lunes, 31 de agosto de 2015

CUANDO ESTAMOS JUNTOS Jon Zens


Hace unos años estuve en una reunión con unos hermanos donde el Señor Jesús se manifestó de una manera totalmente inesperada. Los cristianos sabemos que su presencia es segura, que no depende de programas o planes humanos pero en la práctica negamos esta premisa.  El grupo se reunió en una vieja escuela. Esa mañana las cosas no salieron como yo pensaba. Estábamos parados afuera, al aire libre, en una mañana fría, esperábamos quien nos iba a abrir el lugar y esta persona tuvo cuarenta minutos de retraso. Luego, una vez dentro, nadie tenía la llave para abrir la sala donde estaban las sillas, cancioneros, y otros artículos necesarios para comenzar la reunión. Conseguir las llaves de la habitación tomó otros quince minutos. A esa altura la mayoría de los hermanos y hermanas estaban nerviosos y decepcionados.
Había una dimensión profundamente emocional en esos momentos. Una nube de tristeza y confusión se cernía sobre nuestras cabezas ya que el pasado martes nos enteramos que un automóvil había pasado por una señal de "pare" matando a la esposa de uno de los presentes, la que estaba embarazada y su bebé también murió.
Las sillas se establecieron en círculos y nos sentamos. El incómodo silencio fue roto por una simple oración pidiendo la ayuda de Jesús. A pesar de la química emocional pasando entre todos en la sala, el Señor Jesús fluía libremente a través de cada uno. Fue absolutamente increíble. Nacieron cantos del corazón. Comenzamos a expresar a Cristo con amor y lágrimas.
En un momento dado el marido desconsolado se levantó de su asiento y abrió su corazón. Dadas las heridas recientes, sus palabras eran increíblemente apropiadas, calando nuestro interior. Habló de las pérdidas y de una manera poco común exaltó a Jesús. Creo que la franqueza de este hermano ocurrió porque pude comprobar que en esa comunidad existen relaciones profundas.
Sería difícil describir con palabras lo que sucedió en esa reunión. Experimentamos una manifestación increíble de Cristo a través de su cuerpo, aunque en el nivel humano todo estaba mal.
Esta historia me llevó a pensar en algunas de las muchas perspectivas que son vitales cuando estamos juntos.
1. Tengamos cuidado de no darle mucha importancia a las cosas físicas que rodean nuestra reunión en Cristo. No se trata de mera planificación, seleccionar la canción adecuada, o cualquier otra cosa en el plano humano. No estoy diciendo que toda planificación está mal. La cuestión es ser guiados por el Espíritu Santo. Es demasiado fácil confiar en hacer las cosas como lo hicimos la semana pasada, y la semana anterior. El Espíritu es el viento, por tanto no sabemos de donde viene ni adonde va.
2. Aunque no es un pensamiento agradable, debemos aceptar la realidad de que la vida de la comunidad se ve reforzada a través de nuestras pruebas, y allí Cristo es glorificado. En la tragedia que ocurrió en el grupo que visité, Jesús se expresó vibrante a través de un marido apenado y de la comunidad. Una de las marcas de la vida en comunidad es participar en los sufrimientos de Cristo. El sufrimiento precede a la gloria.
3. Cristo se expresa entre nosotros a agenda abierta. ¡Qué bendición tener la gente que se reúne dispuesta a dejar de lado sus preferencias, opiniones, y estar satisfecha con Jesús. Nada mata el flujo del Señor como individuos lleno de prejuicios y programas en su manga.
4. Cristo se manifiesta en las personas humildes. "Dios resiste a los soberbios." Nada entristece al Espíritu más que el orgullo. No se sabe lo que el Señor puede hacer en un grupo de personas que saben bien su necesidad de Jesús y de seguirlo. Como dijo Thomas Dubay "Para escuchar a los demás tenemos que ser humildes, pequeños en nuestra propia opinión. Encontrar la solución a un problema de matemáticas es posible sin la humildad, pero encontrar la voluntad de Dios es imposible sin esta virtud"
5. Cristo se expresa más enfáticamente cuando entramos en las cargas de los demás. En la historia anterior, este grupo se enfrentó con el cuidado por un periodo prolongado de este hermano que perdió a su familia. Pablo dijo en Gálatas 6: 2, "llevar las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo." Si nuestro Nuevo Testamento se hubiese quemado, y sólo este versículo se quedó, tendríamos más que suficiente para que Cristo trabaje a través de nosotros para el resto de nuestros días. Pablo también dijo: "Haz el bien a todos, en especial la familia de la fe" (Gál. 6:10). Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, Él dirá a los que alimentan y visten a otros, "Lo hiciste a mí."
Cristo es en cada discípulo, y tiene una manifestación del Espíritu para el beneficio del cuerpo. La promesa más repetida tantas veces en el Nuevo Testamento es que Cristo hará brotar ríos de agua viva dentro de ellos. El Hijo ahora es expresado en la tierra a través de la iglesia.
Sabemos dolorosamente bien que hay obstáculos y desafíos para que Cristo se exprese a través de personas como nosotros.  Somos vasos frágiles, de barro, pero vale la pena no detener esta gracia. 

