martes, 30 de junio de 2015

HUGO DE FRANCESCO: AQUILA Y PRISCILA




  Algunas parejas saben cómo lograr lo máximo de su vida. Se complementan uno al otro, utilizan las virtudes del otro y forman un equipo efectivo. Sus esfuerzos unidos impactan a quienes están a su alrededor. Aquila y Priscila eran de ese tipo de pareja. Nunca se los menciona separados en la Biblia. En el matrimonio y en el ministerio, estuvieron siempre juntos. 

Priscila y Aquila se encontraron con Pablo en Corinto, mientras el apóstol realizaba su segundo viaje misionero. Acababan de expulsarlos de Roma por el decreto del emperador Claudio en contra de los judíos. Su hogar era tan movible como las tiendas que hacían para mantenerse.
Abrieron su hogar a Pablo, quien colaboró con ellos en la fabricación de tiendas. Pablo les abrió su corazón, enseñándoles su riqueza de sabiduría espiritual.

Priscila y Aquila sacaron el máximo provecho de su educación espiritual. Escucharon con atención los sermones y los evaluaron. Cuando oyeron a Apolos hablar, les impresionó su habilidad en la oratoria, pero llegaron a la conclusión de que el contenido de su mensaje no era completo. En lugar de tener una confrontación abierta, la pareja lo invitó en privado a su hogar y le enseñaron lo que necesitaba saber. Hasta entonces, Apolos sabía lo que Juan el Bautista había dicho en su mensaje acerca de Cristo. Priscila y Aquila le hablaron de la vida de Jesús, su muerte y resurrección, y la realidad de la presencia de Dios en el Espíritu. Apolos continuó predicando con poder, pero ahora con la historia completa. Priscila y Aquila siguieron usando su hogar como un lugar agradable de preparación y alabanza. De regreso a Roma, muchos años después, auspiciaron una de las iglesias de hogares que se desarrolló. 

En una época en que el enfoque está mayormente en lo que sucede entre el esposo y la esposa, Aquila y Priscila son un ejemplo de qué puede ocurrir a través de un matrimonio dispuesto. 

Su unidad eficaz habla de la relación entre uno y otro. Su hospitalidad abrió la puerta de salvación a muchos. El hogar cristiano es todavía una de las mejores herramientas para difundir el evangelio. ¿Hallan tus invitados a Cristo en tu hogar?

Puntos fuertes y logros:

• Equipo sobresaliente de esposo/esposa que ministró en la iglesia primitiva.

• Se mantenían haciendo tiendas mientras servían a Cristo.

• Amigos cercanos de Pablo.

• Explicaron a Apolos el mensaje completo de Cristo.

Lecciones de sus vidas:

• Las parejas pueden tener un ministerio eficaz.

• El hogar es una herramienta valiosa para la evangelización.

• Cada creyente necesita que lo instruyan bien en la fe, sin importar el papel que desempeñe en la iglesia.

Datos generales:

• Dónde: Procedentes de Roma, se trasladaron a Corinto, luego a Éfeso.

• Ocupación: Fabricantes de tiendas.

• Contemporáneos: Emperador Claudio, Pablo, Timoteo, Apolos.

Versículos clave:

«Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles» (Romanos 16.3, 4). Su historia se narra en Hechos 18. También se mencionan en Romanos 16.3–5; 1 Corintios 16.19; 2 Timoteo 4.19.


sábado, 27 de junio de 2015

EL DISCIPULADO Keith Bentson





   INTRODUCCIÓN 

La tarea que nos ha sido encomendada por Cristo es cuádruple: predicar el evangelio, hacer discípulos, enseñar para contribuir a la formación de toda área en la vida del discípulo y formar comunidades cristianas. Esta lección trata lo concerniente de la enseñanza, o sea, del discipulado, señalando lo fundamental que lo es en la vida del discípulo, la amplitud de su aplicación y el espíritu con que se debe discipular y ser discipulado.

1.
Durante el destierro de Israel (586 a.C. a 538 ), y aún más durante los 400 años entre Malaquías y Mateo, surgieron varias escuelas de pensamiento entre los judíos, encabezadas y dirigidas por maestros destacados (rabinos). Estos tuvieron sus respectivos seguidores, sus adherentes, sus discípulos. Los más allegados entre ellos hasta acompañaban físicamente a sus maestros, en una especie de convivencia.


2.
No sólo fue esto una práctica entre los judíos, sino también entre algunos filósofos griegos (Sócrates, etc.), los cuales tuvieron sus seguidores, sus discípulos. De modo que vemos que esta forma de enseñar no se inició con Jesús, sino fue más bien una costumbre conocida entre los del antiguo mundo.


3.
Juan el Bautista se ajustó a esta forma de transmitir sus enseñanzas (Jn. 1.35), como también nuestro Señor (Mc. 1.16-20; 2.13,14).

