miércoles, 29 de abril de 2015

EL SÍNDROME DE ANA Oscar Gómez



L
a esterilidad espiritual es una constante en el cristianismo actual. ¿Frutos? ¿Discípulos? ¿Paternidad? ¿Qué es esto? Me llama poderosamente la atención la falta de conciencia que tenemos sobre estas cosas.        
                         
Ana era una mujer del Antiguo Testamento que fue estéril hasta que Dios en su misericordia le dio hijos. Los cristianos afectados del síndrome de Ana son aquellos que todavía no engendraron para Dios, no forman discípulos, tampoco cuidan otras vidas.

   Sintomatología del síndrome

·       El que sufre del síndrome de Ana se congrega con regularidad, da sus diezmos pero por el momento no  tiene  hijos espirituales.

·       Muchos no se dan cuenta que están afectados por este síndrome,  desconocen que cuidar a los nuevos en la fe  es una responsabilidad ineludible que trae gozo y alegría. Otros sí lo saben, sin embargo no toman ninguna determinación para revertir su condición.

·       Este síndrome no debe estar presente en el liderazgo. Es más, los dirigentes tienen que procurar por todos los medios posibles que sus hermanos no lo contraigan.

·       Por lo general, el que padece del síndrome de Ana es feliz y está satisfecho, piensa que si cuida de otros tendrá problemas,  perderá la paz y la privacidad.

   Curación del síndrome

“Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza” (1° Sam. 1: 9 al 11)

1. Estar afligidos por no tener hijos espirituales.

2. Orar con amargura de alma.

3. Llorar abundantemente.

4. Levantarse en fe, creyendo que Dios quiere que fructifiquemos.

5. Predicar el evangelio, cosechar el fruto  y cuidarlo.

Ana tuvo hijos ¡Nosotros también los tendremos si confiamos en el Señor y hacemos nuestra parte!














¿TIEMPO DE LA IGLESIA? Oscar Gómez

                         

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría” (Eclesiastés 7:10)

“Hoy es tiempo”, “Vienen tiempos” son declaraciones muy comunes cuando se habla de evangelización. Muchas de estas expresiones con tinte profético dan a entender que es el tiempo quien le marca el paso a la iglesia. En la actualidad se organizan innumerables  congresos con pancartas que declaran: “Tiempo de Cosecha”, “Tiempo de anunciar el evangelio” “De cara a la gente”, etc.

   Responsabilidad ineludible y permanente

Al observar las sagradas escrituras encontramos que el anuncio del evangelio fue constante, intenso y ofensivo desde que Jesús comenzó su ministerio (Mateo 4: 17) hasta el final del Libro de los Hechos (28: 30 y 31) Durante ese periodo los discípulos no esperaban que alguien les dijera “Ahora es tiempo” “Vienen tiempos” o algo parecido. Estas afirmaciones no se hallan en el Nuevo Testamento.  
Para que la fuerza evangelizadora del joven Timoteo no se detenga por ninguna circunstancia Pablo le dirigió estas palabras:
Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” ( 2° Timoteo 4: 1 y 2)  Más adelante le dice: “Haz obra de evangelista” (4:5)

Nuestros primeros hermanos creían con toda seguridad que el tiempo de cumplir la misión comenzó con Jesús y de ahí en adelante se convertía en una responsabilidad ineludible y permanente hasta el final de sus días.

Abrazaron la gran comisión y no la soltaron más. Sabían qué tenían que hacer, como el operario que trabaja sin otra dirección que su propia conciencia. Predicaron en medio de oposición o ambiente favorable, teniendo todo o no poseyendo nada, con persecución o paz, con buen clima o tempestades, con el apoyo o el enojo de las autoridades. Hablaron constantemente de Jesús a sus contemporáneos, nada les importaba ni los detenía. Si los elogiaban o les esperaba una cruz era lo mismo. Eran felices sembrando la preciosa semilla y sus enemigos lo eran torturándolos, de todos modos ambos estaban contentos.

   ¿Qué estamos esperando?

El diablo nos engaña al hacernos creer que todavía no es tiempo o que vendrán momentos mejores para anunciar el evangelio. A los que edifican les dice “Cuando termines tu casa empezá”, a los que no tienen automóvil: “Cuando compres uno entonces salí”. A los que inician una obra les susurra: “Primero construí el templo”, a los que congregan algunas personas: “No desatiendan a la gente”, a los obreros: “Capacitate mejor”, a los líderes “Organicen congresos y campamentos, gasten mucha plata, involucren toda su gente”. Detrás de esto que suena bien al oído, se encuentra la gran mentira diabólica que nos paraliza. Si la iglesia deja de evangelizar será cuestión de tiempo hasta que se fosilice.
¡Cuidado! Satanás procura recargar nuestra agenda con tal que no hablemos de Jesucristo a las personas
   
¿Cómo llevamos adelante la Gran Comisión? 