No debemos olvidar que sin Él no podemos hacer nada. La Fecundidad solamente resulta si permanecemos en Cristo.


CALOR DE HOGAR Jorge Himitian


(Extraído de "La Iglesia como familia" del mismo autor)

La palabra hogar describe con más exactitud lo que debe haber en una familia. Hogar es el lugar donde vive una familia, pero también es el lugar de la casa donde hay un fuego que calienta el ambiente cuando hace frío. En ese lugar se reúne la familia.

Hoy hay muchos hogares fríos, “hogares sin hogar”. No hay calor en el hogar, no se sienten los miembros de la familia a gusto de poder estar ahí. Hay una frialdad en toda la casa. Si esto es verdad físicamente, mucho más en la parte emotiva. El individualismo ha tomado a la familia. Cada miembro está enfrascado en lo suyo y esto arruina a la familia. Gente que vive bajo un mismo techo pero cada uno está en lo suyo, a nadie le importa lo del otro, el trato es superficial. Cada uno busca lo suyo, y no se siente pleno dentro de la casa. Así, los hijos se crían en esa frialdad, y esto se multiplica.

Muchos hogares parecen más pensiones que familias. Uno va, otro viene, uno come a una hora, otro a otra hora y así el ritmo de actividades de la sociedad atenta contra la familia; no hay verdadera comunión, dialogo e interés. Cada uno hace lo suyo, y el individualismo infecta la familia.

La familia natural tiene que estar bien constituida y tiene que servir de modelo a lo que debe ser la Iglesia. La familia natural en el propósito de Dios es donde está ese calor, está ese amor e interés de los unos por los otros. En la familia el esposo ama y cobija a su esposa e hijos. La esposa vela por su esposo e hijos, y los hijos respetan y aman a los padres y entre sí.


¡Qué feo es el egoísmo en la familia, pero qué hermoso es cuando hay amor en la familia! Hay dialogo, ayuda, se llora con el que llora, se ríe con el que es feliz. El éxito de uno es la alegría de todos, el fracaso de uno es el dolor de todos. Esa es una familia como Dios quiere. Hay verdadera comunión, verdadera comunicación. 

LA OBRA EN EL CARMEN (JUJUY) Por Oscar Gómez


Tuve la oportunidad de acompañar al pastor Víctor Rodríguez al norte argentino a principio de este mes. El viaje fue sumamente edificante para mí. En la ciudad de El Carmen, ubicada a unos 30 km. de San Salvador de Jujuy conocí una obra muy preciosa que funciona en la casa de los hermanos Néstor y Jesús Gutiérrez.

Al llegar con el apreciado discípulo Elías Flores, quien atiende el grupo, nos recibieron con cálidos abrazos, después de un rato cuarenta personas estaban reunidas alrededor de una extensa mesa compartiendo las vivencias de la semana y sus necesidades, también presentaron dos personas que venían por primera vez. Oraron por motivos específicos y se abrió la palabra del Señor.


Esa misma noche, los dueños de casa prepararon una cena exquisita compartida con alegría y sencillez de corazón. Felicito a los hermanos de esta localidad por llevar adelante una iglesia prolífica y enteramente ajustada a las escrituras. 

Una iglesia renovada, que se reúne alrededor de una mesa y cuyo centro es el Señor Jesús experimentando un ministerio recíproco es posible, solamente depende de la decisión de sus líderes. Cada vez que tengo oportunidad hablo del ejemplo de la obra en El Carmen.

sábado, 29 de agosto de 2015

HAMBRE DE JUSTICIA Jorge Himitian


En el mundo no existirá la justicia perfecta hasta que Cristo establezca su reino en la tierra, sin embargo, es nuestra ineludible responsabilidad como discípulos de Cristo ser factores de transformación social para que, donde sea posible, vivamos en una sociedad más justa.  El que tiene hambre anhela ansiosamente un trozo de pan. Así también, Jesús llama bienaventurados a aquellos cuyo mayor deseo es ser justos, santos, actuar correctamente, vivir en rectitud.

“Bienaventurados  los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”(Mateo 5.6)

La justicia tiene diferentes aspectos. Está la justicia legal, la justicia social, la justicia moral, y otros tipos de justicia. Como en las bienaventuranzas Jesús está hablando de las virtudes morales de las personas, sería correcto entender que él se refiere primordialmente a la justicia moral como virtud de carácter. Esto de ningún modo significa que no tenga aplicación a otros aspectos de la justicia. Aún más, la justicia o rectitud moral es (o debería ser) el fundamento de todo tipo de justicia.

