatiendan a los niños, inviertan en ellos, denle prioridad. No los dejen librados al acecho del mundo. Vayan y prediquen a la gente de influencia en la ciudad, al intendente, a los que gobiernan, a los pudientes, a los empresarios, entreguen una Biblia a cada uno sin temor, No tengan miedo siembren en ellos que van a cosechar. No se conformen con lo que hacen hoy y a quienes les hablan. En un momento observó las personas que pasaban delante de su ventana y mientras lloraba nos decía con clamor “Ven éstos, se pierden porque nadie les predica” Desde su sillón, ya que se encuentra totalmente limitado en sus movimientos, con voz lenta imparte sabiduría de años y aquello que percibe del silbo apacible del Espíritu que lo inspira. Actualmente escribe folletos y los manda a publicar para que los hermanos puedan evangelizar. Hacía mucho tiempo que no veía a alguien llorar por los perdidos. Disfruté la comunión con él y me goce de conocer un hombre de esa talla.

Oscar Gómez

lunes, 28 de diciembre de 2015

HACIA UNA IGLESIA SOLIDARIA

             


La Iglesia del Señor necesita en este tiempo encauzar su emoción hacia una acción intensa que resulte en beneficio de sus semejantes. Estas nuevas aristas serán: la evangelización en el poder de Dios y, la otra, el socorro material y práctico a los necesitados. Y en esto último quiero detenerme. Toda comunidad cristiana que pretenda crecer y expandirse deberá implementar proyectos y desplegar actos dirigidos a la conversión y mejoramiento integral de las personas, de otra manera será un grupo con poca trascendencia de contextura sentimental colectiva.
El cristianismo debe incluir en su misión atender las demandas legítimas exigidas por el aumento espantoso de la desidia social. Debe criticarse y procurar superarse en este aspecto. Muchos no modifican su trabajo porque creen que ya está “perfeccionado”, lo que se trasluce en un repetido calendario anual de actividades. Y esto no es un dato menor, si no lo advierte puede emprender un sutil camino de retroceso.

La necesidad de renovación

El mundo cristiano necesita renovarse, de un culto intimista a una demostración de su fe por medio de obras que lleven a nuestro prójimo a glorificar al Padre celestial. Se trata de una iglesia educada en la Palabra y atenta a la realidad social, que hace los cambios necesarios, que se plantea desafíos y está abierta a la posibilidad de su propio progreso.
Para que esta renovación ocurra se necesita una conducta un tanto irreligiosa que lleve a la comunidad cristiana más allá de lo exclusivamente interno y atienda con sus recursos la pobreza integral circundante en su barrio, ciudad o nación. La iglesia que viene tendrá la gran tarea de culturizar, educar, proveer, enseñar a trabajar sin dejar de lado el anuncio del evangelio del reino de Dios. Una iglesia que salve la brecha que existe entre las acaloradas declaraciones en las asambleas y su acción externa.

Involucrando a toda la hermandad

Es necesario que los hermanos presten su conformidad y cooperen en aquellos planes que se focalizan en una vida nueva y mejor de los hombres. Es aquí donde se verán las excelentes virtudes como el amor, la piedad, la justicia, la misericordia y la generosidad. No obstante, será necesario confeccionar un programa dirigido hacia afuera.
Si la iglesia se encamina hacia la solidaridad se irá colocando en el lugar que Dios quiere ganando la aceptación de sus semejantes y, de paso, algunos conversos. La comunidad de las emociones exaltadas, de las lindas canciones y los célebres verbalistas deberá convertirse en refugio y brazo extendido del Señor a todo hombre a fin que pueda provocar un verdadero impacto. Una transformación que no pierda la vida de Dios y la centralidad de Cristo pero que libere a la iglesia de una mentalidad templista y la haga desembarcar en las zonas devastadas por el pecado y el olvido gubernamental.

Una cuestión de visión

Todas las cosas que señalamos quedarán en manos del liderazgo. Lo que promoverá o no esta renovación será el temperamento, las convicciones y la impronta de sus dirigentes. Abogamos por una renovación de la razón que catapulte a los discípulos hacia las áreas de mayor necesidad. El mundo demanda con urgencia la acción de la iglesia, su última y única esperanza. Sin embargo habrá que encontrar un equilibrio entre su responsabilidad puertas adentro y el ineludible llamado a ser sal y luz de las naciones.

Oscar Gómez








A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...