I ¿QUÉ ES UN DISCÍPULO?

1.
En el contexto del N.T. un discípulo es aquel que ha sido llamado (Jn. 1.43) y que ha respondido con fe, comprometiéndose a seguir a Cristo en obediencia, fe y amor. Él se dedica, se sujeta, a Cristo Jesús, tanto a su palabra como a su persona. Cristo viene a ser el Señor y maestro, y él pasa a ser el súbdito y alumno.


2.
Un discípulo es el que aprende, no como un mero alumno, sino más como un aprendiz. Aprende para saber y para hacer. Se dispone para ser enseñado, con el fin de realizar la voluntad de Cristo en su vida (Mt. 11.28-30; Jn. 8.31, 32).



II. ¿QUÉ SIGNIFICA “HACER DISCÍPULOS”?

1.
El término "hacer discípulos" viene de un solo verbo en el griego: 'matheteuo', que aparece cuatro veces en el N.T.: Mt. 28.19 - 'hagan discípulos', literalmente, 'discipulen'
Hechos 14.21 - 'después de hacer muchos discípulos'
Mt. 27.57 - donde dice: 'había sido discípulo', griego literal: 'fue discipulado'; o sea, como en el NVI: 'se había convertido en discípulo'
Mt. 13.52 - donde dice:'escriba docto', en el NVI dice: 'todo maestro de la ley que ha sido instruido...', o sea, 'ha sido discipulado'.
NOTA: Nuestro Señor, en su ministerio terrenal, no era llamado 'evangelista', sino 'maestro'. De ahí sus seguidores eran 'discípulos'.


2.
Básicamente, el verbo significa convertir a los hombres en seguidores de Cristo. Es la conversión, el principio de un proceso. Se predica a Cristo como Maestro (Jn. 13.13) -también como Señor y Salvador-, se bautiza al que negándose a sí mismo toma su cruz (Mt. 10.37-39; Lc. 14.26,27), y así uno se hace discípulo de Cristo.

Debemos tener cuidado de no adelantarnos en declarar a una persona ya convertida por solo haber experimentado un ministerio primario del E.S.: sea una sanidad, una liberación de un demonio o una iluminación espiritual a su espíritu. El debe enfrentar la crisis que significa un arrepentimiento con fe, seguida por el bautismo (ver Lc.7.29,30).


3.
Se sobreentiende que todo aquel que se convierte a Cristo es precisamente discípulo de Cristo. En el contexto del N.T. no existe el concepto de que uno primero se convierte a Cristo, y luego después de un tiempo se consagra para ser su discípulo. Bíblicamente, si uno no es discípulo, tampoco se ha convertido.
NOTA sobre los términos cristianos, santos, hermanos.
  • El término "discípulo" es el que se emplea en los Evangelios y en los Hechos para denominar a los convertidos. En Mateo aparece el término 71 veces; en Marcos, 46 veces; en Lucas, 37 veces; en Juan, 78 veces, y en los Hechos, 29.
En Hechos 11.26 se introduce un leve cambio que luego con el correr del tiempo ganó popularidad: "...a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia." Ver I Ped. 4.16.
  • En las epístolas y en el Apocalipsis no se encuentra el término 'discípulo', sino más bien los vocablos santos y hermanos, términos que definen la relación de los discípulos con Dios (santos) y con los otros discípulos (hermanos). Estos dos términos no están en pugna con el primero, pues todos fueron empleados simultáneamente durante el mismo período de tiempo. (Las epístolas mayormente fueron redactadas dentro del período abarcado por los Hechos.) 
  • La declaración del Señor en Mt. 23.8-12 posiblemente contribuyera a que los discípulos se llamasen preferentemente 'hermanos'. Además, el concepto 'discípulo', inicialmente, definía más una relación personal con el Maestro Jesús, estando él en la tierra, mientras el uso del vocablo 'hermano' encaminaba hacia la formación de la comunidad cristiana, una tarea principalmente pos resurrección.
III ¿QUÉ ES EL DISCIPULADO?

El discipulado (término acuñado en los últimos veinte años) se refiere al proceso y a la forma en que enseñamos "todas las cosas" (Mt. 28.20). El pecador se ha convertido, se ha hecho discípulo de Jesús. Ahora, es preciso discipularlo, o sea, enseñarle, a que guarde -no simplemente sepa- todas las cosas que nos enseñó Jesús.

NOTA: Observemos la transposición del uso de los términos 'enseñar' y 'discipular': originalmente éste se refería a convertir la gente para luego enseñar, mientras popularmente hoy, se emplea 'discipular' para referirse al proceso de enseñar posterior a la conversión.
 