Utilicemos las situaciones cotidianas para dar testimonio del Señor, sin esperar que se “programe” una salida o algún predicador haga sonar la trompeta.
La evangelización es consecuencia de una vida llena del Espíritu Santo que arde de pasión por los perdidos, que sabe que hay un cielo o un infierno y se estremece ante aquellos que todavía no fueron alcanzados por la gracia de la redención No esperemos tiempos mejores o que alguien nos “aguijonee” para llevar adelante la misión ¡Somos embajadores en nombre de Cristo, se nos ha entregado el ministerio de la reconciliación para que los hombres puedan conocer a Dios!

“Y será predicado este evangelio del reino para testimonio a todas las naciones, entonces vendrá el fin”


lunes, 27 de abril de 2015

¿TRANSFORMACIÓN O CAPA DE BARNIZ? Oscar Gómez

                  

“Pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?”  (Romanos 7:23-24)

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”  (2° Cor. 3:18)

Hace poco escuché hablar acerca del carácter a dos hermanos reconocidos, sus afirmaciones captaron mi atención. El primero es un obrero aprobado con muchos años en el camino del Señor y la segunda una hermana con una vida de fidelidad y servicio en su amplio derrotero en Cristo. En diferente momento y lugar, dijeron: “Dios no cambia nuestro carácter, lo controla”
Enseguida pensé en lo equivocado de sus dichos, hasta lo consideré un “error doctrinal”, dije en mi interior: ¡Cómo que Dios no nos cambia”! pero como se trataba de buenos discípulos medité un poco más en ello.
En la búsqueda de mayor claridad sobre esta cuestión sucedieron algunas cosas que probaron mi carácter, y ¡Qué sorpresa la mía! Me di cuenta que no pasé el examen, salió otro Oscar, desconocido, el cual creía que había derrotado en mis 32 años de cristiano, con actitudes que lejos de mostrar la imagen de Jesús, descubrían a un hombre con necesidad de un exhaustivo tratamiento divino.
Me ví al espejo tal como soy. Observé otros seguidores del Señor que denotaban serias falencias en su carácter. A esta altura estaba confirmando los dichos de mis hermanos: “Dios no cambia el carácter, lo controla”. Sin embargo, al continuar mi investigación, encontré para mi tranquilidad discípulos que antes eran iracundos, “explosivos”, que se irritaban por cualquier cosa y ahora son unos corderitos en manos de su Pastor ¡Entonces volví a respirar!

Ahora bien ¿Cuál es la realidad acerca del carácter de los hijos de Dios? Anoté algunos pensamientos que les voy a compartir:

1. Mediante el arrepentimiento, el bautismo en agua y la llenura del Espíritu Santo comenzamos una nueva vida en Cristo y a la vez empieza un proceso de transformación del carácter.

2. Este camino de transformación dura toda la vida.

3. Los cambios de carácter serán más rápidos y notorios si nos entregamos sin reservas al obrar del Espíritu y a la operación de la cruz. Pero lentos si resistimos los tratos del Señor, renegamos y andamos en la carne.

4. Los dichos de mis queridos hermanos “Dios no cambia el carácter, lo controla” no son ciertos porque la escritura dice que “somos transformados a la misma imagen del Señor” y también que “a los que predestinó también los llamó a ser semejantes a su Hijo Jesús” ¿Parecidos en qué? Evidentemente en su carácter. Pablo oraba por los gálatas a fin que Cristo sea formado en ellos.

5. Dios sigue trabajando en nosotros y lo hará hasta el fin. Tranquilo, ¡Hay mejoras! ¡Hay avances! Veamos no solamente lo que nos falta sino aquello que alcanzamos hasta aquí.

