viernes, 11 de diciembre de 2015

LAS OFRENDAS PARA LOS ENVIADOS Keith Bentson


Dios designa y usa a los miembros del Cuerpo de Cristo para que cuiden, sostengan y provean a sus enviados (Filipenses 4:15-20, 3º Juan 5:8) ¡Los cuervos deben cuidar de sus propios pichones! Nosotros, en oración, debemos llegar a saber, de entre los enviados, a quienes nos corresponde apoyar, cuidar y sostener.
A tal fin las iglesias deberían invitar a los que han de ser enviados para que ministren a la congregación, llegar a conocerlos, para luego definir si Dios está guiando a ser participantes en el ministerio de alguno de ellos. En caso de definir a favor de un enviado es aconsejable suministrar cuanto antes las ofrendas que se le asignarán, pues normalmente, desde temprano, necesita hacer compras, estudiar, viajar a favor de su  nuevo ministerio. Esta norma se aplica también a los enviados que van como bivocacionales, o sea, a los que trabajarán secularmente para sostenerse en su nuevo campo de misión, pues difícilmente sus ganancias cubrirán todas sus necesidades personales y ministeriales. También, las ofrendas mensuales continuarán, como mínimo hasta que los enviados hayan vuelto de su asignado periodo de servicio.
Una congregación sola no debería llevar toda la responsabilidad por el sostén y cuidado de un enviado, semejante responsabilidad debería ser compartida entre tres congregaciones o más. Además del compromiso asumido por las congregaciones, cualquier persona como individuo, puede también añadir sus ofrendas mensuales u ocasionales en beneficio del enviado. Referente a los macedonios, el apóstol Pablo testificó: "a pesar de ser muy pobres, sus ofrendas han sido tan generosas como si fueran ricos" (2º Corintios 8:2)



A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...