Todos los grupos desean enseñar a los nuevos. Aun los que predican sólo por radio o televisión creen que hay que enseñarle al nuevo después de convertido; por eso envían literatura, cartas, etc. Toda iglesia evangélica, católica y las sectas, también, pretenden discipular, o sea, enseñar al nuevo. Toda congregación cristiana emplea las reuniones dominicales y las tradicionales de entre semana para discipular a los miembros. Pero entre nosotros, la tarea ha cobrado mayor vigencia por las diferentes formas que empleamos, por la seriedad con que nos empeñamos en la tarea y por la gama de áreas de la vida que pretendemos cubrir. 

¿Cómo, pues, pretendemos
discipular adecuadamente a la hermandad, para así asegurar una buena formación de sus vidas?

1.
Enseñamos por el ejemplo. Tanto por lo que hacemos como por lo que somos, deseamos que Dios edifique otras vidas. (I Cor. 11.1; Fil. 3.17; II Tes. 3.9; Tito 2.7; etc.) Sería difícil exagerar la importancia del poder e influencia del ejemplo, pues prácticamente todo lo que uno aprende, desde la infancia hasta la ancianidad, es por imitación.


2.
Enseñamos por medio de la palabra hablada:
  • Instruimos verbalmente para informar;
  • Animamos para que el aprendiz se disponga a poner por obra lo aprendido, y también le felicitamos cuando lo haya hecho bien;
  • Lo corregimos cuando se equivoca;
  • Exhortamos cuando se desanima;
  • Amonestamos cuando se empecina en algo impropio;
  • Disciplinamos (la iglesia) cuando persiste en un pecado.


3.
Enseñamos dentro de un marco hermanable, caracterizado por una relación cálida, seria y de confianza.. Esta relación variará según el cargo y rango de las personas: de padre a hijos; de pastor a congregación; de maestro a hermano; de hermano a hermano.

      Ver I Tim. 5.1,2; Col. 3.16; I Tes. 5.12-15


IV. ¿CUÁLES SON LAS FORMAS PRINCIPALES QUE EMPLEAMOS, Y LAS ÁREAS DE LA VIDA DE LAS CUALES PRETENDEMOS ENSEÑAR?
  • Queremos prestar atención personal a cada nuevo convertido, ayudándolo a tomar los primeros pasos en la vida cristiana, conscientes de que especialmente los primeros tres meses en su nueva vida marcan en su espíritu el sentido de dirección y el estilo de vida que debería caracterizarlo de aquí en adelante.
  • Lo introduciremos también a un grupo pequeño donde podrá conocer más íntimamente a unos hermanos y también ser conocido por ellos.
  • Lo incorporaremos también plenamente a la congregación, que viene a ser su nueva familia espiritual.
  • Pretendemos transmitirle, dentro de los próximos dos o tres años, todo el consejo de Dios, que abarcará las diferentes áreas de su vida: la personal, la familiar, la laboral, la congregacional y su vida de servicio hacia el mundo.
V. ¿DE QUIÉN SOMOS DISCÍPULOS?

En las Escrituras se habla de cuatro escuelas de discípulos: la de Moisés (Jn.9.28; la de Juan el bautista (Mt. 9.14); la de Jesús (Mt. 9.10), y la de los fariseos (Mc. 2.18). O sea, es propio denominar a uno como discípulo de aquel quien fue el fundador o cabeza de una nueva corriente de pensamiento. Será por ese motivo que no encontramos discípulos de Pablo o de Pedro, etc. Ellos se consideraban los representantes principales de la escuela de Cristo. (Hay un uso secular e histórico del término 'discípulo': un músico tal es discípulo de Mozart; tal escultor es discípulo de Leonardo Da Vinci; tal teólogo es discípulo de Barth o de Calvino, etc.).

VI. ¿QUIÉNES DISCIPULAN?

Hay maestros que lo son en base a su don espiritual: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros (Efe. 4.11,12).
Otros lo son por encargo de parte de la autoridad espiritual de la iglesia (II Tim.2.2).
En sentido general, todos enseñan (Heb. 5.12; Col. 3.16; Tito 2.3-5)
Los padres de familia especialmente discipulan -y disciplinan- a sus hijos (Efe. 6.1-4; Deut. 6.4-7).

 NOTA: 
Hay un discipulado oficial realizado por los pastores en reuniones públicas, donde asientan las palabras rectoras para la iglesia.
Hay un discipulado grupal donde personas encargadas por los pastores enseñan en casas.
Hay un discipulado individual que normalmente funciona por tiempo limitado, y sirve especialmente para atender personas nuevas y casos problemáticos.
Hay un discipulado comunitario, que es la forma constantemente encomendada en el N.T., donde los unos y los otros mutuamente se enseñan, se corrigen y se exhortan. Es señal de madurez espiritual (Rom. 15.14).