6. Termino con un ejemplo que compartió Daniel Divano: Un hombre era escultor y que pasando por un zanjón maloliente, lleno de barro, lleno de suciedad, lleno de aguas servidas le llamó la atención un pedazo de roca que sobresalía. Lo miró, se bajó del puente y se metió en el barro bien hundido. Comenzó a darse cuenta que esa roca estaba mucho más hundida y que era mucho más grande de lo que él veía. También se dio cuenta que era un mármol de la mejor calidad que había para poder esculpir. Así que contrató operarios, hizo andamios y sacó del barro ese mármol blanco, llevándolo a su taller. Lo limpió, lo lavó y apareció un mármol de dos metros por dos metros, un trozo muy grande, brillante, resplandeciente. Pero todavía tenía unos poros que hacía falta limpiar; así que tomó algunos químicos, algunos cepillos y cepilló y cepilló hasta que quedó un trozo de mármol blanco, resplandeciente. En su estudio tenía la mejor calidad de mármol, de roca, para esculpir. El comenzó con su mazo y su cincel a hacer una escultura, a trabajar ese pedazo de mármol, limpio, resplandeciente, la mejor calidad. La historia que yo escuché era un caballo, el escultor iba sacando el caballo de adentro del mármol y en  el momento en que la escultura estaba por la mitad, un amigo que vio lo que estaba haciendo quedó maravillado y dijo: – Pero ¡que bárbaro! esto parece un caballo saliendo del mármol ¿cómo lo lograste? – Y, el amigo escultor que estaba haciendo una broma le dijo: – Es muy fácil, con el cincel y la maza tienes que sacar todo lo que no sea caballo y tienes que dejar lo que es caballo, así de fácil –.  Ahí entendí el propósito eterno de Dios”







domingo, 26 de abril de 2015

EL PROPÓSITO ETERNO DE DIOS Daniel Divano


 Muchos principios que sustentamos en la vida cristiana derivan de este principio “el propósito eterno de Dios para nuestras vidas, para la iglesia”. El saber que Dios quiere formarnos a su imagen nos ayuda para que nuestra vida tenga sentido.
El apóstol Pablo en Efesios 3 habla que este secreto, este propósito, estaba oculto en el pasado a los hombres de Dios del Antiguo Testamento, y que ahora fue revelado a la iglesia. Nosotros somos herederos de esa revelación a través de los apóstoles y de los profetas. Dios corrió el velo (revelar = correr el velo) y queda revelado “lo que queríamos ver” y así hizo el Espíritu Santo. Somos privilegiados, pero también somos responsables de practicarlo, y somos responsables de comunicarlo a todo el mundo.


Pablo dice “a los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Y en Efesios 1:4 “nos escogió en Él, (en Cristo) antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de El, en amor habiéndonos predestinado (nos dio un destino de antemano) para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”.
Te tengo un evangelio, te tengo una buena noticia: fuiste predestinado desde antes de la fundación del mundo para ser adoptado hijo (a) de Dios.
Cuando conocí por primera vez el propósito eterno de Dios tuve dos hitos en mi vida y que cambiaron por completo mi manera de pensar, mi manera de ser y el rumbo de toda mi vida. Todo lo que decidí después está basado en estas dos cosas:
1.                Conocer el evangelio del reino, el señorío de Cristo, lo que significaba ser cristiano y lo  que significa seguir a Cristo.
2.                El propósito eterno de Dios y que me revolucionó de tal manera que quedé preso de este propósito.
El evangelio del reino y el propósito eterno de Dios es una unidad, una sola cosa.