Es justo decir la verdad, no robar, no cometer adulterio. Es justo que los hijos obedezcan a sus padres, que los padres no maltraten a sus hijos. Es justo ser puntual, pagar lo que se debe, trabajar las horas que nos corresponden, pagar buenos salarios, no dar ni recibir soborno. Es justo honrar a los ancianos, respetar el derecho de los más débiles, ayudar a los necesitados. Es injusto insultar, ofender, reírse de otros. Es injusto hablar mal del ausente, calumniar, difamar.

Muchas veces esta bienaventuranza se la aplica de un modo inverso. Jesús no se refiere a que debemos exigir que otros hagan justicia, o sean justos con nosotros, sino que nosotros seamos justos con los demás. Se refiere a aquellos que lo que más desean en la vida es ser justos ante Dios y con todas las personas; es decir, tienen hambre y sed de ser como Jesús.

Aquel que tiene sed está desesperado por agua. El que tiene hambre anhela ansiosamente un trozo de pan. Así también, Jesús llama bienaventurados a aquellos cuyo mayor deseo es ser justos, santos, actuar correctamente, vivir en rectitud. En resumen: Bienaventurados los que desean ser como Jesús, el Justo.

Esta sed, aplicado al orden social, tiene dos aspectos: Una, es nuestra esperanza final:

"Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3.13). Nosotros tenemos sed y hambre del día en el que Jesús volverá, y habrá justicia perfecta en la tierra. El otro aspecto es el mientras tanto. Mientras aquél día llegue, tenemos la responsabilidad de ser la sal de la tierra y la luz del mundo; ser la buena levadura para leudar la masa. Todos los genuinos avivamientos y las sanas reformas sociales produjeron cambios en las naciones. La esclavitud fue abolida, los trabajadores adquirieron derechos, la explotación laboral de los niños fue suprimida, y cosas semejantes. En otras palabras, no debemos resignarnos a las injusticias que subsisten en la sociedad esperando la segunda venida de Jesús.

Y, aunque sabemos que en el mundo no existirá la justicia perfecta hasta que Cristo establezca su reino en la tierra, es nuestra ineludible responsabilidad como discípulos de Cristo ser factores de transformación social para que, donde sea posible, vivamos en una sociedad más
justa.

La justicia en muchas de las naciones de occidente se basa en el Derecho Romano. Sin embargo, la justicia de Dios es muy superior a ella. Jesús dijo:
“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”  (Mateo 5.33).
La justicia del reino de Dios es totalmente diferente de la justicia legal. Algo puede ser legalmente justo, pero moralmente injusto. Imaginemos el caso de una persona que es propietaria de 100 casas. Tal vez las adquirió correctamente desde lo legal. Pero nos preguntamos: ¿Es justo que un hombre tenga 100 casas cuando hay 100 familias que no poseen ninguna vivienda en la que habitar dignamente?  Según el Derecho Romano, o las leyes de un determinado país, puede ser legalmente justo. Pero según la justicia de Dios, no.

¿Es justo que los trabajadores, que con su esfuerzo producen las riquezas de un país, carezcan de lo necesario para vivir dignamente, que el salario no les alcance ni siquiera para sustentar su propia familia, mientras que los dueños de las empresas ganan excesivamente y gastan en lujos y derroches?

En América Latina, el trabajador, que es el verdadero productor de las riquezas, está mal remunerado. El empresario se justifica diciendo que él pagó lo que indica la ley. ¿Es justo que en nuestro país la diferencia entre el que más gana y el que menos gana sea de 100 a 1?

Pensemos, por ejemplo en la construcción. Los albañiles, bajo el frío o el calor, trabajan construyendo grandes edificios, suntuosas casas, pero reciben un sueldo que apenas les alcanza para la comida. Producen casas espléndidas pero ellos con sus familias viven hacinados en casas miserables. ¿Esto es justicia?

Tener hambre y sed de justicia, no significa acusar o criticar a los ricos y poderosos, (aunque llegado el caso debemos dar la palabra profética como lo hizo Santiago en su epístola, capítulo 5.1-6); sino saber que nuestra responsabilidad primera es esta: Si Dios prosperara económicamente a alguno de nosotros, o si se convirtieran empresarios, no deberíamos guiarnos por la “justicia” del mundo, sino por la del reino de Dios. Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y paguemos a los que trabajan los mejores salarios que nos resulte posible.

Y en otro orden de cosas, aboguemos por leyes más justas. La única esperanza para que nuestras naciones sean transformadas es que el reino de Dios llegue a los corazones y cambie a los injustos en justos, y que las leyes tengan en su fundamento el amar al prójimo como a uno mismo.