VII. EL PAPEL DE LA SUJECIÓN EN EL DISCIPULADO

Sin una actitud de sujeción, no puede haber conversión (Mt. 11.29), ni aprendizaje, ni obediencia en la vida cristiana. Todos deben sujetarse a los pastores (Heb. 13.7,17), a los colaboradores de éstos (I Tim. 4.12-16 implícita), Tito 1.5 implícita, y 2.15), a los hermanos locales que trabajan en la congregación (I Tes.4.12,13), y los unos a los otros (Efe. 5.21).

VIII. EL PAPEL DE LA AUTORIDAD EN EL DISCIPULADO

Donde hay un discípulo, se sobreentiende que hay, también, un/os maestro/s. Aparte de nuestro Maestro único por excelencia (Mt. 23.8-10), reconocemos a aquellos que han sido designados por él para serlo, también (II Cor. 10.8; I Cor. 12.28; Efe. 4.11; Rom. 12.7). A ellos nos sujetamos, como al Señor. (Históricamente, los que han sido llamados a esta vocación componen lo que se denomina el Magisterio de la Iglesia.)

IX. EXISTEN TRES NIVELES DE VERDAD QUE ENSEÑAMOS

1.
La palabra incuestionable de Cristo o alguna de las Sagradas Escrituras que requieren una obediencia obligatoria; 


2.
Una palabra circunstancial -como una profecía o una convicción procedente del testimonio del E.S.-, aun siendo una palabra (posiblemente) del Señor, no ocupa el mismo nivel de autoridad como los mandatos bíblicos; 


3.
Un consejo, un parecer, de un hermano experimentado, dado con gracia y sabiduría, es una palabra opcional para el discípulo.

El gran fin del discipulado:

Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud. (Col. 2.6,7)

A este Cristo proclamamos, aconsejando y enseñando con toda sabiduría a todos los hombres, para presentarlos a todos perfectos en él. (Col. 1.28)
De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre perfecto que se conforme a la plena estatura de Cristo. (Efe. 4.13)

Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesús. (I Tes. 5.23)



SERIE PUERTA CAMINO y META: LA IMPUREZA SEXUAL



  El pecado sexual es uno de los más denigrantes y, a la vez, comunes en nuestra sociedad. En varios pasajes bíblicos que contienen listas de pecados la impureza sexual aparece en primer lugar (véanse Romanos1:26-32; Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:5-10).

Corno discípulos de Jesucristo, hemos renunciado a nuestra vieja manera de vivir. Dios ha perdonado nuestros pecados del pasado y ahora tenemos una vida nueva; por lo tanto, debemos mostrar conceptos claros, convicciones firmes y vidas limpias en esta importante área. Para ello necesitamos estar bien fundamentados en la palabra de Dios.

DIOS ES EL CREADOR DEL SEXO

Dios creó a los seres humanos: «hombre y hembra los creó» (Génesis 1:27). Por lo tanto, el sexo es una creación de Dios. Siendo Dios su creador, el sexo (y por ende la relación sexual) es puro y santo dentro del marco de su sublime propósito original. Según el relato bíblico, la mujer fue hecha de una parte física del hombre. Hay, pues, desde el principio una afinidad natural entre los sexos. Dios estableció entre los dos una atracción mutua. Esto es normal y constituye una ley natural de toda la raza. Evidentemente, esta atracción sexual fue establecida por Dios tanto para la procreación como para la felicidad del ser humano.
Dado que se trata de una atracción dinámica y poderosa, Dios mismo ha fijado los parámetros y límites precisos para su desarrollo, los que debemos respetar sin cuestionar a fin de evitar abusos y consecuencias muy tristes y lamentables.

LAS RELACIONES SEXUALES ESTÁN RESERVADAS PARA EL MATRIMONIO

Al instituir el primer matrimonio, Dios estableció la ley fundamental y universal de la moral sexual: Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser. Génesis 2:24
Esta misma ley fue reiterada por Cristo (Marcos 10:6-9) y por el apóstol Pablo (Efesios 5:31). La expresión «se funden en un solo ser» se refiere esencialmente a la unión sexual. Según esta palabra de Dios (y otros textos que citamos a continuación), podemos afirmar lo siguiente:

1. Las relaciones sexuales están reservadas únicamente para el matrimonio.

2. Dentro del matrimonio la relación sexual es pura, santa, normal, placentera y legítima (véanse 1 Corintios 7:2-5; Proverbios5:15-23). Debe ser purificada de pasiones desordenadas, actitudes abusivas, egoístas y perversas (véase 1 Tesalonicenses 4:2-5).

3. Dios determinó que el matrimonio sea monógamo (entre un hombre y una mujer). «Los dos llegarán a ser un solo cuerpo» (Mateo 19:5-6).

4. Queda excluida toda relación sexual de un hombre soltero con una mujer soltera (véase 1 Corintios 6:15-18). La voluntad de Dios es que el hombre y la mujer lleguen vírgenes al matrimonio. Dios prohíbe la fornicación.