Cuando conocí por primera vez el propósito eterno de Dios fue a través de un ejemplo; éste me ayudó muchísimo a entenderlo. Me contaron una historia: Un hombre era escultor y que pasando por un zanjón maloliente, lleno de barro, lleno de suciedad, lleno de aguas servidas le llamó la atención un pedazo de roca que sobresalía. Lo miró, se bajó del puente y se metió en el barro bien hundido. Comenzó a darse cuenta que esa roca estaba mucho más hundida y que era mucho más grande de lo que él veía. También se dio cuenta que era un mármol de la mejor calidad que había para poder esculpir. Así que contrató operarios, hizo andamios y sacó del barro ese mármol blanco, llevándolo a su taller. Lo limpió, lo lavó y apareció un mármol de dos metros por dos metros, un trozo muy grande, brillante, resplandeciente. Pero todavía tenía unos poros que hacía falta limpiar; así que tomó algunos químicos, algunos cepillos y cepilló y cepilló hasta que quedó un trozo de mármol blanco, resplandeciente. En su estudio tenía la mejor calidad de mármol, de roca, para esculpir. El comenzó con su mazo y su cincel a hacer una escultura, a trabajar ese pedazo de mármol, limpio, resplandeciente, la mejor calidad. La historia que yo escuché era un caballo, el escultor iba sacando el caballo de adentro del mármol y en  el momento en que la escultura estaba por la mitad, un amigo que vio lo que estaba haciendo quedó maravillado y dijo: – Pero ¡que bárbaro! esto parece un caballo saliendo del mármol ¿cómo lo lograste? – Y, el amigo escultor que estaba haciendo una broma le dijo: – Es muy fácil, con el cincel y la maza tienes que sacar todo lo que no sea caballo y tienes que dejar lo que es caballo, así de fácil –.  Ahí entendí el propósito eterno de Dios.
Jesús no podía morir en la cruz de ninguna manera. Si alguien le hubiese clavado un cuchillo o dado un tiro, no hubiese muerto nunca porque la paga del pecado es la muerte, pero sin pecado no hay muerte por lo que Jesús no podía morir en la cruz. 2 Corintios 5 dice “a quien no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que la justicia de Dios se cumpliese en nosotros”. Cuando venimos a Cristo y nos arrepentimos de todo corazón y nos bautizamos, el misterio espiritual que sucede es que la sangre de Jesucristo nos limpia de todos los pecados y Dios te hace de una roca inútil metida en el barro, te hace una roca limpia; y no solamente nos limpia de nuestros pecados, la sangre de Cristo tiene poder para limpiarnos también de nuestras enfermedades interiores, sana nuestra alma, limpia la maldad que genera el pecado aún la máquina de pecar la del viejo hombre la crucifica y la elimina, es la obra de la cruz.
¿Y ahora qué? Dios te sacó del barro, te salvó, hizo la obra en tu vida porque ahora quiere formarte a la imagen de Cristo. Tiene que comenzar con el mazo y el cincel a sacar todo lo que no le sirve, todo lo que entorpece su obra y tiene que dejar todo lo que sea Cristo en nosotros.
El apóstol Pablo en 2 Timoteo 1:9 dice “nos llamó y nos salvó con llamamiento santo no conforme a nuestras obras sino conforme a su propósito y a la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde antes de la fundación de los siglos” (*). La salvación fue un medio que Dios utilizó para levantarnos otra vez y ponernos en línea con su propósito eterno que se echó a perder en el jardín del Edén, y Dios quiere ahora esculpir la imagen de Cristo en nosotros, no te limpió para muchas de las cosas que hacemos: venir a reuniones, o estar en una denominación, en una iglesia, comunidad cristiana o como quieras.

Hemos entendido dos cosas:
·                     El evangelio del reino es el único que produce discípulos.
·                     La única iglesia que responde al propósito eterno de Dios es una iglesia de discípulos.

