HACIA UNA IGLESIA SOLIDARIA

             


La Iglesia del Señor necesita en este tiempo encauzar su emoción hacia una acción intensa que resulte en beneficio de sus semejantes. Estas nuevas aristas serán: la evangelización en el poder de Dios y, la otra, el socorro material y práctico a los necesitados. Y en esto último quiero detenerme. Toda comunidad cristiana que pretenda crecer y expandirse deberá implementar proyectos y desplegar actos dirigidos a la conversión y mejoramiento integral de las personas, de otra manera será un grupo con poca trascendencia de contextura sentimental colectiva.
El cristianismo debe incluir en su misión atender las demandas legítimas exigidas por el aumento espantoso de la desidia social. Debe criticarse y procurar superarse en este aspecto. Muchos no modifican su trabajo porque creen que ya está “perfeccionado”, lo que se trasluce en un repetido calendario anual de actividades. Y esto no es un dato menor, si no lo advierte puede emprender un sutil camino de retroceso.

La necesidad de renovación

El mundo cristiano necesita renovarse, de un culto intimista a una demostración de su fe por medio de obras que lleven a nuestro prójimo a glorificar al Padre celestial. Se trata de una iglesia educada en la Palabra y atenta a la realidad social, que hace los cambios necesarios, que se plantea desafíos y está abierta a la posibilidad de su propio progreso.
Para que esta renovación ocurra se necesita una conducta un tanto irreligiosa que lleve a la comunidad cristiana más allá de lo exclusivamente interno y atienda con sus recursos la pobreza integral circundante en su barrio, ciudad o nación. La iglesia que viene tendrá la gran tarea de culturizar, educar, proveer, enseñar a trabajar sin dejar de lado el anuncio del evangelio del reino de Dios. Una iglesia que salve la brecha que existe entre las acaloradas declaraciones en las asambleas y su acción externa.

Involucrando a toda la hermandad

Es necesario que los hermanos presten su conformidad y cooperen en aquellos planes que se focalizan en una vida nueva y mejor de los hombres. Es aquí donde se verán las excelentes virtudes como el amor, la piedad, la justicia, la misericordia y la generosidad. No obstante, será necesario confeccionar un programa dirigido hacia afuera.
Si la iglesia se encamina hacia la solidaridad se irá colocando en el lugar que Dios quiere ganando la aceptación de sus semejantes y, de paso, algunos conversos. La comunidad de las emociones exaltadas, de las lindas canciones y los célebres verbalistas deberá convertirse en refugio y brazo extendido del Señor a todo hombre a fin que pueda provocar un verdadero impacto. Una transformación que no pierda la vida de Dios y la centralidad de Cristo pero que libere a la iglesia de una mentalidad templista y la haga desembarcar en las zonas devastadas por el pecado y el olvido gubernamental.

Una cuestión de visión

Todas las cosas que señalamos quedarán en manos del liderazgo. Lo que promoverá o no esta renovación será el temperamento, las convicciones y la impronta de sus dirigentes. Abogamos por una renovación de la razón que catapulte a los discípulos hacia las áreas de mayor necesidad. El mundo demanda con urgencia la acción de la iglesia, su última y única esperanza. Sin embargo habrá que encontrar un equilibrio entre su responsabilidad puertas adentro y el ineludible llamado a ser sal y luz de las naciones.

Oscar Gómez








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