5. Si una persona casada tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio, comete adulterio, lo cual está totalmente prohibido (véase Hebreos 13:4).

6. La unión matrimonial constituye un vínculo sagrado e indisoluble mientras los dos cónyuges vivan. Ya que Dios ha declarado que «se funden en un solo ser», ningún hombre o ley humana tiene facultad para disolver la unión matrimonial
(véanse Marcos 10:7-9; 1 Corintios 7:39).

7. El que se divorcia y se casa de nuevo comete adulterio y el que se casa con un divorciado(a) comete adulterio (véase Lucas 16:18).

8. Todo contacto sexual entre personas del mismo sexo es perversión y abominación ante Dios (homosexualidad: véanse Levítico 18:22; Romanos 1:27; 1 Corintios 6:9; o lesbianismo: véase Romanos 1:26).

9. Toda unión sexual de un ser humano con animales es abominación y perversión (véase Levítico 18:23).

10. Dios creó al varón como varón y a la mujer, mujer; cada uno debe ser fiel a su sexo.

11. El hombre y la mujer tienen solo dos estados posibles: soltero (o viudo) o casado. El noviazgo no es un estado civil intermedio con licencias sexuales intermedias, pues aún no son una sola carne. Toda unión o provocación sexual prematrimonial queda excluida (ya sean amigos, novios o comprometidos).

12. La masturbación queda excluida, pues es una autoexitación basada en el egoísmo y la morbosidad y no cumple con el propósito puro que Dios ha dado al sexo que es la comunicación del amor matrimonial (véase 1 Corintios 7:4).

13. Cristo censuró los deseos impuros, las pasiones desordenadas, las miradas e intenciones codiciosas o sugestivas (véase Mateo 5:27-28).

14. Toda relación sexual fuera del matrimonio está prohibida y será juzgada por Dios (véanse Gálatas 5:19; Efesios 5:3,5; Colosenses 3:5;
Apocalipsis 21:8,27).

NUESTRO CUERPO ES PARA SERVIR A DIOS

El cuerpo no es para la inmoralidad sexual sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Con su poder Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros. ¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo mismo? ¿Tomaré acaso los miembros de Cristo para unirlos con una prostituta? ¡Jamás! ¿No saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues la Escritura dice: «Los dos llegarán a ser un solo cuerpo. » Pero el que se une al Señor se hace uno con él en espíritu. Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que
una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. 1 Corintios 6:13-20
Consideremos lo que dice el apóstol Pablo en este pasaje a cerca del cuerpo humano:
Nuestro cuerpo es:
• para el Señor (vv. 13,20)
• miembro de Cristo (v. 15)
• templo del Espíritu Santo (v. 19)
Además, aquí Pablo da dos mandatos muy claros en relación con el cuerpo: Huyan de la inmoralidad sexual (v. 18). Esto implica alejarse definitivamente del acto, de la ocasión, del pensamiento y de la intención, de los lugares de tentación, de las amistades o elementos que promueven la imaginación o que alientan a ceder frente a la tentación como, por ejemplo, revistas, pe sugestivas, y cuentos o bromas obscenos.
Honren a Dios con su cuerpo, que pertenece a Dios (v. 20). Este es el aspecto positivo e implica la necesidad de subordinar el cuerpo (y el espíritu) al sublime propósito de Dios. El cuerpo es el «vehículo» del espíritu y el único medio que tenemos para expresar lo que Dios está haciendo en nosotros. Afinemos este instrumento (el cuerpo) según los intereses divinos, a fin de tener nuestras facultades en la mejor condición para responder a su propósito.

LA IGLESIA DEBE MANTENERSE PURA

Su misma vocación requiere a la iglesia que eduque y, cuando fuere necesario, discipline a los miembros que incurran en estos pecados (1 Corintios, cap. 5).
Debemos ser realistas y sabios al evaluar la situación y la necesidad de los hermanos de la congregación. Hace falta discernimiento y orientación específica, especialmente donde hay pecados y malos hábitos en esta área. La impureza sexual corrompe al ser humano más rápido que otros pecados. Será por eso que Jesús y los apóstoles dieron instrucciones y advertencias muy claras al respecto.
Recordemos que cuando uno confiesa y abandona su pecado, la sangre de Cristo lo limpia de todo mal, y el Espíritu Santo lo capacita para vivir en victoria y santidad (véanse l Corintios 6:9-11; 2 Corintios 2:5-11; 1 Juan 1:9; Proverbios 28:13). No es necesario ser esclavo del pecado.