La iglesia está para que el propósito de Dios se cumpla a través del discipulado a través de hombres y mujeres que están aprendiendo a ser como Jesús.
Nosotros decimos que "a los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Y una muy buena Biblia católica de consulta, la Biblia de Jerusalén dice: “a los que antes conoció también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Romanos 8:28), me gustó esta expresión porque Jesús es el original que Dios nos entregó.
Jesús estuvo tres años y medio sobre la tierra porque Dios tenía que proveernos de un modelo, teníamos que saber cómo era aquel que Él quería que fuésemos. Fuimos llamados para reproducir en nuestra vida la imagen de su Hijo. Dios quiere que sobre la tierra haya muchos Cristo, mientras estuvo Jesús sobre la tierra  había un solo Cristo. Por eso Jesús dice “a ustedes les conviene que yo me vaya porque cuando yo me vaya el Espíritu Santo va a venir a estar con ustedes y en ustedes y ustedes van a poder mostrar la imagen de Cristo” (*) Cuando tú vas por la calle, es Cristo caminando porque Él está contigo y el Espíritu Santo está con nosotros. La imagen que tenemos que reproducir es la de Jesús de Nazaret; cómo Él hizo, como Él caminó, como Él amó, como Él perdonó, como Él habló, lo que dijo en cada circunstancia, lo que hizo, como anduvo haciendo bienes y sanando a los oprimidos por el diablo. Dios no sólo nos proveyó en Cristo el salvador, el redentor, el que nos va a rescatar, el que nos va a limpiar con su sangre; sino que nos proveyó el modelo para que sepamos cómo tenemos que ser, cómo quiere Él que nosotros seamos.
Filipenses 2:5 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.”
A través de la palabra conocemos más de Jesús. A través de nuestra comunión con Él, de nuestra vida de oración de devoción conocemos más de Él, tenemos más de Él. Y estas dos cosas tienen que estar en nuestras vidas porque la salvación responde al propósito eterno de Dios.
¿Por qué la iglesia que responde al propósito eterno de Dios es una iglesia de discípulos?
Porque así era la primera iglesia. Ellos no se consideraban miembros de la congregación, ellos no se consideraban parte de una religión cristiana, no se llamaban ni creyentes, ni cristianos, ni convertidos, ni nacidos de nuevo; ellos se consideraban discípulos. En Hechos 11:26 hay una referencia que es interesante entenderla. Lucas (autor de Hechos) menciona“…y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía…”
El término discípulo aparece continuamente porque la iglesia primera vivía con esta conciencia “somos discípulos porque tenemos que aprender a ser como Jesús y estamos en un proceso continuo de ese aprendizaje” (*), a los discípulos se los llamó cristianos por primera vez en forma peyorativamente, despreciándolos.
En el Nuevo Testamento aparecen las palabras:
Cristiano, tres veces. Dos veces en este sentido de burla y una sola vez Pedro por primera vez la introduce y dice “si padecéis como cristianos…”
Creyentes, siete veces. Una de las veces dice “el creyente Abraham”, jamás se usaba la palabra creyente como nosotros la usamos como salvados, como redimidos.
Discípulos, más de 260 veces. Porque lo que daba la tónica era el propósito eterno de Dios.
La palabra discípulo, en el griego Mathete puede traducirse también como aprendiz, Jesús mismo les dijo: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Aprender a amar al enemigo, aprender a perdonar al que te ofende, aprender a poner la otra mejilla, aprender a usar la mirada como Jesús dice que hay que usarla.
Cuando Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones…" los apóstoles entendieron perfectamente porque Jesús estuvo haciendo tres años y medio con ellos, sabían las condiciones para ser un discípulo, sabían lo que significaba bautizar sabían lo que había que enseñar.
Las condiciones para ser discípulo según Jesús y que enseñó a su generación dejándolo escrito en los evangelios para que no tuviésemos ninguna duda, menciona en Marcos 8:34“…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.”
Para ser discípulos de Jesús; que es lo mismo que ser salvos, que es lo mismo que ser nacidos de nuevo, que es lo mismo que es estar en el reino de Dios, que es lo mismo que ser cristiano, que es lo mismo que ser creyente; las condiciones son éstas: primero y principal “niéguese a sí mismo”. ¿Tú, estás dispuesto si tienes tu forma de pensar, tienes tus criterios, tienes tus convicciones, queriendo hacer valer tus derechos e imponiendo tus opiniones? Al negarse a sí mismo toma su cruz y sigue a Cristo.
Jesús menciona “si alguno quiere ser mi discípulo y no aborrece (no pone en segundo lugar a su padre, madre, esposo (a), hijo (a) y aún también su propia vida no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27 (*)) quiere decir no puede ser salvo, no puede ser formado a la imagen de Cristo, la salvación no lo puede alcanzar porque necesita que la roca que va a ser esculpida a la imagen de Cristo, sea y esté disponible para hacer ese trabajo en su vida.
Y en Lucas 14: 33 Jesús aclara ese “niéguese a sí mismo” diciendo: “el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo.”
El evangelio del reino es así de radical. No hay dos puertas. No hay dos caminos. No hay dos formas de ser salvos. Hay una sola puerta, hay un solo camino y hay una sola forma: siendo discípulo de Jesús, negándose a sí mismo, tomando la cruz, siguiéndole, dispuesto a perder su vida, poniendo en segundo lugar todo otro amor y renunciando a todo lo que posees.
Estos requisitos que Jesús predicaba no eran antojadizos, eran necesarios. Era el mensaje que producía discípulos, mathetes, dispuestos a seguirle y obedecerle en todo. Sólo con una condición aceptada así, Dios podía formar la imagen de Cristo en nosotros.
Jesús nos dejó ejemplo y modelo. Él hizo discípulos y nos encargó que hagamos discípulos. Para Jesús hubiera sido imposible formarlos sin la disposición de ellos de sujetarse a su enseñanza y a lo que Él les mandaba sin obedecerle. Jesús ejerció su autoridad porque Él mismo estaba bajo autoridad, en Juan 8 declara: “yo de mí mismo nada hago, lo que veo hacer al Padre eso hago”. Jesús estaba absolutamente sujeto al Padre y Él exigía de alguna manera que si alguien quería ser su discípulo tenía que estar sujeto a Él. Y de todo esto, llegamos a esta conclusión:
Sin maestro no hay aprendiz. Si alguien quiere aprender una profesión necesita que alguien que lo sabe se lo enseñe.
Sin discipulador no hay discípulo. Si no hay alguien que esté sobre tu vida que pueda aconsejarte, que pueda animarte, que pueda corregirte, que pueda enseñarte la escritura no hay discípulos.
Sin sujeción no hay discipulado. Si no hay condición de discípulo no puedes enseñar, si no hay una disposición a aprender. Entendamos que la sujeción no es opcional, es el primer medio que necesitamos para ser ayudados a ser formados a la imagen de Cristo.
Sin autoridad bajo autoridad no hay autoridad. No puede haber ninguna autoridad.
El ser formado a la imagen de Cristo es un proceso continuo. El apóstol Pablo lo veía de esta manera “…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo…” (Filipenses 1:6) tenemos que ser conscientes de que en un proceso de desarrollo, un estancamiento es un retroceso tremendo. La iglesia, todas las estructuras, está a tu disposición para que crezcas, para que cambie tu carácter, para que cambie tu forma de pensar, de actuar, para que cada vez seas más parecido a Jesús y en todo proceso de crecimiento, un estancamiento es un retroceso o la muerte directamente, o la muerte y muchos se van quedando sin fe.
Decimos que un discípulo normal es:
·                     Alguien que aprende, conoce el contenido, la enseñanza.
·                     Vive la palabra, lo practica porque quiere hacerlo, porque se le enseña.
·                     Enseña a otros.