¡Dios levante una nueva generación de empresarios que sean discípulos de Cristo y que actúen como Jesús! Si Jesús fuese un empresario ¿cómo les pagaría a sus obreros? ¿No sería justo compartir las riquezas con los que las producen?

Pero la justicia social de reino de Dios no se limita a lo moral y económico.

¿Es justo que un marido le grite a su mujer o la trate con violencia? ¿Es justo que los hijos falten el respeto a sus padres? ¿Es justo que un niño sea abusado? ¿Es justo matar a una criatura en el vientre de su madre? ¿Es justo secuestrar a una persona y pedir por su rescate? ¿Es justa la trata de personas? ¿Es justo acostarse con la mujer de otro?

Clamemos de corazón: ¡Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra!

Jesús declaró:
“Así que, todas las cosas que quieran que los hombres hagan con ustedes, así también  hagan ustedes con ellos; porque esto es la ley y los profetas”
(Mateo 7.12).

Otra consideración muy interesante es que Jesús define el acto de ayudar al pobre como un acto de justicia y no simplemente de misericordia (Mateo 6.1-4). Esto implica que actuar con misericordia es hacer justicia. La verdadera justicia se encuentra intrínsecamente ligada al amor y a la misericordia. Dar a los pobres es hacer misericordia, pero, según Jesús, también es hacer justicia. ¿Por qué? Porque no es justo que yo tenga abundancia y otros no tengan nada (2 Corintios 8.14-15).

San Agustín hacía una distinción entre “la justicia retributiva” y la “justicia distributiva”. Debemos procurar que la justicia de este mundo sea cada vez más “justa”; sin embargo nunca habrá una justicia perfecta. Entonces, él sugería que con la justicia distributiva corrijamos los abusos de la retributiva:
“Vende lo que tienes y dalo a los pobres”  (Mateo 19.21). Eso es justicia distributiva. Justicia unida a la misericordia.

EL CICLO NORMAL DE LA REMERA




Hace poco leí algo simple que me llevó a reflexionar, decía más o menos así: Una remera debe cumplir su ciclo para que sea remera. Se trata de una prenda que al principio lucimos con alegría en cada circunstancia. Con el tiempo, cuando pierde su entalle original o sus dibujos ya no lucen, la usamos dentro de casa; al pasar los años se convierte inevitablemente en un trapo para limpiar el auto o el piso.

Pensé que el discípulo de Cristo también debe cumplir su ciclo normal. Pero no de desgaste y cada vez mayor inutilidad, al contrario, primero es discípulo nuevo que fundamenta su vida en las enseñanzas de Jesús y en la comunión con los hermanos; después al ganar a otros se convierte en un padre espiritual responsable. Y con los años, al entender la gran comisión, se dispone a llevar el evangelio del reino de Dios aún fuera de los límites de su nación. (Mateo 28:18-20)


No nos dejemos engañar o invadir por el desánimo. No somos una remera. Nuestra vida en Cristo es como la luz de la autora que va en aumento hasta que el día es perfecto. ¡Y todo por la gracia de Señor!


                                                                Por Oscar Gómez

viernes, 28 de agosto de 2015

TESTIMONIO DE LA IGLESIA EN SALVADOR BAHÍA 4° Parte Marcos Moraes


Un reconocimiento a Iván

Antes de ir al final de esta historia, me gustaría decir algo con respecto a Iván. Hace tres años se hizo una fiesta con motivo del cumpleaños de Iván. Vinieron un montón de brasileros. La fiesta fue en Condarco, Bs. As. Yo quiero repetir algo que dije allí.

La gente tomaba el micrófono y decía algo de la vida de Iván. Jorge dijo cosas muy lindas respecto de Iván, hablando del ministerio de Iván, de su gracia profética. Pero pidieron que un brasilero dijera algo. Me pidieron que hablara en nombre de los brasileros. Quiero contarles a ustedes lo que dije en aquella ocasión.

Se habían dicho muchas cosas del ministerio de Iván y no había nada más para decir. Pero había algo que no se había dicho, y yo lo exprese de la siguiente manera: Contando una historia de 14 años atrás. Iván hizo un viaje con nosotros por varias partes de Brasil. Porque en aquella época estaban surgiendo otras ciudades que querían una relación con nosotros. Y estuvimos con Iván en Minas Gerais, el interior de Bahía, fuimos al norte, Arrecifes, y terminamos en San Pablo. Fue un viaje de un mes. El último día estábamos todos muy felices de volver a nuestras casas, de poder ver a nuestras esposas y nuestros hijos. Estábamos charlando, pero nuestra charla terminó con una “guerra de almohadas”. Mario, Iván y yo, como tres niños, en la misma pieza, tirándonos con almohadas. Y ahí nos reímos como chicos. ¿Y por qué yo conté esta historia? Porque quería dejarles claro a los hermanos que no es sólo un gran ministerio lo que Iván ha tenido. Mas que todo, todos estos años, Iván ha sido un amigo. Yo no quiero andar con hombres que no pueden hacer una “guerra de almohadas”. Este hombre, además de todos los años, de toda la experiencia, podía encontrar tiempo y alegría para hacer una “guerra de almohadas” con estos discípulos que estaban con él. Yo le agradecí esto, delante de todos, en ese cumpleaños.

