SENSIBILIDAD PROFÉTICA Keith Bentson

                     

“¿Quién entre los hombres puede saber lo que hay en el corazón del hombre, sino solo el espíritu que está dentro del hombre? De la misma manera, solamente el Espíritu de Dios sabe lo que hay en Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que entendamos las cosas que Dios en su bondad nos ha dado” (1º Cor. 2: 11-12)

La esencia de lo profético

Nos conviene aclarar un poco más acerca de lo que es la sensibilidad profética. Primero digamos algo acerca de lo que es profético, después comentaremos el rol de nuestra sensibilidad. Sencillamente lo profético tiene que ver con lo que Dios trasmite a nosotros los seres humanos. Dios, en su mente, tiene conocimiento de un dato, pensamiento, plan o lo que fuera. El emite su pensamiento y nos comunica una pequeñísima parte de lo que está en su mente (“en parte profetizamos” 1º Cor. 13:9). Esa comunicación es de naturaleza profética, pues viene con la gracia y la unción del Espíritu de Dios. Esto es lo que entiendo como la base de lo profético.

La responsabilidad humana

El otro lado de lo profético es la parte humana, la nuestra. Tenemos que captar la comunicación que Dios nos envía. Nos corresponde acusar recibo, captar, receptar lo que Dios emite. Normalmente esto significa que la mente está lo suficientemente abierta y limpia como para atender el mensaje. El captar depende del grado de sensibilidad profética que cada uno posee.
Podemos resumir diciendo que lo profético consiste primero en que haya un comunicador, y luego un receptor. Pero también incluye la forma en que el receptor canaliza y da expresión de lo captado. Por su sensibilidad y don, éste puede, en algunas situaciones:
1. Verbalizar el contenido de lo trasmitido en forma de una profecía. Esta una manera común y al alcance de todo cristiano bautizado en el Espíritu Santo.
2. También puede volcar lo recibido en otras expresiones carismáticas, como palabra de conocimiento, de fe, de sabiduría, etc.

El valor de la sensibilidad profética

La sensibilidad profética sirve para fines que van más allá del ejercicio de un don espiritual. Sirve, además, para que cuando estemos frente a cierta situación, acontecimiento o cuando tratemos con una persona, nos podamos ubicar, entender y saber, en alguna medida, lo que en última instancia está en juego desde el punto de vista de Dios. Con esta facultad podemos trascender hechos brutos y “ver” lo que este acontecimiento o aquel encuentro significa para el reino y los propósitos de Dios.
El verdadero valor de la sensibilidad profética:
1. Nos libera de la cautividad de pensamientos e interpretaciones que se limitan a meras circunstancias visibles y del momento.
2.   Nos introduce al mundo de Dios, a una dimensión aun más realista que la que nos ofrecen los ojos y oídos humanos.
Esto significa que no es obligatorio, ni algunos casos aconsejable, siempre declarar verbalmente lo que se recepta. La recepción es para que uno sepa; de ahí habrá que decidir si debe esperar o actuar, callar o hablar, orar o gritar. Lo importante es que haya receptado lo que el Espíritu del Señor sabe.

Conocimiento parcial e incompleto

Nadie piense que si su precepción profética funciona bien podrá andar campante por la vida “sabiéndolo todo”, súper confiado en que no podrá equivocarse o tropezar. Nada más lejos de la verdad. Para comenzar, nuestro entendimiento es siempre parcial e incompleto, aun cuando nuestra antena espiritual capte bien las señales que vienen de arriba. Además –y para humillación nuestra lo digo- tendemos a confundir la sensibilidad humana con la auténtica sensibilidad profética y terminamos en la exageración o imponemos nuestras opiniones y prejuicios sobre la impresión profética y tergiversamos el dulce sentir de Dios, o mezclamos nuestra vívida imaginación con nuestra percepción espiritual, con el resultado que adjudicamos al diablo lo que ha hecho Dios, o viceversa.