Hagamos una auto evaluación preguntándonos:
¿Ya llegué a la meta?
¿Reconozco que necesito realizar cambios profundos?
¿Cuáles son esos cambios?
Que el Espíritu Santo te diga y te muestre esas cosas en que tienes que trabajar, pide ayuda a tu coyuntura, a tu líder, al pastor, ¿cómo hago, tengo este problema y no me permite avanzar? 
Somos herederos de este propósito, el apóstol Pablo lo dice así: “en Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hizo todas las cosas según el designio de su voluntad…” (Efesios 1:11) eres heredero de esta revelación según el designio de su voluntad porque Dios lo quiso.

¡HAGAMOS DEL PROPÓSITO ETERNO DE DIOS EL MOTIVO DE NUESTRA VIDA Y SERVICIO!

sábado, 25 de abril de 2015

SI ASÍ VAN A GOBERNAR… Oscar Gómez

                

¿Cómo evaluamos las situaciones que desencadenan el alejamiento de la gente de nuestras iglesias?

Días atrás me encontré con Juan, un muchacho conocido que no veía hacía bastante tiempo; en medio de la conversación dijo algo muy interesante. Después de las últimas elecciones en nuestro país escuchó a una mujer que pertenece a determinado partido político burlarse de las personas que habían votado a otro candidato, según ella eran todos unos ignorantes. Juan pensó que esta apreciación era poco feliz, me dijo textualmente: “Esta mujer en vez de mofarse de las personas y los otros candidatos tendría que evaluar seriamente porque su partido perdió y ver que cosas tendría que cambiar” Terminó con esta frase: “Si así van a gobernar….”

Al reflexionar en esta charla llegué a la conclusión que muchas personas cercanas no se van, las perdemos. Y son dos cosas totalmente distintas. Si se van la carga de la responsabilidad recae sobre ellas, si las perdemos evidentemente somos nosotros el elemento disparador.

Los cristianos cansamos al argumentar que el alto grado de deserción en las iglesias se debe al pobre estado espiritual de las personas, a su poco compromiso comunitario, al escaso entendimiento de la nueva vida en Cristo y a su individualismo.  Este diagnóstico es real en parte, claro que estas causas están presentes, pero me aterra nuestra falta de autocrítica, de asumir responsabilidades creyendo que todas las personas que se van están equivocadas. Somos como aquella mujer que se burlaba de la gente que no votó su partido, sin embargo no se preguntó en ningún momento porque no lo hicieron.

La disculpa, el perdón y el reconocimiento de los errores no es moneda corriente en los cristianos; miramos las situaciones a través de los cristales de nuestra supuesta perfectibilidad. Sin lugar a dudas esta óptica no nos conducirá a ganar a la gente. Hagamos propias las palabras de mi amigo: ¡Si así vamos a gobernar…!

Necesitamos volver a la cruz, colocarnos por unos instantes en el lugar de los demás, considerar cada situación en particular, escuchar con atención los motivos del enfado o distanciamiento procurando en todo momento ganar al hermano.

En algunos casos puntuales será mejor una charla de café que una entrevista en la oficina. Ivan Baker hace muchos años nos dijo que una oveja bien alimentada difícilmente salte el corral.


viernes, 24 de abril de 2015

FORJADOR DE UNA VISIÓN Capítulo 7 Oscar Gómez




 El hombre de visión procura extender su afecto a cuantos tenga a su alcance, no es sectario o exclusivista, tampoco alienta los círculos cerrados. Si pudiera abrazaría a todos. Por ser visionario es amplio en sus relaciones interpersonales.