Iván, todos estos años, fue mucho más que un apóstol, fue un padre, y por encima de todo, un amigo. No me acuerdo de una única ocasión, en todos estos 22 años, en que Iván impuso algo. La única cosa que yo puedo decir que fue fuerte en Iván, fue su paciencia para con nosotros. ¡En eso fue fuertísimo! Y le agradecemos públicamente, porque es el honor que Dios quiere que le demos a él.

Continuará.........




LA IGLESIA NECESITA VOLVER A LA SENCILLEZ Jorge Himitian



La iglesia necesita limpiarse del lastre que fue incorporando a través de los siglos y volver al fundamento establecida por Cristo y sus apóstoles. Volver al poder y a la espiritualidad que la caracterizó en sus comienzos. 

La iglesia necesita librase de la influencia de la filosofía con la que se mezcló en sus primeros siglos y volver al kerigma apostólico, locura para los sabios de este mundo, pero poder de Dios para los que creen. Necesita volver a la sencillez de la didaké de Jesús, y creer que en ella está la sabiduría que puede transformar al mundo. 

La iglesia necesita limpiarse de la estructura imperial que copió del Imperio Romano, embriagada de poder, ambiciones, riquezas, lujo, fama, pompa y vanidad y regresar al modelo de Cristo, modelo de servicio, humildad y amor. Estar cerca de los pobres, de los que sufren y de los pecadores para cumplir con su misión redentora.
   
La iglesia necesita dejar las ceremonias y los ritos sin vida. Las liturgias estructuradas. Volver a la oración sencilla, al canto libre, a la alabanza espontánea y a la libertad del Espíritu en sus asambleas y encuentros.

La iglesia necesita volver a las casas para vivir la verdadera koinonía y el pastoreo eficaz. Para llorar con el que llora, para poder servir los unos a los otros, y para partir el pan con alegría y sencillez de corazón.

La iglesia necesita liberarse de la supremacía de la razón, del intelectualismo estéril, del relativismo moral, del veneno de la teología liberal, y volver a la preponderancia del Espíritu sobre la razón y a creer como un niño en la verdad revelada.

Y en estos tiempos más recientes, la iglesia necesita cuidarse de las propuestas de la pos-modernidad, de un espiritualismo sin Cristo, del pragmatismo que produce «resultados», del relativismo moral, de una religiosidad amoral. Necesitamos volver a los absolutos de Dios, a la centralidad de Cristo, y a creer en la inmutabilidad de la palabra de Dios. Necesitamos volver al fundamento y a la fuente.

Estamos aquí, venidos de distintos continentes, para unirnos y juntos clamar y profetizar al Espíritu: ESPÍRITU VEN DE LOS CUATRO VIENTOS, Y SOPLA SOBRE EUROPA.

Ha habido y hay avivamientos en otros continentes. En los últimos 60 ó 70 años la iglesia ha crecido mucho en casi todos los países de Latinoamérica, en África, Asia, y hasta en países tan difíciles como Corea del Sur, China, Indonesia, India, y algunos de la ex Unión Soviética. Clamemos a Dios por Europa. En la noche más oscura las estrellas brillan más. Cuanto más seco sea el bosque, más rápido se propagará el fuego. Cuanto más difícil parezca el milagro, más gloria habrá para Dios.


Digamos todos juntos: ¡Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre Europa!

jueves, 27 de agosto de 2015

TESTIMONIO DE SALVADOR BAHÍA 3° Parte Por Marcos Moraes


Dios comienza a ordenar las cosas

Me acuerdo que fue muy difícil ese primer año. Yo fui a ayudar en una denominación. Era todo un lío, no había nada de pie, Me acuerdo de muchas veces que me iba a la oficina, me ponía debajo del sofá para llorar, y decía: “Dios, ¿porqué me mandaste acá? Yo no sé que hacer acá. Esto es todo una locura”. Tenía muchas cosas que había recibido de Moacir, tenía noción de algunas prácticas, pero no sabía como empezar. Fue un tratamiento muy importante de parte de Dios. Siempre me acordaba de Embalse y lloraba… ¡Yo quería estar en Embalse!

