EL PELIGRO DE LAS DECISIONES UNILATERALES



Más de una organización o estructura se desmoronó, equipos de trabajo promisorios se desarmaron y proyectos esperanzadores se abortaron por causa de decisiones unilaterales de alguno de los miembros de dirección.
Se define como “unilateral” aquello que tiene o presenta un solo lado o un solo aspecto. Fragmentario, partidista, autónomo. Las decisiones unilaterales solamente se pueden entender o aceptar en el comienzo de una organización, plan o tarea, cuando todavía no se cuenta con otras personas que brinden su punto de vista u opinión. Pero una vez que el directorio se conformó no hay razón para tomar una decisión sin el aval o la aprobación de la mayoría, mucho menos cuando el precedente indica que resoluciones anteriores se llevaron a cabo por voluntad “multilateral” o compartida.
Los riesgos que se corren donde toma decisiones un solo hombre son muchos.

1. La organización cae en una visión reduccionista de las cosas en virtud de contar con la óptica de uno solo.

2. El peligro de error es altísimo, más cuando otros integrantes del staff han dado a conocer su voto negativo a esa decisión.

3. Entra en escena uno de los males mayores en las relaciones humanas organizadas: El abuso de poder y el quebrantamiento de la voluntad del resto dirigente.

4. Si se recurre en la unilateralidad se asoma otro flagelo llamado personalismo. El que dicta e impone la decisión gana preponderancia  sobre su equipo y también sobre los destinatarios que frecuentemente es la gente.

“Porque pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles mayor carga que estas cosas esenciales…..”  (Hechos 15:28)

Las decisiones unilaterales no solamente han dañado instituciones y organismos también han hecho mucho mal a la Iglesia. Una de las causas principales de su fragmentación tuvo que ver con hombres que creyeron estar acertados y no buscaron el consejo de sus pares o allegados en el ministerio y como consecuencia  se produjo la inevitable división. Esto ocurre hasta el día de hoy. Llego a tal extremo  la independencia de los líderes que se creó una federación de iglesias autónomas. Cuando los apóstoles de la primera iglesia que registra el libro de los Hechos tuvieron que resolver un asunto concerniente a las comunidades cristianas primero consultaron en oración al Señor (pareció bien al Espíritu Santo) y luego decidieron por consenso apostólico (y a nosotros). El margen de error será menor si se consulta, aunque el proyecto cueste más en avanzar o simplemente no despegue. No cabe duda que hay una gran necesidad de implementar un ministerio plural que pueda encauzar, guiar y proteger del error a la Iglesia de nuestros días. Algunos ya están transitando desde hace tiempo por este camino. Recordemos las palabras del sabio de antaño: Donde no hay buen consejo, el pueblo cae, pero en la abundancia de consejeros está la victoria”  (Proverbios 11:14)

Por Oscar Gómez




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