Al ser tratado en la fragua divina no se permite hacer acepción de personas, recibe, enseña, aprende, ayuda, ama y es amado, mientras tanto transfunde sus sueños. Si se cierra a una parte de la hermandad su propósito se verá cercenado porque seguramente en el resto ignorado estarán las personas que necesita para cristalizar su visión.

Amplitud, extensión y acercamiento son los blasones del forjador de una visión. No entiende el idioma de la estrechez ni del sonso elitismo que practican los cristianos contemporáneos. Si se separa del cuerpo habrá que temerle y si escapa de las contingencias comunes que padece toda comunidad su visión no echará raíces.

Lleno de la palabra de verdad y saturado con la visión celestial no se atreverá a proferir palabra alguna que atente contra la iglesia. No es un guerrillero, es un combatiente del reino. Sabe cuando correr, caminar o detenerse según sea el ritmo de sus hermanos, pero nunca pierde su norte ni deja de mirar el horizonte. Su corazón nunca deja de latir y su mente de pensar en los mejores caminos para concretar su visión.

Para el simple observador el visionario aparentemente no se destaca del resto, esto es por su humildad, sin embargo dentro de suyo ebulle poder y gracia. El visionario no posee nada externo que llame la atención pero cuando nos acercamos a él descubrimos un hombre fuera de lo común ante quién no podemos permanecer iguales.


RECONOCIMIENTO DE DIÁCONOS

                          



En un marco de celebración y comunión, la Comunidad cristiana de la Zona Sur de Rosario reconoció diáconos, se trata de Lisandro Belardo y Elio Ferrer.


                                 Elio Ferrer, Claudio Pagura y Lisandro Belardo.

La reunión se llevó a cabo el sábado 18 de abril por la tarde en las instalaciones de calle Uriburu 385, lugar donde se reúne la iglesia.



Los pastores Víctor Rodríguez, Hugo De Francesco, José Alberto Pagura y Claudio Pagura, integrantes del presbiterio local, coordinaron un encuentro memorable que sin lugar a dudas establece un nuevo tiempo para la iglesia.





FORJADOR DE UNA VISIÓN CAPÍTULO 6 Oscar Gómez



   Un amante de la Iglesia

La iglesia es el conjunto de los escogidos de Dios, los que Jesús compró con su sangre y permanecen fieles en su fe. El hombre de visión también debe ser parte de ella para cumplir su cometido.

Para el forjador de una visión la iglesia es la patria del corazón; de todos sus sentimientos ninguno es tan intenso como el que tiene por ella, a su vez estremece sus emociones más hondas, genera profunda pasión, es el perfume que anhela percibir. Todo lo que le atañe lo asume como propio y también él le pertenece como la hoja a la rama.

El amor a la iglesia existe, ha existido desde que Cristo la estableció. Pablo, los otros apóstoles y discípulos de todas las épocas la amaron y a éstos grandes amantes de la desposada del Cordero se alista el hombre de visión.

Si un hombre dice tener una visión pero se desentiende de la hermandad solamente se trata de una ilusión extraña, no gestada en el seno del Trino Dios. El hombre de visión ama a Cristo y también a la iglesia porque es está ligado a ella. Consciente de sus virtudes y sus flaquezas, sabe que su tarea es comunicar su visión a todos cuantos pueda.

El forjador de una visión buscará siempre el calor de la hermandad, si no lo hace es un peligro. Son fidedignos aquellos hombres que se deleitan y promueven el amor fraterno, que tienen en claro que la práctica de la comunión es indispensable.

Cuidado con el apático, frío, implacable que arroga tener una visión. Si no estalla con el amor de Cristo, no abunda en afectos y sus palabras suenan huecas es probable que sea un farsante ¿Por qué? Simplemente porque la visión genera una clase de ardor en el corazón que no puede ser contenido.

El hombre de visión comprendió que Cristo en la cruz lo fusionó con sus hermanos, la sangre del pacto eterno lo une a ellos y a la vez le da vida y poder para cumplir su cometido. La señal inequívoca de un visionario es que ama a la iglesia y está a su disposición.



jueves, 23 de abril de 2015

FORJADOR DE UNA VISIÓN 5ta. Parte Oscar Gómez





     Hombre de la Palabra

Para el hombre de visión la Palabra de Dios es su pensamiento y luz en la penumbra. Lo lleva a pensar con alto estilo, lo inspira y le despierta el deseo de comunicar verdades. Instala en su espíritu una mole incandescente mediante la cual enciende a otros.