Seguimos en contacto con Moacir. Fuimos a veces a Él y nos ayudaba. Pero un año después hubo en Porto Alegre un encuentro de pastores. Tres semanas de encuentro. Toda la mañana con reunión. Por la tarde, libre para jugar al fútbol. Y por la noche, reunión. ¿Y quienes estaban esas tres semanas predicando allí…? Estaban Iván Baker y Orville Swindoll, los dos… Y después de eso fue como si yo tuviera toda la información.  Esto acá, aquello allá, esto se hace así. Todo nuevo.

Y volví a Salvador con una convicción, con una certeza de lo que Dios quería. Y en ese tiempo, la iglesia también envió a Mario, no para la ciudad, sino para una isla cercana a Salvador. Y ahí estábamos, la Biblia bajo un brazo, y en la otra mano los apuntes de lo que dieron Iván y Orville. Y esto fue una revolución. Fue tanta la revolución, que en seis meses, la gente de la denominación quería saber cuando se iba a librar de nosotros. ¡Nos quería lejos! Porque todo lo que estabamos hablando era locura para ellos.

Comienza la obra en Salvador

Se arrimaron a mí un grupito pequeño de jóvenes, todos solteros. No estaban en la denominación, y querían el evangelio del Reino. Aunque yo estaba todos los domingos en la denominación,  tenía este grupito en mi casa. Yo los llevaba los domingos, pero ellos me decían: “No somos de esta denominación, nosotros somos de Jesús”. Y cuando no fue posible andar más con los hermanos de la denominación, surgió la posibilidad de que yo volviera a Porto Alegre. Pero estaba este grupito de siete, con sus corazones en que yo no podía dejarlos. Yo pensaba en dejarlos, y lloraba. Ellos oyeron que yo podía irme y lloraban también. Salvo dos, que me decían: “No hay problema, vos te vas y nos vamos también”. Y ahí, los pastores de Porto Alegre entendieron que Mario y yo debíamos empezar a trabajar juntos en Salvador, con este grupito de siete solteros.

¿Y por qué dos…? ¿Por qué no uno…? Marcos solo no, tiene que ir alguien con él… Y oraron, y Dios mostró a Mario Roberto Fagundes, mi amado compañero. ¿Te das cuenta que Dios, por medio de Jesús, nunca envió a uno solo? Nunca, ni para buscar a un burrito…. ¡Mandó a dos! ¿uno era incapaz de traer al burrito? No sé, pero Jesús mandó a dos… Siempre a dos.

Así, Mario y yo comenzamos juntos. Esto comenzó a crecer. Y como nosotros habíamos oído a Iván, luego, estabamos un poco perdidos entre lo de Moacir y lo de Iván. Necesitábamos mayor ayuda de Iván. Fue cuando empezamos a escribirle a Iván para que viniera a Salvador. Él estuvo por primera vez con nosotros en el año 1983. Él es muy sincero, cuando llegó al aeropuerto, la primera palabra que nos dijo fue: “ Yo no quería venir... Las cartas de este me hicieron venir” . Porque yo había escrito, no una, sino dos o tres cartas. Desde el 83 hasta ahora estamos bajo el apostolado y la ayuda de este amado hermano.


Continuará....... 

SUCESOS INESPERADOS

                              


En el mundo acontecen cosas imprevisibles, irregulares, algunas de alto impacto que traen consecuencias de largo alcance y cambian el curso de naciones, familias e individuos tanto para bien como para mal. Multitudes quedan bajo el efecto de estos sucesos. Podemos citar hechos de gran escala como el nacimiento de Jesús, este hombre santo produjo un antes y un después en la humanidad; la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, la conversión de Saulo, el advenimiento de la segunda guerra mundial que se gestó en cuestión de días, la llegada de Internet, el ataque a las torres gemelas, el terremoto en Japón, etc.
El escritor libanés Nassim Taleb expresa: “Aunque nos cueste aceptar, la vida es muchísimo más laberíntica de lo que aparece en nuestra memoria; la mente convierte la historia en algo uniforme y lineal haciendo que subestimemos las circunstancias inesperadas” Un pastor pierde a su esposa y a su hija en un accidente, un cismo cambia el curso de una congregación en Chile por la destrucción de su espacio físico que fue construido durante años por el esfuerzo de los hermanos, y así sucesivamente.

Hechos que alteran la lógica

Los sucesos imprevisibles nos inundan y reaccionamos frente a ellos de manera exagerada. Los saqueos en Argentina en la década del 80 y el inevitable desabastecimiento produjeron una locura colectiva. Estos acontecimientos no lineales y extraordinarios nos dejan expuestos e indefensos. Por otra parte, un ascenso a un cargo gerencial o recibir una suculenta herencia sin haberlo esperado subvierten radicalmente la vida de cualquiera. También los hechos milagrosos alteran la lógica y el futuro, el embarazo de la joven María por obra del Espíritu Santo cambió para siempre la vida del piadoso José, de la familia, de la ciudad y del mundo entero.
Las circunstancias complejas e inexplicables abundan, son difíciles de prever y cuando son de “gran calado” generan reacciones incontroladas.