Una expresión que escuchamos con frecuencia

En este orden de cosas señalo una frase demasiado oída, según mi apreciación, en nuestros círculos. Es la que se afirma con ligereza: “Dios me dijo…” ¡Tanta sensibilidad profética hemos desarrollado que parece que Dios nos habla a cada rato! Ahora bien, nadie dude de que Dios, en su gran misericordia y amor, nos hable. Quiero resaltar que realmente nos habla. Pronuncia una palabra a nuestro espíritu con tanta claridad que bien sabemos que fue Dios mismo el que nos habló (en efecto, su palabra puede llegar con tanto realismo que pareciera que fuera una voz audible). Estas ocasiones, aunque no son frecuentes, son sagradas. Pero debemos aprender a distinguir entre:

1.     Una palabra precisa que Dios nos pronuncia, y
2.     El más difuso testimonio del Espíritu a nuestro espíritu.

Ambas formas son comunicaciones que provienen de Dios, y que requieren una sensibilidad profética para captar; pero se diferencian entre sí en cuanto a claridad, intensidad y autoridad. Entiendo que normalmente se necesita más santidad y madurez para sintonizar el testimonio del Espíritu dentro de uno, que oír la voz directa de Dios. A veces la voz directa es un grito, pues le cuesta a Dios captar nuestra atención.
En muchos casos –y permítanme dar lo que es confesadamente mi opinión- echamos mano a esas casi trilladas palabras “Dios me dijo…”  para compensar la falta de seguridad que sufrimos, o para convencernos a nosotros y a otros que estamos “en la onda”, en alta onda con el Señor. Especialmente es aconsejable cuidar de emplear esa frase en el desempeño de nuestras tareas diarias: “Dios me dijo que lo visitara….que comprara…que fuera…” Si sentimos en nuestro espíritu que debemos hacer una visita, o una compra, o ir a alguna parte, pues bien hagámoslo, con fe y convicción, encomendándonos al Señor. Pero el apelar a la más alta autoridad rebalsa la copa; no deja lugar a que nos equivoquemos o que otros nos cuestionen. Y luego, cuando hacemos la visita y descubrimos que la persona no está en casa, que salió de la ciudad hace un mes y no volverá por una semana más, Dios –o nosotros- queda en ridículo. Me pregunto si el mandamiento “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano” no se aplica también a estos casos.
Los enamorados deben tener cuidado al pretender reforzar sus expectativas sentimentales con la expresión, “Dios me dijo que ella va a ser mi esposa…”  Es posible percibir el testimonio del Espíritu al respecto, y disfrutar de la paz de Dios en lo que se refiere a la expectativa sentimental, pero en ese caso conviene más decir, “Creo que Dios me está guiando, y si él quiere, voy a concertar un noviazgo con la hija del diácono” ¡Así sea! Entre tanto hacemos bien en recordar que el conocimiento proveniente de la sensibilidad profética representa solo una mínima comunicación de parte del Espíritu Santo, y que no debemos agrandar ni pretender saber más de lo que realmente está encerrado en ese tenue rayo de luz que Dios nos dio.

Busquemos percibir el sentir de Dios

No hace falta seguir advirtiendo acerca de los abusos o peligros a que nos pueden conducir nuestros desaciertos con la sensibilidad profética. Al contrario, queremos animar a que no nos amedrentemos por las posibles equivocaciones o exageraciones que somos capaces de cometer. Somos hijos de Dios; somos sus siervos. Dios mora en nosotros. Fuimos “programados” para receptar la mente y los pensamientos de Dios (1º Cor. 2:16). Aparte de esta operación de sensibilidad profética en nosotros, no somos más que escribas. Podemos ser buenos escribas; conoceremos la letra de las escrituras y tendremos nuestras opiniones sobre muchas cosas, pero seremos escribas, nada más. Busquemos conocer las sagradas escrituras por iluminación del Espíritu de Dios. Y ansiemos captar el sentir de Dios y recibir sus pensamientos. Así viviéremos como pueblo profético de Dios.
Nuestra capacidad de ser susceptibles al Espíritu de Dios es  nuestra gloria y es la señal de estar viviendo en la hermosa era del Espíritu. El profeta Joel, quien anunciara la era de la universalidad de la sensibilidad profética (2: 28,29) danzaría de gozo si pudiera vivir en estos días.









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