LENGUAJE DE BARRICADA

                      

Así se denomina al lenguaje de confrontación, una forma de hablar que genera tensión y desata mecanismos de defensa en los que oyen. No pensemos que solamente en el mundo no cristiano hay gente que habla de esta manera. Tristemente, aún dentro del pueblo de Dios, también se practica este lenguaje. Las barricadas son instrumentos utilizados solamente en momentos de guerra o de violentos enfrentamientos.

Detectando un lenguaje bélico.

Mencionaré algunas señales que lo evidencian.

1. Esta forma de hablar se puede aprender de los cercanos o bien de los padres naturales o espirituales. Comúnmente brota del orgullo y un estilo de vida de por sí contencioso. También es posible que la persona haya sido herida en su fuero interior en algún momento de su pasado, suceso que lo convirtió en un ser beligerante.

2. El que practica este lenguaje reduce al mundo a su tamaño. Nunca abarca o incluye en sus conversaciones. Es como si el resto no existiera o fueran sus enemigos.

3. Su inclinación es atacar con sus dichos a los que no piensan o actúan como él, exasperando el clima donde se mueve.

4. El que incorporó el lenguaje de barricada siempre contradice o menoscaba las expresiones de los demás, dando entender que lo suyo es lo único y más importante.

5. Es muy difícil convivir o trabajar con aquel que habla el idioma de barricada. Los que deciden hacerlo deberán acostumbrarse a las rencillas y discusiones frecuentes.

6. Siempre choca con los demás, no es diplomático ni quiere serlo. En todo  momento y en cada circunstancia está en “pié de guerra”

¿Cómo ser sanos del lenguaje de barricada?

1. Reconocer y arrepentirnos de este vocabulario contencioso.

2. Advertir que la gente nos elude por nuestras duras palabras.

3. Pedir al Señor que nos libre.

4. Comenzar a llenarnos de la Palabra de Dios.

5. Entender que la iglesia es una comunidad de amor, gracia y respeto.

6. Hablar como Cristo, rogando que nos dé su mismo sentir y sus mismas palabras.

“El que habla debe hacerlo con las mismas palabras de Dios”

Por Oscar Gómez



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