LA IGLESIA, EL REINO DE DIOS Y EL ESTADO Keith Bentson


Quisiera despertar nuestra mente y canalizar nuestros conceptos, haré seis observaciones en relación a este tema.

1. Como congregaciones y familias de congregaciones, debemos ser cautelosos al adquirir propiedades y bienes. Estos siempre serán destinados a beneficiar a las personas y nunca ostentados como símbolo de nuestras "riquezas" en Cristo. Estamos obligados a reflejar el pensamiento de Cristo, quien dijo: "Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos".

2. Al enseñar a la naciones el camino y las leyes de Cristo, no debemos adquirir una identidad partidista. No tenemos derecho a comprometer nuestra identidad espiritual y profética con posturas políticas.

3. No hemos de predicar "la iglesia", sino el "reino de Dios". Nuestra misión no consiste en hacer entrar a la gente a la iglesia, sino al verdadero reino de Dios. Después de nacer de nuevo, debe darse a los recién bautizados la debida instrucción y formación en comunión con los santos, o sea dentro de la iglesia.

4. No debemos enseñar un tipo de gobierno que establezca a la iglesia como representante absoluta- vicaria de Cristo-y su reino. Esto incluye no alterar el camino que conduce a la vida eterna, haciéndolo más angosto o más ancho de lo que Cristo prescribió.

5. No tenemos que buscar ni esperar que las naciones y los gobiernos nos honren y nos alaben. Tampoco debemos preocuparnos porque nos hagan a un lado o nos persigan. No somos del mundo. En última instancia, si mostramos pureza en nuestra fe y en nuestra vida, el mundo no nos podrá entender ni asimilar.

6. Nos corresponde recordar siempre que la misma iglesia que está en la tierra, vive bajo el reino y el juicio de Dios.

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