CÓMO ASEGURAR LA PUREZA SEXUAL

Las siguientes normas son sencillas pero eficaces para ayudarnos a vivir en santidad y con una conciencia limpia:
• Tener presente que el cuerpo es para el Señor; es sagrado (véase 1 Corintios 6:13).
• Cuidar los ojos; no contemplar escenas u objetos que exciten sexualmente.
• Cuidar la imaginación, especialmente en la cama cuando uno está tranquilo.
• Cuidar de no escuchar o pronunciar palabras sugestivas o de doble sentido, especialmente cuentos obscenos.
• Cuidar los gestos.
• No alimentar los deseos carnales. En los jóvenes especialmente el trabajo manual duro y los deportes hasta el cansancio son buenos para mantener sujeto al cuerpo. Un cuerpo activo y una mente ocupada dignamente son factores muy positivos en la lucha contra la inmundicia.
• Orar, ejercer fe en el Señor, ayunar, vivir en el Espíritu, confiar en Dios
para ser guardados de toda impureza.
• Exhortarnos mutuamente a la santificación del cuerpo, alma y espíritu.
¡Seamos un pueblo que se caracteriza por la pureza sexual!

RESUMEN


Dios es el Creador del sexo. Él reservó las relaciones sexuales únicamente para el matrimonio. Toda relación sexual fuera del matrimonio está prohibida y será juzgada por Dios.

domingo, 21 de junio de 2015

VÍCTOR RODRÍGUEZ: EL HOMBRE ANTES Y DESPUÉS DE LA CAÍDA


 El sábado 20 de Junio tuvimos una preciosa y edificante reunión para varones en nuestras instalaciones de calle Santiago. La mañana fría que le daba la bienvenida al invierno fue oportuna para la comunión y estar atentos al consejo del Señor. 
Con mates de por medio, Víctor Rodríguez nos compartió “El hombre antes de la caída en Edén”, destacó que en ese periodo se caracterizó por su fuerza, su inteligencia, amplitud territorial y dependencia de Dios. Posteriormente abordó “Las consecuencias de la desobediencia”, una vez que el hombre pecó tuvo miedo, relativizó la Palabra de Dios perdiendo intimidad y confianza con Él. Al quebrantar el mandato divino se desvirtuó su carácter varonil, entró en un estado de acusación con su mujer, se filtró el autoritarismo y la explotación del medio ambiente, entre otros males.

Luego de un corto intervalo finalizó con el tema: “Jesús, el nuevo Adán” el cual vino a restaurar la masculinidad y la hombría. “Este es el hombre” expresó Pilato estando frente a Jesús. En Cristo hallamos al verdadero Hombre. La buena noticia es que en él somos nuevas criaturas y esta nueva naturaleza nos permite ser como Jesús. Aún más, a través del bautismo con el Espíritu Santo estamos capacitados para vivir nuestra masculinidad como Dios quiere. 

El encuentro se desarrolló en un marco de plena participación de los presentes mediante preguntas, respuestas y valiosos aportes. 

jueves, 18 de junio de 2015

JORGE HIMITIAN: TRES CLAVES PARA EXTENDER EL REINO


 Los apóstoles, sin organizar campañas de evangelización, construir templos o crear seminarios, obtenían resultados mucho mejores que los nuestros, tanto en calidad como en cantidad, a la hora de extender el evangelio. No existía la imprenta, no podían repartir Biblias, no había medios masivos de comunicación, no tenían vehículos ni equipos de audio..., no contaban con una misión en el extranjero que los sostuviera ni con hoteles para hacer retiros. ¿Cuál era entonces, el secreto de semejante éxito? ¿Cuál era su modo de trabajar? La simplicidad.

1)   Hacer discípulos

El Señor no dijo: “Id y haced reuniones en todas las naciones”, sino: “… haced discípulos a todas las naciones”. Nosotros solíamos tener reuniones de todo tipo: de evangelización, de oración, de estudio bíblico, de escuela dominical, de damas, de jóvenes, de adolescentes, de comisión, pero no teníamos discípulos. Gastábamos nuestras energías en un sinnúmero de actividades, pero no hacíamos lo esencial: formar discípulos. Además, con tantas reuniones no teníamos tiempo para hacer otra cosa. Sin embargo, el cambio se logró. El ministerio pastoral púlpito-congregación se modificó para establecer una relación maestro-discípulo. Eso significa que debemos entender que nuestro ministerio principal consiste en concentrarnos en algunos pocos (Jesús entrenó a doce), y dedicar nuestro tiempo a conocerlos, amarlos, darles nuestra vida, abrirles el corazón y nuestro hogar, pasar tiempo con ellos, ser ejemplo, enseñarles, corregirlos, animarlos, bendecirlos, reprenderlos, instruirlos, llevar sus cargas, llorar y reír con ellos, asumir autoridad sobre sus vidas, velar por ellos y enseñarles a conducirse en todas las áreas de la vida: familia, trabajo, sexo, carácter, negocios, estudios, oración, testimonio y otras. Discipular significa formar a los discípulos, guiarlos a la madurez y comisionarlos para que ellos hagan lo mismo con otros. Es más fácil llevar a cabo 100 reuniones que formar un discípulo. Es un error creer que al hacer reuniones estamos desarrollando un ministerio. Si después de algunos años de trabajo no surgen al lado de nosotros obreros capaces de discipular a otros, sepamos que estamos errando nuestro ministerio.
  
