JESÚS: EL GRAN CONDUCTOR


"De tí saldrá un conductor. Él cuidará a su pueblo Israel" (Mateo 2:6)

Belén no era la más pequeña entre las aldeas de la tierra porque de ella, según la profecía, saldría el Gran Conductor, el Señor Jesús. 

El mundo se desvaría y vive en desorientación. Guerras por doquier, incertidumbres que invaden los pueblos nos dan la pauta que las naciones, los hombres y las familias necesitan con urgencia a Jesús, guiador por excelencia. A Jesús se lo denomina de muchas maneras en las Sagradas Escrituras, pero en este pasaje se lo llama "Conductor", Guiador. Es que esta es una de sus virtudes y a la vez su responsabilidad. 
En primer lugar Jesús quiere conducir nuestros sentimientos ¡Cuántos errores hemos cometido al dejarnos guiar por nuestros sentimientos que se hayan trastocados por el pecado! Luego vienen los lamentos. Una adolescente a fin de "atrapar" a su novio quedó embarazada. Una mujer que inclina sus sentimientos hacia un hombre casado. Un fans de fútbol cruza el mundo entero para ver a su equipo favorito, y así sucesivamente. Necesitamos comprender que las emociones necesitan ir por los carriles y márgenes que Dios estableció en Su Palabra. Dejemos que Jesús encamine nuestros sentimientos. 
En segundo lugar, Cristo Jesús, el niño que nació en Belén, pretende guiar nuestros pensamientos. La mente del ser humano es como una pista de aterrizaje, dependerá de nosotros a que clase de pensamientos daremos lugar. Estuve hablando con un conocido que estaba con licencia médica en su trabajo, me contaba que los días que permaneció en su casa eran una tortura, lo invadían pensamientos de derrota, de fracaso por lo que aproveché la oportunidad para proclamarle algunas verdades, lo que Dios piensa de nosotros y como Satanás procura destruirnos en la mente corrompiendo la facultar de pensar. Es inminente darle las riendas de nuestros pensamientos a Jesús, el gran conductor. 
En tercer lugar, Jesús anhela guiar nuestras acciones, nuestros actos. Reconozcamos que los pies nos pueden llevar a lugares que  a Dios no le agrada, al pecado, a la inmoralidad. En este aspecto también tendremos que observar con quien nos relacionamos, a quien seguimos. Te pregunto ¿A dónde frecuentás? La intención de Jesús es conducirnos a compartir las buenas noticias con los perdidos y extender nuestras manos a los necesitados. Permitamos que el Señor guíe nuestras acciones.
Por último, Jesús se levanta como el gran conductor de la comunidad de cristianos, de la desposada del Cordero, del Pueblo Santo. Toda organización cristiana que carezca de la guía de Jesucristo sucumbirá ante la impetuosa corriente del humanismo y del posmodernismo. En cambio, si Jesús se convierte en su verdadero conductor seguirá adelante en el cumplimiento del propósito eterno y alcanzará la madurez que Dios desea de ella.

Por Oscar Gómez



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