La Palabra conduce al visionario a decidir correctamente, aunque habrá yerros en el camino. Le enseña a organizar, a elevar su moral, conducta y espiritualidad. Por ser hombre de la Palabra su influencia en su alrededor será notoria. Toda otra fuente es escasa para saciar su sed, solamente en la Palabra de Dios él encuentra agua fresca para su alma y en su meditación hallará el cauce de su visión.

La Palabra de Dios hace que transite la vida erguido, pero quebrantado en su interior, a enfrentar y superar las luchas, a llevar las cargas propias y de otros. Para él la Palabra es asta y a la vez bandera, marca su ruta avisándole cuando hay algún peligro.
En el forjador de una visión la Palabra se graba a fuego por eso mira alto y lejos. Por medio de ella construye y llena una página de luz en la historia de la Iglesia.

El hombre de visión se revela al amanecer, cuando todavía muchos cristianos duermen, obedece a su llamado irrevocable de anunciar la Palabra en medio de una generación incrédula e ignorante. No cumple su vocación sin la Palabra, al contrario, es su martillo, su espada, su escudo.
La Palabra de Dios hace al hombre de visión lúcido, claro, apasionado, fuerte en su interior aunque tal vez sea débil en lo exterior. Sabe que si se despega de la Palabra su visión se nubla y tuerce su camino. Las corrientes impetuosas del humanismo procuran derribarlo, pero aferrado a la Palabra se mantiene firme.

El forjador de una visión siempre será un hombre de la Palabra.




martes, 21 de abril de 2015

GUIADOS POR EL ESPÍRITU Víctor Rodríguez


“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”  (Romanos 8:14)

La  sorpresa no debería ser “hoy me guió el Espíritu Santo”, la sorpresa debería ser “¿por qué no soy guiado por el Espíritu Santo?”. Ser guiado es una evidencia del ser hijo de Dios y el Espíritu Santo guía según la amplitud interior que uno tiene. El de corazón estrecho es guiado limitadamente y el de corazón ampliado lo es de una manera diferente. Dios me va a guiar según mi madurez; desde el primer día que nací en Cristo, el Espíritu Santo me estuvo guiando, pero no me puede guiar más allá de mi “ámbito interior”. Los que han ido creciendo encuentran que el Espíritu tiene “una mayor circunferencia” para guiarte, pero los otros limitan al Espíritu de acuerdo a su estrechez. Por eso la necesidad de crecer y crecer rápido.


viernes, 17 de abril de 2015

REPARADOR DE CRISTALES 2da. Parte


Un cristal más frágil

La mayoría de los hogares tienen un aparador donde se guardan las copas de vidrio y de cristal más fino, es un sector muy reservado, que generalmente no está al alcance de los niños. El apóstol Pedro les dice a los esposos que deben tratar a sus mujeres como a “vaso más frágil”, como una copa de cristal, con delicadeza, porque de otra manera se corre el riesgo que se quiebren. El marido también es un vaso frágil, pero la esposa es “más frágil”.

“Vosotros maridos, igualmente, habitad con ellas sabiamente, dando honor a la mujer, como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas”  1° Pedro 3:7

El mar de cristal

¿Cuántos anhelan acercarse a Dios? ¿Cuántos dicen que están delante de su presencia? Noten lo que las sagradas escrituras expresan:

“Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás” (Apoc. 4:6)

Delante del Trono de Dios hay un mar de vidrio semejante al cristal. Allí, cerca de Dios, todo es frágil, es delicado. Al acercarnos a su presencia tenemos que dejar de lado las actitudes bruscas, palabras ofensivas, la violencia en todas sus formas, las asperezas, los gritos, porque ese mar de vidrio puede romperse, quebrarse.

“El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio” (Apoc. 21:18)

La ciudad celestial, la nueva Jerusalén es semejante al vidrio limpio. ¿Por qué como “vidrio limpio”? Porque las relaciones entre los componentes de esta comunidad están sanas, intactas, transparentes, limpias, sin manchas ni sombras.

En síntesis:

Examinemos por un momento con están las relaciones con nuestros semejantes, sea en el matrimonio, la familia, la hermandad en la fe, el vecindario y también aquellos que comparten nuestro lugar de trabajo.

Si hay relaciones quebradas, “cristales rotos”, procuremos el acercamiento, demos el primer paso. Amemos a las personas, no de palabra sino con acciones concretas.

Cristo es el gran restaurador de cristales rotos, él procura nuestra unidad y una sana convivencia dentro de su pueblo ¡Colaboremos con el deseo divino!


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...