2) Reunirse por las casas

Según la forma tradicional de abrir una obra, el objetivo cercano era comprar un terreno y edificar un “templo” para desarrollar allí las actividades de la iglesia. El templo resultaba central en el funcionamiento de las congregaciones. Casi no se podía concebir que una congregación pudiera desarrollarse sin un templo. Es muy evidente que los apóstoles diferían en cuanto a ese modo de ver las cosas. Jamás construyeron templos. En los primeros siglos la iglesia creció y se extendió poderosamente por las casas, y cuando les resultaba posible, se reunían todos en algún lugar de concentración pública. Hemos hallado que lejos de ser esta una situación desventajosa para el crecimiento de la iglesia, resulta óptima. Al descentralizar las actividades del templo, llevándolas a las casas, hemos descubierto varias ventajas:
a) La obra se realiza mejor al integrar a los hermanos en grupos más pequeños en los hogares. En el ambiente natural de un hogar se da una relación
más estrecha, se conoce y atiende mejor a cada uno, los inconversos acuden con menos prejuicios y la tarea del discipulado se logra sin tantos esquemas.
b) Las reuniones se vuelven más sencillas y espontáneas. Se pierde la formalidad, la religiosidad, hay mayor participación de los presentes y no se
necesita un liderazgo profesional.
c) Al no tener enormes gastos para la construcción y mantenimiento de un templo, la iglesia cuenta con fondos suficientes para sostener dignamente a sus pastores y, tal como sucedía en el Nuevo Testamento, tiene recursos para ayudar a los necesitados de la congregación. Semanal, quincenal o mensualmente se puede alquilar algún salón o estadio para reunir a todos los grupos de hogar.

3)Tener un programa concreto de enseñanza

En 3 años de discipulado, Jesús les comunicó a los suyos un conjunto completo de enseñanzas. Al encargarles que discipularan a otros, les ordenó que enseñasen "todas cosas que él les había mandado". Pablo, después de tres años de ministerio en Éfeso les dijo a los presbíteros del lugar que les había dado “todo el consejo de Dios” (Hechos 20.27). Nuestro estilo tradicional de predicación y enseñanza ha sido mayormente sobre temas aislados e inconexos, según la inspiración de la semana. La Biblia es un libro muy extenso y, siguiendo ese estilo, ni siquiera después de muchos años podríamos decir que hemos transmitido “todo el consejo de Dios”. Debemos dejar de lado las improvisaciones y los devocionales interminables, y dar el “kerigma” y la “didaké” de los apóstoles, es decir, el cuerpo concreto y completo de verdades y mandamientos del Señor. Debemos conocerlo, dominarlo, vivirlo y enseñarlo a nuestros discípulos hasta que ellos lo conozcan perfectamente, lo vivan y sepan enseñarlo con gracia a otros. Esto resulta esencial en la tarea de hacer discípulos y edificar a los hombres a la imagen de Cristo.


OSCAR ALCIDES GÓMEZ: COMO PREDICAR EL EVANGELIO





Iván Baker fue un cristiano cargado de pasión por el anuncio del evangelio y por muchos años comunicó ese fervor a la iglesia. Lo vi predicar una sola vez en un parque de Rosario, aquellos que tuvieron el privilegio de estar cerca hablan de su gracia espontánea para acercarse a las personas y hablarles del Señor. Comentan con cierta nostalgia que cuando salía con sus discípulos empezaba la conversación y después dejaba que siga alguno de ellos. No cabe duda que se trataba de una escuela de entrenamiento intensivo. Aprendimos de Iván la necesidad de difundir la fe.

   Al pasar el tiempo, luego de muchas equivocaciones y pocos aciertos fuimos descubriendo distintas maneras de predicar el evangelio que quisiera destacar en este capítulo.

Oremos antes de salir. La oración es la llave que abre los corazones. No se trata de un paseo sino de una guerra espiritual. Satanás tiene encarceladas a las personas y no tiene miras de soltarla. El anuncio de las buenas noticias de salvación producirá la fe necesaria para que la gente se convierta al Señor. Necesitamos orar los momentos previos a la salida.