La vida moderna multiplica los sucesos imprevistos

El mundo actual, virtual y hedonista, hizo que las cosas sean más imprevisibles. La superficialidad y la banalidad reinante, el alejamiento del modelo judeocristiano, la pérdida de valores y la falta de cuidado del ecosistema, entre otros, hacen que los hechos imprevisibles vayan en aumento. No obstante, aquel que vive ajustado a las sagradas escrituras gozará de mayor probabilidad de orden y estabilidad, aunque no exento de imprevisibilidad. Los sucesos raros en la vida de los hombres son imposibles de calcular. Cuanto más extraño un suceso menos se presta al cálculo y aún menos podremos determinar la frecuencia de su aparición.
La creación lesionada por el hombre es la mayor experta en sucesos raros y la mejor gestora de circunstancias inesperadas. Inundaciones, terremotos, catástrofes, etc. Estos fenómenos son agresivos, destruyen, cambian la historia de naciones, de familias. Todos se vuelven vulnerables. También suceden cosas planificadas por el hombre mismo como las guerras, las invasiones o los genocidios que afectan directamente a sus semejantes de manera exponencial. No hay antídoto contra estos acontecimientos repentinos y súbitos, me arriesgo a ser considerado ingenuo: Nuestra parte es estar seguros que hacemos la voluntad de Dios cada día.

El cristiano en medio de las cosas imprevisibles

Llevando estas cosas al ámbito particular, frente a la noticia de una enfermedad terminal, la pérdida de un familiar cercano, o el alejamiento de un hijo como el que experimentó el padre en el relato de los evangelios ¿Qué podemos decir? No mucho, casi nada. Sin embargo los cristianos tendríamos que sacar algún provecho de los acontecimientos inexplicables en lugar de simplemente padecerlos. La Biblia cuenta la historia de una muchacha que era del pueblo de Israel y fue secuestrada en forma violenta por los sirios. Esta joven en vez de quejarse y reclamarle a Dios lo sucedido aprovechó la situación para decirle a su señora que en su pueblo había un profeta que podía sanar a su marido que era ni más ni menos que el general Naamán (2° Reyes 5: 2 y 3) No es nada fácil convertir el infortunio en oportunidad. Creo que Dios nos ayudará.
No podemos pensar que el mundo funciona gracias a un diseño programado, a la investigación de las grandes universidades o la bolsa de valores. Es imposible calcular los riesgos y las probabilidades de las crisis y los sucesos raros por muy sofisticados que sean nuestros métodos. Job procuró hacer todo para gozar de una vida ordenada y lineal, sin embargo las pérdidas y perjuicios que sufrió nunca los hubiese esperado ni soñado.

En definitiva

1. Que Dios tenga misericordia de nosotros.
2. Las cosas imprevisibles suceden.
3. Dios sabe todas las cosas.
4. Estemos en el centro de la voluntad divina.
5. Tengamos solidaridad con las víctimas de sucesos imprevistos.
6. Si es posible, convirtamos las crisis en oportunidades.

                                                             Por Oscar Gómez






UN PENSAMIENTO


"¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación"

Al meditar en 1° Corintios 14:26 observo cuanto nos hemos alejado de este modelo. No cabe duda que incidieron varios factores concurrentes. El peso de la tradición, mirar como lo hace el vecino, el púlpito que heredamos de los oradores griegos, la pasividad de la asamblea, propia de la misa católica donde uno discursa y la feligresía escucha, son cosas que nunca han sido modificadas, ni siquiera por los grandes reformadores. Escucho por todos lados dirigentes que afirman la imposibilidad de reunirnos tal como lo describe el pasaje aludido, si fuera así el apóstol Pablo tendría que pedir disculpas por mandar a hacer algo imposible, pero estoy seguro que no se equivocó. Gracias a Dios encontramos en la actualidad gente sencilla que decidió congregarse de acuerdo al modelo apostólico, otros están cerca, pero todavía no es lo que debiera ser. Muchos que en algún momento experimentaron esta realidad neotestamentaria hoy se preocupan por el recinto, por centralizar toda actividad en ese recinto, colocar en cartelera la próxima visita, tener el mejor grupo de alabanza, (hasta llaman salmistas a sus cantores) y preparar un largo sermón para el domingo. Hoy no creemos que la hermana Josefa o el hermano Pedrito tengan algo para decir cuando estamos juntos. En realidad, si la renovación no pasa por un cambio de mentalidad y un giro en la vida de la iglesia, en su práctica cúltica y misional, no es renovación. La verdadera renovación pasa por un nuevo enfoque de las relaciones, de la reunión y de la misión. Creo que estas son las cosas que debemos ajustar ¿Que les parece?

