JESÚS, LA ALEGRÍA DE LOS HOMBRES Marcos Moraes


Dicen que el conocido compositor Johan Sebatián Bach fue un genuino cristiano. No investigué su biografía para confirmarlo, pero creo que debe haber sido así, pues su corazón se inclinaba a componer música en homenaje y alabanza al Señor. Una de sus más conocidas composiciones es: "Jesús, la alegría de los hombres".Estamos acostumbrados a escucharlas en todas partes, principalmente en los casamientos.

Un día, al meditar acerca de ese título tan original, pensé que gran verdad señala. En esta tierra tan afligida y llena de perversidades, sufrimiento, angustia y desesperanza, provocadas por el pecado y la maldad de los hombres; en este mundo de alegría vanas y pasajeras, de ilusiones, mentiras y esperanzas que insisten en desvanecerse; en este lugar tenebroso y vil hay una única alegría que no perece y que satisface plenamente. Y tiene un precioso nombre: Jesús.

Jesús es la alegría de los hombres. Jesús fue la alegría de los primeros hermanos, la alegría de Pedro cuando saltó de la barca para encontrarlo después de la resurrección; la alegría de Pablo cuando descubrió en él el perdón de sus pecados y el poder para vencerlos, la alegría de muchos judíos bajo el yugo de Roma; la alegría de los griegos, de los bárbaros, de hombres y mujeres, de trabajadores de todo tipo, de esclavos en cadena, de reyes y príncipes. Fue la alegría de benditos siervos que lo conocieron desde niños, y de ancianos desesperanzados que conocieron su nombre casi en su última hora y de él recibieron el aliento, la esperanza, la fe y la vida. Jesús fue el ánimo de los pocos que permanecieron con él en los periodos más negros de la historia.

Hoy nada ha cambiado, Jesús aún es la única y verdadera alegría de los hombres. Es la alegría de millones de chinos que en medio de tanta pobreza, sufrimiento, persecución y dolor, que clandestinamente se reúnen por las casas; y en la fuerza de esta alegría insisten en llevarla a otros, propagando el evangelio de un modo impresionante. Jesús es la alegría de los musulmanes que tiene la buenaventura de conocerlo en medio de una religión y sociedad marcada por el miedo y la desesperanza. En cada lugar por donde voy puedo dar testimonio, sin sombra de dudas, de que Jesús es la alegría de millares de hermanos. Jesús es la alegría de aquella ancianita pobre y analfabeta que en él encontró descanso y esperanza. Es la alegría de aquel matrimonio que se había peleado y separado, y el Señor los reconcilió. Es la alegría de mi casa. Es la alegría de mi espoa y de mis hijos. Y en su nombre proclamo que será la alegría de mis nietos. ¡Jesús será para siempre la alegría de los hombres!

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