Busquemos el fuego y la gracia. Alguien dijo que lo que no logra el fuego lo consigue la gracia. Aquí hay dos elementos básicos en la evangelización: el fuego del Espíritu Santo y la gracia de Dios. El fuego es consecuencia del bautismo en el Espíritu Santo y esa llama divina nos hace testigos ardorosos y fervientes del Señor. Un corazón sin fuego espiritual no es un vivo testimonio. Pero este fuego necesita ser encauzado con la gracia divina, que opera como regulador de la llama, de la pasión, equilibra las excesivas emociones y capacita al discípulo para dar testimonio en el justo momento y lugar.
   No hay evangelización sin el fuego y la gracia. La complejidad de la gente merece un trato especial, cada ser humano es distinto, las necesidades son diversas, también la manera de ver las cosas difieren de una persona a otra, en todos los casos el fuego rompe el hielo y la gracia hace que el evangelio sea bien recibido.

Mantengamos un diálogo entendido. Hugo De Francesco nos dijo en una oportunidad: “Es necesario hacer una presentación inteligente, enérgica e interesante del evangelio”. Es muy importante comenzar la charla pero no hacer un monólogo, o pensar que estamos detrás de un púlpito, hay que dejar que la persona se exprese y hable con libertad, esto es fundamental. Mostrar un interés genuino por quién tenemos delante. No salimos a agrandar una organización, sino a ejercer misericordia e intentar salvar una vida, a hacerle bien de alguna manera. El hombre que forma parte de la sociedad actual necesita que ser escuchado, tiene un bagaje muy pesado en su interior.
Una tarde salimos a predicar con el grupo casero, la consigna era dar a conocer lo que Dios dice acerca del trabajo. El primero que le hablé era un muchacho que había perdido su trabajo hacía una semana pues la fábrica donde era empleado se había incendiado. Y así uno tras otro, tienen una larga historia y sobre esa base tenemos que orientar la conversación.
Se puede empezar con una pregunta “¿Cree en Dios? “¿Se reúne en alguna iglesia?”

Seamos convincentes. Convincente es aquel que convence, para que esta cualidad se manifieste el discípulo tiene que estar profundamente convencido de lo que cree, que no dude, que tenga plena convicción de su mensaje. Si esto no ocurre hablarán de cosas secundarias, periféricas, de “bueyes perdidos” que no llevarán a la persona al camino del Señor.
Prediquemos a Cristo, declaremos el kerigma, digamos: “Cristo vivió entre los hombres dándonos ejemplo, murió y resucitó al tercer día. Hoy está sentado a la derecha de su Padre”.

 No nos detengamos con hermanos en la fe. Es muy probable que en la actualidad nos encontremos con otros cristianos cuando salimos a compartir el evangelio. Si aparece alguno, sea de nuestra congregación o de otra, hay que saludarlo cordialmente y seguir con la próxima persona, no nos demoremos. Tampoco es provechoso utilizar ese precioso tiempo para conversar con los hermanos del equipo de salida, habrá otro momento para comentar nuestras cosas.

Hablemos a las personas siempre de frente. No somos mendigos sino embajadores del Rey de Reyes. Acerquemos   a una “distancia prudencial”, no tanto. Las personas están muy cuidadosas por causa de la inseguridad y la violencia, pero no tengamos temor, seamos valientes, hay una verdad que deben conocer.

No vestirnos demasiado formal, tampoco desalineados. Seamos normales. Tengamos en cuenta el aseo personal. No es recomendable llevar libros o cosas en las manos. Los mandados hay que hacerlos después que hayamos cumplido la misión.

En lo posible obtengamos algún dato que permita un nuevo encuentro con la persona. Con gracia ver la forma de tomar la dirección, teléfono o correo electrónico, de otra manera el contacto se perderá, pero no insistamos. Es indispensable llevar un bolígrafo y un pequeño anotador.

No discriminemos a nadie al compartir el evangelio, solo Dios conoce los corazones. Predicando con un hermano en la plaza principal de una ciudad vecina sentimos la guía del Señor para acercamos a un hombre que estaba escuchando radio en su auto. A simple vista no daba la impresión de ser un buen receptor, sin embargo al comenzar el diálogo y para nuestra sorpresa nos contó que en su juventud estuvo internado en la granja de rehabilitación de droga dependientes que está bajo la cobertura de nuestra iglesia, allí conoció la Palabra del Señor pero al pasar los años se apartó. La charla fue preciosa y lo vinculamos con la iglesia de esa localidad.

Por lo general acercarnos a las personas del mismo sexo. Los varones tienen que compartir su fe a los hombres y las hermanas a las mujeres. Cuidado con el sexo opuesto, un ambiente de tentación puede apagar la fe.

Cada ser humano tiene muchas personas conocidas. Detrás de cada persona hay un “cardumen” como los peces, son los parientes, amigos, vecinos y compañeros de trabajo que serán los futuros receptores potenciales del evangelio si esta persona se convierte a Cristo serán los receptores potenciales del evangelio.

Dios es el más interesado en la salvación de los hombres. Él está empeñado en rescatar a la humanidad de su situación de pecado por lo tanto va delante en esta tarea.




A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...