                                                                                              Por Oscar Gómez

LA FORTALEZA

                                 


"Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos”  Isaías 26:4

El que afronta las adversidades y sigue adelante crecerá en fortaleza. Existe una diferencia notable entre resistencia y fortaleza. La primera nos permite soportar la situación sin producir cambio alguno, por el contrario, la fortaleza tiene la capacidad de desarrollarse. Las sagradas escrituras nos instan a fortalecernos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10)

La fortaleza interior no siempre está ligada a la fuerza física, aunque la favorece. Fortaleza se define como valor para enfrentar las circunstancias en la vida práctica, no obstante esta virtud necesita elementos para ser robustecida, situaciones que la hagan crecer. El José de la biblia no esperaba ser vendido por sus hermanos, ser tentado por la mujer de Potifar o estar en la cárcel, sin embargo éstos fueron los medios que hicieron de José un hombre lleno de fortaleza. Después de cada prueba fue mejor en muchos sentidos.

Las tensiones nos hacen crecer en fortaleza.

El sedentarismo o el exceso de descanso produce atrofia muscular, del mismo modo los sistemas naturales del ser humano se debilitan y mueren si son privados de los medios que le causan tensión, entre ellos las contingencias en el trabajo, en la familia o en la iglesia. Si no existieran trataríamos de buscarlas. Las tensiones son inevitables e indispensables. Podemos evadirnos de la realidad, residir en una casa con vista al mar o hacia las montañas pero en poco tiempo pediríamos los estresores a gritos. Esta es una de las tantas paradojas de la vida.
Si anhelamos crecer en Dios necesitamos aquellas cosas que provocan tensión. El apóstol Pablo es un claro ejemplo, se levantaba pensando en los problemas internos y externos que tenía que atender. Así lo describe:

“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligro de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio el alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos; peligros de ladrones; peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2° Corintios 11: 23 al 28)

Seguramente no pasamos las mismas cosas que Pablo, pero tenemos las nuestras. La vida en latinoamérica con sus vaivenes políticos, económicos y sociales es un excelente medio para crecer en fortaleza aunque parezca ridículo lo que digo (tampoco le agradezcamos a los dirigentes nefastos que nos llevan a las crisis) Lamentablemente muchos no aprendieron la lección y cayeron en profunda frustración, aún dentro del pueblo de Dios. Nada le causa temor al argentino de hoy porque es producto de esas inconsistencias, sufrió el corralito, el default, el cepo, etc. Muchos han afrontado profundas crisis de salud, económicas, familiares y también en el seno de la comunidad eclesial, no obstante después de la tormenta fueron más fructíferos. Crecieron en fortaleza y tal vez en otras virtudes.

La fortaleza nos permite afrontar los peligros.

Nunca como en la actualidad han ejercido tanto control en las distintas esferas de la vida personas que no asumen ningún riesgo, que se hacen fuertes al dirigir los asuntos desde sus oficinas, a través de las computadoras, éstos son los que dicen “Vayan, prediquen”, “Hagan misión”, pero no se exponen en lo personal. También encontramos los que adquieren fortaleza a costa de la debilidad de otros, hacen exhibiciones de poder con el débil, con el flojo de temperamento, con el indefenso. Esta clase fortaleza que abusa de la fragilidad ajena no es aprobada por Dios.

Los hijos de Dios no somos como esas piezas de porcelana o de cristal que colocamos a resguardo en la parte más segura de la casa. La sobreprotección es un verdadero problema para el arraigo y el crecimiento del discípulo. Algunos queriéndonos ayudar nos terminan perjudicando. No encargar el cuidado de nuevas vidas a los hermanos por temor que se decepcionen o privarlos de la misión por el peligro que conlleva  no es más que paternalismo. La fortaleza prospera en la hostilidad, mediante las crisis y los desafíos. La iglesia en Jerusalén estaba cómoda y tranquila, la persecución jaqueó su seguridad provocando la expansión del evangelio y el surgimiento de discípulos fuertes. Pero cuidado: Nuestra fortaleza nunca será motivo de orgullo,  debemos darle la gloria a Dios. “El Cordero que fue inmolado  es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra y la alabanza” (Apoc. 5:12)

Para crecer en fortaleza habrá que asumir riesgos con audacia más que dictar cursos o recibir instrucción formal.

En definitiva:

Saber que la fortaleza viene del Señor.

Procurar obtener algún beneficio de las crisis. No somos los únicos que padecemos en esta tierra.

Afrontar los desafíos y los riesgos por causa de Jesús.

                                                         Por Oscar Gómez




























A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...